El 23 de mayo, la solemnidad de Pentecostés 2021, se restablecerá la obligación de la misa dominical y de días de precepto en la diócesis de Lincoln.
Me he unido a mis hermanos obispos, el Arzobispo Lucas y el Obispo Hanefeldt para hacer este anuncio. Durante el tiempo de Pascua, el Southern Nebraska Register publicará una serie de catequesis sobre esto (nota del traductor: tendremos esta serie disponible en español en es.lincolndiocese.org). Sin embargo, me gustaría aprovechar la ocasión de este anuncio para repasar las razones más profundas por las que los católicos tienen la grave obligación de asistir a misa, así como aclarar, a la luz de la COVID-19, cuándo no se aplica esta obligación.
La razón por la que todos los católicos tienen la grave obligación de estar físicamente presentes en la Misa los domingos y días de precepto es porque la Eucaristía esta en el centro de lo que significa ser cristiano. En la Eucaristía, Jesucristo, el Señor Resucitado, está realmente presente. Cuando se celebra la misa, el cielo viene a la tierra y la redención que Jesús alcanzó en la cruz llega a nosotros personalmente. Cuando se proclaman las Escrituras, Dios mismo habla a su pueblo.
En la Santa Comunión, cuando lo recibimos dignamente, es decir, sin pecado mortal, nos unimos física y espiritualmente a Él y a nuestros hermanos en Cristo. Asimismo, la participación en la celebración de la Eucaristía de los domingos es el principal modo de santificar el día del Señor y vivir así el tercer mandamiento. Estas son algunas de las razones más profundas por las que existe una obligación y por las que debemos querer cumplir libremente con esta obligación.
Sin embargo, hay ciertos casos en los que una persona está "excusada por una razón grave" (CIC 2181) de la obligación de asistir a la Misa los domingos y días de precepto. Un motivo grave ocurre cuando uno está impedido física o moralmente de asistir. Por ejemplo, si una persona está enferma de una dolencia corporal o si no tiene medios de transporte razonables, entonces está impedida físicamente de asistir a la Misa y la obligación ya no se aplica.
Igualmente, si un padre está cuidando a un hijo enfermo, o si algún personal militar comprometería su deber por el bien común, entonces uno está moralmente impedido de asistir a la misa y la obligación ya no se aplica.
¿Qué pasa con COVID-19? Aquí me gustaría ofrecer algunas directrices sobre cuando no se aplica la obligación:
- Si ha sido diagnosticado con COVID-19 o tiene buenas razones para creer que puede haberlo contraído
- Si está enfermo o tiene una condición que comprometería seriamente su salud si contrajera COVID-19
- Si cuida de enfermos, personas confinadas en casa o personas con discapacidad y tiene razón seria para creer que podría contagiarles al ir a misa
- Si tiene un temor o ansiedad importante y grave de enfermarse por estar en misa
- Si usted es anciano o está embarazada y tiene una razón seria para creer que se pondría en riesgo a sí mismo o a su hijo al ir a misa
Al aplicar estas directrices, cada persona debe usar su buen juicio. Si alguien está inseguro, confundido o preocupado por una situación que no se menciona aquí, por favor consulte a cualquier sacerdote para que le aclare la situación.
Es mi esperanza y oración que el Espíritu Santo continuará uniéndonos como en comunidad católica durante la temporada de Pascua y que el Pentecostés será un tiempo de renovación vital en la Iglesia en el sur de Nebraska.
Obispo James D. Conley
Obispo de Lincoln