Una de las mayores alegrías de un obispo es ordenar a nuevos hijos-sacerdotes para su diócesis. El sábado 23 de mayo, tendré la alegría de ordenar al diácono Bradly Moss y al diácono Peter Foley al sacerdocio de Jesucristo. Tanto el diácono Brad como el diácono Peter han sido formados en la fe, primero por sus padres y su familia, y luego a través de nuestras escuelas católicas. Ambos diáconos asistieron a escuelas primarias católicas (San José y San Pedro en Lincoln, respectivamente) y a la escuela secundaria católica (Pío X en Lincoln).
Ambos diáconos estudiaron cuatro años en nuestro seminario universitario, San Gregorio Magno en Seward, donde obtuvieron títulos universitarios en filosofía. Y ambos diáconos continuaron sus estudios durante cuatro años en seminarios de posgrado teológicos (San Carlos Borromeo en Philadelphia y el Monte Santa María en Emmitsburg, Maryland), donde obtuvieron maestrías en teología y divinidad: ¡21 años de educación católica!
En mi nueva carta pastoral, Un Solo Corazón en Cristo, publicada el mes pasado, uno de los cuatro pilares o fundamentos de nuestro plan pastoral de cinco años para la Diócesis de Lincoln es la “Educación”. El objetivo de la educación católica es “inspirar la virtud, el servicio y la sed de conocer a Jesús”. En esa sección cito al papa Benedicto XVI en su discurso a los obispos estadounidenses en 2008 en la Universidad Católica de América en Washington, D.C., cuando nos dijo que “una buena escuela brinda una educación integral para toda la persona. Y una buena escuela católica, más allá de esto, debe ayudar a todos sus estudiantes a convertirse en santos”.
Aunque el diácono Brad y el diácono Peter apenas están comenzando su vida como sacerdotes, su amor por Dios y su deseo de santidad, además de haber sido cultivados y alentados en sus familias, sin duda fueron respaldados, animados y formados en y a través de su educación católica en la Diócesis de Lincoln. Concluyo la sección sobre Educación con estas palabras: “Al esforzarnos por alcanzar la virtud, el servicio y el conocimiento de Jesucristo, esperamos que nuestros estudiantes caigan en los brazos del Amor Encarnado”.
Otro de los cuatro pilares de mi carta pastoral son las Vocaciones a la Vida Sacerdotal y Religiosa. El objetivo principal de este pilar es “apoyar a nuestro clero, a los religiosos y a los que aspiran a la vocación como padres y madres espirituales, para que se sientan vistos, conocidos y amados”.
Otro objetivo dentro del ámbito de las vocaciones religiosas es “crear oportunidades para que los laicos profundicen en su comprensión de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. El conocimiento lleva a la comprensión, y cuanto más sepamos sobre la labor de nuestros sacerdotes y religiosos, mejor podremos entender y atender sus necesidades”.
Con esto, esperamos “fomentar una cultura vocacional a nivel parroquial y diocesano para aumentar el número de sacerdotes y religiosos. Dios ha bendecido a nuestra diócesis con vocaciones, y tenemos una gran historia que compartir. Tenemos que asegurarnos de que quienes están siendo llamados escuchen esa historia”.
Mientras celebramos este fin de semana el regalo de dos nuevos sacerdotes y rezamos por su ministerio pastoral, damos gracias a Dios por las bendiciones de la educación católica y la “cultura de las vocaciones” que Él nos ha permitido desarrollar en la Diócesis de Lincoln.
Algunos de ustedes se han preguntado: “¿Por qué no ordenamos diáconos este año, como solemos hacer la noche antes de las ordenaciones sacerdotales?”. La Santa Sede publicó nuevas instrucciones sobre las ordenaciones sacerdotales en 2016. El documento se titula Ratio Fundamentalis (Las Normas Fundamentales de la Formación Sacerdotal). Es el documento decisivo publicado por la Santa Sede que describe las directrices, estructuras y etapas universales para la educación y formación de los sacerdotes católicos.
Luego, se le pidió a cada conferencia episcopal nacional que publicara “normas particulares” que gobiernen la formación y la ordenación de los sacerdotes católicos. Este documento, titulado “Programa Para la Formación Sacerdotal”, sexta edición, también conocido como PPF6, aplicó las normas internacionales de la Ratio Fundamentalis a la formación en Estados Unidos, tal como lo estableció la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Entró en vigor en el otoño de 2022, con una fecha de implementación en agosto de 2023, y establece cómo se selecciona y forma a los hombres para el sacerdocio católico romano.
Echemos un vistazo rápido al PPF6. El documento empieza por establecer cuatro pilares fundamentales de la formación sacerdotal.
Los cuatro “pilares” de la formación sacerdotal:
La formación en el seminario es un proceso integrado y gradual que se basa en cuatro áreas interrelacionadas del desarrollo humano y espiritual:
Humano: Desarrollar la madurez emocional, la salud psicológica y las habilidades interpersonales necesarias para ser un padre espiritual y un líder accesible.
Espiritual: Cultivar una vida interior de oración, una rutina de liturgia diaria y una relación personal con Dios.
Intelectual: Estudiar filosofía, teología, las escrituras y la doctrina de la Iglesia para enseñar eficazmente la fe y responder a preguntas morales o espirituales complejas.
Pastoral: Formación en las tareas prácticas del sacerdocio, como la homilética (la predicación), la consejería pastoral, la administración parroquial y el ministerio sacramental.
Al aplicar estos cuatro “pilares” de la formación sacerdotal al plan educativo para el entrenamiento de los seminaristas, el documento establece cuatro “etapas” de formación.
Las cuatro “etapas” de la formación sacerdotal:
Según la sexta edición del PPF, el camino de un seminarista se divide en cuatro etapas consecutivas:
Etapa Propedéutica: Un período fundamental (normalmente de uno a dos años) centrado en el discernimiento consciente, el establecimiento de una vida de oración profunda y la madurez emocional. A menudo implica un estilo de vida más sencillo y un tiempo alejado de los estudios habituales para fomentar la fraternidad y centrarse en la vocación.
Etapa de Discipulado: Por lo general dura dos años, y en esta fase se profundizan los estudios filosóficos del seminarista y su relación personal con Jesucristo.
Etapa de Configuración: La fase teológica central en la que el seminarista se configura a Cristo Sacerdote a través de un intenso estudio académico, el trabajo pastoral y la preparación para los sacramentos.
Etapa de Síntesis Vocacional: Un período de transición fuera del seminario en el que el candidato se involucra en el ministerio parroquial activo antes de recibir la ordenación sacerdotal.
Es en esta cuarta “etapa” de formación, la Etapa de Síntesis Vocacional, donde encontramos la respuesta a nuestra pregunta sobre la ordenación de los diáconos. La Etapa de Síntesis Vocacional previene un período continuo de al menos seis meses, en el que el diácono ordenado pasa por un “período de transición fuera del seminario” durante el cual puede dedicarse al ministerio parroquial antes de ser ordenado sacerdote. La Santa Sede considera que este tiempo debe ser después de que el seminarista haya completado sus estudios teológicos y regresa a su diócesis de origen para ser ordenado diácono.
En otras palabras, en lugar de ordenar a los diáconos al final de su tercer año de teología y darles una asignación en la parroquia durante los meses de verano, después del cual regresan al seminario para terminar sus estudios como lo hemos hecho hasta ahora, nuestros candidatos al diaconado terminarán sus estudios de teología al final del semestre de otoño de su cuarto año y volverán a casa para ser ordenados antes de Navidad. Luego serán asignados de inmediato a una parroquia donde prestarán servicio durante seis meses antes de ser ordenados sacerdotes en el momento habitual, a finales de mayo.
Este año, Jacob Knudson, Caleb Hanson y Cody Hein terminarán sus estudios de teología en diciembre y luego volverán a casa para ser ordenados diáconos en la Catedral de Cristo Resucitado el sábado 19 de diciembre; después, serán asignados a parroquias hasta que sean ordenados a finales de mayo de 2027.
Con este nuevo plan de formación sacerdotal, vamos a ofrecer capacitación y formación adicionales a los párrocos que recibirán a los diáconos recién ordenados. Estos párrocos se convertirán, en efecto, en formadores especiales para los nuevos diáconos.
Permítanme concluir una vez más con un fragmento de mi carta pastoral, Un Solo Corazón en Cristo: “Dios ha bendecido a nuestra diócesis con vocaciones, y tenemos una gran historia que compartir. Debemos asegurarnos de que aquellos que están siendo llamados escuchen esa historia”.
Introducción a la Guerra Justa: la enseñanza católica para un momento peligroso
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La historia del padre George Zabelka, el capellán militar que bendijo a la tripulación del avión Enola Gay antes del bombardeo de Hiroshima y que pasó el resto de su vida luchando públicamente con ello, es una historia que descubrí hace poco.
El padre George Zabelka era capellán católico de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y ejerció como sacerdote para los pilotos que lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. En agosto de 1945, lo llamaron para que bendijera a la tripulación del Enola Gay, el avión que lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima, para pedir por su protección. Era algo que había hecho cientos, si no miles, de veces. De hecho, se pide a los sacerdotes que den bendiciones por todo tipo de motivos. Bendecir a la gente es uno de los dones que los sacerdotes tenemos el privilegio de realizar.
Apenas unos días después, el padre Zabelka escuchó a un piloto que había volado en una misión de exploración a baja altura sobre la ciudad de Nagasaki poco después de la detonación de la bomba “Fat Man”. El hombre describió cómo miles de cuerpos quemados y deformados se retorcían en el suelo en sus últimos momentos de vida, mientras que los que aún se mantenían en pie deambulaban sin rumbo, en estado de shock, con la carne chamuscada, derretida y desprendiéndose. La descripción del tripulante provocó un grito ahogado desde lo más profundo del alma de Zabelka: “Dios mío, ¿qué hemos hecho?”.
A lo largo de los siguientes 20 años, el padre Zabelka fue llegando poco a poco a la conclusión de que se había equivocado terriblemente, de que había negado los fundamentos mismos de su fe al dar apoyo moral y religioso al bombardeo de Hiroshima y Nagasaki.
El peso moral de la guerra recae sobre los seres humanos precisamente porque son ellos quien tienen la responsabilidad moral, y así debe ser. Leer sobre un hermano sacerdote que luchó con su conciencia y finalmente tuvo el valor de alzar la voz contra las acciones de su país fue un momento de gracia profética y rectitud moral.
Como obispo de la Iglesia Católica y orgulloso hijo de un veterano de la Segunda Guerra Mundial que sirvió como artillero en un portaaviones en el Pacífico, para mí es importante discernir con cuidado si hoy estamos ante un momento histórico y un momento clave en el que debo expresarme con claridad como representante de la Iglesia Católica. Y aunque a veces es difícil saber si uno está viviendo un momento histórico mientras este se desarrolla, sin duda así lo siento en este momento, especialmente dada la confluencia de dos acontecimientos que, en mi opinión, tienen implicaciones dramáticas y de largo alcance. Y siento una responsabilidad especial de hablar con claridad en nombre de la enseñanza y la visión de la Iglesia en este momento.
El primer acontecimiento es el conflicto militar en Irán. El pasado mes de enero, las mejores fuentes periodísticas indicaban que las fuerzas de seguridad iraníes habían matado recientemente a decenas de miles de manifestantes pacíficos en la mayor revuelta desde la revolución islámica. El 28 de febrero, Israel y Estados Unidos atacaron a Irán con una serie de incursiones aéreas realizadas con aviones, misiles y drones. Aunque Irán ha sido una fuerza realmente terrible en el Medio Oriente durante décadas, patrocinando el terrorismo por medio de terceros que ha matado a mucha gente (incluidos soldados estadounidenses), ¿existía una amenaza clara e inmediata por parte de Irán en febrero, especialmente teniendo en cuenta que el pasado junio Estados Unidos ya había destruido gran parte de la infraestructura militar de Irán? Es tema de debate. ¿Estaban empezando a reconstruir las instalaciones nucleares que bombardeamos el pasado junio? Probablemente. ¿Eran capaces en ese momento de lanzar armas nucleares sobre territorio estadounidense o sobre bases de Estados Unidos en la región? Probablemente no. ¿Tenemos que esperar a que un enemigo esté a punto de atacarnos para poder actuar? Por supuesto que no.
Además, los objetivos del conflicto (desde la perspectiva de Estados Unidos) siguen siendo poco claros y a veces cambian de un día para otro, dependiendo de quién hable con los medios: hemos oído hablar de “rendición incondicional”, “cambio de régimen” y ataques contra los programas nucleares y de misiles balísticos. Como ocurre en muchas situaciones de guerra, el conflicto es dinámico y amenaza involucrar a muchos otros países. De hecho, Estados Unidos ha pedido a sus aliados que nos ayuden a abrir el Estrecho de Ormuz (actualmente bloqueado por las amenazas de Irán de destruir los barcos que lo atraviesen) sobre todo porque está haciendo subir los precios del petróleo y la inflación en todo el mundo.
La segunda situación es el conflicto legal y ético entre Anthropic (creador del popular sistema de IA “Claude”) y el Departamento de Guerra. El ejército de los Estados Unidos ha estado usando a Claude en muchas de sus operaciones, muy probablemente en la extracción del jefe de Estado de Venezuela, pero a Anthropic le preocupa que se utilice a Claude para dos fines que considera poco éticos: (1) armas autónomas dirigidas por IA (que matan sin supervisión humana) y (2) la vigilancia masiva de los estadounidenses (especialmente mediante la desanonimización de datos, como la reidentificación de personas a partir de datos que se suponían que eran anónimos). El Departamento de Guerra intentó modificar el contrato para obligar a Anthropic a permitir esto, y cuando la empresa se negó, intentaron destruirla al designarla como un “riesgo para la cadena de suministro”, la primera designación de este tipo dirigida a una empresa estadounidense.
Al pensar en cómo una visión moral católica abordaría estos dos temas, hagamos un pequeño repaso básico de la “Teoría de la Guerra Justa” y centrémonos especialmente en la enseñanza que encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica.
Nuestra Iglesia no es pacifista por naturaleza y no exige que se renuncie a toda forma de violencia. La Iglesia católica enseña que uno tiene derecho a defenderse de un agresor injusto, incluso a usar la fuerza letal si es necesario. Este derecho a la defensa propia también se aplica a las naciones cuando se enfrentan a una nación agresora injusta, pero la Iglesia mantiene una postura muy cautelosa ante la guerra. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) 2307 dice: “El quinto mandamiento prohíbe la destrucción intencional de la vida humana. Debido a los males y las injusticias que toda guerra conlleva, debemos hacer todo lo razonablemente posible para evitarla”. Nuestro actual Santo Padre, el Papa León XIV, ha enfatizado esto recientemente y en repetidas ocasiones.
La Iglesia católica tiene una larga tradición en el desarrollo de la Teoría de la Guerra Justa, que viene desde los escritos de San Agustín en el siglo IV y que fue profundizada por Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII. El marco de la guerra justa exige que la guerra sea el último recurso, que la declare una autoridad competente, que tenga una causa justa y que sea proporcional. El término en latín para esto es jus ad bellum, es decir, la justificación o razón para declarar una guerra.
Según el CIC 2309, para que una guerra sea justa deben cumplirse las siguientes condiciones:
(1) El daño infligido por el agresor debe ser duradero, grave y certero.
(2) Todos los demás medios para ponerle fin deben haber sido demostrados como imprácticos o ineficaces.
(3) Debe haber prospectos serios de éxito.
(4) El uso de las armas no debe producir males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar (el principio de proporcionalidad)
Si se toman en serio, estas normas son muy estrictas e imponentes, y reflejan una vez más la profunda oposición católica a la guerra. Siguen existiendo serias preguntas morales sobre varios aspectos del conflicto con Irán, especialmente en cuanto a si realmente fue el último recurso (2) y si tenemos prospectos serios de éxito (3), e incluso si tenemos una idea clara de cómo debería ser ese éxito.
La segunda dimensión de la Teoría Católica de la Guerra Justa se conoce a veces como jus in bello, es decir, la ley que rige la forma en que se lleva a cabo la guerra. Aunque el conflicto en Irán se considere justo desde el punto de vista del jus ad bellum (una cuestión que sigue siendo muy debatida entre los teólogos morales católicos), igual tenemos que asegurarnos de que la guerra en sí misma utilice medios justos. El CIC 2312–2314, nos da dos requisitos fundamentales:
(1) Discriminación: No se debe atacar intencionalmente a los no combatientes ni a la población civil.
(2) Proporcionalidad: El daño causado debe ser proporcional al objetivo militar legítimo.
Es comprensible que el Departamento de Guerra sea muy reservado sobre gran parte de la tecnología que usa para pelear guerras, pero su reacción ante Anthropic sugiere que, al menos, quiere abrirle espacio al uso de armas autónomas, que matan sin que un humano decida directamente si se está atacando a una persona inocente y si la fuerza empleada es proporcional al objetivo militar.
Pero la Iglesia deja claro que esas armas no podrían usarse de forma justa, ni siquiera en una guerra justa, y Anthropic hace bien en oponerse a esto. Como dijo recientemente el teólogo moral católico Charlie Camosy, las acciones letales en la guerra “requieren que sean los seres humanos quienes asuman la responsabilidad moral para que las acciones en una guerra sean justas”. Camosy fue citado en un artículo sobre un grupo de teólogos morales católicos que presentaron un escrito amicus en apoyo a la posición moral de Anthropic en este tema. Escribieron que el uso de armas autónomas dirigidas por IA, por definición, no cumple con las condiciones del jus ad bello requeridas para que los actos de guerra sean moralmente lícitos según el pensamiento católico. La participación humana es crucial, porque las decisiones sobre proporcionalidad y discriminación son prudenciales y requieren juicio humano, no solo la simple comparación de patrones de la IA. Las armas autónomas no tienen conciencia moral. Citan al Vaticano, a los papas y al Consejo de Obispos Católicos de Estados Unidos para respaldar su posición en contra las armas autónomas.
Es bueno ver que los académicos católicos y las instituciones de la Iglesia se pronuncian en este momento, ya que una vez más parece que nos encontramos ante un punto decisivo en la historia. ¿Se verá Estados Unidos una vez más enredado en una terrible guerra en Oriente Medio, una guerra con un objetivo incierto y con opciones no violentas disponibles? ¿Serán libradas esta guerra y las venideras con bandadas de drones y otras armas autónomas que matan sin supervisión moral humana?
Uno podría argumentar desde un punto de vista consecuencialista y utilitarista que, si no tomamos estas medidas, pasarán cosas malas. Irán seguirá apoyando el terrorismo en todo el mundo. China y otros países usarán armas autónomas y nos superarán en el campo de batalla. Pero los católicos no podemos aceptar esos argumentos. Hay ciertos principios que defendemos, sin importar las consecuencias. Punto.
El padre George Zabelka falleció en 1992, pero su mensaje pronunciado en un discurso con motivo del 40º aniversario de los bombardeos de Japón sigue siendo válido hoy en día: “La guerra es ahora, siempre ha sido y siempre será una terrible noticia para la humanidad. Yo estuve allí. Vi la guerra de verdad. Quienes la han visto de verdad darán testimonio de lo que digo. Les aseguro que no viene de Cristo. No es el camino de Cristo”.
Como he dicho recientemente, me uno al Papa León y al arzobispo Paul Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, al pedir a los católicos y a todas las personas de buena voluntad que recen por una solución pacífica al conflicto en Irán. Más destrucción solo provocará que más vidas inocentes mueran en el fuego cruzado. Por favor, recen para que aquellos que ocupan puestos de liderazgo puedan encontrar una salida sin más destrucción ni derramamiento de sangre.
Colaboración con los líderes de la comunidad: una actualización
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El agosto pasado, les escribí para informarles de mis preocupaciones sobre las noticias de que un estudiante de doctorado de la Universidad de Nebraska-Lincoln (UNL) había montado un espectáculo de travestismo (drag) burlándose de la misa católica como parte de su proyecto de tesis. En ese momento, me reuní con el presidente de la Universidad de Nebraska, Jeffrey Gold, y otros miembros de su equipo directivo, incluidos varios miembros del Consejo de Administración, para expresar mis enérgicas objeciones a lo ocurrido.
Después de esa reunión, el entonces canciller de la UNL, Rodney Bennett, respondió con una carta en la que escribió: “Lamentamos profundamente que el asunto que vinimos a discutir haya causado malestar, y pedimos sinceras disculpas”. El canciller Bennett prometió “educar a los miembros de nuestra comunidad sobre el impacto que los actos individuales pueden tener en las personas y las comunidades, tanto positivo como negativo, ya sea intencional o involuntario”.
El presidente Gold también prometió crear un grupo asesor, el primero de ese tipo en el país, con el objetivo de eliminar este tipo de incidentes de discriminación en el futuro. En ese momento dije que la respuesta de la universidad era un buen comienzo, pero que volvería a ponerme en contacto con el presidente Gold más adelante para pedirle información sobre cómo van las nuevas medidas.
Eso hice, y la reunión se llevó a cabo la semana pasada. Me reuní con el presidente Gold, la canciller interina de la UNL, Katherine Ankerson, y los miembros del consejo de administración Jack Stark y Tim Clare. También se unieron a la conversación el director diocesano de comunicaciones, Dennis Kellogg, y Marion Miner, de la Conferencia Católica de Nebraska.
El presidente Gold nos dijo que se había creado el grupo asesor y que actualmente está compuesto por nueve miembros. El presidente Gold colaboró con el presidente de la Universidad de Creighton, el padre Daniel Hendrickson, para seleccionar y reclutar a miembros de todo el país. Además de esas reuniones individuales iniciales con los posibles miembros, el grupo se reunió una vez en julio del año pasado para establecer la estructura de su funcionamiento, y otra vez en agosto para hablar del incidente relacionado con el estudiante de doctorado. Ambas reuniones se llevaron a cabo de forma virtual a través de Zoom.
El presidente Gold y el presidente Hendrickson han decidido no hacer públicos los nombres de los demás miembros del grupo asesor. El presidente Gold dijo que, si lo hicieran, es probable que algunos de los miembros preferirían no participar porque no querrían lidiar con la publicidad que conllevaría debatir temas tan delicados como los que se les plantean. Dijo que “se trata de una cuestión de confianza” con los miembros del grupo. “Si no podemos hacerlo de manera confidencial, no obtendríamos los resultados. Algunas de las personas involucradas no participarían”.
El presidente Gold sí me dijo que, además del padre Hendrickson, uno de los miembros del grupo forma parte del equipo directivo de la Universidad de Creighton. Dijo que más o menos la mitad de los miembros son “especialistas en ética reconocidos”. El grupo incluye a académicos de alto nivel, dos abogados y un bioeticista. Los miembros vienen de todo el país, incluyendo Boston y Nueva York.
El presidente Gold y la miembro del consejo de administración Clare subrayaron que el trabajo del grupo asesor no se centrará únicamente en cuestiones católicas o de ética religiosa. El grupo asesorará sobre cualquier cuestión ética a la que se enfrente la universidad, incluyendo temas importantes en los que se cruzan la libertad de expresión y la libertad académica con cuestiones raciales, políticas y otros temas.
El presidente Gold dijo que el sistema universitario está adoptando un enfoque integral para abordar las cuestiones éticas en el campus. Me comentó que incidentes como el proyecto de tesis de la “misa” simulada no mejoran la universidad ni la sociedad.
Cuando se le preguntó qué había aprendido de la discusión con el grupo sobre el incidente en el que un estudiante se burló de la misa católica, y de la propia investigación de la universidad sobre el asunto, el rector Gold dijo que hubo “una serie de fallos por nuestra parte que ya se han abordado”.
“Un fallo de comunicación y de buen juicio nos hizo tropezar”, me dijo el presidente Gold. Dijo que hubo un problema con el asesor académico y el comité de tesis. Dijo que ni el profesor asesor ni el estudiante entendieron el impacto o el posible impacto, y que el asesor debió haber informado a los directivos de la universidad. “En este caso, es posible que el estudiante cumpliera con los requisitos para obtener el título, pero no tuvo en cuenta las implicaciones.”
El presidente Gold añadió que, debido a la construcción que se estaba llevando a cabo en el campus en ese momento, se le dijo al estudiante que la presentación tenía que realizarse en otro lugar. El estudiante eligió una iglesia para llevar a cabo la presentación. Gold dijo que fue una mala decisión por parte del estudiante, pero preguntó: “¿Quién lo autorizó?”. Añadió que esa falta de control no volverá a ocurrir.
El miembro del consejo de administración Stark coincidió en que “el asesoramiento fue donde falló. Eso debió haber sido mejor”. Stark añadió que debe quedar claro que, cuando surgen cuestiones éticas como esta, los asesores deben hablar con alguien del equipo directivo de la universidad. “Si no están seguros, que pregunten”, dijo.
La miembro del consejo de administración Clare dijo que la universidad no aprueba lo que le pasó con este estudiante ni nada parecido. “¿Por qué burlarse de la religión, la raza o las creencias políticas de otra persona?”, dijo Clare. “Apagar tu vela no hace que la mía brille más”.
El presidente Gold dijo que el entonces canciller Bennett se reunió con el comité de posgrado en cuestión y dejó claro que se debió haber seguido un proceso diferente. “Debieron haberle dicho al estudiante que buscara otro tema para su tesis”. Añadió que todos deben entender que el mundo académico no vive en una burbuja, sino en el mundo real, y que hay que considerar las consecuencias de las acciones. El presidente Gold dijo que ya se han puesto “barreras de seguridad” y que se hizo que el asesor de tesis fuera “dolorosamente consciente” de su incumplimiento en este caso.
El presidente Gold dijo que la discusión del grupo asesor dejó claras varias conclusiones importantes. Primero, hubo un grave fallo de comunicación. Segundo, la orientación que se le dio al estudiante fue deficiente en varios aspectos. Y, por último, es beneficioso contar con un sistema como el grupo asesor para abordar los problemas éticos que surjan. Los miembros del grupo han aceptado formar parte de ese proceso continuo según sea necesario.
La canciller interina de la UNL Ankerson dijo que también cree que este incidente resalta la necesidad de ofrecer más programas de tutoría de todo tipo, tanto para el cuerpo docente como para los estudiantes.
El presidente Gold me dijo que hace solo un mes se les recordó a los líderes académicos de todas las facultades que pueden recurrir a este grupo y que está disponible para reunirse cuando surjan problemas académicos o éticos difíciles. La canciller interina de la UNL Ankerson agregó que en el último año y medio se ha desarrollado una capacitación de bienvenida para los estudiantes de posgrado, y que la sensibilidad forma parte de esa capacitación.
En cuanto a futuras reuniones, el presidente Gold dijo que el grupo asesor no se ha reunido desde el agosto pasado porque no han habido motivos para volver a hacerlo. Dijo que no dudaría en volver a convocar al grupo y que el padre Hendrickson de Creighton tiene el mismo acceso al grupo y también podría convocarlo en cualquier momento.
Gold añadió que para convocar al grupo el asunto tendría que ser lo suficientemente importante y de gran alcance, y que el resultado tendría que estar en duda, pero que él tiene acceso a ellos para reunirlos. Dijo que le sorprendería que no surgiera la necesidad de convocar a este grupo en el futuro.
El presidente Gold dijo que ha hablado con otros presidentes de universidades y que no tiene conocimiento de que haya ningún otro que haya reunido a un grupo de expertos así, disponible cuando sea necesario para asesorar sobre cuestiones éticas.
Durante nuestra conversación, el presidente Gold, la canciller Ankerson y los miembros del consejo de administración también destacaron el éxito y la labor de los Centros Newman en las sedes de Lincoln, Omaha y Kearney. Calificaron esos centros para estudiantes católicos como “notables” y resaltaron su importancia para las universidades.
Agradezco la disposición de los dirigentes de la Universidad a reunirse con nosotros para hablar de los temas de interés para la comunidad católica. Dijeron que estarían dispuestos a volver a hacerlo el año que viene.
El presidente Gold y su equipo han cumplido su promesa de mantenernos al tanto de los avances logrados hasta ahora. Me gustaría saber más sobre la composición del comité que han formado el presidente Gold y el padre Hendrickson, pero también entiendo, hasta cierto punto, su resistencia a compartir más detalles, dada la petición de anonimato de los miembros del comité. Creo que todos estamos de acuerdo en que queda mucho por hacer, y mi esperanza y mi oración es que sigamos esforzándonos por eliminar cualquier tipo de discriminación injusta en nuestras universidades y en nuestro mundo. También tengo la esperanza de que la colaboración continua con los líderes comunitarios de la Universidad y de otros lugares ayude no solo a prevenir problemas futuros, sino que también contribuya al desarrollo constante de una cultura que respete la religión y la presencia y el aporte católicos en nuestro estado y sus universidades.
Este es su hogar, su misión: Un Solo Corazón en Cristo
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El Domingo de la Divina Misericordia pone fin a la Octava de Pascua y nos invita a fijar nuestra atención al corazón divino y misericordioso de Jesús. Durante estos últimos ocho días hemos celebrado el triunfo de la Resurrección de Cristo, Su victoria sobre el pecado y la muerte, y el amor y la misericordia que derramó sobre nosotros a través de Su Sagrado Corazón.
Al centrar nuestros pensamientos y oraciones en el Sagrado Corazón de Jesús este fin de semana, me llena de alegría compartir con ustedes la publicación de nuestro nuevo y primer plan pastoral diocesano, titulado Un Solo Corazón en Cristo. Con la noticia del creciente número de adultos que se han unido a la Iglesia católica esta Pascua, tanto en nuestra propia diócesis de Lincoln como en todo Estados Unidos y Europa, ¡es sin duda un momento emocionante para ser católico! No podría haber un mejor momento para soñar un poco con cómo podría ser el futuro de nuestra diócesis.
Imagínense entrar en una parroquia que se sienta llena de vida y fe, desde el momento en que se cruza la puerta. Un lugar que los saca de este mundo mundano y cotidiano, y los lleva a un mundo que trasciende el espacio y el tiempo, y que está lleno de la presencia de lo divino. Un lugar que es familiar y se siente como en casa, donde los reciben y los saludan por su nombre. Un lugar donde la Santa Misa está repleta de fieles, donde las horas de adoración eucarística están llenas, y donde la celebración de los sacramentos marca los horarios.
Imagínense un lugar donde el matrimonio y la vida familiar puedan florecer, y donde las heridas de una cultura a menudo hostil puedan sanarse y transformarse. Un lugar donde los niños, adolescentes, jóvenes y personas de todas las edades vengan a aprender más sobre Jesús y su Iglesia Católica, donde puedan profundizar en la oración y en su conocimiento de la Sagrada Escritura y las enseñanzas de la Iglesia. Un lugar donde las familias tengan sed de conocer a Jesús, donde florezcan las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, y donde el clero y los religiosos reciban un buen apoyo.
En enero de 2025, iniciamos un esfuerzo a nivel diocesano para crear el primer plan pastoral de la Diócesis Católica de Lincoln. Un plan pastoral establece una visión compartida para el futuro y orienta la misión y el ministerio de la diócesis. Describe principios pastorales que guían las metas, prioridades y pasos de acción que se deben alcanzar en un período de cinco años. Guiado por el Espíritu Santo, es una colaboración entre los fieles laicos de las parroquias, los sacerdotes y religiosos, y el obispo junto con su equipo.
A través de las aportaciones de cientos de personas (laicos, miembros del clero y religiosos) de toda la Diócesis de Lincoln, y mediante el trabajo de un equipo de planificación diverso bajo mi guía, hemos creado un mapa para nuestro futuro: nuestro plan pastoral Un Solo Corazón en Cristo. Este plan definirá nuestro enfoque durante los próximos cinco años, aunque también es lo suficientemente flexible como para adaptarse a las necesidades de nuestra diócesis.
Un Solo Corazón en Cristo fue elegido por nuestro equipo para enfatizar la unidad y la unidad en Cristo. Inspirado por el lema del Pope Leo XIII, In Illo uno unum (en Él somos uno) y por el papel que desempeña el corazón en nuestra relación con Dios y con los demás, Un Solo Corazón en Cristo busca cultivar relaciones reales y auténticas en una cultura altamente tecnologizada donde las personas a menudo pueden sentirse solas y aisladas.
Un Solo Corazón en Cristo incluye cuatro pilares principales que proporcionan el fundamento para nuestro futuro: parroquias saludables, educación, vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa y el santo matrimonio y la vida familiar. También se han establecido cuatro objetivos principales bajo cada pilar para enfocar nuestros esfuerzos en el futuro cercano. Se publicarán objetivos adicionales como parte del plan pastoral completo para definir acciones que nos permitan alcanzar estas metas.
Los fieles laicos, los sacerdotes y los religiosos fueron invitados a participar en sesiones de escucha a partir de febrero de 2025. Todos los fieles de la diócesis fueron invitados a participar en estas sesiones, las cuales se promovieron mediante artículos mensuales y reportajes fotográficos en el Southern Nebraska Register, anuncios publicitarios impresos semanales, publicaciones promocionales en redes sociales, anuncios digitales distribuidos semanalmente a todas las parroquias para su inclusión en los boletines parroquiales, anuncios en las Misas, y más. También se puso a disposición un breve formulario de comentarios en línea, tanto en inglés como en español. Casi 300 personas aceptaron la invitación para participar en las sesiones de escucha y compartir sus visiones para el futuro de la diócesis. A continuación, se presenta una muestra de lo que escuchamos:
“¿Qué pueden hacer los laicos para ayudar a la diócesis? ¿Qué podemos hacer de manera diferente como laicos para fortalecernos? Tenemos mucho que ofrecer.”
“¿Cómo es una vida sacerdotal sana y próspera?”
“¿Cómo sostenemos la educación católica y la mantenemos asequible, al mismo tiempo que garantizamos un salario justo para nuestros maestros y buenas instalaciones?”
Además de la información recopilada en las sesiones de escucha y en las encuestas complementarias, se compiló un conjunto de datos representativos para orientar el trabajo, incluyendo datos parroquiales sobre estadísticas sacramentales y datos del censo de asistencia a Misa; datos financieros diocesanos como tendencias de contribuciones en parroquias y escuelas, ingreso neto parroquial, deuda de parroquias y escuelas, y tendencias de matrícula; así como datos educativos, incluyendo información sobre escuelas católicas, educación en el hogar y otros datos.
El mandato era claro: crear un plan vivo y dinámico que encienda nuestros corazones y nos conduzca a Cristo.
Se conformó un equipo de planificación integrado por laicos, sacerdotes, religiosos y personal diocesano de toda la diócesis, que se unió a mí para elaborar el plan. Desde McCook hasta Nebraska City, pasando por Shelby y Lincoln, este equipo se reunió en Lincoln durante dos días completos en septiembre y un día completo en noviembre para crear una visión, una misión, principios pastorales y objetivos relacionados (así como métricas para medir el éxito), además de un plan de acción para el primer año, guiado por los temas que los fieles de la diócesis señalaron como los más importantes para ellos. El plan de acción establece las prioridades del primer año con pasos concretos a los que el liderazgo diocesano se ha comprometido, incluyendo recursos y otros apoyos, así como un conjunto de acciones recomendadas para las parroquias, según lo que consideren que mejor se adapta a sus necesidades.
El plan no aborda todas las necesidades de la diócesis, pero sí se centra en las principales áreas de atención que surgieron de esas sesiones de escucha y que fueron identificadas por el comité. Se les anima a hablar con su párroco si consideran que también hay otras necesidades que podrían abordarse a nivel parroquial.
Un elemento fundamental de apoyo es la generosa corresponsabilidad de tiempo y talento de los 15 miembros del equipo de planificación, quienes se han comprometido a colaborar con la diócesis durante un año para apoyar y hacer avanzar el plan de diversas maneras, incluyendo la colaboración con los fieles de la diócesis y la ayuda de quienes participaron en las sesiones de escucha. El plan pastoral Un Solo Corazón en Cristo se lanza el Domingo de la Divina Misericordia, en conjunto con la publicación de mi carta pastoral Un Solo Corazón en Cristo.
Dios nos ha dado a cada uno un papel y dones para compartir con los demás. No esperen a que se les pida para comenzar a marcar la diferencia en las prioridades identificadas en este plan pastoral. Acérquense a su párroco y a los líderes de ministerio en su parroquia y háganles saber que están dispuestos a hacer su parte para ayudar a unir su parroquia y nuestra diócesis como Un Solo Corazón en Cristo.
Este es su hogar, su misión: Un solo corazón en Cristo
Preparación para la Semana Santa: ‘Por sus llagas fuisteis sanados’
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El domingo pasado, en su discurso del Ángelus desde la Plaza de San Pedro, el papa León – después de hacer un ferviente ruego por la paz en el Medio Oriente y otras zonas conflictivas del mundo – nos recordó que debemos preparar nuestros corazones y nuestras mentes para vivir más plenamente los acontecimientos venideros de la Semana Santa. El papa León invitó a todos los creyentes “a revivir los acontecimientos de la Pasión del Señor – la entrada en Jerusalén, la Última Cena, el juicio, la crucifixión, el entierro – para que podamos comprender su significado más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen”.
Mientras nos preparamos para escuchar la lectura del relato de la Pasión según San Mateo el Domingo de Ramos y según San Juan el Viernes Santo, nuestra atención se centra principalmente en las llagas de Cristo, las heridas sufridas por Jesús durante Su Pasión.
El obispo Erik Varden, de Trondheim, Noruega, predicó el retiro papal a principios de Cuaresma para el papa León y sus colaboradores más cercanos de la Curia Romana. En sus reflexiones sobre la Pasión, extraídas de su libro más reciente titulado “Sanando Heridas”, el obispo Varden señaló que la Cruz de Cristo “es el emblema de la herida mortal del Dios hecho hombre. Es fundamental, literalmente crucial para el kerigma”.
El obispo Varden continúa explicando en el libro que, sin la Cruz de Cristo, todo sufrimiento, todo dolor, toda miseria y angustia humanas pierden su sentido y se vuelven absurdos. La Cruz de Cristo es la clave para dar sentido al drama de la existencia humana.
La primavera pasada escuché una charla en YouTube que el obispo Varden dio a los estudiantes universitarios de la Universidad de Notre Dame. Me han dicho que fue uno de los eventos más impactantes y comentados en la sede de Notre Dame en los últimos tiempos. Recomiendo totalmente escuchar esta conferencia, publicada por el Instituto McGrath para la Vida Eclesiástica. Se titula: “Living with Wounds: The Passion in Theology and in Our Lives” (Vivir con Heridas: la Pasión en la Teología y en Nuestras Vidas).
El obispo Varden comienza con un video de la cantante estadounidense Gracie Abrams, hija del director de cine J.J. Abrams, director de las secuelas de Star Wars, cantando en un concierto en Madrid, España, el febrero del año pasado. La canción que eligió fue “Camden”, una canción que habla de la necesidad de ocultar el propio dolor, de “enterrar la carga hasta que desaparezca de la vista” mientras, por fuera, “sigo las reglas, diciendo que todo está bien, diciendo que todo está bien”, con la esperanza de que alguien “se dé cuenta de cómo estoy intentando”. A lo largo de la canción se repite el estribillo: “Todo mi ser es una herida que cerrar, pero lo dejo todo abierto”.
La canción es, sin duda, una súplica para que se curen unas heridas profundas, pero sin saber a quién acudir, ella simplemente se deja vulnerable y se limita a fingir que está bien, “diciendo que todo está bien, diciendo que todo está bien”.
La palabra para “herida” en latín es vulnus. Es la raíz de la palabra “vulnerabilidad”. Jesús Se hace absolutamente vulnerable ante Poncio Pilato y las autoridades romanas. Deja a un lado Sus poderes divinos y permite que le sean infligidas las heridas de la humanidad. Y no solo las heridas físicas y corporales, sino también las heridas mentales y emocionales, las heridas de la traición, el abuso, la burla, la vergüenza, el miedo, el insulto y el ridículo. Las pone todas al descubierto ante nosotros en la Pasión. Como escribiría San Pedro años más tarde: “Subiendo al madero, Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia: y por sus llagas fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24). ¿Podría haber sido esto lo que Gracie Abrams clamaba en su canción cuando canta, “Todo mi ser es una herida que cerrar, pero lo dejo todo abierto”?
Al entrar en la Semana Santa para meditar en oración sobre las llagas de Cristo, unamos nuestro sufrimiento al Suyo. Mostrémonos vulnerables ante Él y no temamos mostrarle nuestras heridas. Dejemos “todo abierto” y permitamos que Él transforme nuestras heridas con Su amor sanador.
Teniendo todo esto en cuenta, escuchemos las palabras de la Hna. Miriam James Heidland, SOLT, extraídas de una conmovedora meditación que impartió recientemente en el programa “Pray40” de Cuaresma de la aplicación Hallow, titulada “El amor es una Persona”:
“No podemos evitar el sufrimiento. Ninguno de nosotros recorre esta vida sin encontrarse con el dolor. Esa es la realidad de la vida fuera del Edén. El quebrantamiento que el pecado ha traído a nuestro mundo. La repercusión de las decisiones tomadas por Adán y Eva, por nuestros padres y por nosotros mismos, incluso hoy en día. A veces sufrimos como inocentes, víctimas de la crueldad de otra persona. O tal vez simplemente por las circunstancias, sin que sea culpa de nadie en absoluto. Esos son quizás los sufrimientos que más nos confunden y más nos duelen.
“Pero Jesucristo no nos abandona en nuestro sufrimiento. No está lejos, no es indiferente, ni permanece en silencio. Su respuesta es Él mismo. Sus brazos abiertos en la cruz. Esto es lo que nos dice: mira estas manos traspasadas por los clavos, mira este cuerpo golpeado y ensangrentado por la crueldad del hombre, agobiado por los pecados del mundo. Y, aun así, estos brazos están abiertos para ti. Este es el misterio y el milagro de nuestra fe.
“Jesús asumió todo nuestro sufrimiento, toda nuestra pena, todo nuestro dolor, y lo ofreció al Padre para redimirnos de nuestro pecado.
“Acércate a la cruz. Imagínate allí, en el Calvario, y mantén en tu mente la imagen de Cristo, quien sufrió por ti. Trae contigo todo lo que llevas: tus preguntas, tu enojo, tu confusión, tus dudas, tu dolor, tu sufrimiento. Deposítalo todo a los pies de Jesús. Amontónalo tan alto como sea necesario. No hay nada demasiado pesado, nada demasiado pequeño, nada demasiado complicado, que no puedas llevar al Señor en este momento.
“Él está aquí, está esperando, lo soportará todo. Cristo puede con todo. No le asusta tu ira, no le asustan tus dudas, no le asusta tu confusión, no le asusta tu dolor, y no se siente abrumado por tus preguntas.
“Y cuando hayas puesto todo a Sus pies, ¿cómo responde Jesús? Mira a Sus ojos. Escúchale decirte: ‘Hijo mío, ven a mí, mira lo que sufro, mira cuánto te amo’.
“Si puedes mantener la mirada fija en Él, deja que tu corazón se llene del amor que Él te tiene y tómate tu tiempo aquí para que tu corazón le hable, tal y como te inspire el corazón.
“Te adoramos, oh Señor, y te bendecimos, porque por Tu santa cruz redimiste al mundo”.
Nuestra hermosa fe, tan antigua y tan nueva
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“¡Tarde te he amado, belleza tan antigua y tan nueva! ¡Tarde te he amado! Y, mira por dónde, estabas Tú dentro y yo fuera. Y allí te buscaba y, deforme, caía de bruces contra esas cosas hermosas que has hecho. Conmigo estabas Tú, ¡y contigo no estaba yo!” (Confesiones de San Agustín, Libro X, Capítulo 27).
Estas famosas palabras de San Agustín en su autobiografía, Las Confesiones, describen cómo se lamenta por haber descubierto al Señor tan tarde, habiendo desperdiciado los primeros 33 años de su vida persiguiendo las “cosas hermosas” de este mundo. Después de vivir una vida satisfaciendo sus propios deseos, alcanzando la fama y el éxito mundano, Agustín todavía se siente vacío y solo por dentro. Finalmente se rinde y se vuelve hacia Dios, solo para descubrir que el Señor estuvo ahí todo el tiempo, buscándolo pacientemente como una fuerza de “belleza tan antigua y tan nueva”.
Al llegar a la mitad de nuestro camino cuaresmal, dirijamos nuestras mentes y nuestros corazones hacia la Semana Santa con mayor intención, y recordemos en nuestras oraciones a aquellos hermanos y hermanas que están realizando sus últimos preparativos para su ingreso a la Iglesia Católica Romana durante la Vigilia Pascual.
Todos estamos llamados a la conversión a través del ayuno y la oración, las penitencias y sacrificios cuaresmales, y la disciplina sobre nuestros sentidos y deseos; nos estamos vaciando para que el Señor pueda llenarnos con Su misericordia y Su amor al acercarnos a la Semana Santa. Pero para quienes van a recibir los sacramentos de iniciación, este es un tiempo especial de gracia y de encuentro con el Señor.
Este lunes fui invitado a pasar la tarde con los 12 catecúmenos y candidatos a quienes tendré el privilegio de recibir en la Iglesia Católica en la Catedral de Cristo Resucitado de Lincoln durante la Vigilia Pascual de este 4 de abril. Los catecúmenos son personas que no han sido bautizadas, y los candidatos son aquellos que han sido válidamente bautizados en otra tradición cristiana y desean ser recibidos en la Iglesia Católica. Los catecúmenos recibirán los tres sacramentos de iniciación – el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía – en la Vigilia Pascual, y los candidatos recibirán la Confirmación y la Eucaristía.
Pude escuchar a cada persona contarme la historia de su camino de fe y lo que los llevó a buscar el ingreso a la Iglesia Católica. Cada historia fue un hermoso testimonio de la acción de la gracia y una respuesta del corazón. Cada historia fue diferente, pero todas fueron un encuentro con la belleza del Señor, una “belleza tan antigua y tan nueva”.
La tarde incluyó la ceremonia de la “Entrega del Credo”. La ceremonia, que a menudo forma parte de la OCIA (Orden de Iniciación Cristiana de Adultos), fue similar a una breve Liturgia de la Palabra. El padre Tony Schukei, sacerdote asistente de la catedral, leyó las lecturas y el salmo responsorial, y el párroco, monseñor Thomas Fucinaro, proclamó el Evangelio. Luego profesamos juntos el Credo de Nicea. Cada catecúmeno y candidato se llevó a casa un folleto que explica el Credo de Nicea para su estudio posterior.
La ceremonia tiene como objetivo destacar el papel de la comunidad a la hora de compartir su fe con quienes se incorporan a la Iglesia, y fue una experiencia hermosa. El año pasado se cumplió el 1,700º aniversario del Primer Concilio de Nicea y de la proclamación del Credo de Nicea. Esta profesión de fe es el mismo credo que profesamos, palabra por palabra, cada domingo en la Santa Misa. Es maravilloso contemplar el hecho de que los cristianos, durante 1,700 años, hayan proclamado su fe mediante esta profesión de fe cada domingo. Este año, estos nuevos católicos – y muchos más en todo el mundo – se unirán a nosotros en un ejemplo vivo de “belleza tan antigua y tan nueva”.
Ya no es ningún secreto que las conversiones a la Iglesia Católica están aumentando en todo el país, e incluso en algunas partes de Europa. A nivel nacional, se calcula que las conversiones de adultos a la Iglesia Católica alcanzarán casi las 200,000 este año, un aumento espectacular respecto a las 70,000 en 2020.
En la Diócesis de Lincoln, también hemos observado con alegría un aumento de las conversiones en los últimos años, y la tendencia parece continuar. El año pasado se bautizaron más de 100 adultos en nuestra diócesis, y otros más de 100 fueron recibidos en la Iglesia. Esperamos que más de 400 sean recibidos en la Iglesia esta Pascua, según las estadísticas de las parroquias que han comunicado sus cifras hasta ahora. Sabía que las cifras debían de haber subido, porque teníamos la catedral llena para la liturgia del Rito de Elección el 22 de febrero, el primer domingo de Cuaresma.
Aunque yo mismo soy un converso al catolicismo – me uní a la Iglesia cuando era estudiante universitario en la Universidad de Kansas – esta tendencia sigue sorprendiéndome. Anhelamos compartir la fe que amamos con los demás, pero a veces nos preguntamos cómo podemos hacerlo. Las historias que los miembros de la clase de OCIA compartieron conmigo el lunes fueron variadas, pero me llamó la atención esto: cuando se les preguntó por qué vinieron a OCIA, dos personas dijeron que pasaron en carro por la Catedral de Cristo Resucitado, vieron los avisos que anunciaban las clases y decidieron inscribirse. ¡A veces es tan simple como una invitación! Estoy agradecido a la parroquia de la catedral – y a las parroquias de toda la diócesis – por dar la bienvenida a las personas para que conozcan la belleza del catolicismo. Si bien el letrero puede hacer que alguien entre, la belleza de la fe es lo que hace que regresen. Cada uno tiene su propio camino y, al igual que San Agustín, nos sentimos atraídos por este encuentro con la belleza.
Entre los nuevos conversos de todo el país, se observa un aumento especialmente notable entre los jóvenes. Creo que esto se debe a que el mundo está cambiando tanto ante sus ojos, por lo que buscan algo que no cambie, algo que tenga una base sólida, algo en lo que puedan confiar y en lo que puedan apoyarse. Están descubriendo eso en la Iglesia Católica y se sienten atraídos por ella, al igual que San Agustín.
San Agustín, en su camino, descubrió que el mundo es muy vacío y superficial en cuanto a su propósito y sentido profundos. Mientras escuchaba la historia de cada persona el lunes, la característica común era que buscaban ese encuentro con el Señor y lo habían descubierto en la Iglesia católica. Oremos por todos ellos a medida que se acercan a los sacramentos, y demos también gracias al Señor por nuestra propia experiencia continua de la belleza de Su Iglesia, tan antigua y tan nueva para cada uno de nosotros.
Celebrando una década de influencia
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El cardenal San John Henry Newman, el 38º y más reciente Doctor de la Iglesia católica y copatrón de la educación católica junto con Santo Tomás de Aquino, nació el 21 de febrero de 1801. Para conmemorar el 225º aniversario del nacimiento de Newman, el sábado pasado celebré una misa en la iglesia Santo Tomás de Aquino, el Centro Newman del campus de la Universidad de Nebraska-Lincoln.
En esta ocasión, también celebramos el 10º aniversario del establecimiento del Instituto Newman de Pensamiento y Cultura Católicos en el Centro Newman en la UNL. Financiado con los generosos aportes a la campaña de recaudación de fondos “La Alegría del Evangelio”, inauguramos el Instituto Newman en el semestre de primavera de 2016 con su primer curso de “grandes libros”, “El Oro de Egipto”, dictado por el doctor John Pepino, especialista en patrística.
Cuando Newman se convirtió al catolicismo en 1845, tuvo que abandonar su querida Universidad de Oxford, donde había sido estudiante universitario, estudiante doctoral y, finalmente, profesor catedrático y tutor. En aquella época, Oxford no permitía la admisión a estudiantes católicos, y mucho menos a un profesor converso. Pero el sueño de Newman, que nunca se hizo realidad, era regresar a Oxford como sacerdote católico y establecer un centro para estudiantes católicos, donde pudieran asistir a una gran universidad pública y verse expuestos a una amplia gama de disciplinas académicas, y tener un lugar al que acudir y estar rodeados de otros compañeros católicos, para rezar y adorar, entablar amistades y desarrollar su imaginación católica, y sumergirse en la gran tradición intelectual católica, a través de la verdad, la bondad y la belleza de las artes, la literatura y la música.
Newman nunca vivió para ver ese sueño hecho realidad, pero hoy en día hay decenas de Centros Católicos Newman en todo el mundo. Cuando vine a la diócesis de Lincoln y descubrí que ya contaba con un Centro Newman muy exitoso y sólido, mi sueño pasó a ser establecer un instituto intelectual y cultural que pudiera complementar la tremenda labor que ya se estaba realizando en las calles 17 y Q en el centro de Lincoln. En 2014, cuando se tomó la decisión de construir un nuevo Centro Newman, y casi al mismo tiempo que la diócesis lanzaba la campaña de recaudación de fondos “La Alegría del Evangelio”, me sentí inspirado para poner en marcha esta nueva iniciativa.
Fue por aquel entonces cuando invité a mi buen amigo, ya fallecido, el Dr. Don Briel, gran experto en Newman y director fundador del Instituto de Estudios Católicos de la Universidad de Santo Tomás en Saint Paul, Minnesota, considerado el “padre” de los programas de estudios católicos en Estados Unidos, a venir a Lincoln para ayudarnos a iniciar el proceso de creación de un centro. El padre Robert Matya, quien era el párroco del Centro Newman, apoyó con entusiasmo la idea y juntos formamos un comité de planificación.
Fue en una de esas primeras reuniones de planificación en 2014, cuando estábamos pensando en cómo llamar al instituto, cuando el Dr. Briel dijo: “¿Por qué no llamarlo Instituto Newman de Pensamiento y Cultura Católicos?” El nombre se quedó y la idea se hizo realidad.
En la primavera de 2015, más o menos cuando fue dedicado el nuevo Centro Newman, nombré al monseñor Daniel Seiker como director provisional del Instituto Newman, hasta que pudiéramos contratar a un director de tiempo completo. En el otoño de 2015, tuvimos nuestra primera serie de conferencias “Renacer en el Asombro”, con la participación del Dr. R.R. Reno, el Dr. John Freeh y el Dr. John Pepino.
Más adelante ese mismo año contratamos al Dr. Freeh, un profesor de humanidades en la Universidad Católica de Wyoming formado en Oxford, para que fuera el primer director del Instituto Newman de Pensamiento y Cultura Católicos. Si no hubiera sido por la energía, la creatividad y el entusiasmo del Dr. Freeh por la misión, no estoy seguro de que hubiéramos conseguido poner en marcha el instituto tan rápidamente.
Gracias a una colaboración única entre el Centro Newman, la Universidad de Nebraska y el Seminario San Gregorio Magno de Seward, podemos ofrecer cursos de humanidades de nivel universitario que los estudiantes pueden aplicar como créditos ACE a sus títulos de graduación. John ejerció como director hasta que él y su esposa Helen y sus tres hijos se mudaron a Nuevo México para emprender otros proyectos.
Con la partida del Dr. Freeh en el verano de 2021, por providencia divina descubrí que Patrick Callahan, un antiguo alumno mío de la Universidad de Dallas en mis días como capellán del campus de la UD en Roma, había estado trabajando como director del Programa Humanitas en mi antigua universidad, la Universidad de Kansas, un programa similar al nuestro, y estaba interesado en lo que hacíamos en la UNL. Logré convencer a Patrick para que se mudara a Nebraska desde Kansas con su esposa Eleise y sus cuatro hijos pequeños. Patrick ha completado su quinto año como director del Instituto Newman y ha llevado al instituto a un nivel superior.
Diez años después de ofrecer su primer curso de Grandes Libros, el Instituto Newman ha crecido bastante. Lo que comenzó con un grupo de seis estudiantes en una sola clase en la primavera de 2016 se ha convertido en un programa de clases que otorgan créditos y sin créditos, peregrinaciones, grupos de lectura, series de conferencias y retiros que ha servido a muchos – incluyendo a 400 estudiantes en 2026.
Esta primavera, en el Centro Newman, Callahan está culminando el cuarto curso de la secuencia básica de Grandes Libros para los estudiantes del Centro Newman de la UNL. El padre James Morin (vicerrector y profesor en el Seminario San Gregorio Magno) está enseñando una materia opcional con créditos sobre la visión sacramental del mundo de los Padres de la Iglesia, también en el Centro Newman. Logan Burda (de la Asociación de Estudiantes Universitarios Católicos FOCUS) ha complementado su discurso en la conferencia anual SEEK de FOCUS con dos cursos sin créditos que han llenado las aulas: Literatura, Historia y Santos Católicos y Fundamentos Bíblicos. Esta clase es especialmente útil para preparar a los estudiantes que lideran los estudios bíblicos en la universidad.
Max Chapman, fundador y director ejecutivo de Más Misericordia (More Mercy), está enseñando un curso breve titulado “Que Sean Uno”, que retoma el tema elegido por el párroco Ryan Kaup para el Centro Newman este año y prepara a los estudiantes para la labor de restaurar la unidad cristiana.
Cada otoño, el Instituto Newman ofrece su programa “Llamados a la Grandeza”, una serie de clases sobre virtud y liderazgo, a los aspirantes de dos fraternidades. El programa comenzó y continúa con la fraternidad Farmhouse en colaboración con el Dr. Tom Field, del Programa Engler Agribusiness de la UNL. Hace unos años se amplió a Phi Kappa Theta, la fraternidad católica del campus. Además de la instrucción, los estudiantes se reúnen en pequeños grupos para responsabilizarse mutuamente del crecimiento en la virtud y ofrecen 20 horas de servicio voluntario a organizaciones sin fines de lucro locales para practicar el liderazgo de servicio.
Además de las clases, el Instituto Newman organiza clubes de lectura de verano e invierno, lo que mantiene a los estudiantes activos e involucrados con la tradición intelectual católica entre semestres. La participación promedio es de unos 50 estudiantes. Las notas y las preguntas para el debate mantienen a los estudiantes conectados durante las vacaciones y se reúnen para comer y discutir al comienzo de cada semestre. Este enero, los estudiantes se reunieron para discutir «El Poder y la Gloria», de Graham Greene.
Los clubes de lectura durante el semestre se organizan en colaboración con la sección de la UNL del Instituto Tomista. Durante la primavera de 2026, los estudiantes se reúnen cada dos semanas para leer y debatir los cuentos cortos de Flannery O'Connor.
A través de la colaboración con el Instituto Tomista, cada semestre se imparten entre dos y tres conferencias en el campus. A principios de febrero, el Dr. Michael Foley, de la Universidad de Baylor, dio una conferencia ante un público numeroso. El director del Instituto, junto con el Dr. Geoffrey Friesen, de la UNL, ejerce como asesor de la sección de la UNL del Instituto Tomista.
Otra novedad interesante del programa del Instituto Newman para este año es su participación en In Lumine Network («Red In Lumine»). Esta red, formada por trece institutos y centros de formación intelectual católica en escuelas no católicas, cuenta con un subsidio de 2.1 millones de la Fundación John Templeton por un período de tres años. La parte del subsidio que le corresponde al Instituto Newman cubre una serie mensual de conferencias-almuerzo con profesores de universidades locales, una ampliación del programa Llamados a la Grandeza del Instituto, tertulias de fin de semana y una serie de conferencias anuales.
Fuera del Centro Newman, Mark Hansen y Logan Pfeiffer, maestros de inglés en la escuela secundaria Pío X de Lincoln, están dando a los estudiantes un impulso inicial a su experiencia universitaria de Grandes Libros con ocho secciones de cursos de doble crédito. El programa, una colaboración entre el Instituto Newman, el Seminario San Gregorio Magno y la Escuela Secundaria Pío X, ofrece a los estudiantes de tercer y cuarto año la oportunidad de obtener tres horas de crédito universitario por Literatura Clásica 1 o Literatura Clásica 2, donde los estudiantes leen y discuten en seminarios a autores de obras monumentales como Homero, Shakespeare y Dante, además de estudiar obras líricas breves de poesía que forman parte de la tradición de los Grandes Libros.
El sábado pasado, antiguos alumnos, benefactores y alumnos actuales se unieron a la celebración del 10º aniversario del Instituto Newman para el Pensamiento y la Cultura Católicos. Después de la misa en la Capilla de Nuestra Señora en el Centro Newman, nos reunimos en el atrio para tomar unas bebidas y luego disfrutamos de una deliciosa comida en el Rosary Hall, donde disfrutamos de una brillante conferencia del Dr. Andrew Sealy, antiguo tutor durante tres décadas en la Universidad de Santo Tomás de Aquino en Santa Paula, California, y actualmente profesor del Instituto Agustín en St. Louis y presidente y director cofundador del Instituto Boecio, una asociación de maestros expertos en educación liberal tradicional dedicada a continuar y profundizar esa tradición a través de la enseñanza, la tutoría, las conferencias, la escritura, el suministro de recursos y la colaboración con instituciones similares.
No hace falta decir que mi corazón está lleno de gratitud hacia Dios por lo que ha hecho durante estos últimos 10 años, y espero con ilusión ver hacia dónde guiará al instituto en los próximos 10 años. Con nuestros dos copatrones de la educación católica, Santo Tomás de Aquino y San John Henry Newman, ¡no tengo ninguna duda de que nos esperan grandes cosas!
¡San John Henry Newman, ruega por nosotros!
¡Santo Tomás de Aquino, ruega por nosotros!
Manteniendo viva la esperanza en Sri Lanka
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El verano pasado, el padre Christopher Eckrich y yo tuvimos la oportunidad de visitar Sri Lanka, invitados por Su Eminencia, el cardenal Malcom Ranjith, arzobispo de Colombo. Como muchos de ustedes saben, la diócesis de Lincoln mantiene una larga y cálida amistad con el cardenal Ranjith y la iglesia católica de Sri Lanka. Hace más de diez años, patrocinamos a cuatro seminaristas de la arquidiócesis de Colombo. Estos cuatro “Sri Lincolns”, como los llamamos cariñosamente, son ahora sacerdotes muy activos que desempeñan diversas funciones en toda la arquidiócesis de Colombo como párrocos, profesores y evangelistas en las calles.
Sri Lanka es un país en gran parte budista, con alrededor del 70% de la población profesando el budismo. Las minorías religiosas mayores son los hindúes, con un 12.6%; los musulmanes, con un 9.7%; y los católicos, con un 6.1%. La mayoría de los católicos viven en la parte occidental de Sri Lanka, en Colombo y sus alrededores, y tienen una influencia extraordinaria, tanto política como culturalmente.
En el 2024, le dimos la bienvenida al padre Prageeth Chamara a la diócesis de Lincoln para que prestara servicio durante un período de tres años. Primero trabajó en la Catedral de Cristo Resucitado en Lincoln y, durante los últimos 18 meses, ha sido vicario parroquial en la parroquia de San Miguel en Hastings.
Aunque los medios de comunicación no le dieron mucha cobertura, a finales de noviembre y principios de diciembre del 2025, Sri Lanka sufrió sus peores inundaciones en décadas. El ciclón Ditwah arrasó el país, trayendo consigo lluvias torrenciales que provocaron deslizamientos de tierra y una extensa devastación. Pueblos y parroquias enteros fueron borrados del mapa.
Las inundaciones y los deslizamientos de tierra han afectado a todas las regiones del país. El Gobierno ha declarado que se han producido más de 640 muertes, más de 180 personas siguen desaparecidas y más de 611,530 familias se han visto afectadas en todo el país. Según las cifras del Gobierno, aproximadamente 720,000 edificios fueron destruidos, así como kilómetros de vías férreas, carreteras y puentes.
Creo que vale la pena señalar que este desastre natural se produjo cuando Sri Lanka aún se estaba recuperando del catastrófico tsunami del 2004, una devastadora guerra civil que terminó en el 2009 y una grave crisis económica en el 2022 que obligó al presidente a renunciar. El país también sufrió mucho el domingo de Pascua del 2019, cuando los ataques terroristas en iglesias católicas y hoteles mataron a 269 personas.
Tras el paso del ciclón Ditwah, el cardenal Ranjith se puso en contacto con la diócesis de Lincoln para preguntarnos si podíamos ayudar. Las familias directamente afectadas siguen necesitando alimentos básicos y ropa. Las parroquias de Colombo se han encargado de esta labor de socorro a través de la “Oficina Caritas” de la arquidiócesis de Colombo (equivalente a nuestros Servicios Sociales Católicos).
La labor de auxilio busca fondos para las tareas de rehabilitación en los distritos de Colombo, Gampaha y Kalutara, que incluyen 16 decanatos afectados por las inundaciones. Algunos de los proyectos que ya están en marcha incluyen la limpieza y purificación de la basura contaminada acumulada en las casas, el suministro de utensilios de cocina y cubiertos para uso inmediato por parte de quienes regresan a sus hogares, la reparación de las viviendas dañadas y el lavado de las paredes, y el suministro de instalaciones eléctricas, entre muchos otros proyectos.
Para satisfacer estas necesidades, pediremos a todas las parroquias de la diócesis de Lincoln que realicen una segunda colecta el fin de semana del 21 al 22 de febrero en respuesta a la petición del cardenal Ranjith. Por favor, consideren ayudar a nuestros hermanos y hermanas en Sri Lanka. Estamos trabajando conjuntamente con Catholic Relief Services para garantizar que cada dólar se destine directamente a la arquidiócesis de Colombo y a las víctimas del ciclón Ditwah.
El padre Basil Rohan Fernando, director nacional de las Obras Misionales Pontificias en Colombo, habló con la agencia de noticias Fides sobre la devastación causada por el ciclón Ditwah y el tiempo que tardará la reconstrucción. La comunidad católica de Sri Lanka, dijo, está “comprometida con un único objetivo: sembrar una nueva esperanza. Hemos asumido una responsabilidad especial, es decir, mantener viva la esperanza”.
Cuando visité Sri Lanka el verano pasado, me conmovió la vitalidad y el dinamismo que vi en los sacerdotes y fieles laicos de allí. Por eso – a pesar de la tragedia – me complace anunciar que a principios de marzo llegarán a la diócesis de Lincoln tres sacerdotes más de Sri Lanka, que prestarán servicio durante un período de tres años. He asignado al padre Harold Maximus Rodrigopulle como vicario parroquial de la parroquia de San José en York; al padre Markawitage Malcom Pushpakumar Perera como vicario parroquial de la Catedral de Cristo Resucitado en Lincoln; y al padre Jayakody Arachchige Don Joseph Francis como vicario parroquial de la parroquia de Santa María en Lincoln.
Sé que todos nosotros en la diócesis de Lincoln daremos la bienvenida a estos sacerdotes, estos nuevos “Sri-Lincolns”, a nuestra diócesis. Dejémonos conmover por su espíritu y compartamos también nuestra fe en el Señor con estos nuevos sacerdotes. Asumamos la responsabilidad de ser el rostro de la esperanza para nuestros hermanos y hermanas en Cristo que sufren.
El año pasado fue el Año Jubilar de la Esperanza, pero nuestro llamado a ser peregrinos de la esperanza no ha terminado. El espíritu de esperanza debe perseverar, incluso cuando vemos nuevos desafíos y tragedias. San Pablo nos lo recuerda en las Escrituras (Romanos 12:9-11): “Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando el mal, adhiriéndoos al bien; amándoos de corazón unos a otros con el amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo; diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor; alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración.”
Debería ser impensable
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Nota del editor: El obispo James Conley fue el celebrante y homilista de la misa de la Vigilia de Oración por la Vida celebrada el 22 de enero en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington, D.C. La misa fue seguida de una vigilia de oración que duró toda la noche antes de la Marcha por la Vida. Este es el texto de su homilía.
Eminencias y Excelencias, hermanos sacerdotes, diáconos, seminaristas, hombres y mujeres consagrados, queridos hermanos y hermanas en Cristo. Es un gran honor y privilegio celebrar esta Misa de Vigilia aquí, en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en este “Día Nacional de Oración por la Protección Legal de los Niños No Nacidos”. Agradezco al obispo Daniel Thomas, presidente de la Secretaría Pro-Vida de los Obispos de Estados Unidos, por invitarme a celebrar esta misa en su lugar.
Acabamos de escuchar estas palabras del profeta Isaías en la primera lectura:
“El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre… el Señor, el que me formó desde el seno materno para ser su siervo.”
He asistido a esta Misa de Vigilia y a la Marcha por la Vida esporádicamente, desde mis días en el seminario, muy cerca de aquí, en el Seminario Mount St. Mary's en Emmitsburg, Maryland – hace más de 40 años. Cada año es como una inyección de energía estar con tantos de ustedes, especialmente con ustedes, los jóvenes, que comparten la pasión y la alegría por el don de la vida y que quieren construir una “cultura de la vida y una civilización del amor”, donde los bebés sean protegidos en el vientre de sus madres y las mujeres sean amadas, escuchadas y cuidadas cuando se enfrentan a decisiones muy difíciles que cambian sus vidas.
Pero no siempre he sido pro-vida. No crecí como católico y nunca tuve el beneficio de una educación católica, como muchos de ustedes aquí presentes hoy. Nunca pensé mucho en la vida en el útero o en el tema del aborto. En mis años de secundaria, ¡creo que lo que más me interesaba era saber dónde sería el próximo concierto de Grateful Dead! Cuando se dictó la sentencia del Tribunal Supremo en el caso Roe v. Wade en 1973, nos enseñaron que el feto era solo un trozo de tejido, una masa de células. La ciencia no estaba muy desarrollada en los años 70, por lo que el aborto no me parecía algo tan grave.
Pero recuerdo muy claramente que en la década de los 70 fui a una fiesta de preparatoria poco después de que se legalizara el aborto. En esa fiesta había un amigo mío que nos contó que su novia estaba embarazada y nos pidió que juntáramos dinero para que él pudiera “solucionar el problema”. No recuerdo mucho de la historia, pero sí recuerdo haber sentido en lo más profundo de mi ser que había algo que estaba mal en todo esto. No sabía qué era ni por qué. Conocía bien a su novia. Habíamos estudiado juntos en la secundaria. Y recuerdo haberme sentido muy triste por ella y por él. Eso me marcó durante mucho tiempo.
Unos años después, estuve en una universidad estatal enorme. Providencialmente, terminé topándome con un programa de humanidades de “grandes libros”. Y al ser expuesto a las grandes obras de la literatura y la poesía, el arte, la historia y la música – “lo mejor que se ha pensado y dicho jamás” (Matthew Arnold) – ¡descubrí la verdad, la bondad y la belleza por primera vez en mi vida! ¡Mucho mejor que cualquier concierto de Grateful Dead! ¡Y descubrí la Iglesia católica y a Jesucristo, que es la Verdad, la Bondad y la Belleza encarnadas! Nunca había sido bautizado, así que a mitad de mi tercer año de universidad fui bautizado, confirmado y recibí mi primera comunión.
Algún tiempo después, alguien me regaló una vieja y gastada copia de Humanae Vitae, la monumental encíclica de San Pablo VI sobre la vida humana. Cuando leí esa encíclica – que probablemente es uno de los documentos papales más breves de la historia – se me cayeron las vendas de los ojos. Ahora sabía “porque” me sentía tan incómodo y triste en la preparatoria. Por primera vez vi que la vida humana era un misterioso regalo de Dios y cómo cada uno de nosotros está hecho a Su imagen y semejanza. Y cómo la sexualidad humana tiene una sacralidad y una belleza únicas. Y cómo, en el santuario del vientre de nuestra madre, el Señor nos ha formado y nos ha hecho Sus siervos, como ha dicho hoy Isaías. Y que Dios tenía un plan para mí, y que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros.
Y cuando empecé a ver el mundo a través de una perspectiva católica, me di cuenta de cómo todo estaba maravillosamente conectado, formando una realidad integrada. Cómo todo tenía un significado y un propósito y cómo, de nuevo según Isaías, “Soy estimado a los ojos de Señor y mi Dios ha venido a ser mi fortaleza.”
Prontamente discerní mi vocación al sacerdocio y, bueno, el resto es historia. Solo dos años después de mi ordenación, mi obispo me nombró director provida de mi diócesis natal de Wichita, Kansas. A medida que me involucraba cada vez más en el ministerio provida, me quedó muy claro que, en las palabras de la Santa Madre Teresa, “el aborto es el mayor destructor de la paz en el mundo”. Aquí había una mujer que dedicó toda su vida a servir a los más pobres de entre los pobres, viviendo una vida de pobreza absoluta y entrega, y sabía que el aborto era el mayor mal de nuestros días.
Los obispos estadounidenses también enseñan que el aborto es el tema más importante de nuestros días por varias razones:
El aborto es una destrucción directa e intencionada de la vida humana en su nivel más fundamental, y el derecho a la vida es la condición para todos los demás derechos humanos.
El gran número de vidas perdidas por el aborto – más de un millón cada año – es catastrófico. Imagínense si hubiera más de un millón de asesinatos cada año por violencia armada. ¿Lo toleraríamos?
Los niños no nacidos son considerados los miembros más vulnerables y sin voz de la sociedad, incapaces de hablar o defenderse por sí mismos.
Por último, el aborto es un ataque a la propia familia, que se supone que es el “santuario de la vida”.
Sin duda, los obispos enseñan que existen “otras amenazas muy graves a la vida y la dignidad de la persona humana, como la eutanasia, la violencia armada, el terrorismo, la pena de muerte y el tráfico de personas. También está la redefinición del matrimonio y el género, las amenazas a la libertad religiosa en el país y en el extranjero, la falta de justicia para los pobres, el sufrimiento de los migrantes y refugiados, las guerras y hambrunas en todo el mundo, el racismo, la necesidad de un mayor acceso a la salud y la educación, el cuidado de nuestra casa común, y más. Todo ello amenaza la dignidad de la persona humana” (Documento de los Obispos Estadounidenses: Formando la Conciencia para Ser Ciudadanos Fieles – Nota introductoria, 2023).
Pero nuestros hermanos y hermanas en el vientre materno son las víctimas más vulnerables y sin voz. En casi todos los demás casos de injusticia, quienes se ven amenazados pueden expresarse por sí mismos y tienen al menos algún poder para defenderse, alguna forma de defensa.
Nuestro Santo Padre, el papa León XIV, se ha pronunciado recientemente en este mismo sentido en su discurso a los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede el 9 de enero.
En su discurso, confirma la importancia del aborto como prioridad fundamental cuando afirma: “Es necesario reafirmar con fuerza que la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano”.
El papa León continúa diciendo que «la Santa Sede… considera deplorable que se asignen recursos públicos para suprimir la vida, en lugar de invertirlos en apoyar a las madres y las familias. El objetivo principal debe seguir siendo la protección de todos los niños no nacidos y el apoyo efectivo y concreto a todas las mujeres para que puedan acoger la vida”.
Más adelante, en ese mismo discurso, el papa León escribe: “La vocación al amor y a la vida, que se manifiesta de manera importante en la unión exclusiva e indisoluble entre una mujer y un hombre, implica un imperativo ético fundamental para que las familias puedan acoger y cuidar plenamente la vida por nacer. Esto es cada vez más una prioridad, especialmente en aquellos países que están experimentando un dramático descenso de la natalidad. La vida, de hecho, es un don inestimable que se desarrolla dentro de una relación comprometida basada en la entrega mutua y el servicio”.
El 24 de junio de 2023, la decisión del Tribunal Supremo en el caso Dobbs v. Planned Parenthood anuló la sentencia Roe v. Wade y devolvió a los estados la autoridad para regular el aborto, gracias a Dios. En el caso Dobbs, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dictaminó que nunca ha existido el derecho constitucional de matar a propósito a un niño no nacido en el vientre materno.
Sin embargo, todavía se producen más de un millón de abortos cada año en nuestro país – la mayoría de ellos mediante métodos químicos y no quirúrgicos. En el 2024, se produjeron aproximadamente entre 1.1 y 1.4 millones de abortos en Estados Unidos, lo que supone un ligero aumento en comparación con el 2023, impulsado en parte por los servicios de telesalud. El Instituto Guttmacher, la división de investigación de Planned Parenthood, registró algo menos de 100,000 abortos químicos al mes en sus instalaciones. Según Guttmacher, en el 2023 los abortos con medicamentos o “abortos químicos” representaron el 63% de todos los abortos realizados en Estados Unidos.
En mi propio estado de Nebraska, el 5 de noviembre de 2024 aprobamos la iniciativa electoral “Iniciativa de Nebraska para la Protección de las Mujeres y los Niños”, que enmienda la Constitución de Nebraska para prohibir los abortos electivos en el segundo y tercer trimestre. Al mismo tiempo, también rechazamos una propuesta electoral que habría permitido los abortos hasta el noveno mes.
Sin importar lo que suceda en el ámbito político, nosotros como católicos siempre debemos estar presentes para servir amorosamente a las mujeres y ayudarlas a darle la bienvenida a una nueva vida. Una manera en la que la Iglesia hace esto es a través de “Walking with Moms in Need” (Caminando con las Madres Necesitadas), donde las parroquias católicas de todo el país están redoblando sus esfuerzos para brindar aún más servicios, apoyo y acompañamiento a las madres vulnerables embarazadas y con hijos.
Y la Iglesia no abandona a quienes han optado por el aborto. Como pastores, somos testigos directos de las heridas que sufren las mujeres y los hombres después de poner fin a la vida de su hijo. Queremos atender sus necesidades espirituales y emocionales para que puedan encontrar misericordia, libertad y sanación en Cristo. El ministerio del Proyecto Raquel ofrece apoyo confidencial y compasivo a las mujeres y a los hombres que han participado en un aborto. Cualquier persona interesada puede visitar Hopeafterabortion.org para obtener más información.
Mientras seguimos trabajando para cambiar las leyes con el fin de que los bebés permanezcan seguros en el vientre de sus madres y las mujeres reciban cuidado y protección en momentos de crisis y necesidad, debemos redoblar nuestros esfuerzos para seguir construyendo, en las palabras de San Juan Pablo II, “una cultura de la vida y una civilización del amor”. Debemos seguir rezando y trabajando para cambiar los corazones. Como se ha dicho a menudo, al final, “la medida de una sociedad es cómo trata a sus miembros más débiles”.
Solo Dios puede cambiar los corazones, pero sabemos que Dios escucha y responde las oraciones de Su pueblo.
En el evangelio de hoy según San Mateo, Jesús, señalando a un niño, dice a sus discípulos: “Quien reciba a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe”.
Queridos jóvenes, ustedes son la generación pro-vida. Les he dicho a los jóvenes de mi diócesis, jóvenes de su generación, que creo firmemente que dentro de 50 años, cuando mi generación haya ya partido hacia Dios, sus nietos les preguntarán: “¿Es cierto que cuando tenían mi edad mataban a los niños en el vientre materno?”
Nuestro objetivo no es solo hacer que el aborto sea ilegal. ¡Nuestro objetivo es hacer que el aborto sea impensable!
Dios responde a las oraciones de su pueblo
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El próximo jueves 22 de enero se cumplirá el 53º aniversario de la desafortunada decisión del Tribunal Supremo de 1973, Roe v. Wade, que legalizó el aborto en Estados Unidos a nivel federal y abrió el camino a la muerte violenta de millones de niños sin nacer, causando un profundo trauma de por vida a innumerables madres. El 22 de enero ha sido declarado por los obispos estadounidenses como día de oración y penitencia: “Día de Oración por la Protección Legal de los Niños No Nacidos».
El 24 de junio de 2023, la decisión en el caso Dobbs v. Planned Parenthood del Tribunal Supremo anuló la sentencia Roe y devolvió la autoridad para regular el aborto a cada estado, gracias a Dios. Sin embargo, todavía se producen más de un millón de abortos al año – en su mayoría mediante métodos químicos y no quirúrgicos. En el 2024, se cometieron aproximadamente entre 1.1 y 1.4 millones de abortos en Estados Unidos, lo que representa un ligero aumento con respecto al 2023, impulsado en parte por los servicios de telesalud. El Instituto Guttmacher, la rama de investigación de Planned Parenthood, registró algo menos de 100,000 abortos químicos al mes. Según Guttmacher, en el 2023 los abortos con medicamentos o “abortos químicos” fueron el 63% de todos los abortos realizados en los Estados Unidos.
En nuestro propio estado de Nebraska, el 5 de noviembre de 2024, aprobamos la iniciativa electoral “Iniciativa de Nebraska para la Protección de las Mujeres y los Niños”, modificando la Constitución de Nebraska para prohibir los abortos electivos en el segundo y tercer trimestre.
Mientras seguimos trabajando para cambiar las leyes para que los bebés estén seguros en el vientre de sus madres y las mujeres reciban cuidados y protección en momentos de crisis y necesidad, debemos redoblar nuestros esfuerzos para seguir construyendo, en palabras de San Juan Pablo II, “una cultura de la vida y una civilización del amor”. Debemos seguir rezando y trabajando para cambiar los corazones. Como se ha dicho a menudo, la medida de una sociedad es cómo trata a sus miembros más débiles.
Solo Dios puede cambiar los corazones, pero sabemos que Dios escucha y responde las oraciones de su pueblo. Por eso, en todas las diócesis de Estados Unidos, el 22 de enero se celebra como un día especial de oración por la plena restauración de la garantía legal del derecho a la vida y como día de penitencia por las violaciones a la dignidad de la persona humana cometidas a través de los actos de aborto.
A partir del viernes 16 de enero, únanse a mí para rezar una novena especial de 9 días por la vida, patrocinada por los obispos de Estados Unidos. La novena de 9 días por la vida se celebra del 16 al 24 de enero y se puede descargar de la página web de la Secretaría Pro-Vida de la USCCB: https://www.usccb.org/es/resources/novena-9-dias-por-la-vida. Rezamos esta novena de 9 días por la vida para pedir la protección de toda vida humana. La intención de cada día va acompañada de una breve reflexión y de sugerencias de acciones para ayudar a construir una cultura de la vida.
Estamos bendecidos al tener en nuestra ciudad y en nuestro estado muchos programas e iniciativas ya establecidos que acogen a las madres y a sus hijos: Walking with Moms in Need (Caminando con Mujeres en Necesidad), Women’s Care Center (Centro del Cuidado de la Mujer), Birthright (Derecho a la Vida), Nebraska Pregnancy Care Alliance (Alianza del Cuidado del Embarazo de Nebraska), Santa Gianna (hogar de refugio para mujeres), Hearts Restored (Corazones Restaurados, para sanación postaborto), por nombrar solo algunos.
Hoy me complace anunciar una nueva iniciativa llamada Mater Filius (Mater Filius significa “madre e hijo” en latín). Mater Filius es una residencia para embarazadas que ofrece un entorno tranquilo, seguro y familiar a las mujeres embarazadas que lo necesiten.
Mater Filius, fundada en 2003, es una asociación laica de fieles dedicada a apoyar a las mujeres que se encuentran embarazadas y sin el apoyo o los recursos que necesitan. Mater Filius Lincoln se compromete a ayudar a mujeres, sin importar su pasado, que afrontan embarazos inesperados con vivienda, transporte, capacitación para la vida, educación, asistencia laboral, salud y bienestar, enriquecimiento infantil, apoyo para graduarse, espiritualidad y un camino hacia la independencia, sin costo alguno para las madres.
Mater Filius es una organización totalmente católica y actualmente cuenta con sedes en Estados Unidos en Omaha, Cincinnati, Colorado Springs y Milwaukee, así como en México y otros países. Mater Filius Lincoln es una corporación sin ánimo de lucro 501(c)(3) y se financiará íntegramente con donaciones privadas de personas y familias generosas, clubes cívicos, organizaciones sociales y comunidades religiosas. Mater Filius Lincoln comenzará alquilando una casa de los Servicios Sociales Católicos del Sur de Nebraska y espera abrir sus puertas este año.
Mater Filius Lincoln está en búsqueda activa y orando por una pareja de directores ejecutivos que dirijan y guíen la misión, así como voluntarios que presten servicio en los comités operativos. Para obtener más información sobre esta nueva y emocionante iniciativa, visite https://materfiliuslincoln.org.
Una de las razones por las que sé que Mater Filius cambiará corazones y creará una cultura de la vida y una civilización del amor con mayor intención es porque, cuando era un sacerdote muy joven y trabajaba como director pro-vida de mi diócesis de origen, la diócesis de Wichita, tuve la alegría de ayudar a fundar un hogar de maternidad para madres solteras. En el 1988, inauguramos la Casa Gerard, llamada así en honor a San Gerardo Majella, patrón de las mujeres embarazadas. Fue una iniciativa conjunta con las Hermanas de San José, las Hermanas de la Madre Dolorosa y la diócesis católica de Wichita.
Para lanzar la Casa Gerard, compramos una gran casa antigua de tres pisos de estilo victoriano en un barrio muy pobre, la desmantelamos y la restauramos por completo, en su mayor parte con trabajadores voluntarios. Para amueblar y decorar el interior, invitamos a las parroquias que “adoptaran una habitación” y, a cambio, nombraríamos la habitación en honor a esa parroquia en particular. Cada parroquia no solo se encargaba de amueblar y decorar una habitación de la casa, sino que también se ocupaba de su mantenimiento, proporcionando sábanas, fundas de almohada, etc. nuevas cuando era necesario. Fue una forma maravillosa de crear comunidad y conseguir la participación de muchas parroquias católicas. La Casa Gerard sigue existiendo hoy en día, bajo la dirección de Wichita Children's Home Inc.
Es mi esperanza y mi oración que Mater Filius, al igual que la Casa Gerard, continúe con la labor de los otros maravillosos ministerios pro-vida que tenemos en nuestra diócesis y en nuestro estado, para hacer crecer y profundizar una cultura de la vida y una civilización del amor, de modo que, algún día, el aborto no solo sea ilegal, ¡sino impensable!
Como peregrinos de la esperanza, preparémonos para acoger a Cristo en nuestros corazones, en nuestros hogares y en nuestro mundo
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A medida que se acerca rápidamente la Navidad y estos días de Adviento llegan a su punto culminante, pronto celebraremos el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.
En estos últimos días de Adviento, nuestros corazones se llenan de alegre expectación ante la próxima celebración, sabiendo que el nacimiento de Jesús hace dos mil años fue el comienzo de la obra redentora de Dios entre su pueblo. Ahora estamos haciendo los últimos preparativos para celebrar una vez más Su primera venida, siguiendo la brillante estrella hasta el humilde establo de Belén.
También somos conscientes de que el gran Año Jubilar de 2025 está llegando a su fin. Cuando proclamó este año santo, el papa Francisco declaró que su tema sería “Peregrinos de Esperanza”. Hemos tratado de tener presente este tema durante los últimos 12 meses, sabiendo que, en efecto, somos peregrinos; no tenemos un hogar permanente aquí en la tierra. Solo estamos de paso, avanzando hacia nuestro Señor y nuestra patria eterna, el cielo.
En los últimos meses antes de su muerte, el papa Francisco llamó nuestra atención hacia las palabras de san Pablo, quien nos recuerda que “la esperanza no defrauda” (Rom 5, 5). Nuestra esperanza se basa en Jesucristo, nuestro fundamento seguro y promesa de vida eterna. No somos peregrinos que caminan sin rumbo por este mundo, sin saber cuál es nuestro camino. Nuestro Señor nos ha precedido en el tiempo y en la historia, mostrándonos el camino a través de Su vida, muerte y resurrección.
También hemos concluido nuestro programa de 12 meses “Peregrinación por la verdad, la bondad y la belleza: un programa de estudios de humanidades”. Ha sido un placer para mí acompañarlos en este recorrido por los grandes logros de nuestro patrimonio cultural. Hemos analizado obras célebres de la literatura, el arte, la poesía, la música y el cine, bajo temas seleccionados que siguen las estaciones, tanto en la naturaleza como a través del calendario del año litúrgico. Cuando nos sumergimos en las humanidades, “lo mejor que se ha pensado y dicho”, en palabras del poeta inglés Matthew Arnold, llegamos a conocernos a nosotros mismos y a quienes nos rodean de una manera más profunda.
Las humanidades nos enseñan sobre la humanidad, tanto la nuestra como la de nuestro prójimo. Las humanidades también nos enseñan, en palabras del académico Joseph Pearce, “que el ser humano es un homo viator, un peregrino o viajero que recorre la vida mortal con la vida eterna siempre en mente”. Y todo esto abre el alma a lo eterno, a las cosas permanentes. Pero en el camino hacemos amigos, compañeros de viaje, que se apoyan en nosotros y en quienes podemos apoyarnos, mientras hacemos nuestro camino de peregrinos. Las amistades surgen de forma orgánica, amistades construidas sobre los temas e ideales del rico tesoro de la civilización occidental.
El peregrino debe rimar con el cuento infantil de Mamá Oca, aventurarse en Narnia y la Tierra Media, levantar el ánimo con Bach y Mozart, explorar las complejidades de la vida con Shakespeare, elevarse a la visión sacramental de Miguel Ángel y dejarse conmover por el encanto y la bondad de la película “¡Qué Bello es Vivir!”. En la medida de lo posible, la imaginación debe poblarse de personajes nobles y virtuosos, llenarse de paisajes vívidos y ocuparse de pensamientos agradables.
El contacto con las humanidades, las luchas y los triunfos de quienes nos han precedido, puede ayudarnos a superar los altibajos de la vida, los picos y los valles, las pruebas y tribulaciones de este mundo. No era ningún secreto que el gran estadista Sir Winston Churchill sufrió depresión en algunos momentos de su larga y brillante vida, especialmente durante el periodo entre las dos guerras mundiales. Él lo llamaba el “perro negro” que lo acosó durante toda su vida.
Fue durante uno de esos momentos oscuros cuando Churchill se inició en el arte de la pintura. Escribe sobre este periodo de su vida en un pequeño libro titulado “La Pintura como Pasatiempo”. Como líder mundial totalmente inmerso en las cargas de la política global, los asuntos nacionales y las exigencias socioculturales de la época, Churchill sabía que era difícil mantenerse al día con sus lecturas, estudios y reflexiones personales. Creo que todos podemos identificarnos con eso. Yo, desde luego, sí.
Reflexionando sobre su vasta biblioteca, pensó que “si los grandes libros no pueden ser tus amigos, al menos que sean tus conocidos. Si no pueden entrar en el círculo de tu vida, al menos no les niegues un gesto de reconocimiento”. En otras palabras, para ser una persona verdaderamente culta, al menos deberíamos estar familiarizados con las contribuciones a las humanidades.
Cuando nos encontramos con la verdad, la bondad y la belleza a través de los libros, la poesía, la música, el arte y el cine, nos sacan de nosotros mismos, de nuestras propias cabezas, y nos recuerdan que formamos parte de algo más grande y mucho más grandioso que nuestros propios pensamientos y preocupaciones. Espero y rezo para que este programa de estudios de humanidades los inspire a sumergirse más profundamente en la riqueza de nuestro patrimonio cultural.
Me complace compartir con ustedes que he firmado un contrato con el obispo Robert Barron y el equipo de Word on Fire Books para publicar “A Pilgrimage of Truth, Goodness and Beauty: A Humanities Syllabus” (Una Peregrinación de la Verdad, la Bondad y la Belleza: un Programa de Estudios de Humanidades). El Dr. Jarred Staudt, director de contenidos de Exodus 90 y mi principal investigador y colaborador en el programa de estudios de humanidades, será mi coautor en este proyecto. El libro se publicará en octubre de 2026.
Como peregrinos de la esperanza, preparémonos para acoger a Cristo Señor en nuestros corazones, en nuestros hogares y en nuestro mundo esta Navidad. Es porque Dios se hizo carne y nació de una mujer que la humanidad ha cambiado para siempre y “el mundo está lleno de la grandeza de Dios”.
Mientras caminamos juntos durante estos últimos días de Adviento y finalmente llegamos al pesebre como pobres peregrinos, le pedimos al Señor que llene nuestros corazones y nuestras mentes con asombro y gratitud por el regalo del Salvador. Que la esperanza que nunca defrauda los llene a ustedes y a sus seres queridos de alegría en esta Navidad. Y que la divinidad de nuestro Señor, que brilla a través de Su humanidad, nos atraiga cada vez más profundamente hacia el amor que no conoce fin.
In illo uno unum (en el Uno somos uno)
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Como mencioné en mi última columna, debido a una cancelación inesperada de mi vuelo de regreso del peregrinaje a Tierra Santa, pude cambiar mi boleto de regreso para pasar por Roma. Llegué a tiempo para asistir a los dos últimos días del Jubileo del Mundo de la Educación y a la proclamación de San John Henry Newman como el 38° Doctor de la Iglesia y copatrono de la Educación Católica, junto con Santo Tomás de Aquino.
Después de celebrar la Santa Misa en Jerusalén a las 12:30 a.m. del viernes 31 de octubre, nuestro grupo de peregrinos de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro subió al autobús turístico con destino al aeropuerto de Tel Aviv. El vuelo de regreso a Estados Unidos estaba programado para salir a las 6:20 a.m., pero debido a las estrictas medidas de seguridad en el aeropuerto israelí, tuvimos que llegar por lo menos tres horas antes. Mi vuelo a Roma salía solo diez minutos después de la salida de nuestro grupo de peregrinos, así que pude despedirme de mis compañeros antes de embarcar en mi propio vuelo.
Llegué al aeropuerto Fiumicino de Roma a las 8:40 a.m., después de ganar una hora debido al cambio de horario. Tomé un taxi hasta la Casa Santa María, la residencia de posgrado del Colegio Norteamericano, donde uno de nuestros sacerdotes diocesanos, el padre Andrew Schwenka, me recibió en la puerta. El padre Schwenka está trabajando en su tesis doctoral en filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás (Angelicum). Me cambié rápidamente, poniéndome la sotana, y me dirigí a la plaza de San Pedro, donde llegué unos 15 minutos antes de que el papamóvil hiciera su entrada en la plaza.
Después de dar varias vueltas por la plaza entre las ovaciones de la multitud, el papamóvil se detuvo ante el pabellón y el papa León XIV salió del vehículo. La ocasión era una reunión de 15,000 maestros y alumnos de escuelas católicas de todo el mundo que se habían congregado en la plaza de San Pedro para celebrar el Jubileo del Mundo de la Educación. El papa León pronunció entonces una hermosa reflexión sobre su propia experiencia como maestro en diversas instituciones educativas de la Orden de San Agustín en Roma y Perú.
La reflexión del papa León en italiano destacó cuatro aspectos clave de la enseñanza, según los escritos de San Agustín: interioridad, unidad, amor y alegría. En cuanto a la interioridad, el Santo Padre citó a San Agustín, quien dijo que “el sonido de nuestras palabras llega a los oídos, pero el Maestro está dentro”. El papa León explicó que la enseñanza es una forma de amistad entre el maestro y el alumno, “un encuentro profundo entre personas, sin el cual cualquier esfuerzo educativo está condenado al fracaso”. Continuó explicando que “vivimos en un mundo dominado por pantallas tecnológicas y filtros que a menudo son superficiales, mientras que los alumnos necesitan ayuda para conectar con sus seres interiores. Y no solo ellos, sino también los educadores, que a menudo están cansados y sobrecargados por tareas burocráticas, y corren el riesgo de olvidar lo que San John Henry Newman resumió en la expresión: cor ad cor loquitur (‘el corazón habla al corazón’) y lo que escribió San Agustín: ‘No busques fuera, vuelve a ti mismo, porque la verdad mora en ti’” (De Vera Religione, 39, 72).
El papa León habló de la unidad, citando su propio lema: In illo uno unum (en el Uno somos uno), y explicó que “solo en Cristo encontramos verdaderamente la unidad: como miembros unidos a la Cabeza y como compañeros en el camino del aprendizaje continuo en la vida”.
En cuanto al amor, el papa León dijo que “compartir conocimientos no es suficiente para enseñar: se necesita amor. Solo así el conocimiento será beneficioso para quienes lo reciben, en sí mismo y, sobre todo, por la caridad que transmite... La enseñanza nunca debe separarse del amor”.
El último punto del Santo Padre se refirió a la importancia de la alegría en la enseñanza. Dijo que “los verdaderos maestros educan con una sonrisa, y su objetivo es despertar sonrisas en lo más profundo del alma de sus alumnos”. A continuación, advirtió que “la inteligencia artificial, en particular, con su conocimiento técnico, frío y estandarizado, puede aislar aún más a los alumnos que ya están aislados, dándoles la ilusión de que no necesitan a los demás o, lo que es peor, haciéndoles sentir que no son dignos de ellos”. El papa León señaló entonces que “el papel de los educadores, por otro lado, es una tarea humana; y la alegría misma del proceso educativo es un compromiso plenamente humano, una ‘llama que funde nuestras almas y hace de muchas una sola’” (San Agustín, Confesiones IV, 8,13).
Al final de su reflexión, su maestro de ceremonias hizo un gesto a los aproximadamente 30 obispos que estaban sentados a un lado para que se acercaran a saludar al Santo Padre. Aunque sabía que esto era una posibilidad, ¡no obstante me sorprendió! Mientras me acercaba al lugar donde se encontraba el Santo Padre, sabía que tenía que ser breve en mis palabras. Cuando llegó mi turno, le dije al papa León que era obispo de Lincoln, Nebraska, y que le traía saludos de los fieles de allí. A diferencia de papas anteriores, ¡no tuve que decirle dónde estaba Nebraska!
En segundo lugar, le dije al papa León que soy converso a la fe católica y que San John Henry Newman tuvo una gran influencia en mi conversión y en mi vocación al sacerdocio. Asintiendo con la cabeza mientras hablaba, concluí diciéndole que incluso robé el lema del cardenal Newman como mi propio lema episcopal. Ante esto, él echó la cabeza hacia atrás y soltó una pequeña risa mientras le di la mano. Es difícil explicar lo entrañable que fue para mí poder hablar con un sucesor de San Pedro en nuestra lengua materna común.
El día siguiente fue el Día de Todos los Santos y la misa por San John Henry Newman, en la que tuve el privilegio de concelebrar. Más tarde, esa misma noche, pude llevar a cenar al padre Schwenka, al padre Rafael Rodríguez, que está terminando un período sabático de estudios en Roma, a la hermana Fiat Marie, CK, y a la hermana Peter Marie, CK, ambas Hermanas Escolares de Cristo Rey que están cursando un año de estudios en Roma, y a una familia de la parroquia de San José en Lincoln: Luke y Shannon Hicks y su hijo Matthew, de cuatro años.
Regresé a Lincoln al día siguiente, el Día de los Fieles Difuntos, agradecido a Dios por su bondad y amor, y por Su divina providencia en mi vida.
La Tierra Santa – “El Quinto Evangelio”
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Ingresé a la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén en septiembre del 2011, cuando aún era obispo auxiliar de Denver. Al año siguiente de mi traslado a Lincoln, me alegró descubrir que la diócesis de Lincoln contaba con un Consejo de la Orden muy activo y comprometido, gracias a mi estimado predecesor, el obispo Fabian Bruskewitz, quien estableció un Consejo de Caballeros y Damas del Santo Sepulcro en nuestra diócesis.
La misión de la Orden Ecuestre es apoyar y fortalecer la fe de las comunidades católicas que viven en Tierra Santa. Llevamos a cabo esta misión mediante el mantenimiento de los santuarios sagrados de nuestra fe católica, especialmente la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. La Orden financia las parroquias y las escuelas católicas en Tierra Santa, apoya las obras caritativas, culturales y sociales de la Iglesia católica en la región y trabaja para proteger los derechos de los cristianos que viven en Tierra Santa.
Además de ofrecer apoyo espiritual y financiero a la Iglesia en Tierra Santa, la Orden Ecuestre también promueve y organiza peregrinaciones a Tierra Santa. Estas peregrinaciones están dirigidas por guías expertos, cristianos palestinos cuyos antepasados se remontan a siglos atrás en Tierra Santa. El objetivo de estas peregrinaciones no es solo visitar los lugares donde Jesús fue concebido y nació, donde creció, enseñó y ejerció Su ministerio, sufrió, murió y fue sepultado; donde resucitó de entre los muertos y ascendió al cielo, y donde envió Su Espíritu Santo que dio origen a la Iglesia católica, pero también conocer a los propios habitantes de Tierra Santa y expresarles nuestro amor y solidaridad.
Recientemente tuve el privilegio de participar en una peregrinación de este tipo con los miembros de la Tenencia del Norte. Nuestro grupo de peregrinos incluía parejas de Nebraska, Kansas, Misuri, Minnesota y Dakota del Norte. Me acompañaron el director espiritual de nuestro Consejo de Lincoln, el padre Jonathan Haschke, y un buen amigo sacerdote de Kansas City, el padre Richard McDonald. Esta peregrinación estaba prevista inicialmente para el otoño del 2023, pero se aplazó tres veces debido a la guerra en Gaza y el ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023.
Desde el primer día que pisamos Tierra Santa, nos llamó la atención lo felices que estaban las personas de volver a ver a “peregrinos cristianos del oeste”. Ha habido tanto sufrimiento a causa de esa terrible guerra durante los últimos dos años, no solo para las víctimas de la guerra en Gaza, sino también para toda la gente de Tierra Santa que depende de los visitantes para su sustento – hoteles, restaurantes, conductores de autobús, tiendas de artículos religiosos, etc. Nos recibieron con mucha alegría y esperanza. En mi opinión, no es casualidad que el actual acuerdo de paz en Gaza se haya alcanzado durante este Año Jubilar de gracia.
Hay un antiguo refrán que dice que la tierra de nuestro Señor – la geografía, las antiguas carreteras, el río Jordán y el mar de Galilea, las ruinas de los antiguos santuarios sobre los que se construyeron las estructuras actuales – conforman lo que algunos han llamado “el quinto evangelio”. Las mismas piedras y caminos por los que caminó Jesús hablan al peregrino y revelan la verdad de la historia de la salvación, como una especie de “quinto evangelio”.
Por ejemplo, uno de los días nos llevaron en barco al mar de Galilea, donde leímos el pasaje en el que Pedro vio al Señor caminando sobre el agua y salió del barco para ir hacia él. Esa escena cobró vida para nosotros al contemplar ese mismo mar, con las ciudades y pueblos costeros al fondo, las mismas ciudades y pueblos de los que habla Jesús en el evangelio.
Hubo muchas experiencias similares a lo largo del camino. Comenzamos nuestra peregrinación en Nazaret, en la Basílica de la Anunciación, construida sobre la casa de María y José. Se puede ir por debajo del nivel actual de la iglesia moderna hasta los cimientos, donde se pueden ver las piedras originales donde existió la casa de la Sagrada Familia. Fue allí donde rezamos los Misterios Gozosos del Rosario, en el lugar exacto donde el ángel Gabriel anunció a María que concebiría y daría a luz un hijo, y que su nombre sería Jesús.
Desde ese primer día en adelante, pudimos rezar todos los misterios del rosario en los mismos lugares donde tuvieron lugar. Tener una «imagen» del lugar donde ocurrieron esos misterios quedará grabado para siempre en nuestras memorias e imaginaciones, de modo que rezar el rosario nunca volverá a ser lo mismo. Leer las Escrituras adquiere un significado completamente nuevo una vez que se han visitado los lugares donde tuvieron lugar estas historias.
Como mencioné, contamos con un excelente guía católico, Sahr, y un conductor de autobús muy talentoso y hábil, Eddie, que nos guiaron durante todo el recorrido. Ambos son de la ciudad de Nazaret, donde han criado a sus familias. Sahr ha escrito varios libros sobre la historia y la arqueología de su tierra natal, y fue capaz de recrear para nosotros cómo se habrían visto estos sitios en la época de Jesús. Su profunda fe y amor por la Tierra Santa se hicieron evidentes cuando explicó la historia y la arqueología de los lugares sagrados.
Uno de los momentos más destacados para mí fue pasar la noche, desde las 7 de la tarde hasta las 4 de la mañana, en la Iglesia del Santo Sepulcro. Esta antigua iglesia fue construida sobre la tumba de la Resurrección de Jesús y sobre la cima del Calvario. Durante toda la noche, pudimos rezar en ambos lugares por largos periodos de tiempo, bajando desde la colina del Calvario hasta la tumba de la Resurrección, la tumba que José de Arimatea, un judío rico y seguidor secreto de Jesús, les había dejado a los discípulos como Su lugar de sepultura. Curiosamente, las primeras horas fueron las más difíciles para mí para mantenerme despierto, pero durante la madrugada pude permanecer despierto yendo del Calvario a la tumba y viceversa, leyendo y releyendo los relatos de los evangelios.
Otro momento importante para mí fue celebrar la misa en la fiesta de Nuestra Señora, Reina de Palestina, el 25 de octubre. Esta fiesta se celebra cada año en la capital tradicional de Palestina, en Deir Rafat, un pequeño pueblo situado en lo alto de una colina entre Tel Aviv y Jerusalén. Es un lugar al que acuden cristianos de toda Tierra Santa para reunirse cada año en una misa solemne. Debido a la guerra, hacía tres años que no podían viajar libremente en tan gran número a Deir Rafat. El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino, fue el celebrante principal y predicador de la misa. La misa se celebró al aire libre debido al gran número de fieles. Aunque la misa fue completamente en árabe, Su Eminencia, el cardenal Pizzaballa, predicó en inglés. Su mensaje trató sobre la paz, la reconciliación y la esperanza, en que el acuerdo de paz en Gaza se mantuviera y que los seres queridos se reunieran pronto. Mientras distribuía la Sagrada Comunión a la multitud, los rostros de los comulgantes reflejaban un intenso sufrimiento por su fe, pero también la esperanza y la alegría de que por fin hubiera llegado la paz.
El día antes de la solemnidad, el cardenal Pizzaballa había pasado todo el día con el vicepresidente J.D. Vance, llevándolo al Santo Sepulcro y a otros lugares bíblicos de Jerusalén. Mientras nos preparábamos para la misa, le pregunté a Su Eminencia qué le había parecido. Me respondió que pensaba que “el vicepresidente era un hombre de profunda fe católica”. Oí de otras fuentes que J.D. Vance se había derrumbado y había llorado ante la tumba de nuestro Señor.
Hay mucho más que decir, y me tardaré meses en procesar todas las gracias recibidas. Debido a que nuestro vuelo de regreso fue cancelado, terminamos quedándonos un día más en Tierra Santa. Por providencia, pude cambiar mi itinerario de regreso para pasar por Roma y asistir al Jubileo del Mundo de la Educación y a la proclamación de San John Henry Newman como Doctor de la Iglesia y copatrono, junto con Santo Tomás de Aquino, de la educación católica. Esto no estaba en absoluto en mi agenda unas semanas antes de partir hacia Tierra Santa. Estuve en Roma menos de 48 horas, pero por medio de otro don, pude conocer a nuestro Santo Padre, el papa León XIV, ¡pero esa es una historia para otra columna!
Tengan el valor de ser testigos y promotores del Evangelio de la Vida
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El presidente Donald Trump anunció recientemente medidas para ampliar el acceso a la fertilización in vitro (IVF, por sus siglas en inglés) y reducir los costos asociados con la misma. Lamentablemente, esta medida moralmente cuestionable no resulta sorprendente. Durante su campaña y en sus primeros días en el cargo, el presidente Trump prometió medidas de este tipo.
La medida sobre la fertilización in vitro se anunció como una iniciativa a favor de la familia y la vida para ayudar a “las familias estadounidenses a tener más hijos”. Si bien la intención y el objetivo son realmente nobles, la fertilización in vitro, de hecho, perjudica la dignidad humana, el matrimonio y la vida familiar por diversas razones.
Antes de explorar esas razones, me gustaría dirigirme en primer lugar a aquellos que han sido concebidos mediante la fertilización in vitro, a aquellos que sufren infertilidad y, por ende, a aquellos que luchan con este aspecto de la doctrina de la Iglesia, que puede parecer contradictorio, confuso e incluso duro.
A los que han sido concebidos mediante la fertilización in vitro
Para cualquiera que haya sido concebido mediante la fertilización in vitro, sepa que ustedes son un regalo, no solo para sus padres, sino para todos nosotros. Independientemente de cómo hayan sido concebidos o hayan nacido, todos y cada uno de los seres humanos han sido creados a imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, son amados por Dios y comparten la misma dignidad única e inviolable que cada uno de nosotros tenemos.
Para quienes sufren de infertilidad
Para aquellos que sufren por la infertilidad, quiero que sepan que – como su pastor y guía espiritual – los acompaño en su sufrimiento. En el corazón humano existe un profundo anhelo de amar y ser amado. En esa experiencia, los esposos desean unirse en la intimidad conyugal y traer una nueva vida al mundo. Cuando ese deseo no se cumple, puede provocar decepción, estrés, vergüenza, envidia, ira y desesperación.
Aunque una de cada diez parejas sufre infertilidad, esto no formaba parte del plan original de Dios para el hombre y la mujer. Al igual que muchos otros sufrimientos, la infertilidad forma parte del misterio del pecado original y del mundo herido y caído en el que vivimos. Sin embargo, Dios nos llama a llevar estas cruces con gracia y dignidad.
Sin embargo, no tenemos que llevar nuestras cruces solos. Jesús nos acompaña en nuestros sufrimientos. Camina con nosotros. Desea sanarnos. Espera que veamos el bien que Él puede sacar del sufrimiento. Como dicen tan bellamente las Hermanas de la Vida: “Jesús conoce íntimamente el desierto árido (cf. Mt 4, 1-11; Lc 4, 1-13) y anhela encontrarnos allí hasta que podamos descansar renovados en la Tierra Prometida con Él”. Como su obispo, busco caminar con ustedes de la misma manera.
También es importante saber que la Iglesia apoya las tecnologías y las intervenciones médicas, como la medicina reproductiva restaurativa, que ayudan a las parejas casadas a tratar las causas fundamentales de la infertilidad y a lograr un embarazo de forma natural a través de la unión sexual. Estas intervenciones suelen tener mucho éxito. Dado el número de personas con problemas de salud reproductiva, estos esfuerzos merecen un mayor esfuerzo de nuestros recursos científicos y médicos.
La infertilidad no siempre se resuelve con éxito, ya sea que se intente curarla mediante medidas restaurativas o evitarla con la fertilización in vitro. Sin embargo, las opciones restaurativas ofrecen una gran esperanza y oportunidad a las parejas, a la vez que respetan la dignidad de la vida humana, el matrimonio, la vida familiar y las enseñanzas de la Iglesia.
Si están enfrentando problemas de infertilidad y aún no han considerado estas opciones, les recomiendo encarecidamente que lo hagan. En nuestra diócesis y en todo Nebraska, contamos con muchos profesionales médicos y otros expertos increíbles que ayudan de manera ética a las parejas con infertilidad. Están listos para acompañarlos con fe, esperanza y amor, imitando a Cristo el Sanador, con las herramientas de la ciencia y la medicina que Dios nos ha dado.
Problemas morales de la medida del presidente Trump sobre la fertilización in vitro
Volviendo a la reciente acción ejecutiva del presidente Trump para ampliar el acceso a la fertilización in vitro, hay varias razones principales por las que esta medida es éticamente cuestionable y moralmente errónea.
La fertilización in vitro y la “cultura del descarte”
Como reconoció la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos en su respuesta a la medida del presidente, “la industria de la fertilización in vitro trata a los seres humanos como productos y congela o mata a millones de niños que son seleccionados para ser transferidos a un útero o que no sobreviven”.
Es importante comprender que, en casi todos los ciclos de la fertilización in vitro, se crean en el laboratorio muchos más embriones de los que es posible o deseable implantar en el útero de la madre destinataria. Los que no se implantan se destruyen, se congelan indefinidamente o se abandonan, lo que a menudo hace que esos pequeños seres humanos se conviertan en víctimas de experimentos médicos.
A menudo, con la fertilización in vitro, se implantan varios embriones humanos en el útero y sobreviven, pero se eliminan porque pueden poner en riesgo la vida y la salud de la madre. Como resultado, se pone fin a la vida de estos bebés mediante lo que se conoce como abortos de “reducción embrionaria”.
Nada de esto es pro-vida, ni tampoco pro-familia. Es un desprecio a la dignidad humana y al valor real de las vidas humanas individuales. Es uno de los ejemplos más claros de la “cultura del descarte” contra la que nos advirtió el papa Francisco.
La fertilización in vitro va en contra del acto conyugal y los derechos de los niños
Desde un punto de vista teológico más fundamental, la fertilización in vitro va en contra del acto conyugal como la forma natural de lograr un embarazo. En lugar de engendrar nueva vida a través de un acto de amor entre un esposo y una esposa, de acuerdo con el diseño de Dios para un amor que da vida, la fertilización in vitro depende de profesionales médicos y otros técnicos para fabricar nuevas vidas – algunas para conservar, otras para desechar – mediante la fusión de espermatozoides y óvulos en medio de un laboratorio.
Como explica John Haas, especialista en ética del Centro Nacional Católico de Bioética, “en la fertilización in vitro, los niños se conciben mediante un proceso técnico, se someten a un ‘control de calidad’ y se eliminan si se consideran ‘defectuosos’. Desde el momento mismo de su concepción, estos niños están completamente sujetos a las decisiones arbitrarias que los llevaron a existir”.
En ocasiones, en el proceso de fertilización in vitro, el esperma o el óvulo utilizados proceden de un “donante” – una persona que dona material genético a cambio de pago y luego se va para siempre – lo que plantea profundas preocupaciones sobre los derechos innatos de los niños a nacer gracias a la unión amorosa de su madre y su padre biológicos.
Innumerables dilemas morales
Otro dilema moral que genera la fertilización in vitro es qué hacer con los millones de bebés en fase embrionaria que se congelan en nitrógeno líquido y se almacenan en algún depósito de laboratorio. ¿Deberían ser desechados? ¿Deberían conservarse hasta que existan tecnologías o intervenciones éticas que permitan su gestación y nacimiento? ¿Qué debería hacerse sobre la experimentación con estos diminutos embriones humanos? ¿Quién controlará la venta de embriones a otras personas para su uso?
Estas cuestiones prácticas – que surgen en un sector casi totalmente desregulado como es el de la fertilización in vitro – arrojan más luz sobre la práctica inhumana e inmoral que es la fertilización in vitro y demuestran por qué este camino está repleto de dilemas morales.
Lado positivo
Sin embargo, hay un lado positivo con respecto a la medida del presidente Trump. Ryan Anderson, presidente del Centro de Ética y Políticas Públicas, señala que esta medida es “la menos mala que podríamos haber esperado”. Al menos no se impone ninguna obligación a los empleadores, no se subsidia la fertilización in vitro con dinero de los contribuyentes, ni se viola la libertad religiosa o los derechos de conciencia, como se temía inicialmente. La medida también promete algunas medidas políticas para una “medicina restaurativa integral y holística”, que podría ayudar a promover opciones éticas para tratar la infertilidad.
Llamados a evangelizar
Mirando hacia el futuro, cada uno de nosotros como católicos estamos llamados a seguir dando testimonio del evangelio de la vida y la cultura del amor que Dios desea para nuestro estado y nuestro país. Las conversaciones sobre la dignidad de la vida humana, el matrimonio y la familia, como aquellas relacionadas con la fertilización in vitro, pueden ser difíciles y delicadas. Pero Dios nos llama a dar testimonio de manera atractiva de la bondad, la verdad y la belleza de la persona humana y las relaciones humanas. En palabras de Jesús: “¡No tengan miedo!”. Tengan el valor de ser testigos y promotores del evangelio de la vida en toda su plenitud.
‘La gloria de Dios es el hombre plenamente vivo’
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El 3 de septiembre del año pasado, en la fiesta de San Gregorio Magno, publiqué una carta pastoral sobre la educación católica titulada: “La Alegría y el Asombro de la Educación Católica: Desarrollando Escuelas Auténticamente Católicas”. Comencé la carta pastoral con una famosa cita de San Ireneo, obispo y doctor de la Iglesia del siglo II. Ireneo escribió una vez que “la gloria de Dios es el hombre plenamente vivo”.
La misión de la educación católica es ayudar a moldear y formar al estudiante para que pueda alcanzar la meta de ser “plenamente vivo”. La educación es el proceso de moldearnos y formarnos para cumplir el propósito para el que fuimos creados; conocer la felicidad que proviene de vivir de acuerdo con nuestra dignidad y nuestra naturaleza, para que podamos vivir eternamente en el cielo con Dios.
El verbo educare en latín significa “criar”, “entrenar” o “moldear”. Es una de las dos raíces latinas de la palabra “educación”, siendo la otra educere, que significa “sacar” o “extraer”. La noble misión de un maestro es ayudar a moldear, formar y forjar el alma de sus alumnos. Como escribí en mi carta pastoral del año pasado, la educación “es la labor de extraer, desarrollar y aprender a utilizar nuestro intelecto, nuestra memoria, nuestra voluntad y nuestra imaginación al máximo de su potencial. Dado que la educación es la formación del corazón, la mente y la voluntad humanos para la gloria de su Creador, siempre ha sido una prioridad dentro del catolicismo”.
La educación católica también ha sido una prioridad de la diócesis de Lincoln durante más de 160 años, desde que se construyó la primera escuela católica de Nebraska, San Benito, en Nebraska City en 1861. Contamos con un largo y glorioso legado de maestros que han enseñado en nuestras escuelas católicas, comenzando, en primer lugar, por las numerosas hermanas religiosas sobre cuyos hombros no solo se fundaron las escuelas diocesanas de Lincoln, sino que se construyó todo el sistema escolar católico de los Estados Unidos.
El pasado domingo en la noche pudimos homenajear a cinco destacados educadores diocesanos en nuestra “Cena de Santos y Académicos”. Estos cinco notables educadores han dedicado sus vidas a formar corazones y mentes en el amor de Cristo. El lunes celebramos nuestro “Instituto Diocesano de Maestros” anual en la escuela secundaria Pío X de Lincoln, donde los 600 maestros y administradores diocesanos pasaron el día perfeccionando sus habilidades y asistiendo a talleres sobre diversos temas.
El señor Jake Tawney, profesor de matemáticas de Phoenix y padre de ocho hijos, pronunció el discurso de apertura. Su entusiasmo y amor por el mundo de las matemáticas fueron notables. Tawney recordó a todos nuestros maestros que, ante todo, son “artesanos del alma” y que han sido llamados por Dios para compartir la labor de moldear y formar los corazones y las mentes de los jóvenes para el cielo. En cuanto a su propio campo, está convencido de que hay algo único en el alma humana que solo puede satisfacerse al maravillarse con las matemáticas.
En mi discurso del domingo por la noche en la “Cena de Santos y Académicos”, destaqué tres logros emocionantes que se han producido en los últimos 12 meses desde la publicación de mi carta pastoral. En julio, acogimos la conferencia anual del Instituto para la Educación Liberal Católica titulada “Cultivando el Corazón”, que reunió a más de 500 de los mejores educadores católicos de todo el país, en representación de más de 60 sistemas escolares diocesanos y 180 escuelas. Cinco de mis hermanos obispos asistieron a la conferencia y más de 80 de nuestros propios maestros y administradores diocesanos participaron en la conferencia nacional.
En agosto, lanzamos un nuevo currículo de teología para el primer año de la preparatoria. Este es el primero de un programa de cuatro años de implementación del nuevo currículo de teología. En 2021 se formó un comité de revisión del currículo de teología con representantes de las seis escuelas secundarias de nuestra diócesis. El comité se reunió periódicamente durante cuatro años para diseñar un nuevo currículo de teología. La última vez que se hizo algo así fue a finales de la década de 1990.
El nuevo currículo de teología está alineado históricamente e integrado con la literatura, la historia y otras materias. Este enfoque lleva nuestro actual trabajo en clase a un nuevo y emocionante nivel, en el que las materias se coordinan para ofrecer a nuestros estudiantes oportunidades de aprendizaje interesantes y significativas.
Este enfoque integrado busca inculcar en los estudiantes el deseo no solo de adquirir conocimientos y datos, sino también de comprender el “cómo” y el “por qué” de lo que están estudiando. De este modo, al ofrecer una visión más integral, diseñada y ordenada para facilitar el aprendizaje, se brinda a los maestros la oportunidad de transmitir mejor el significado y el propósito de la materia, en relación con otras materias, dentro de un marco lógico.
También hemos incluido una sección de seis semanas dedicada al estudio de la lógica en el nuevo plan de estudios de primer año. El lunes hablé con varios de nuestros sacerdotes que acababan de terminar la sección de lógica con sus alumnos de primer año. Me dijeron que el material, aunque difícil, había tenido buena acogida. Albert Einstein escribió una vez que “la educación no es el aprendizaje de datos, sino el entrenamiento de la mente para pensar”.
Aún más significativo que la aplicación práctica de un plan de estudios alineado es el renovado enfoque hacia la búsqueda de respuestas a las preguntas más profundas sobre el significado de la vida y lo que significa ser humano. Este enfoque garantiza una visión y un enfoque coherentes y fundamentales en todas nuestras escuelas secundarias católicas, una perspectiva católica del mundo que es la base de todas las materias. Este enfoque también permite la discusión de cuestiones éticas y morales en el contexto de la vida real, permitiendo a los estudiantes explorar aspectos del comportamiento humano y los ideales humanos a lo largo de la historia, en una búsqueda fundamental de la verdad, la bondad y la belleza.
El tercer acontecimiento destacado del año tuvo lugar la primavera pasada, cuando comenzamos a poner a prueba una nueva herramienta de evaluación del aprendizaje, la “Prueba de Aprendizaje Clásico” (CLT, por sus siglas en inglés), en ocho de nuestras escuelas primarias y en una de nuestras escuelas secundarias. La CLT, al igual que el ACT, el SAT o la Prueba de Habilidades Básicas de Iowa (TBS), está mucho más alineada con nuestra misión y se basa en la búsqueda de la verdad, la bondad y la belleza.
El CLT se presentó por primera vez hace diez años y ha crecido enormemente. Al evaluar la capacidad de los estudiantes para comprender obras fundamentales que han marcado la historia y la cultura, incluyendo las obras religiosas seculares y cristianas de la Antigüedad, la Edad Media, la Edad Moderna y la Edad Contemporánea, se evalúa su preparación para interactuar con la tradición intelectual occidental que ha marcado gran parte de la literatura, la política y la filosofía que los estudiantes podrían estudiar en la universidad. El CLT evalúa el razonamiento verbal, la gramática, la escritura y las habilidades matemáticas de los estudiantes, al igual que cualquier otra herramienta de evaluación, pero sin la ideología que, lamentablemente, se ha infiltrado en algunas de las otras herramientas de evaluación.
En este Año del Jubileo de la Esperanza, tenemos muchos motivos para estar esperanzados. Permítanme concluir con las últimas líneas de mi carta pastoral sobre la educación católica: “En los años venideros, todos debemos seguir discerniendo cómo formar a nuestros hijos, de manera viable y responsable, en medio de tiempos y circunstancias cambiantes. Pueda que se nos llame a probar nuevos modelos o estrategias de liderazgo o recaudación de fondos. Pueda que se nos invite a nuevos tipos de sacrificio. Debemos buscar sabiduría del Señor, respondiendo generosamente a los movimientos del Espíritu Santo, y consultar y colaborar unos con otros. Nuestro llamado es a confiar en el Señor, que nos ha hecho a Su imagen para conocerlo y amarlo. Que Jesús, el gran maestro, nos forme a todos para la libertad de la santidad.”
John Henry Newman: Doctor de la amistad cristiana
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El 31 de julio de este año el papa León XIV declaró que San John Henry Newman será el 38º Doctor de la Iglesia.
Este inglés del siglo XIX que se convirtió al catolicismo, a veces conocido como el “padre silencioso del Concilio Vaticano II” porque sus escritos anticiparon e influyeron en muchas de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, fue nombrado cardenal en 1879 por otro León: el papa León XIII.
Newman fue el primer cardenal nombrado por León XIII. De hecho, León XIII se refería a Newman como “mi cardenal”.
Antes de convertirse en papa, cuando era nuncio apostólico en Bruselas, el futuro León XIII se había familiarizado con el Movimiento de Oxford, del que Newman era el líder más destacado. En 1845, había conocido al beato padre Dominic Barberi en Bélgica, inmediatamente después de que Barberi hubiera recibido a Newman en la Iglesia católica.
Es una hermosa ironía que el papa León XIV, en uno de sus primeros actos como papa, elevara a Newman a un rango aún más alto, el de Doctor de la Iglesia.
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La primera vez que leí algo de San John Henry Newman fue durante mi segundo año de universidad en la Universidad de Kansas. Era estudiante de un programa de “grandes libros” y leímos una breve selección de “Discursos Sobre la Idea de la Universidad”, de Newman.
La voz que brotaba de las páginas cautivó inmediatamente mi imaginación; era diferente a todo lo que había leído hasta entonces. Hasta ese momento, nunca había oído hablar de Newman y aún no me había convertido al catolicismo.
En mi tercer año asistí a un curso llamado “Grandes Autores Británicos Después de 1800”, obligatorio para los estudiantes que se especializaban en inglés, donde volví a encontrar su nombre en una antología que nos asignaron para el curso. Una vez más, volví a oír esa voz.
Los autores de la época victoriana no siempre son fáciles de leer – con sus frases excesivamente largas, sus interminables cláusulas subordinadas y su lenguaje muy florido – pero la prosa de Newman me resultaba fascinante. Una de sus biógrafas, Muriel Spark, lo expresó así: “Si hay algo que se puede decir de manera general sobre los escritos de Newman, es que tiene una ‘voz’ propia; es solo suya y de nadie más”.
Además de sus obligaciones académicas como miembro del Oriel College de Oxford, Newman, en su época anglicana, también fue nombrado vicario – o capellán – de la capilla de la universidad, Santa María Virgen. Desde el púlpito de esa iglesia, los estudiantes universitarios venían a escuchar la voz que yo escuché, mientras lo escuchaban predicar en el oficio de vísperas los domingos por la tarde.
Las predicaciones de Newman se hicieron tan populares que los comedores de la universidad tuvieron que retrasar la cena por una hora, ya que muchos estudiantes acudían a la capilla de la universidad para asistir a los cultos vespertinos. Esos sermones universitarios se publicaron finalmente en ocho volúmenes titulados “Sermones Parroquiales y Sencillos”, posiblemente la recopilación de sermones más famosa en lengua inglesa.
Aunque las predicaciones de Newman en Santa María se volvieron legendarias, él no era un orador muy dinámico. Su voz era suave y melodiosa, llena de sutiles entonaciones mientras leía sus sermones de la página escrita, haciendo muy poco contacto visual con la congregación. Para escuchar su voz, los estudiantes tenían que callarse y escuchar con mucha atención mientras predicaba desde el alto púlpito.
Matthew Arnold, poeta y crítico cultural inglés, escribió una vez sobre la predicación de Newman: “El encanto de esa aparición espiritual, deslizándose en la tenue luz de la tarde por los pasillos de Santa María, subiendo al púlpito y luego, con la voz más cautivadora, rompiendo el silencio con palabras y pensamientos que eran una música religiosa, sutil, dulce y melancólica”.
Era bastante común que los estudiantes comentaran que, cuando Newman predicaba, era como si les hablara personalmente, dirigiéndose a algo muy profundo en sus propios corazones.
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Terminé escribiendo mi ensayo final de ese semestre sobre Newman. ¡Recuerdo que le pedí a mi mamá, que había trabajado como secretaria, que tecleara mi ensayo para mí!
Fue también por aquella época cuando empecé a ir a diferentes iglesias. Leía mucho a C.S. Lewis, así que acabé frecuentando la iglesia episcopaliana. Pensé que si era suficientemente buena para Lewis, sin duda también lo sería para mí.
Pero cuando empecé a investigar los orígenes de la iglesia episcopaliana, me vi transportado a los orígenes del cristianismo mismo. En ese momento de mi camino espiritual, las famosas palabras de Newman tomaron sentido para mí: “Profundizar en la historia es dejar de ser protestante”.
Para la Navidad de ese año ya era católico.
Al descubrir a Newman cuando era un estudiante universitario ligeramente agnóstico, no esperaba que este escritor victoriano, antes desconocido, fuera beatificado (2010) y canonizado (2019) y se convirtiera en Doctor de la Iglesia, todo ello durante mi vida.
Para que un santo sea declarado Doctor de la Iglesia, debe reconocerse que ha realizado una contribución significativa a la teología o la enseñanza religiosa a través de la investigación, el estudio o la escritura.
La variedad y el volumen de los escritos de Newman son impresionantes. Aunque quizá sea más conocido por sus escritos sobre el desarrollo de la doctrina cristiana, la primacía de la conciencia y el importante papel de los laicos en la Iglesia, Newman escribió abundantemente sobre la historia, filosofía, apologética, el pensamiento social y comentarios políticos. Considerado por algunos como el mejor prosista inglés del siglo XIX, Newman también compuso hermosos poemas, himnos y oraciones, además de publicar dos fascinantes novelas.
Pero más importante que su contribución literaria y teológica fue su voz.
Fue su voz única y singular, una manifestación de la santidad de su vida y su influencia personal, lo que conmovió mi corazón.
Al igual que otros dos grandes conversos, San Pablo y San Agustín, cuando uno lee a Newman, escucha una voz distintiva, y eso le abre una ventana a su vida y a los acontecimientos que moldearon su pensamiento.
Newman no era un teólogo sistemático ni un autor que pudiera encajar en ningún género literario o categoría teológica definida. De hecho, Newman se consideraba a sí mismo un “escritor ocasional”. Con ello no quería decir que solo escribiera “ocasionalmente”. Más bien, Newman insistía en que todas sus obras estaban “motivadas” por acontecimientos reales que sucedían en su vida, muy a menudo las pruebas y tribulaciones a las que se enfrentaba.
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El Movimiento de Oxford fue un movimiento religioso e intelectual dentro de la Iglesia de Inglaterra a mediados del siglo XIX que enfatizaba la herencia católica del anglicanismo y buscaba restaurar las prácticas y creencias tradicionales. También fue un intento de contrarrestar las tendencias liberalizadoras y racionalistas dentro de la iglesia y la sociedad, y de reafirmar la conexión de la Iglesia de Inglaterra con el cristianismo primitivo.
Cuando Newman se dio cuenta de que el movimiento que lideraba no ofrecía ningún otro camino más que la conversión a la Iglesia católica, fue recibido en la Iglesia católica el 9 de octubre de 1845.
Con la conversión de Newman, muchos lo siguieron a la Iglesia – durante décadas. La conversión de Newman supuso un golpe tan duro para el movimiento que algunos han dicho que la Iglesia anglicana nunca se ha recuperado de la deserción de John Henry Newman.
En 1846, un año después de su conversión, Newman viajó a Roma en busca de las órdenes sagradas.
Muy pronto les quedó claro a los profesores jesuitas que instruían a Newman que estaba preparado para ser ordenado sacerdote. Muchos pensaban que Newman se convertiría en jesuita o dominico, dada su formación académica en Oxford – pero en cambio se sintió atraído por el Oratorio de San Felipe Neri.
Como comunidad de sacerdotes seculares que vivían bajo una regla – pero no bajo votos – el Oratorio de San Felipe Neri ofrecía un término medio entre una orden religiosa y el sacerdocio diocesano. Los oratorianos no hacían votos, pero estaban unidos por la amistad.
Y, de hecho, la amistad siempre fue muy importante para Newman. Los victorianos eran grandes escritores de cartas, y Newman escribió más de 17,000 cartas que ahora se han recopilado, junto con sus diarios, en 32 volúmenes.
Se podría decir que la vida de Newman fue un tratado sobre las virtudes humanas y sobrenaturales de la amistad.
Newman fue ordenado sacerdote el 30 de mayo de 1847 y regresó a Inglaterra, donde fundó el primer Oratorio de San Felipe Neri en Birmingham. La comunidad estaba compuesta por sus estudiantes y compañeros del Movimiento de Oxford.
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Cuando el papa Benedicto XVI me nombró obispo en 2008, me dijeron que tenía que elegir un lema episcopal. Me costaba mucho decidirme por uno, hasta que un buen amigo me sugirió que, dada mi gran admiración y devoción por Newman, debería tomar su lema: Cor ad cor loquitur — «el corazón habla al corazón».
Esto me pareció muy acertado. Pero me pregunté si estaba permitido tomar el lema de otra persona, así que llamé a mi buen amigo, del que guardo un feliz recuerdo, el padre Ian Ker, el biógrafo definitivo de Newman, quien me dijo que el propio Newman había tomado prestada la frase de San Francisco de Sales – ¡así que no había de qué preocuparse!
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Me gustaría terminar con una última anécdota sobre Newman.
En el verano de 1990, era estudiante en Roma y asistí a una conferencia de verano de dos semanas en la Universidad de Oxford con motivo del centenario de la muerte de Newman. El padre Ker, que acababa de publicar su biografía de Newman, dirigía la conferencia. En ella conocí a muchos amigos, con algunos de los cuales sigo en contacto hoy en día.
Después de la conferencia, mis padres vinieron a visitarme a Inglaterra y viajaron conmigo de regreso a Roma antes de regresar a su casa en Kansas.
Durante su visita a Inglaterra, viajamos para pasar la noche en Littlemore, el pequeño pueblo a las afueras de Oxford donde Newman se retiró cuando dejó Oxford.
Él y varios de sus estudiantes y colegas vivieron en una casa que llamaban “El Colegio” desde 1842 hasta 1846, convirtiéndola en un lugar de oración y estudio tranquilo donde podían discernir el camino a seguir. Fue allí, el 9 de octubre de 1845, donde el beato Domingo Barberi recibió a Newman en la Iglesia católica.
El Colegio está ahora a cargo de una maravillosa comunidad de religiosas que desempeñaron un papel importante en el proceso de beatificación y canonización de Newman.
Sabiendo que mis padres no eran católicos, las hermanas los invitaron a alojarse en las habitaciones que ocupó el beato Domingo Barberi la noche en que llegó bajo una lluvia torrencial para recibir a Newman en la Iglesia.
Después de que mis padres se retiraron a descansar, las hermanas nos sugirieron que rezáramos al beato Domingo por su conversión. Al día siguiente partimos y atravesamos Francia hasta llegar a Roma.
En algún momento de la primavera siguiente, recibí una carta de mi madre en la que me informaba de que ella y mi padre deseaban ser recibidos en la Iglesia católica.
El 1 de agosto de 1991, tuve el honor y el privilegio de bautizar, confirmar y administrar la primera comunión a mi madre y a mi padre.
No puedo evitar pensar que Dios y el buen cardenal sonreían desde el cielo cuando le pedí a mi mamá que tecleara ese ensayo de inglés para mí, hace 50 años este otoño.
La cruz y la cultura de la muerte
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El domingo pasado, la Iglesia celebró la fiesta de la Exaltación o el Triunfo de la Cruz. La cruz de Jesús siempre ha sido un signo de contradicción para el mundo. La cruz simboliza tanto la muerte como la vida, el sufrimiento y el triunfo, la derrota y la victoria. Los católicos recordamos esa contradicción cada vez que hacemos la señal de la cruz.
En su encíclica de 1995, Evangelium Vitae, San Juan Pablo II hizo sonar la alarma cuando escribió que estamos retrocediendo muy rápidamente hacia una “cultura de la muerte”. La frase se utiliza con frecuencia en los círculos católicos. Pero, ¿qué quería decir Juan Pablo II con eso?
Nuestro difunto Santo Padre escribió que en el corazón de una cultura de muerte se encuentra “el eclipse del sentido de Dios y del hombre, característico del contexto social y cultural dominado por el secularismo”. Una cultura que recurre constantemente a la violencia para resolver los conflictos es una cultura que vive “como si Dios no existiera”, afirmó. Y cuando se pierde el sentido de Dios, también “se tiende a perder el sentido del hombre, de su dignidad y de su vida”.
Cuando una cultura recurre a la violencia para resolver sus problemas, se convierte rápidamente en una cultura de muerte. Décadas de aborto legalizado nos han adormecido ante la verdad de que cada niño es creado, desde sus primeros momentos, con una dignidad y un valor innatos e inviolables. El suicidio asistido por un médico es ahora legal en 11 estados. Cuando una cultura se acostumbra a practicar habitualmente la eutanasia a las personas mayores o a quienes padecen enfermedades terminales, la vida se vuelve barata.
En una cultura de muerte, casi no nos sorprende leer sobre otro tiroteo en una escuela, un brutal apuñalamiento en un tren urbano o el asesinato de un joven que se atrevió a desafiar a otros en la plaza pública por sus creencias. Pero la verdad sobre Dios y la verdad sobre la dignidad de las personas creadas a Su imagen no pueden ser eliminadas ni suprimidas por la bala de un asesino ni por el cuchillo de un sicario.
La verdad no puede ser asesinada. Al final, la verdad vence.
San Juan Pablo II escribió que, en última instancia, una cultura de la muerte aparece cuando una sociedad pierde su sentido de lo sagrado, su sentido de Dios.
Y eso me lleva a Charlie Kirk.
Kirk, asesinado la semana pasada en Utah, estaba convencido de su búsqueda de la verdad. Su objetivo era conocer la verdad sobre la humanidad y vivirla. Su objetivo era utilizar la lógica, el humor y el ingenio para hablar de la verdad, para entablar un diálogo real.
No siempre acertaba. Algunas de sus posturas políticas estaban directamente basadas en el Evangelio, y otras eran solo eso – opiniones políticas, no cuestiones de fe, sobre temas en los que los católicos pueden estar en desacuerdo.
Y la forma en que hablaba de esas opiniones era a menudo convincente, audaz, razonada – pero a veces incendiaria y en ocasiones contraria a las enseñanzas de la Iglesia, como fue el caso de su apoyo a un enfoque retributivo de la pena de muerte.
Kirk hizo enojar a la gente – y, la semana pasada, se encontró con la ira en el corazón de la cultura de la muerte.
Desde su muerte, han llamado mártir a Kirk. Solo la Iglesia puede declarar mártir a alguien, cuando es asesinado por odio a la fe.
Pero la palabra mártir significa testigo, y esa palabra – testigo – describe acertadamente a una persona que murió por sus creencias – sus opiniones religiosas, sus perspectivas políticas, su ejercicio de la libertad de expresión garantizada a todos los estadounidenses.
Charlie Kirk murió como testigo de la importancia de defender con valentía sus convicciones.
Para nosotros, la lección es mantener la valentía de nuestras propias convicciones – y, lo que es más importante, una convicción más importante que la política – la convicción de que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida.
La realidad de la cultura de la muerte puede tentarnos a ser tímidos con nuestras convicciones. Nos lleva a evitar conversaciones incómodas o delicadas con personas que sabemos que tienen opiniones contrarias a las nuestras. Pero, si nos dejamos intimidar por el miedo y nos callamos, y no estamos dispuestos a decir la verdad cuando sabemos que encontraremos oposición o desacuerdo, ¿cómo podrá la gente llegar a conocer la verdad eterna, la cual Jesús promete nos hará libres?
¿Cómo se dará marcha atrás a la cultura de la muerte en la que vivimos? “Seréis mis testigos”, promete Cristo a sus apóstoles, “hasta los confines de la tierra”. Esta semana es un llamado a la valentía en esa vocación, sin importar el costo, en la cultura de la muerte.
Cada año, la fiesta de la Exaltación de la Cruz es seguida por la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores. La fiesta recuerda a la Santísima Virgen María al pie de la cruz de Jesús después de Su crucifixión.
En ese momento, en lo más profundo de su corazón afligido, se aferró a la fe y la esperanza de la Iglesia. Al final, fue su profunda fe y confianza en el Señor lo que le permitió seguir adelante. Sabía que la cruz no era el final de la historia.
María vivió ese signo de contradicción en su corazón. Que ella infunda esperanza en nuestros corazones para que podamos transformar esta cultura de la muerte en una cultura de la vida y una civilización del amor, una cultura y una civilización que valore cada vida humana en todas sus etapas, que cuide de los vulnerables y acoja el perdón y la reconciliación.
'Alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación, constantes en la oración'
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A medida que los días de verano llegan a su fin y comenzamos otro año escolar, espero y rezo para que sus veranos hayan sido un tiempo de descanso y relajación con familia y amigos, y que puedan recordar el verano de 2025 y disfrutar de buenos recuerdos.
Lo más destacado de mi verano llegó a mediados de junio, cuando tuve la oportunidad única y privilegiada de realizar una visita pastoral a la isla de Sri Lanka por invitación de un viejo amigo de la diócesis de Lincoln, Su Eminencia el cardenal Malcom Ranjith, arzobispo metropolitano de Colombo, Sri Lanka. Viajé con mi secretario y maestro de ceremonias, el padre Christopher Eckrich.
La amistad entre el cardenal Ranjith y la diócesis de Lincoln se remonta a 2008, cuando Su Eminencia viajó de Roma a Lincoln. En ese momento, era secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano. El monseñor Thomas Fucinaro, ahora párroco de la Catedral de Cristo Resucitado en Lincoln, era entonces funcionario de esta congregación vaticana, y el obispo Fabian Bruskewitz invitó al cardenal a ser el presentador principal en una Jornada de Estudio para los Sacerdotes de la diócesis de Lincoln, en la que habló sobre el tema de la liturgia sagrada. Ranjith fue nombrado arzobispo de Colombo en 2009 y cardenal ese mismo año. Más tarde volvió a visitar Lincoln como cardenal.
Uno de los frutos de esta amistad fue la colaboración entre la arquidiócesis de Colombo y la diócesis de Lincoln, que dio lugar a nuestro patrocinio de cuatro seminaristas de Sri Lanka. Su Eminencia tiene un profundo deseo de que sus futuros sacerdotes experimenten la Iglesia en su amplitud y traigan diferentes perspectivas a Sri Lanka. Cuando fui nombrado obispo de Lincoln en 2012, me enteré de esta maravillosa conexión con un país que se encuentra literalmente al otro lado del mundo. Agradecí la oportunidad que se nos brindó de apoyar a la Iglesia católica de un país en desarrollo y de aprender de ellos y de su experiencia en la Iglesia católica.
Los cuatro seminaristas que patrocinamos entre 2010 y 2015, Asitha Hettiarachchi, Eranga de Silva, Gerald Ferreira y Shanaka Mendis, recibieron su formación teológica en el Seminario del Monte de Santa María en Emmitsburg, Maryland, junto con nuestros propios seminaristas de Lincoln. Tras completar sus estudios, tuve el privilegio de ordenarlos a los cuatro como diáconos en 2014 y 2015 en nuestra catedral. Después, fueron ordenados sacerdotes por el cardenal Ranjith y ahora prestan servicio en su archidiócesis natal de Colombo en diversas tareas pastorales. Todavía se les conoce cariñosamente como nuestros “Sri Lincolns”. El cardenal Ranjith nos envió recientemente un sacerdote, el padre Prageeth Chamara, para que ejerciera como vicario parroquial en la parroquia de San Miguel en Hastings. Antes de llegar a Lincoln el año pasado, el padre Chamara había sido un exitoso párroco de una de las parroquias más grandes de Colombo.
Cuando el padre Eckrich y yo llegamos al aeropuerto de Colombo en junio, nos recibieron los cuatro “Sri Lincolns” y nos llevaron a la residencia del cardenal arzobispo, donde nos recibieron con calidez y un delicioso plato de curry. Durante los siguientes diez días, visitamos el seminario menor y el seminario mayor, así como el instituto católico más importante de Colombo: el Colegio de San José, donde los estudiantes nos entretuvieron con canciones y bailes tradicionales.
El cardenal Ranjith había planeado nuestro itinerario hasta el último detalle. Visitamos un orfanato de elefantes, una plantación de té y otra de cocos, el santuario mariano nacional y un pueblo pesquero en la costa. Subimos a la famosa roca de Sigiriya, vimos montones de monos y pavos reales, y visitamos varios santuarios budistas, algunos anteriores al nacimiento de Cristo. Aunque Sri Lanka es un país con un 74 % de budistas y solo un 4 % de católicos (el resto son musulmanes e hindúes), existe un enorme respeto mutuo entre católicos y budistas. La voz del cardenal tiene un gran peso en Sri Lanka. Es la voz de los que no tienen voz y un defensor de la justicia para todo el pueblo de Sri Lanka.
Observamos esto de manera más notable cuando visitamos las iglesias católicas que fueron bombardeadas por terroristas extremistas el Domingo de Pascua de 2019. En ataques coordinados contra iglesias y tres hoteles internacionales, al menos 290 personas murieron y cientos resultaron heridas. El cardenal Ranjith sigue denunciando este acto de persecución religiosa y delito de odio, pidiendo justicia para las víctimas y sus familias y exigiendo que los autores de este acto malvado rindan cuentas. Hasta la fecha, no se ha rendido cuentas por este crimen y, en todos los lugares a los que viajamos con el cardenal, este contaba con una escolta militar completa, debido a las amenazas contra su vida. Tras el reciente y trágico tiroteo en la escuela católica de Minnesota, nosotros también rezamos por que se haga justicia y se ponga fin a estos ataques malvados contra inocentes.
Uno de los momentos más destacados del viaje fue nuestra visita al Santuario de San Antonio y a la milagrosa estatua en Kochchikade el 12 de junio, festividad de San Antonio. Nos unimos a medio millón de personas que se reunieron para una larga procesión que duró toda la tarde y culminó con unas solemnes vísperas presididas por Su Eminencia. Existe un profundo amor por San Antonio entre toda la población de Sri Lanka, y esta celebración anual es la fiesta principal para todos los católicos del país, un verdadero acontecimiento en todos los sentidos de la palabra.
Fue allí, en el Santuario de San Antonio, donde 40 fieles fueron asesinados por terroristas suicidas durante la misa del Domingo de Pascua de 2019. Fue muy emotivo unirse a Su Eminencia en la oración por los fieles difuntos, junto con las familias de las víctimas que aún lloran la pérdida de sus seres queridos. Pero también fue profundamente edificante ver a la Iglesia “resurgir de las cenizas” y experimentar la vida y la vitalidad presentes entre la gente en un lugar tan marcado por el sufrimiento.
Nuestros cuatro sacerdotes de Sri Lanka, formados en Estados Unidos, tomaron turnos para acompañarnos cada día. Me invitaron a dar conferencias en todos los lugares que visitamos, devolviendo así el favor al cardenal Ranjith, quien habló a nuestros sacerdotes hace muchos años. En una jornada de estudio para el clero, me invitaron a dirigirme a los más de 400 sacerdotes de la arquidiócesis para hablarles de la Iglesia en Estados Unidos y de lo que considero algunas de las iniciativas positivas tanto en la diócesis de Lincoln como en la Iglesia en Estados Unidos en general. Aunque encontramos que la Iglesia en Sri Lanka es pequeña en comparación con el resto de la población, su voz es fuerte y hay un verdadero dinamismo entre los sacerdotes y los fieles laicos.
Siento que nuestras dos diócesis se han enriquecido mutuamente gracias a la larga amistad que hemos disfrutado con la arquidiócesis de Colombo, y fue una alegría especial volver a conectar y pasar tiempo con nuestros queridos “Sri Lincolns”. Uno de los frutos directos de nuestra visita fue la promesa del cardenal de enviarnos más sacerdotes para servir en nuestras parroquias en los próximos años. Por nuestra parte, hemos acordado patrocinar a dos seminaristas más a partir del próximo año académico, 2026-2027.
Únanse a mí para dar gracias a Dios por esta amistad y mantengan en sus oraciones a nuestros hermanos y hermanas de Sri Lanka, que siguen sufriendo una dura pobreza y persecución religiosa. Mantengan también en sus oraciones a quienes sufren en nuestro propio país, nuestros hermanos y hermanas de Minneapolis, que están de luto tras el tiroteo del 27 de agosto.
El verano de 2025, el verano del “Jubileo”, será recordado por muchas cosas. Aunque todos estamos llamados a ser peregrinos de la esperanza, ante tales tragedias será difícil saber cómo avanzar con esperanza como cristianos. Sin embargo, San Pablo nos recuerda en las Escrituras (Romanos 12:9-21): “Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando el mal, adhiriéndoos al bien; amándoos de corazón unos a otros con el amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo; diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor; alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración”.
Declaración del obispo Conley sobre el centro de detención de inmigrantes en McCook
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Tras el reciente anuncio del gobernador Jim Pillen de reconvertir el campamento Work Ethic Camp de McCook en un centro federal de detención de inmigración, el obispo James D. Conley ofreció la siguiente respuesta.
Durante décadas, la diócesis católica de Lincoln ha mantenido una excelente relación con el Work Ethic Camp (Campamento de Ética Laboral) de McCook. En respuesta al llamado de Jesús de visitar a los presos, hemos celebrado misa y proporcionado atención sacramental y pastoral semanalmente a quienes han estado encarcelados durante todos estos años.
Será de suma importancia que cualquier persona detenida en el centro federal de detención de inmigrantes de McCook pueda acceder también a una atención pastoral regular y continua. Esto es fundamental para la dignidad de toda persona humana, ya que cada uno de nosotros está llamado a la unión con Dios.
Además, las instalaciones de McCook no deberían utilizarse para detener a inmigrantes indocumentados que se encuentran en Estados Unidos simplemente en busca de una vida mejor, sino a aquellos que han cometido delitos que ponen en peligro la seguridad pública. Hacer lo contrario disminuiría la legitimidad moral de las instalaciones y deterioraría la confianza pública.
También durante décadas los obispos católicos de todo Estados Unidos han pedido a los funcionarios públicos que lleven a cabo una reforma migratoria significativa. Esta reforma no puede retrasarse más. El presidente y el Congreso deben trabajar juntos para desarrollar leyes que respeten nuestras fronteras y también los derechos de cada persona a migrar.
Por último, nunca debemos olvidar: que toda persona – sea inmigrante o no, documentada o indocumentada – es un ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta dignidad humana debe ser reconocida y respetada. Veámonos siempre con los ojos de Jesucristo, que nos mira a cada uno de nosotros con misericordia y amor.
Como obispo de Lincoln, sigo comprometido con la protección de la dignidad humana que mantiene la seguridad pública y respeta a nuestros hermanos y hermanas migrantes, e invito a todos los habitantes de Nebraska a compartir esta visión de esperanza en la Buena Vida.
Obispo James D. Conley
Diócesis Católica de Lincoln
Una actualización importante – y pasos positivos hacia adelante
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A raíz de las noticias de que un estudiante de doctorado de la Universidad de Nebraska-Lincoln había organizado una representación teatral “drag" en la que se burlaba de la misa católica, le escribí una carta al presidente de la Universidad de Nebraska, Jeffrey Gold, y al presidente del Consejo de Regentes de Nebraska, Paul Kenney, con copia a todos los miembros del Consejo, expresando mi indignación y consternación. Consideré que el espectáculo fue una manifestación pública descarada de discriminación por motivos religiosos y que la universidad debía repudiarlo y trabajar para garantizar que no volviera a ocurrir, tal y como había hecho con incidentes similares de discriminación en el campus que afectaban a otras religiones. Tolerar e incluso recompensar una caricatura tan inapropiada y ofensiva de una ceremonia sagrada exigía una disculpa.
El presidente Gold respondió con una invitación para reunirse con él y con miembros del liderazgo de la universidad para discutir nuestras preocupaciones. Posteriormente, me reuní con el presidente, el presidente del Consejo de Regentes Kenney, el canciller de la UNL Rodney Bennett y el regente Jack Stark. Me acompañaron el director de comunicaciones de nuestra diócesis, Dennis Kellogg, y Marion Miner, de la Conferencia Católica de Nebraska. Durante la reunión de una hora de duración en la sede de la universidad, pudimos explicar detalladamente nuestras preocupaciones y se nos aseguró que ya se había iniciado una investigación sobre el asunto y que se nos informaría de cualquier medida que pudiera tomar la universidad al respecto.
Recientemente recibí una carta de seguimiento del canciller Bennett en la que escribió: “Lamentamos profundamente que el asunto sobre el que nos reunimos haya causado trastornos y pedimos sinceras disculpas”.
Continuó señalando la importancia de la libertad de expresión, la libertad de palabra y la libertad académica, y añadió: “También creemos firmemente que esos derechos conllevan una enorme responsabilidad”. El canciller Bennett afirmó que la Universidad “aprovechará al máximo la oportunidad que ha brindado este incidente para reflexionar detenidamente sobre cómo educamos a los miembros de nuestra comunidad sobre el impacto que los actos individuales pueden tener en las personas y las comunidades, tanto positivo como negativo, ya sea intencionado o involuntario”.
El canciller Bennett se comprometió a «trabajar con los colaboradores de la universidad para desarrollar y compartir estrategias dirigidas a buscar un mayor equilibrio, aprecio y comprensión de cómo expresar mejor los derechos y convicciones individuales, de manera que no se margine a aquellos que son vitales para el éxito colectivo».
Otro paso que está dando la Universidad es la creación de lo que se describe como un grupo asesor pionero en el país, que se espera que contribuya a «reducir o eliminar» este tipo de incidentes en el futuro. La Mesa Redonda Asesora del Presidente sobre la Participación Comunitaria “asesorará a la Universidad sobre las formas más eficaces y las mejores prácticas para abordar cuestiones delicadas y a menudo emotivas por las que existen fuertes convicciones. La comisión estará integrada por personas respetadas en todo el estado de Nebraska y en nuestro país, expertas en sus campos profesionales y cuyo trabajo se considera líder en la materia”.
El presidente Gold me dijo en nuestra conversación que este grupo incluirá a representantes de la comunidad religiosa, incluyendo a la Iglesia católica, así como a otros expertos nacionales en sus campos.
Aplaudo al presidente Gold, al canciller Bennett y a los regentes por la invitación al diálogo sobre esta situación, por la disculpa de la Universidad por la ofensa causada y por la creación de la mesa redonda consultiva para asesorar sobre cómo manejar situaciones similares que puedan surgir en el futuro. Todos estos son pasos positivos hacia adelante.
Esperaría que la Universidad también se disculpara no solo por las molestias causadas por el incidente, sino por la esencia misma del mismo. En nombre de los católicos y de todas las personas creyentes, me gustaría ver un compromiso más concreto por parte de la Universidad para impartir formación y educación sobre el motivo por el que este comportamiento es ofensivo para los católicos. Burlarse de la Eucaristía, que es la fuente y la cumbre de la fe católica, nunca debería ser una acción que se recompense con un diploma, sino que debería condenarse por su ignorancia y maldad.
La respuesta de la Universidad es un buen comienzo. Estaré muy atento a las estrategias y los esfuerzos educativos que se desarrollen para prevenir cualquier tipo de discriminación similar en el futuro, y a cómo se abordarán si ocurren. Tengo previsto volver a ponerme en contacto con el presidente Gold dentro de seis meses y pedirle información actualizada sobre lo que se ha logrado con respecto a las iniciativas propuestas.
Tenemos un excelente sistema universitario en Nebraska, y deseo que continúe creciendo y prosperando, respetando los derechos religiosos de todas las creencias representadas en el campus.
Cristo el maestro, Cristo el sanador
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Jesucristo fue conocido principalmente como maestro y sanador. Por eso, la Iglesia católica se ha dedicado a la educación y al cuidado de la salud desde los tiempos apostólicos. De hecho, la Iglesia católica fundó las primeras universidades y los primeros hospitales del mundo occidental. He escrito mucho sobre la educación católica a lo largo de los años, pero esta semana me gustaría compartir con ustedes las “buenas noticias” sobre los ministerios de salud católicos y lo que se está haciendo para protegerlos y fortalecerlos, particularmente en la diócesis católica de Lincoln.
Como mencioné anteriormente, el ministerio católico de la salud tiene sus raíces en el ministerio sanador de Jesucristo, quien dio ejemplo de compasión por los enfermos y sanó a muchos para demostrar el poderoso amor de Dios. Ya en el año 370 d. C., las diócesis y monasterios católicos comenzaron a organizar edificios y servicios para el cuidado de los enfermos. A principios del siglo XIX, las órdenes religiosas femeninas, como las Hijas de la Caridad y las Hermanas de la Misericordia, llevaron su legado de cuidado de los enfermos a los Estados Unidos. Y después de la Guerra Civil, los ministerios católicos de atención médica crecieron rápidamente en todo el país.
Aquí, en la diócesis de Lincoln, contamos con dos importantes ministerios católicos de cuidado de la salud: los hospitales Madonna Rehabilitation Hospitals, patrocinados por la diócesis de Lincoln, y el CHI-Saint Elizabeth Hospital, el Heart Hospital y el CHI Health St. Mary’s en Nebraska City. Los ministerios católicos de cuidado de la salud no son simplemente organizaciones sin fines de lucro, sino obras de la Iglesia. El hospital St. Elizabeth está en deuda con las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua y Madonna con las Hermanas Benedictinas de Yankton. El cuidado a la salud que prestan a todos se ofrece en nombre de la Iglesia, por lo que están llamados a ser auténticos testigos de la vida y el amor de Jesucristo. Estos ministerios católicos de asistencia médica en nuestra diócesis responden a ese llamado todos los días.
Los ministerios de salud católicos constituyen una parte importante del sector de la salud en los Estados Unidos. Los hospitales católicos representan el 10% del total de hospitales y atienden aproximadamente al 15% de todos los pacientes ingresados en hospitales. Los ministerios de salud católicos han logrado sobrevivir e incluso crecer en los primeros años del siglo XXI. Sin embargo, se enfrentan a numerosos retos.
En primer lugar, existen muchas presiones financieras en la atención de la salud moderna, desde las nuevas tecnologías hasta los seguros médicos, así como el aumento de los costos de los medicamentos y los salarios. Los ministerios de salud católicos dependen ahora en gran medida de los fieles laicos, tanto católicos como no católicos, para proporcionar atención directa y un liderazgo orientado a la misión. En tercer lugar, y desafortunadamente, poderosos grupos de presión han estado usando la atención médica para promover un programa muy secular. Por ejemplo, inmediatamente después de la decisión de la Corte Suprema en el caso Roe v. Wade en 1973, los promotores del aborto comenzaron a exigir que todos los proveedores de atención médica ofrecieran servicios de aborto y que todos los seguros médicos los cubrieran. A lo largo de los años, estas exigencias se han extendido a todas las áreas, desde los anticonceptivos hasta las cirugías de reasignación de sexo. Muchas de estas batallas tienen lugar lejos, en programas de entrevistas, en los tribunales o en Washington D.C. Pero, al igual que el humo de los incendios forestales lejanos, estas ideas y presiones repercuten en nuestra localidad.
A menudo me pregunto en mis oraciones: ¿cómo puedo yo, como obispo de la diócesis de Lincoln, ser un buen pastor responsable del cuidado médico católico en esta situación actual? No estoy capacitado para decirles a los profesionales de la salud cómo deben hacer su trabajo. Las estructuras y los programas de atención médica son muy complejos y deben ser abordados por juntas directivas, líderes administrativos y personal. Mis deberes episcopales me exigen servir como pastor, sacerdote y maestro en los diversos ministerios de la diócesis de Lincoln, incluso en nuestros ministerios de salud.
Como pastor, me esfuerzo por coordinar la atención sanitaria católica con otros ministerios de sanación y educación dentro de la diócesis. Como sacerdote, superviso la celebración de los sacramentos y apoyo la atención pastoral a los enfermos y necesitados de sanación. Y como maestro, ayudo a los ministerios de atención sanitaria católica a aplicar y defender las enseñanzas de la Iglesia católica, desde el lecho de un enfermo hasta la sala de juntas, y desde el principio hasta el final de la vida humana. Las enseñanzas de la Iglesia sobre la dignidad de la vida humana, la salud y la fertilidad son profundas y vivificantes. Pero a veces pueden ser malinterpretadas e incluso cuestionadas.
Cuento con excelentes recursos que me ayudan en mi trabajo. La Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) ofrece un documento titulado “The Pastoral Role of the Diocesan Bishop in Catholic Health care Ministry” (“El Papel Pastoral del Obispo Diocesano en el Ministerio de la Salud Católica”). Adicionalmente, desde el 1971, la USCCB ha publicado un importante recurso para obispos y ministerios de salud católicos titulado “The Ethical and Religious Directives for Catholic Healthcare Services” (“Directrices Éticas y Religiosas para los Dervicios de Salud Católicos”). Las Directrices Éticas y Religiosas resumen siglos de enseñanzas y principios morales de la Iglesia en breves declaraciones y explicaciones que se aplican a la prestación del cuidado de la salud moderno.
Por último, cuento con la ayuda de una excelente organización llamada el Centro Nacional Católico de Bioética (NCBC, por sus siglas en inglés). El NCBC se fundó en 1972 con el fin de servir de recurso a la Iglesia, y en particular a los obispos y a las instituciones católicas de la salud, para responder a numerosas cuestiones bioéticas controvertidas, desde la reproducción artificial hasta el suicidio asistido, entre otras muchas.
El NCBC ofrece un programa de evaluación que se llama “Revisión de la Identidad y la Ética Católicas” (CIER, por sus siglas en inglés). La Revisión de la Identidad y la Ética Católicas ayuda a medir cómo los ministerios de salud católicos están manteniendo los estándares de las Directrices Éticas y Religiosas y expresando su identidad católica. El NCBC trabaja en estrecha colaboración con los ministerios de salud católicos para revisar medidas objetivas de rendimiento, así como los recursos necesarios para apoyar la fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia, tales como directrices y materiales educativos.
En el 2024, el NCBC revisó los hospitales de rehabilitación Madonna aquí en Lincoln y Omaha. El Dr. John Brehany, que dirige el programa CIER del NCBC, dijo a los líderes de Madonna y a mí que se quedó con una impresión muy positiva por las muchas formas en que Madonna cumple su misión y vive su identidad católica de manera ejemplar. Como obispo, he encontrado que la Revisión de la Identidad y la Ética Católicas es un recurso extremadamente útil.
Los ministerios católicos de salud son un tesoro que se ha construido y transmitido durante siglos. Como Iglesia local, debemos proteger y fortalecer estos tesoros para poder dar testimonio del amor sanador de Dios en nuestro propio tiempo y transmitir este recurso a las generaciones futuras.
Renueven este verano – con Cristo al centro
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A medida que el sol veraniego comienza a calentar nuestros días y el calendario se relaja un poco de su ritmo frenético, muchos de nosotros empezamos naturalmente a buscar oportunidades para descansar, viajar y reconectar con la familia y los amigos. El verano ofrece una temporada de refresco y renovación. Las vacaciones y las parrilladas nutren nuestro cuerpo y nuestras relaciones, pero también es el momento perfecto para nutrir nuestra alma.
El verano puede ser una época ideal para la renovación espiritual. A medida que se baja el ritmo y aumenta el tiempo libre, estos meses de verano pueden ser una temporada ideal para dar un paso atrás, reflexionar y volver a centrar nuestras vidas en Cristo. En la diócesis de Lincoln, este verano también nos brinda una oportunidad única para entrar más profundamente en El Año del Jubileo de la Esperanza — un año designado para redescubrir la belleza de nuestra fe, el poder de las promesas de Dios y la alegría que viene del caminar con esperanza.
Con nueve lugares de peregrinaje que ofrecen la posibilidad de obtener una indulgencia y la oportunidad de participar en el proyecto “Un Libro + Una Diócesis” (“One Book + One Diocese”) (léa en inglés “Fire and Light: Learning to Receive the Gift of God” o “Fuego y Luz: Aprendiendo a Recibir el Don de Dios” y únase a la discusión el 26 de agosto), hay muchas maneras de aprovechar intencionalmente el año del jubileo este verano. Visite nuestro sitio web (lincolndiocese.org/jubilee) para obtener más información. (Nota del editor: estas opciones solo están disponibles en inglés)
Un verano de fortalecimiento: no tomen vacaciones de la misa
A medida que nuestros planes de verano se llenan de viajes, eventos deportivos y momentos de relajación, puede ser una tentación dejar que la misa dominical pase a un segundo plano. Pero no hay mejor manera de afianzar el verano que santificar el día del Señor.
La Eucaristía no es una obligación que tachamos de nuestra lista — es la fuente y la cumbre de nuestra fe, nuestro cordón umbilical que nos conecta con Dios. Es donde encontramos y recibimos al Cristo vivo, quien comparte Su vida divina con nosotros, refresca nuestros espíritus cansados y nos fortalece para el camino que tenemos por delante. Cuando elegimos asistir a misa, incluso cuando estamos de viaje, proclamamos que Dios está al centro de nuestras vidas.
Esto es especialmente vital en una cultura que a menudo desconecta el tiempo libre y el Señor. El verdadero descanso no se encuentra en el entretenimiento distrayente, sino en la comunión con Aquel que nos creó. Por lo tanto, ya sea que estés en casa, en el lago o de viaje, hagan que la misa dominical sea una parte inquebrantable de sus planes de verano. Que sea su acto semanal de agradecimiento a Dios por todas las bendiciones que disfrutarán este verano.
Puede encontrar los horarios de misa de nuestras parroquias diocesanas en www.lincolndiocese.org/directory/parishes (Nota del editor: Las misas en español y latín se encuentran en es.lincolndiocese.org)
Un verano de esperanza: entrando en el jubileo
El Papa Francisco inauguró nuestro actual Año del Jubileo en 2025 — un año especial de gracia y renovación para todo el mundo — con el lema “Peregrinos de la Esperanza”.
La esperanza, una de las tres virtudes teologales, es más que simple optimismo. Es el deseo de estar con Dios eternamente y la firme confianza en que, sin importar las pruebas que enfrentemos, Dios nos ayudará a perseverar porque Él es fiel a sus promesas. Como explica bellamente el Catecismo: “La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad” (CIC 1818).
Este verano, durante este año del Jubileo, todos estamos invitados a meditar sobre esta virtud. Al ver el nuevo crecimiento en la creación, también podemos pedirle a Dios que aumente la virtud de la esperanza en nosotros y que cooperemos con Él para cultivar la esperanza en nuestros corazones. El Señor nos invita a cada uno de nosotros a vivir con la confianza de que Él está obrando todas las cosas para nuestro bien.
En los nueve lugares de peregrinación del Año Santo en toda la diócesis, ustedes están invitados a orar, reflexionar y recibir gracias especiales a través de una indulgencia plenaria. Estas oportunidades de peregrinaje son recordatorios tangibles de que nuestra fe es un viaje — un camino hacia Dios, que es nuestra felicidad eterna. Pueden ver una lista completa de los lugares de peregrinación y aprender cómo hacer una peregrinación del Año Santo en el sitio web de nuestra diócesis (lincolndiocese.org/jubilee).
Los animo a que consideren incluir un peregrinaje en sus planes de verano. Ya sea como un retiro personal o un viaje familiar por carretera, un peregrinaje puede ser un poderoso acto de fe y una fuente de renovación espiritual. Estas iglesias de toda la diócesis son puertas hacia la esperanza, que los invitan a confiar nuevamente en la misericordia y la providencia de Dios.
Un verano de gracia: prueben algo nuevo
Más allá de los peregrinajes y la misa semanal, el verano también ofrece un ritmo más lento que puede abrir la puerta a una oración más profunda, al estudio y a los actos de servicio. Consideren comprometerse con alguna de las siguientes:
Oración diaria al aire libre, entre 10 y 15 minutos cada día, dando una caminata para elevar sus corazones a Dios y disfrutar de Su hermosa creación.
Leer un libro clásico espiritual, como «Introducción a la Vida Devota» o «La Verdadera Devoción a María».
Hacer voluntariado en familia, por ejemplo, en una recogida de alimentos de sus parroquias o en una iniciativa local.
Rezar el rosario semanalmente en familia, o quizá con amigos o vecinos.
Ir a confesarse.
Estos sencillos pasos pueden transformar la forma en que vivimos el verano, no como un descanso de nuestra fe, sino como una forma de profundizar en ella.
Un verano de invitación: sean valientes
Por último, el verano es una estación de encuentros. Vemos a viejos amigos en reuniones, conectamos con vecinos en parrilladas y damos la bienvenida a los visitantes en nuestras comunidades. Es el momento perfecto para salir de nuestra comodidad y extender una invitación: inviten a alguien a acompañarlos a misa; lleven a un amigo a un peregrinaje; compartan su historia de esperanza — cómo Dios ha obrado en sus vidas y por qué siguen confiando en Él.
El mundo necesita desesperadamente la esperanza que tenemos en Cristo. No la guardemos para nosotros, especialmente en este año del Jubileo de la Esperanza.
Solo tenemos una vida para dar
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El viernes tendré la enorme alegría de ordenar a tres hombres al diaconado y el sábado a dos hombres al sacerdocio. Esta será la última vez que ordenaremos a los diáconos y sacerdotes en el mismo fin de semana. A medida que nos adaptamos al nuevo Programa de Formación Sacerdotal (PPF, por sus siglas en inglés) exigido por la Santa Sede, nuestra próxima clase de ordenación diaconal será en diciembre del 2026, después de que completen sus estudios teológicos formales. Los nuevos diáconos pasarán seis meses haciendo ministerio pastoral en una parroquia y en una escuela secundaria antes de ser ordenados sacerdotes en mayo de 2027.
Para estos hombres este fin de semana ha sido esperado durante muchos años — normalmente ocho para los ordenados al sacerdocio y siete para los ordenados al diaconado transitorio. Uno de los tres diáconos, Patrick Burke de San Wenceslao en Wahoo, será ordenado al diaconado permanente, el segundo en ser ordenado en la diócesis de Lincoln. Patrick llevará a cabo su ministerio diaconal en San Wenceslao, además del ministerio en la cárcel del condado de Saunders. Él ha completado cuatro años de formación y capacitación para el diaconado permanente a través de la arquidiócesis de Omaha. Para todos estos hombres, su proceso de discernimiento junto con la Iglesia, su estudio en oración y su perseverancia paciente los han preparado para esta nueva configuración con Cristo.
Por supuesto, ninguna vocación llega a buen término sin la gracia y la providencia de Dios. Y Su ayuda continuará mientras estos cinco hombres reciben una parte del sacramento de las Órdenes Sagradas y se preparan para seguir a Cristo imitando Su amor sacrificial por la Iglesia. Por favor, únanse a mí en una oración de agradecimiento por el don en el que se han convertido y, a través de la vocación que ante ellos se abre, por el don que pronto serán para la diócesis y para la Iglesia.
Las lecturas de la misa de ordenación sacerdotal son diferentes de las de la misa de ordenación diaconal, pero ambas destacan a Cristo como sumo sacerdote y siervo. Quienes reciben las órdenes sagradas acogen la misma vida de amor sacrificial que llevó nuestro Señor. Estos hombres generosos no se limitarán a administrar los sacramentos o a presidir misas, bodas y funerales — aunque estamos agradecidos por esta forma tan importante en que servirán a la diócesis. Por el designio misericordioso de Dios, este fin de semana Él los invita aún más profundamente a un amor vivificante para con los demás. En las palabras del papa León XIV en su homilía del domingo pasado en su misa de inauguración: porque hemos sido “tocados por el amor infinito e incondicional de Dios”, podemos ofrecernos “sin reservas y sin cálculos” (papa León XIV, 18 de mayo de 2025).
Es un camino que conozco por experiencia propia y que tiene muchas pruebas y dificultades, pero también muchas alegrías —incluyendo la alegría de saber que están siguiendo a Cristo al dar sus vidas y amando a Su Iglesia.
A veces oímos decir que solo tenemos una vida que vivir. Es cierto, pero yo cambiaría la frase así: solo tenemos una vida que dar. Y ya que fuimos creados para amar, lo cual es el acto supremo de entrega de uno mismo, al dar sus vidas por Cristo y Su Iglesia, estos hombres tendrán la oportunidad de volverse aún más como Jesús y, por lo tanto, más plenamente ellos mismos, y lo que fueron creados para ser desde toda la eternidad. Porque el hombre “no se encuentra realmente a sí mismo sino a través de la entrega sincera de sí mismo” (Gaudium et spes, 24).
Una de las principales formas en que Jesús logrará esta conformidad a Sí mismo es a través del sufrimiento. La idea del sufrimiento por el bien no siempre es fácil, pero es algo que todos estamos llamados a acoger, ya seamos clérigos, religiosos o laicos. El sufrimiento es inevitable en esta vida, pero cuando lo unimos al sufrimiento de Cristo, Él le da un nuevo propósito, y nuestro dolor puede convertirse en una bendición para los demás.
Cada uno de nosotros tiene sus propios sufrimientos, pero los sacerdotes y diáconos están llamados a asumir la carga adicional de ministrar a los que sufren. Caminan con los fieles tanto en las alegrías como en las penas de la vida, y ojalá hayan sido bendecidos por un sacerdote o diácono que haya caminado a su lado. De esta manera, pueden ser instrumentos de Cristo, sufriendo o alegrándose junto a los demás, como lo hizo Jesús. Pero al actuar en nombre de Cristo para los demás, el clero a veces puede olvidar que Cristo también está con ellos, incluso al caminar con los demás. Es un hermoso ejemplo de la providencia de Dios que, a veces, al ministrar a los demás, ellos de manera implícita nos ministran a nosotros con su testimonio.
A través de las ordenaciones de este fin de semana, los cinco hombres se adentrarán más profundamente en el triple oficio de Cristo: sacerdote, profeta y rey. Participarán más íntimamente en el único y verdadero sacrificio de Cristo en perfecta adoración al Padre, ya sea ofreciendo el sacrificio de la misa como sacerdotes o asistiendo como diáconos. Los sacerdotes se convertirán en dispensadores de la misericordia al recibir el poder de perdonar los pecados y administrar la extrema unción; los diáconos se unirán más profundamente a la vida comunitaria de la Iglesia al presidir bautismos, funerales y bodas.
Como profetas, enseñarán las verdades salvadoras de nuestra fe con sus palabras y con sus obras. Han crecido en el conocimiento de la fe a lo largo de muchos años de estudio y necesitarán seguir alimentando y desarrollando su entendimiento, ya que nuestra fe es inagotable. También enseñarán con el testimonio de sus vidas. Ninguno de nosotros — clérigos o laicos — debe subestimar jamás el impacto de nuestra presencia, independientemente de las palabras que podamos decir. Nuestras vidas pueden ser el testimonio más poderoso de Cristo que ofrecemos a quienes nos rodean.
Por último, como reyes, los recién ordenados gobernarán su parroquia local en caridad. Este fin de semana les recordaré a los hombres que para gobernar bien a los demás, primero deben tener dominio sobre sí mismos, lo cual solo se logra mediante la participación con la gracia. El aspecto de la gobernanza puede ser la parte más difícil de las Órdenes Sagradas; puede ser un reto cuando el clero es enviado a una nueva parroquia, donde debe empezar de cero a construir nuevas relaciones y ganar confianza. Me ha impresionado y estoy muy agradecido por la generosa acogida que han dado nuestros fieles laicos al clero de Lincoln que ha sido enviado a ministrarles. Los católicos amables, fieles y filiales del rebaño facilitan mucho las transiciones y la gobernanza, y les agradezco todas las formas en las que han ayudado a sus párrocos. Es un gran consuelo saber que las parroquias que recibirán a los recién ordenados les darán la bienvenida y los apoyarán.
A lo largo de los años, hemos tenido la bendición de contar con numerosas vocaciones sacerdotales en la diócesis de Lincoln. Consciente de que la vocación al sacerdocio es un don de Dios, siempre he tratado de devolver al Señor con gratitud permitiendo que algunos sacerdotes presten servicio fuera de la diócesis, en lugares donde se les necesita. Este año, he cedido a dos de nuestros sacerdotes para que presten servicio activo a tiempo completo en nuestras fuerzas armadas. Además, he cedido a un sacerdote para que trabaje de tiempo completo en la formación sacerdotal y a otro para que preste servicio como capellán en una floreciente universidad católica que necesita urgentemente capellanes sacerdotales. Esto se suma a los sacerdotes de Lincoln que ya están atendiendo necesidades en diversas capacidades fuera de la diócesis. Sabemos que Dios nunca es superado en generosidad. Atribuyo a esta generosidad el hecho de que 16 hombres ingresaron al seminario el otoño pasado y que 11 hombres ya están “en proceso de solicitud” para ingresar al seminario este otoño.
Sin embargo, sabemos que al permitir que los sacerdotes presten servicio fuera de la diócesis, se ha hecho más difícil cubrir los puestos aquí. Para ayudar a mitigar esta situación, invito a los fieles laicos a desempeñar un papel más activo en el liderazgo pastoral, de acuerdo con su vocación bautismal. Por ejemplo, aunque seguimos asignando sacerdotes para enseñar teología en nuestras escuelas secundarias cuando podemos, estoy muy agradecido por aquellos profesores laicos de religión que son competentes, orientados a la misión, entusiastas y eficaces en la enseñanza de la fe, y que han dado un paso al frente para suplir una necesidad. Me gustaría ver más de esto en el futuro.
Una vez más, les pido sus oraciones por los hombres que serán ordenados este fin de semana. Es un regalo increíble recibir una parte del sacramento de las Órdenes Sagradas, pero nosotros, simples mortales, con razón temblamos ante una vocación tan grande. Vivirla bien solo es posible con la gracia de Dios, y ustedes pueden ayudar a derramar gracias sobre ellos con sus oraciones y sacrificios. Que María, madre de Jesús y madre de la Iglesia, acerque a estos hombres a su Hijo, para que los amen a ustedes como ella ama a Jesús y a su Iglesia.
No estamos solos. ¡No estás solo!
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Mayo es el mes de la concientización sobre la salud mental, y se nos recuerda que casi 60 millones de estadounidenses viven con problemas de salud mental — yo incluido. Demasiadas de esas personas no buscarán tratamiento, algunas porque carecen de recursos económicos o no tienen acceso a los recursos que necesitan, pero otras debido al estigma que aún existe en torno a las enfermedades mentales.
Como saben, he compartido abiertamente mis propias luchas con mi salud mental con la esperanza de reducir ese estigma, y estoy muy agradecido por las oportunidades que el Señor me ha brindado para crear conciencia, y espero que compasión, sobre esta terrible epidemia.
Este mes también marca el primer aniversario de “Un Futuro con Esperanza”, mi carta pastoral en la que escribí sobre mis luchas con la salud mental. Agradezco estar en una situación mucho mejor que cuando tomé una licencia médica en el 2019 y 2020, pero eso no significa que tenga todo resuelto. De hecho, recientemente pasé por un momento difícil en el que reaparecieron la ansiedad y la depresión. Gracias a Dios, estoy saliendo de ello con la ayuda de mi terapeuta, mis amigos, la oración y la vuelta a una dosis ligera de medicación. Curiosamente, experimenté un gran aliento en la fiesta de la Anunciación, el 25 de marzo, cuando renové mi consagración total a María.
Y así se me ha recordado la delicada interacción entre nuestra vida espiritual y nuestra vida psicológica y emocional. Aunque no podemos salir de las luchas de salud mental solo con la oración, es esencial que nos aferremos a la oración y a los sacramentos cuando atravesamos un desafío de salud mental. La santidad y la integridad tienen sus propios ámbitos, pero se complementan maravillosamente, ya que al fin y al cabo ambas provienen de Dios. Me he dado cuenta de que hay una delgada línea entre lo espiritual y lo psicológico/emocional.
Si aún no han tenido la oportunidad de leer mi carta pastoral, los animo a que lo hagan. Incluye una sección completa con recursos recomendados para ayudarles en su proceso de sanación. Mientras tanto, yo he vuelto a lo básico para mejorar mi salud mental, ya que es necesario que tomemos esas medidas a conciencia en este mundo estresante y lleno de distracciones en el que vivimos.
La oración, por supuesto, sigue siendo mi prioridad número uno — tiene que ser inquebrantable, sobre todo cuando es difícil. También he descubierto que salir al aire libre y estar en contacto con la naturaleza es absolutamente fundamental. Me he comprometido a dar dos caminatas al aire libre al día, así solo tenga tiempo para dar una vuelta por el barrio. El aire fresco, la belleza de la naturaleza, el sol, el viento y el cielo contribuyen a mejorar nuestro estado de ánimo y nuestra salud mental. Dar una caminata temprano por la mañana, tan pronto como sale el sol, puede ser muy saludable. Hace poco escuché un podcast que explicaba cómo los rayos UV pueden suprimir la melatonina, lo que permite eliminar el sueño y estimular la serotonina y la dopamina, que tienen el efecto de levantar el ánimo.
El podcaster recomendaba «sol antes que pantallas» en la mañana. En otras palabras, antes de mirar el teléfono o encender la computadora, salgan a dar una caminata para empezar el día. Aunque solo sea dar una vuelta a la manzana, hay algo en estar en contacto con la naturaleza y prestar atención a la belleza que nos rodea que es curativo para el alma. El invierno pasado lo hizo difícil con todo el frío y las tormentas. Estoy agradecido por mi perra Stella, que me saca a la calle incluso cuando no tengo ganas.
Un enfoque en dormir bien y comer sano — lo que incluye beber suficiente agua — también es clave para cuidar la salud mental. Por último, he descubierto que disfrutar de las obras creativas de otras personas tiene un efecto calmante en mi alma. Escuchar música siempre me anima, y es increíble lo que una buena novela o un hermoso poema pueden hacer cuando la vida se vuelve pesada. Por supuesto, no sigo a la perfección estos principios básicos, pero intento recordarme a mí mismo que no debo dejar que lo perfecto se convierta en el enemigo de lo bueno. Hay días en los que solo consigo cumplir algunos de estos principios básicos, y eso está bien, siempre y cuando eso no se convierta en mi nueva normalidad.
Recientemente leí un libro titulado “El Último Niño en el Bosque: Salvando a Nuestros Niños del Síndrome de Carencia de Naturaleza” (Last Child in the Woods: Saving Our Children from Nature-Deficit Disorder), escrito por Richard Louv, un autor exitoso que inspiró un movimiento internacional para conectar a los niños con la naturaleza. Este es el primer libro que reúne una nueva y creciente cantidad de estudios que indican que la exposición directa a la naturaleza es esencial para el desarrollo saludable de la infancia y para la salud física y emocional de niños y adultos. Más que limitarse a alarmar, Louv ofrece soluciones prácticas y formas sencillas de sanar el vínculo roto — muchas de las cuales se encuentran en nuestro propio patio trasero.
La comunidad también es fundamental. Todos estamos luchando una gran batalla en este mundo y lidiamos con algo, aunque esa lucha no siempre sea visible, por lo que debemos ofrecer comunidad a los demás al tiempo que la recibimos de ellos. Nadie debería tener que luchar solo, y sé cuánto dolor causa esto a quienes se sienten desconectados y aislados. Gracias a Dios, todos podemos dar pasos para construir una comunidad mostrándonos vulnerables de maneras saludables.
Recuerdo esto cuando medito sobre la pintura de Caravaggio de Tomás el incrédulo que tengo en mi capilla. La forma en que el artista ha representado la escena es casi como si nuestro Señor estuviera forzando la mano de Tomás para que tocara su costado. Parece que, aunque Tomás sentía curiosidad por saber si el Señor había resucitado realmente, dudaba en tocar las heridas del Señor. Mirar esta imagen me recuerda que Jesús quiere que sea vulnerable y que me ayudará cuando sea tímido o tenga miedo — “por sus llagas hemos sido curados” (Is 53, 5).
La pintura también habla de las cosas increíbles que pueden suceder cuando somos vulnerables, porque cuando Tomás toca las heridas de Jesús, reconoce y proclama a Jesús como Señor y Dios. Me han conmovido profundamente quienes han leído mi carta pastoral, tanto en este país como en el extranjero, y me han contactado. Esto solo ha sido posible porque las personas que me rodean me animaron a ser abierto y vulnerable acerca de mis luchas. Muy a menudo, cuando estamos dispuestos a mostrarnos vulnerables y a dejar que los demás sepan lo que nos pasa, recibimos un gran apoyo, y eso suele crear o fortalecer la comunidad.
De lo que siempre podemos estar seguros — sin importar lo que esté pasando en nuestras vidas — es que no estamos solos. ¡No estás solo! Dios conoce íntimamente su sufrimiento y quiere acompañarlos en ello.
¡No teman al pensar en dar!
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¡Felices Pascuas! Al regocijarnos por la Resurrección de Nuestro Señor, quiero compartir con ustedes algunos eventos próximos que les ofrecerán varias oportunidades para poner en práctica su generosidad.
El Día Católico de la Generosidad de Nebraska se celebrará el miércoles 7 de mayo, al mismo tiempo que nuestra Campaña Anual de Caridad y Corresponsabilidad. Ya que puede resultar confuso que coincidan, me gustaría aclarar algunos puntos.
El Día Católico de la Generosidad de Nebraska se creó en parte para compartir recursos entre las tres diócesis de nuestro estado, con el fin de llegar a todos los católicos de Nebraska.
Para nosotros, en la diócesis de Lincoln, el Día Católico de la Generosidad de Nebraska sustituyó nuestra anterior participación en el Día de Dar a Lincoln (Give to Lincoln Day), que se celebra al mismo tiempo. El Día Católico de la Generosidad de Nebraska es la mayor recaudación de fondos del año para las escuelas católicas de todo el estado, y es diferente de nuestra Campaña de Caridad y Corresponsabilidad.
La Campaña de Caridad y Corresponsabilidad es de vital importancia para sus parroquias y para la diócesis de Lincoln. Por parte de la diócesis, la Campaña de Caridad y Corresponsabilidad ayuda a financiar muchos programas y ministerios que benefician a toda la diócesis. Cualquier cantidad donada a la Campaña de Caridad y Corresponsabilidad que supere el objetivo de sus parroquias será devuelta en su totalidad a sus parroquias.
La diócesis y las parroquias dependen de estos fondos para ayudar a satisfacer las necesidades materiales, espirituales y educativas de las personas a las que servimos. Así, por ejemplo, al donar a la Campaña de Caridad y Corresponsabilidad, usted está ayudando a formar a nuestros futuros sacerdotes y a proporcionar formación continua a nuestros sacerdotes actuales — por lo que es tanto una inversión en su futuro como algo que puede tener un impacto en la vida de sus parroquias ahora mismo. La Campaña también apoya a varias oficinas de evangelización dentro de la diócesis, lo cual es una forma de responder al llamado del Señor a compartir el Evangelio.
Igualmente, la Campaña apoya varios servicios sociales y a capellanes para hogares de ancianos, hospitales y prisiones, que es una forma de apoyar a los necesitados y escuchar lo que Jesús les dice: “Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme” (Mateo 25, 35-36).
A diferencia de la Campaña de Caridad y Corresponsabilidad, el Día Católico de la Generosidad de Nebraska les permite seleccionar libremente las parroquias, escuelas, ministerios y apostolados específicos de nuestra diócesis y de todo el estado que ustedes aprecian y deseen apoyar con una donación. Por ejemplo, pueden donar a su parroquia actual en la diócesis de Lincoln y a la escuela católica de la diócesis de Grand Island de la que se graduaron. O podría donar a una escuela católica local que haya despertado la fe de su nieto, o podría donar a un centro de ayuda para mujeres embarazadas para apoyar a las madres necesitadas y animarlas a elegir la vida para ellas y para sus bebés en el útero. En el sitio web del Día Católico de la Generosidad de Nebraska (nebraskacatholicdayofgiving.org) se pueden encontrar más de 150 organizaciones, y los animo a que exploren estas increíbles causas.
Somos llamados a ayudar a nuestros vecinos, y nuestra Campaña de Caridad y Corresponsabilidad y el Día Católico de la Generosidad de Nebraska son dos formas en las que podemos lograr ese objetivo. Espero que consideren en un espíritu de oración la posibilidad de contribuir a estas dos grandes causas.
Mientras reflexionaba sobre lo que podría donar, pensé en las palabras de Jesús: “Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no envejecen, un tesoro que no se agota en el cielo, donde el ladrón no llega ni la polilla corroe” (Lucas 12, 33). El dar limosna no es una sugerencia, es una directriz. Pero después de dar limosna durante la Cuaresma, es fácil sentirse agotado (aunque si no dieron suficiente limosna durante la Cuaresma, ¡esta es una maravillosa oportunidad para enmendarse!). Entre la inflación y la situación de los aranceles que generan incertidumbre económica, es comprensible el temor financiero. Por eso creo que no es casualidad que antes que Jesús mandara a sus oyentes que “vendan vuestros bienes y dad limosna”, Él les recordó: “Así, vosotros no andes buscando qué comer o qué beber, y no estéis inquietos. Por todas esas cosas se afanan las gentes del mundo. Bien sabe vuestro Padre que estáis necesitados de ellas” (Lucas 12:29-30). Por supuesto, Jesús no nos llama a ser imprudentes o negligentes, sino que nos invita a confiar en Él: “No temáis” (Lucas 12:32).
Nuestro Padre Celestial es infinitamente rico y no puede ser superado en generosidad. De hecho, Él promete directamente: “Quien se apiada del pobre, presta al Señor y Él le pagará su recompensa” (Proverbios 19:17). ¡Así que no teman al pensar en dar! Somos simples administradores de los recursos con los que el Señor nos ha bendecido, y rezo para que todos reflejemos Su generosidad al discernir nuestras donaciones. Porque todos los actos de amor y limosna nos acercan más al día en que escucharemos: “Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor” (Mateo 25:21).
Recordando a Francisco: humildad, bondad, convicción, alegría
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Aún disfrutando de la alegría pascual por la resurrección de Jesucristo, nos despertamos el lunes por la mañana con la triste noticia del fallecimiento de nuestro Santo Padre, el papa Francisco. Aunque yo era consciente de su avanzada edad y de su reciente hospitalización de seis semanas, la noticia no dejó de ser impactante para mí.
Teniendo en cuenta, sobre todo, que el Papa hizo una aparición pública el Domingo de Pascua en la Plaza de San Pedro en el papamóvil, e incluso se reunió brevemente con el vicepresidente JD Vance.
Como obispo, tengo la obligación de reunirme con el Papa al menos una vez cada cinco años para lo que se conoce como visita “ad limina”, que significa “a los umbrales” de las puertas del Vaticano. He tenido el privilegio de reunirme con el papa Francisco personalmente en otras dos ocasiones, una en 2013, poco después de su elección como 265º sucesor de San Pedro, después de una audiencia general ordinaria de miércoles en la plaza de San Pedro, y una segunda vez durante su única visita a los Estados Unidos en el 2015 para el Encuentro Mundial de las Familias en Philadelphia. Fue en esas ocasiones cuando tuve la oportunidad de ver de cerca la humildad, la bondad, la convicción y la alegría del papa Francisco.
En estos días posteriores a su fallecimiento, los expertos dentro y fuera de la Iglesia católica comenzarán a analizar sus decisiones, sus logros y su legado. En los próximos días habrá quienes juzguen sus años como Sumo Pontífice. Habrá mucho tiempo para evaluar y aprender del papado del papa Francisco, pero por ahora les pido que se unan a mí en oración, mientras reflexionamos sobre sus esfuerzos por acercarnos a Cristo.
Su humildad se hizo evidente desde el primer momento en que fue anunciado como el sucesor del papa Benedicto XVI. Eligió el nombre de “Francisco”, en honor a San Francisco de Asís, lo que indicaba la sencillez y la misericordia que caracterizarían sus años en el Vaticano. Exhortó al clero a “oler a oveja”, animándoles a caminar con el pueblo y a buscar a aquellos a quienes la sociedad podría descuidar y que más les necesitaban.
Acoger a aquellos que se encuentran en las periferias de la vida se convertiría en un sello distintivo de la vida del papa Francisco. Animó a la Iglesia a fijar su mirada y sus esfuerzos en atender las necesidades de los pobres, los enfermos, los hambrientos y los olvidados. Nos mostró cómo hacerlo lavando los pies a presos, compartiendo las dificultades de los migrantes, abrazando a los desfigurados y defendiendo la causa de los afectados por la guerra. A veces dijo verdades duras, impulsándonos a mirar a cada persona en los ojos, a ver su dolor y a acogerla en las puertas de nuestra Iglesia.
Su defensa de la vida en todas las etapas de su desarrollo se extendía desde los no nacidos hasta los ancianos y los enfermos terminales. Se pronunció en contra del aborto, condenando la “cultura de lo desechable” que descarta a aquellos que se consideran inconvenientes o que, de alguna manera, no merecen existir. En una ocasión comparó el aborto con “contratar a un sicario” para resolver un problema, y desafió a los países que intentan justificar el asesinato de los no nacidos. Su compasión se extendió a las mujeres que se enfrentaban a embarazos problemáticos, al tiempo que defendía siempre los derechos de los bebés en el vientre.
Sus opiniones sobre la dignidad de toda vida humana incluían una firme oposición a la eutanasia y al suicidio asistido. También era un gran defensor del matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer, y de la importancia de la familia, sabiendo que toda la cultura pasa por la familia. Aunque exhortaba a las personas a escuchar con el corazón a quienes luchan con la identidad de género o con la atracción hacia personas del mismo sexo, se opuso sistemáticamente a la ideología de género y a una comprensión distorsionada del matrimonio.
La primera exhortación apostólica del papa Francisco, La alegría del Evangelio, se centró en la evangelización. Incluso durante su etapa como arzobispo de Buenos Aires, mostró su interés por la evangelización, ya que fue uno de los principales artífices del famoso Documento de Aparecida del 2007 sobre el tema del discipulado misionero, relacionando el Evangelio y las enseñanzas de Cristo con los problemas económicos y sociales de América Latina. El papa Francisco nos exhortó constantemente a evangelizar a nuestros vecinos y a convertirnos en discípulos misioneros.
También nos llamó a ser buenos administradores de nuestro medio ambiente, a defender la justicia económica y a trabajar por un mundo que valore la paz por encima de la tragedia de la guerra. Trabajó para combatir la corrupción dentro de la propia Iglesia. Su implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad nos instó a escucharnos unos a otros con un espíritu de verdadera colaboración mientras buscamos soluciones y avanzamos como Iglesia.
La misión del papa Francisco era una que debería resonar en todos nosotros: compartir el amor y la alegría de Jesucristo y de nuestra Iglesia católica con el mundo — y eso significa con todos, en todas partes. En los días venideros, recen por él y por su alma, y recen por nuestra Iglesia. Recen para que el Espíritu Santo guíe el discernimiento que tendrá lugar para determinar quién será el 266º sucesor de San Pedro, cuando se elija al próximo discípulo que guiará a la Iglesia católica aquí en la tierra.
Quizás la mejor manera de reconocer las contribuciones espirituales que el Papa Francisco ha hecho a nuestra Iglesia es vivir su misión. Acerquémonos a aquellos que nuestra sociedad excluye. Defendamos la dignidad de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. Y llevemos a Jesucristo a todos, comenzando por aquellos que están más cerca de nosotros.
Que Dios lo acoja en sus brazos y que descanse en paz, Papa Francisco.
Fuimos ungidos todos, no por estatus, sino por el servicio
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El lunes 14 de abril, a las 5 p. m., en la Catedral de Cristo Resucitado en Lincoln, celebraré la misa anual del Crisma. Es una de las misas más hermosas y con mayor asistencia de todo el año, y una de mis favoritas.
Este Año del Jubileo 2025 manifiesta el gran mandato jubilar de la liberación del pecado, el perdón de las deudas y la reparación de las relaciones. La bondad de Dios hacia nosotros es tan abrumadora que podemos fácilmente quedarnos anonadados por su grandeza, o paralizados por su llamado a hacer lo mismo. ¿Cómo podemos expresar la misericordia y el perdón incomprensibles hacia los demás, que Él nos ha mostrado? La respuesta es que no podemos, sin Su gracia, que Él derrama en abundancia sobre nosotros durante este Año Santo.
El Año del Jubileo es también una gran oportunidad para enderezar nuestras relaciones con nuestros hermanos y hermanas; para expresar a aquellos en nuestras vidas, el amor y la compasión que hemos experimentado de Él. El amor de Dios no conoce parcialidad, y Dios tampoco distingue entre pecador y santo. Él ve a cada uno de nosotros a través de Su lente divino de amor.
La razón por la que Dios puede amar tan profundamente es simplemente porque el amor es Su identidad. “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Es quien Él es. Él ve la bondad oculta dentro de cada uno de nosotros, y se esfuerza por cultivarla, nutrirla y llevarla a la madurez. Por eso puede perdonar tan fácilmente. Nos ve tal y como fuimos creados y trabaja incansablemente para sacar a relucir esa bondad, ayudándonos a rechazar aquello que se interpone en el camino de la criatura perfecta que siempre quiso que fuéramos.
Él nos ve, nos conoce y nos ama; y nos pide que veamos, conozcamos y amemos a los demás de la misma manera. Por eso nos manda a “amar al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y amar a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22:37-39). Durante este Año del Jubileo, estamos llamados a asumir la visión de Cristo y ver a los demás genuinamente, como los Hijos de Dios que realmente son, como amados por Él de una manera que es casi incomprensible.
En nuestra sociedad actual, existe una comunidad de creyentes en la que esta realidad de ser vistos, conocidos y amados por los demás puede no hacerse realidad: las familias y los miembros del Cuerpo de Cristo con discapacidades. Aunque puede ser fácil “reconocer” a alguien con discapacidad, o tal vez incluso simpatizar con sus dificultades, su batalla puede ser tan diferente a la nuestra que no sabemos cómo responder y verlos como realmente son. La respuesta fácil a esto es seguir adelante tranquilamente. Lo valiente es entrar en sus pruebas y acompañarlos.
Cuando realmente vemos a alguien, se presenta una oportunidad: la posibilidad de conocer a la persona y escuchar su historia. Cada persona humana es hermosa y tiene su propia historia, cada alma tiene una gran dignidad y valor, y cada alma tiene la capacidad para la alegría.
No debemos ser ingenuos ante el sufrimiento. La constancia del cuidado que se deriva de estas discapacidades es muy real y, a menudo, abrumadora. Es fácil no ver a los miembros de la familia que se sienten como si se estuvieran ahogando en la tormenta y las mareas constantes del cuidado de las personas con necesidades especiales. Puede ser fácil suponer que todo va bien, ya que mantenemos a las personas a distancia, sin darnos cuenta de la pesadez de sus cruces. Esto no es a lo que la Iglesia y sus miembros están llamados. En la Cuaresma del 2015, el papa Francisco hizo un llamamiento a nuestras comunidades cristianas para que sean «islas de misericordia», refugios para los cansados, lugares donde las personas con necesidades especiales puedan ser vistas, escuchadas y amadas.
Amar es dar sin esperar nada a cambio. Amar a los discapacitados y a quienes los cuidan es una necesidad genuina en nuestra Iglesia y sociedad, y exige una verdadera respuesta cristiana. Conozco a muchos padres, tutores, hermanos y cuidadores que se desgastan repetidamente por sus seres queridos con discapacidades, desde la infancia de la persona hasta toda su vida adulta. Dios también los ve y los conoce, y los ama. Él nos llama a animarlos y caminar con ellos, y a amarlos también.
Esto, como tantas cosas, comienza con una invitación. Nuestras parroquias son un hogar para todos. No un hogar perfecto, sino un hogar lleno de amor y paciencia. Muchos de los que viven en nuestras parroquias son invisibles y se sienten aislados y solos. ¡Debemos responder al deseo de sus corazones! Para quien se siente aislado, no basta con desearle lo mejor. Necesitamos entrar en su mundo y decir una palabra de bienvenida a sus corazones. Si el aislamiento se ha instalado de verdad, ese es un lugar que el enemigo llena de mentiras. No debemos abandonar a nuestros vecinos.
El Santo Padre ha pedido que en el fin de semana del 26 al 27 de abril se reconozca a las personas con discapacidades durante este Año del Jubileo. Estoy enviando oraciones de intercesión a todas nuestras parroquias para que se lean ese fin de semana. Me gustaría invitar a todas las personas con discapacidades y a sus familias a que se unan a mí en el Centro Diocesano Juan XXIII, 3700 Sheridan Blvd. en Lincoln, el lunes 12 de mayo a las 7 p. m., la víspera de la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, para conocernos y rezar juntos. Tendremos una media hora santa de adoración eucarística y un rato de recepción juntos.
Les pido a todos que trabajen dentro de su comunidad, con su párroco y con aquellos que están experimentando esta realidad, para ayudar a hacer de su parroquia un lugar de acogida. Quizás se puedan ofrecer liturgias con pocos estímulos sensoriales, catequesis adaptativa o momentos regulares en los que se puedan construir y fomentar comunidades. Las posibilidades son numerosas. Empieza por todos nosotros, haciendo un espacio en nuestra agenda para que nuestros vecinos sean vistos, conocidos y amados, de la misma manera que cada uno de nosotros es visto, conocido y amado por nuestro Padre Celestial.
La conversión no ocurre sólo una vez en la vida
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A medida que nos acercamos al final de la primera semana completa de la Cuaresma, espero y rezo para que todos hayan tenido un buen comienzo de esta santa temporada de oración, sacrificio y limosna (generosidad). La liturgia, las devociones cuaresmales y las Sagradas Escrituras nos recuerdan una y otra vez que la Cuaresma es un tiempo de conversión, un tiempo para alejarnos de nuevo del pecado en nuestras vidas y volver resueltamente al Señor que nos ama, que quiere que seamos felices y que quiere darnos un futuro con esperanza. Digo “de nuevo” porque la conversión no ocurre una sola vez en la vida, sino que es una obra continua, año tras año.
Durante las distintas etapas de nuestra vida: la juventud, la adultez temprana, la mediana edad, los años dorados de la vejez, somos llamados constantemente a una conversión más profunda, a una amistad más profunda con Jesús, a una confianza más profunda en la misericordia y el amor de nuestro Padre celestial y a una docilidad más profunda a la acción del Espíritu Santo. La Cuaresma es un tiempo para reorientar nuestras vidas, reiniciar nuestra vida de oración y reavivar nuestro fervor por el Señor.
Hace unas semanas mencioné en estas páginas el hecho de que creo que estamos viviendo un “momento católico” en nuestra Iglesia. Leí con alegría en esa misma edición del Southern Nebraska Register, los testimonios de cuatro estudiantes universitarios y su viaje hacia la Iglesia Católica. Me animó mucho escuchar cómo el programa de OCIA en el Centro Newman de la UNL está a rebosar de estudiantes interesados que quieren explorar la fe católica. Este interés por la Iglesia católica se da en las universidades de todo el país.
Aunque las historias de conversión son interesantes, todos tenemos nuestras propias historias, y deberíamos conocerlas y contarlas. Mientras escribo esta columna, me estoy preparando para compartir mi propia historia de conversión en el programa de EWTN “The Journey Home” (El Viaje a Casa). Los que nos hemos convertido a la Iglesia católica viniendo de otra tradición religiosa, o de ninguna creencia religiosa, tenemos nuestras propias historias que contar. Pero todos estamos juntos en este viaje. La Cuaresma es tiempo para que todos nos preparemos para la renovación de nuestro bautismo, tanto si estamos siendo bautizados por primera vez, o si fuimos bautizados en la infancia. La Cuaresma es un tiempo para reiniciar nuestra vida espiritual.
En el Oficio de Lectura de la Liturgia de las Horas del jueves después del Miércoles de Ceniza, San León Magno, en un sermón de Cuaresma predicado a los cristianos hace más de 16 siglos, resume esta idea de manera hermosa y sucinta. Al hablar del Misterio Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, llama a toda la Iglesia a regocijarse en el perdón de los pecados durante esta santa temporada. Proclama que la Iglesia se regocija: “en el perdón de los pecados no solo de aquellos que renacen en el santo bautismo (en la Vigilia Pascual), sino también de aquellos que ya se cuentan entre los hijos adoptivos de Dios”. Continúa diciendo que “todos deben, por tanto, esforzarse por garantizar que en el día de la redención nadie se encuentre en los pecados de su vida anterior”.
Como mencioné en mi última columna, es importante que la Iglesia acompañe a los nuevos católicos en las semanas y meses posteriores a su conversión. Si las encuestas son ciertas, es triste que casi el 50% de los católicos que son recibidos en la Iglesia católica la abandonen después de unos años. Por eso es tan importante que los nuevos católicos sean bienvenidos en la comunidad parroquial y acompañados con apoyo y amistades en las semanas, meses y años posteriores a su recepción a la plena comunión.
El domingo 9 de marzo visité la parroquia de los Mártires de Norteamérica en Lincoln y celebré la misa dominical normal de las 11 a.m. Les dije a los feligreses que no estaba allí para hacer una “inspección sorpresa”, sino que solo quería participar en la misa dominical y conocer al mayor número de personas posible. Voy a intentar hacerlo más a menudo durante el Año del Jubileo. Quiero ser testigo directo de las extraordinarias historias de fe que viven las personas de nuestra diócesis.
El Padre Nathan Hall, el párroco, celebró el Rito de Envío para aquellos catecúmenos y candidatos que se preparaban para ser recibidos en plena comunión con la Iglesia Católica. Los volví a ver en la tarde en la Catedral de Cristo Resucitado, donde celebramos el Rito de Elección. La catedral estaba casi llena, y fue por mucho la mayor asistencia que recuerdo para el Rito de Elección. Me acompañaron 15 párrocos y otros sacerdotes que representaban a todas las parroquias a las que asisten estas personas.
Al final del Rito de Elección, media docena de líderes de varios apostolados de la diócesis de Lincoln se acercaron al ambón y compartieron con aquellos que se preparaban para convertirse en católicos algunas de las muchas oportunidades que existen para continuar su formación y participación en la comunidad católica. Estas son excelentes formas de acompañar a estos nuevos católicos y darles la bienvenida a la comunidad católica en general.
La oración final sobre los catecúmenos y los candidatos resume la belleza del rito:
Padre todopoderoso y misericordioso, guía bondadosamente a estos elegidos de la Iglesia y haz que, fieles a la vocación recibida, sean edificados en el reino de tu Hijo y sean sellados con el Espíritu Santo prometido. Mira también a estos candidatos y haz que, fieles a los dones ya recibidos en el Bautismo, se conformen más plenamente a la Muerte y Resurrección de Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Esa oración no solo se dirige a los catecúmenos y a los candidatos, sino a todos nosotros. Durante esta Cuaresma, podemos lograr esa conversión más profunda, una amistad más profunda con Jesús y una confianza más profunda en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, si nos centramos y nos conformamos plenamente a la Muerte y Resurrección de Cristo. Jesús nos ha mostrado el camino, ahora depende de nosotros “escribir” nuestras propias historias de fe y compartirlas con el mundo a través de nuestras vidas. La Cuaresma es un buen momento para hacerlo: ¡compartir nuestro camino mientras seguimos el de Jesús hasta el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección!
‘Caminar con Alguien’ ahora – y después, también
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Cuando miro atrás, ahora hace casi 50 años, a mi conversión a la Iglesia católica cuando era un estudiante universitario de 20 años, realmente doy gracias a Dios por la comunidad de creyentes en la que fui acogido. Mis compañeros de universidad — muchos de los cuales también eran conversos — me acogieron durante mi camino hacia la Iglesia católica y siguen siendo mis amigos hasta el día de hoy. Soy consciente de que no siempre es así para los conversos y que, según la providencia de Dios, fue gracias a la experiencia que tuve en el Programa de Humanidades Integradas (Grandes Libros) de la Universidad de Kansas durante mi primer y segundo año, que fue el impulso de mi conversión.
Por muchos años, solía decirle a la gente que me había abierto camino en la Iglesia católica a través de la lectura. Ahora que lo pienso, hubo mucho más que sólo una comprensión intelectual y aceptación de la propuesta católica. Lo que realmente cambió mi corazón fueron las amistades y los lazos que se formaron, el amor de mis maestros y el ejemplo de bondad y virtud que vivían mis compañeros de estudios como compañeros de viaje. La parte intelectual fue fácil. Lo que me atrajo a la Iglesia católica fue la transformación de mi corazón por la gracia de Dios y el amor de tantos.
San John Henry Newman, líder del “Movimiento de Oxford” en la Inglaterra del siglo XIX y, quizás, el converso más famoso a la Iglesia católica en ese siglo, escribió en alguna parte (y parafraseo) que “la fuerza y la influencia más poderosas en el alma humana, después de la gracia sobrenatural, es el ejemplo de la virtud en otra persona”. Cuando miro hacia atrás, a los meses previos a mi conversión, fue el ejemplo de mis compañeros de universidad que vivían su fe, rezaban e iban a misa, se confesaban, hablaban libremente de su fe y conocían y amaban la fe católica lo que conmovió mi corazón de una manera tremenda.
Como he dicho, tuve suerte porque no todos los que se convierten a la Iglesia católica tienen la oportunidad de vivir este tipo de experiencia comunitaria. La Orden de Iniciación Cristiana (OICA, antes llamada Rito de Iniciación Cristiana o RICA) hace un buen trabajo al tratar de construir una comunidad alrededor de la persona que se recibe en la Iglesia Católica, de modo que una vez que se convierten en católicos, ya tienen una comunidad de compañeros creyentes a su alrededor. Eso es muy importante, sobre todo en estos tiempos de aislamiento, desconexión y soledad.
Algunas encuestas afirman que casi el 50% de todos los conversos que son recibidos en la Iglesia católica cada año en la Vigilia Pascual, dejan de practicar la fe a los pocos años. Si esto es cierto, entonces es un gran problema. Tenemos que hacer un mejor trabajo de acompañamiento a los nuevos conversos en su camino después de haber recibido los sacramentos de iniciación. Tenemos que ser más intencionales en nuestras parroquias a la hora de saber quiénes son estas personas y ayudarlas a integrarse en la comunidad parroquial.
No tengo ninguna duda de que estamos viviendo un «momento católico» en nuestra cultura. Cada año, más y más estudiantes universitarios ingresan a la Iglesia católica en los campus universitarios de todo el país. En la Vigilia Pascual del año pasado en el Centro Newman de la Universidad de Nebraska-Lincoln (UNL), 42 estudiantes fueron recibidos en la Iglesia. Este año, hay casi 100 estudiantes que asisten a la clase de OICA en el Newman Center. Tienen dificultades para encontrar espacio para acomodar a todos. Es un buen problema, pero ¿por qué está sucediendo ahora?
Creo que los jóvenes, cuando miran el panorama secular frente a ellos y escuchan lo que el mundo les dice sobre lo que los hará felices, lo que les dará un propósito, lo que dará sentido a sus vidas, no están convencidos. Saben, en lo más profundo de sus corazones, que debe haber algo más de lo que el mundo ofrece.
Luego conocen a otros estudiantes que están realmente entusiasmados con su fe católica, que tienen alegría en el corazón, que viven sus vidas con sentido, propósito y celo, personas que son normales y les gusta divertirse. Los estudiantes que buscan entonces se dicen a sí mismos: “¿Por qué son diferentes? Yo quiero eso. Quiero vivir así”. Una vez más, la virtud y la bondad de otra persona pueden tener un gran impacto en alguien, sin decir ni una palabra sobre religión.
Hace poco escuché una historia sobre una joven estudiante de la UNL con muy poca formación religiosa que, en una fría noche de octubre, se encontró por casualidad con la procesión eucarística anual a la luz de las velas del Centro Newman. Mientras observaba, un estudiante que participaba en la procesión le hizo una señal para que se uniera a ellos y le dio una vela. Siguió la procesión hasta el Centro Newman para la bendición final. La invitaron a bajar a tomar chocolate caliente y galletas y conoció a algunos compañeros. Unos días después se inscribió en OICA y fue recibida en la Iglesia Católica esa primavera en la Vigilia Pascual.
Esa joven acabó convirtiéndose en misionera de FOCUS (Asociación de Estudiantes Universitarios o Fellowship of Catholic University Students) y, después de dejar FOCUS, se unió a una orden religiosa y recientemente ha profesado sus votos como hermana religiosa.
Hace poco me enteré de otra historia sobre un estudiante transferido de Asia que estudiaba en la UNL y que un día, por curiosidad, empezó a explorar el campus en Lincoln. Creció como budista y tuvo muy poco contacto con el cristianismo en su vida. Mientras exploraba la UNL, decidió entrar en algunas de las capillas del campus. Después de visitar algunas, se encontró con el Centro Newman. Al entrar en la capilla, le llamó inmediatamente la atención tanto la belleza como el silencio de la capilla. Cuando se sentó en el banco, lo primero que le vino a la mente fue: “Aquí debe ser donde vive Dios. Esta es la casa de Dios”.
Con el tiempo, conoció a un estudiante y le preguntó: «¿Puedo unirme a esta Iglesia hoy?». Lo llevaron a OICA y fue bautizado, confirmado y recibió su primera comunión en la siguiente Vigilia Pascual.
Desafortunadamente, la gente puede entrar en la Iglesia católica con gran alboroto y alegría comunitarios — y luego encontrarse bastante solos en las semanas siguientes. En el caso de los estudiantes, parte de esto, sin duda, es la vida universitaria; la gente va por caminos diferentes. Y algo de esto es humano — los conversos y los que se vuelven a convertir y sus historias son emocionantes. Pero en algunos de estos casos, la gente buscaba acompañamiento, incluso pedía acompañamiento en los aspectos más pequeños, y no lo conseguía, o incluso se les decía que buscaran en otra parte. Esta realidad ciertamente no se limita a los campus universitarios ni a los jóvenes. ¡Todos podríamos hacerlo mejor!
A los conversos les encanta contar sus historias, y con razón. Pero es importante que hagamos todo lo posible para acompañarlos en las semanas y meses posteriores a su conversión. El mes que viene tendré la oportunidad de contar mi historia de nuevo en el programa de EWTN, “The Journey Home” (El Camino a Casa). Intentaré destacar lo importante que es seguir acompañando a los nuevos conversos en nuestras comunidades, caminar con ellos y darles el apoyo que necesitan para continuar en su práctica de la fe.
De nuevo, estoy convencido de que estamos viviendo un verdadero “momento católico” en nuestra cultura. Al concluir el tercer año del Avivamiento Eucarístico Nacional, me acuerdo de la llamada a “Caminar con Alguien”. El otoño pasado, después de la Procesión y el Congreso Eucarístico Nacional, el Avivamiento inició este programa, pidiendo a todos los católicos que compartieran nuestra fe en la Eucaristía — fuente y cumbre de nuestra fe católica — con una persona... y luego que caminaran con ella, y siguieran caminando con ella mientras todos viajamos juntos hacia el cielo.
La Semana Nacional del Matrimonio se celebra del 7 al 14 de febrero, y concluye en la fiesta de San Valentín, obispo y mártir del siglo III. San Valentín ejerció su ministerio entre los cristianos perseguidos de Roma que, al igual que el Salvador a quien sirvió, murieron dando su vida por sus amigos. “Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos” (Jn 15:13).
Por eso San Valentín es el santo patrón de los matrimonios felices. Una de las verdades más hermosas sobre el sacramento del matrimonio es que es la única bendición desde el principio, “no perdida por el pecado original ni borrada por el diluvio” (Ritual de la Celebración del Matrimonio, 2.ª edición, 2016, n.º 74). Dios ha “presagiado el sacramento de Cristo y su Iglesia en este vínculo sagrado”.
Si bien el matrimonio siempre ha sido una vocación exigente y hermosa, lo ha sido aún más en los últimos años. La cultura en la que se encuentra el matrimonio hoy en día es cada vez más hostil a la verdad que representa. Por lo tanto, debemos hacer aún más para preparar a los católicos para este sacramento, respondiendo a las necesidades y desafíos que afectan a aquellos que hoy buscan entrar en este pacto santo y sagrado. Además, en las Escrituras vemos que Jesús acompañaba a las personas y les enseñaba a través de sus palabras y acciones, no enviándolas a lo desconocido hasta que estuvieran suficientemente preparadas para los desafíos que les esperaban.
En su obra maestra de 1981 sobre el matrimonio y la familia, Familiaris Consortio, el Papa San Juan Pablo II fue el precursor del catecumenado matrimonial, una nueva iniciativa del Vaticano que guía a las parejas en su camino hacia el matrimonio y la vida conyugal. En Familiaris Consortio, el Santo Padre introdujo el concepto de las tres etapas de la preparación matrimonial (remota, próxima e inmediata), en el que invitó proactivamente a toda la comunidad eclesial a esta gran obra de evangelización.
La preparación remota, que comienza en la niñez temprana, se centra en enseñar la dignidad de la persona humana en la juventud. A medida que se desarrollan, los niños y jóvenes aprenden el valor de la castidad y la complementariedad entre hombres y mujeres. Todas nuestras escuelas católicas desde Kindergarten a grado 8 en la diócesis de Lincoln ofrecen un plan de estudios de Teología del Cuerpo, basado en las enseñanzas de Juan Pablo II, que inculca estas verdades necesarias a nuestros hijos. Pero la verdadera formación de la persona humana comienza en el hogar, la Iglesia Doméstica, la primera escuela donde un niño aprende a dar y recibir amor.
La preparación próxima e inmediata implica las etapas del noviazgo que conducen al compromiso y a la preparación para el matrimonio, un camino de fe que debe conducir a un verdadero encuentro con la persona de Jesucristo. El documento del Vaticano del 2022 promulgado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, “Caminos Catecumenales para la Vida Matrimonial”, es una respuesta sistemática al deseo del Papa Francisco de ofrecer a los párrocos, cónyuges y trabajadores del ministerio familiar un enfoque renovado de la preparación matrimonial. Se basa en la Orden de Iniciación Cristiana (OICA), que precede a los Sacramentos de Iniciación.
En el catecumenado matrimonial, al igual que en el catecumenado bautismal, las parejas comprometidas eligen “parejas patrocinadoras”, mejor conocidas como parejas mentoras, para recorrer el camino con ellas. Las directrices pastorales ofrecen a las iglesias locales la libertad de personalizar y adaptar los “caminos” de acuerdo con las necesidades de la parroquia. El objetivo final es una iniciación en un “catecumenado” permanente para formar discípulos misioneros del matrimonio. La formación matrimonial está destinada a continuar más allá de la boda y en los primeros años de matrimonio, ya que se necesita mucho cuidado y acompañamiento para construir grandes uniones.
Por esta razón, en respuesta a la genuina necesidad y petición del Papa Francisco, me complace promulgar un enfoque actualizado de la preparación matrimonial para la diócesis de Lincoln, que entrará en vigor el 1 de julio de 2025. Esta nueva directiva ha estado en formación durante varios años y ha pasado por un extenso proceso de investigación y redacción por parte de nuestra directora de Vida Familiar y Discipulado, Rachael Tvrdy, y su equipo. Rachael presentó por primera vez un avance de la visión del catecumenado matrimonial en una Jornada de Estudio para Sacerdotes en septiembre del 2023. Luego organizó varias sesiones de formación en toda la diócesis para las parroquias que querían “venir a ver”, incluyendo seminarios web adicionales.
Una de las fases concretas de la investigación consistió en acompañar a los «primeros en adoptar», párrocos que se mostraron generosamente dispuestos a poner a prueba este nuevo proceso, que resultó ser muy fructífero. También fue invitada a asistir a la Cumbre del Catecumenado Matrimonial en 2023 y 2024 con un grupo selecto de obispos, líderes diocesanos y expertos en matrimonio para examinar el documento mencionado anteriormente, “Caminos Catecumenales para la Vida Matrimonial”. Estas cumbres reunieron a líderes de todo el país para discutir los pasos prácticos sobre cómo implementarlo a nivel diocesano y parroquial. Por último, la fase final de aplicación consistió en presentar la directiva ante el Consejo Presbiteral y el Consejo Pastoral diocesanos para su examen, quienes ofrecieron una valiosa retroalimentación para llevar a buen término este esfuerzo, por lo que estoy profundamente agradecido. En cada paso del proceso, me convencí cada vez más de que este enfoque tan necesario es una verdadera obra del Espíritu Santo.
El sello distintivo de este nuevo modelo de preparación matrimonial es la mentoría y el acompañamiento. Un modelo en particular que ha surgido, y que apoyo firmemente, es “Testimonio de Amor: Un Modelo Catecumenal para la Formación Matrimonial”. Este modelo llama al servicio a las parejas casadas que desean genuinamente la santidad de las parejas recién casadas; para compartir con ellos el conocimiento que han aprendido a través de sus “buenos y malos momentos”, y para caminar con ellos en su tiempo de preparación y más allá.
Los estudios sobre “Testimonio de Amor” demuestran un aumento a la asistencia a la iglesia y una disminución en la tasa de divorcios entre los recién casados que utilizan este modelo. Los estudios muestran una disminución del 77 % en la tasa de divorcios (del 23 % de media en los matrimonios católicos a menos del 6 %) entre las parejas de Testimonio de Amor. También se ha demostrado estadísticamente que la participación en la iglesia aumenta, con un incremento del 80 % en la asistencia entre los recién casados de “Testimonio de Amor”. La razón: la relación personal. Los recién casados con una pareja mentora segura y elegida que les sirve de apoyo en su parroquia son mucho más propensos a comprometerse con su fe y a permanecer casados.
Si Jesús y Su amor por Su Iglesia es el modelo del matrimonio cristiano, como el amor que San Valentín mostró por los cristianos perseguidos, entonces la mentoría y el acompañamiento de parejas se convierten en el modelo para que ayudemos a otros a vivir su vocación lo mejor que puedan. Nuestra diócesis ya cuenta con una serie de apostolados de enriquecimiento matrimonial, como los Misioneros del Espíritu Santo en la Familia, el Programa Amor y Vida, el Encuentro de Comprometidos y el Encuentro Matrimonial. Me siento muy animado por estos movimientos establecidos que están creando un efecto tan duradero para las generaciones futuras. Y, sin embargo, hay mucho más que debemos hacer. Con gran esperanza, deseo invitar a cada familia de la Diócesis de Lincoln a abrir de par en par las puertas a Cristo y a considerar la posibilidad de formar parte del catecumenado matrimonial a medida que comencemos a implementar este nuevo enfoque durante el próximo año. Considere la posibilidad de preguntar a su párroco cómo puede ayudar en esta renovación, ya sea a través de oraciones, servicio u hospitalidad.
El futuro de la Iglesia depende de matrimonios y familias fuertes. En palabras de San Juan Pablo II: “Como va la familia, así va la nación y así va el mundo entero en el que vivimos” (30 de noviembre de 1986, Perth, Australia).
¡San Valentín, ruega por nosotros!
La máxima medida de la excelencia y el éxito
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Esta semana celebramos la Semana de las Escuelas Católicas. Cada año, a finales de enero, la Iglesia Católica en los Estados Unidos resalta la educación católica, dando gracias a Dios Todopoderoso por el tremendo regalo de la educación católica.
Para cuando lean esta columna, habré visitado cinco de nuestras seis escuelas secundarias diocesanas (la sexta la visitaré en los próximos días) y un buen número de nuestras escuelas primarias. Ofreceré misas para las escuelas enteras, lideraré procesiones eucarísticas por los pasillos de las escuelas y celebraré con los estudiantes, los profesores y el personal el gozo y la maravilla de nuestras escuelas católicas. Es una semana agotadora de viaje, pero disfruto cada minuto, porque me brinda la oportunidad de ver nuestras escuelas en acción, en toda su belleza y esplendor.
¿Por qué hacemos esto a finales de enero? ¡Es por los santos! Comenzamos la semana el lunes con la fiesta de Santa Ángela Merici, fundadora de la orden de las Ursulinas, la primera orden de hermanas religiosas en los Estados Unidos dedicada a la educación católica, y quien fundó la primera escuela católica para niñas. El martes celebramos la fiesta de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico y santo patrón de todo el aprendizaje. El viernes honramos a San Juan Bosco, “¡padre y maestro de la juventud!”.
Como fue publicado en el Southern Nebraska Register (el periódico diocesano en inglés) de la semana pasada, en una hermosa gráfica de página completa titulada Retrato de un Graduado: “Cuando inscribes a tu hijo en una escuela católica de la Diócesis de Lincoln, es el comienzo de una asociación, donde los padres son los principales maestros de sus hijos. El comienzo de un viaje donde la fe es el centro de todo. La base de toda una vida. El comienzo de una vida que ve la belleza, la verdad y la bondad en el mundo y está llamada a compartirla con los demás”.
Como expresé en mi reciente carta pastoral sobre la Alegría y la Maravilla de la Educación Católica, si una escuela quiere ser auténticamente católica, de acuerdo con las enseñanzas de la Santa Sede, debe ser: 1) inspirada por una visión sobrenatural, 2) fundada en una antropología cristiana, 3) animada por la comunión y la comunidad, 4) impregnada de una visión católica del mundo a lo largo de su plan de estudios, y 5) sostenida por el testimonio evangélico. Estas cinco características están profundamente arraigadas en el ADN de una escuela auténticamente católica, y es lo que nos esforzamos por hacer en la Diócesis de Lincoln, día tras día, para nuestros 6,843 alumnos en nuestras escuelas preescolares parroquiales, nuestras 24 escuelas primarias y nuestras 6 escuelas secundarias.
Espero con ilusión cada año la Semana de las Escuelas Católicas porque tengo la oportunidad de ver y experimentar nuestras escuelas en acción – viviendo y celebrando el amor por el aprendizaje, dando gracias a Dios por nuestras escuelas católicas y mostrando mi apoyo a nuestros maravillosos padres, profesores, sacerdotes, hermanas y estudiantes, pidiendo al Señor que siga bendiciendo nuestra misión de la educación católica.
En el mundo secular de la educación, a menudo escuchamos palabras como “excelencia” y “éxito”. Son palabras estupendas, pero ¿qué significan realmente? La medida definitiva de la excelencia y el éxito en la educación católica es lo bien que educamos a la persona en su totalidad, cuerpo, mente y alma, inculcando virtud, conocimiento y sabiduría. En otras palabras, la excelencia y el éxito en la educación católica se miden por lo bien que cultivamos la fe, la bondad y la santidad en nuestros estudiantes. Nuestra misión es nutrir la vida espiritual e intelectual de nuestros estudiantes y sus familias, mientras preparamos a nuestros graduados para vivir fielmente de acuerdo con sus vocaciones dadas por Dios. Por esta razón, es crucial que enseñemos a los estudiantes cómo integrar su fe en cada aspecto de su aprendizaje.
En un artículo reciente en The Catholic Thing, David Bonagura, autor y profesor, escribió que la educación católica puede considerarse excelente y exitosa si busca:
“…desarrollar la capacidad de los jóvenes para amar a Dios con todo su corazón, mente, alma y fuerzas, y amar a su prójimo como a sí mismos. Todos los cursos y actividades de las escuelas católicas - desde aritmética, arte, banda y baloncesto hasta ciencia, tecnología, teatro y escritura – deben contribuir a alcanzar estos dos fines de la educación católica de maneras complementarias”.
Esta es la clara misión de la educación católica, y esto es lo que intentamos hacer en todas nuestras escuelas católicas de la Diócesis de Lincoln. El profesor Bonagura continúa escribiendo:
“Dios es el Creador de todas las cosas; estudiar cualquier aspecto de la Creación y ejercitar las habilidades que Él nos ha dado nos lleva de vuelta a Él. Una escuela católica alcanza la “excelencia” en la medida en que sus particularidades —currículo, deportes, actividades, programación y formación religiosa— contribuyen a acercar a los estudiantes a Dios. Y los detalles no pueden verse separados del todo. Si un plan de estudios académico ayuda a los estudiantes a crecer en sabiduría, virtud y fe, es excelente; si es una serie desconectada de cursos que no fomentan el crecimiento tanto en la razón como en la fe, no es excelente, independientemente de cuántos estudiantes se matriculen en universidades de la Ivy League o trabajen para empresas de la lista Fortune 500.”
De nuevo, del Retrato de un Graduado de la semana pasada creemos que:
“...los graduados de las escuelas católicas de la Diócesis de Lincoln no solo están preparados académicamente, sino que también están equipados espiritual y moralmente para actualizar su potencial dado por Dios. Dejan nuestras escuelas católicas listos para transformar el mundo como discípulos de Jesucristo, viviendo vidas de verdad, bondad y belleza mientras avanzan el Reino de Dios. Juntos, son testigos del valor perdurable de una educación auténticamente católica”.
En las palabras de uno de los más grandes educadores católicos en la historia del mundo de habla inglesa, San John Henry Newman escribió en su influyente Idea de una Universidad: “Llegamos al cielo usando bien este mundo, aunque está destinado a desaparecer; perfeccionamos nuestra naturaleza, no deshaciéndola, sino añadiéndole lo que está más allá de la naturaleza y dirigiéndola hacia metas más altas que las suyas”.
‘Una peregrinación de Verdad, Bondad y Belleza: Un programa de Humanidades’
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Fue una alegría personal y un privilegio pastoral celebrar la apertura del Año del Jubileo 2025 con una misa solemne en Catedral de Cristo Resucitado en Lincoln repleta el domingo 29 de diciembre, durante la octava de Navidad y en la fiesta de la Sagrada Familia. En solidaridad con los obispos diocesanos de todo el mundo, la Diócesis de Lincoln está respondiendo al llamado de nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, a ser “Peregrinos de la Esperanza” para este Año Santo de gracia únicamente histórico. Me alegró que se unieran a mí a nivel local un buen número de mis hermanos sacerdotes, hermanas y hermanos religiosos, y una gran congregación de fieles laicos, mientras entrábamos en procesión en la catedral detrás de la magnífica cruz del jubileo, ¡el símbolo de la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, y la señal segura de la esperanza!
Basándose en este tema de la esperanza, la Diócesis de Lincoln está planeando una gran variedad de oportunidades para que los fieles accedan a las abundantes gracias que se nos ofrecen durante este año santo.
Además de los destinos de peregrinación en toda la diócesis y la Indulgencia Jubilar, acabamos de lanzar “52 semanas de esperanza”. Cada semana de 2025, presentaremos a alguien de nuestra diócesis – un sacerdote, religioso o laico – que ofrecerá una reflexión sobre un versículo bíblico diferente sobre la esperanza. Lo harán en un vídeo de 60 segundos, creando “Un minuto de esperanza”. Se puede acceder a estos minutos de esperanza en nuestras plataformas diocesanas de redes sociales, y también los presentaremos semanalmente en el Southern Nebraska Register.
Otra iniciativa muy emocionante para el año del jubileo será “Una peregrinación de Verdad, Bondad y Belleza: Un programa de Humanidades”. Este proyecto de un año de duración se inspira en parte por nuestra continua colaboración con el Instituto McGrath de la Universidad de Notre Dame y nuestro programa diocesano “Preparar y proclamar: Enriquecer nuestra experiencia de la misa”, así como por un deseo personal que tengo desde hace mucho tiempo.
Como algunos de ustedes saben, fui conducido a la Iglesia Católica durante mis años de estudiante universitario, cuando era alumno del Programa Integrado de Humanidades de la Universidad de Kansas (KU). El lema de este programa era “Que nazcan en el asombro”. A lo largo de 15 años, cientos de estudiantes universitarios renacieron en asombro y finalmente se convirtieron a la Iglesia católica. Al experimentar la verdad, la bondad y la belleza a través de las humanidades en una universidad estatal muy grande y secular, sus vidas cambiaron para siempre. De hecho, ¡en aquel entonces ni siquiera había un centro de estudiantes católico en el campus de la Universidad de Kansas! Pero fue a través de una introducción al rico tesoro de la civilización occidental que cientos de estudiantes descubrieron y se enamoraron de la Iglesia católica.
La inmersión en las humanidades, “lo mejor que se ha conocido y dicho”, en palabras de Matthew Arnold, nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. Las humanidades nos enseñan sobre la humanidad — tanto sobre nuestra propia humanidad como sobre la de nuestro prójimo. Las humanidades también nos enseñan, en palabras de Joseph Pearce, “que la persona humana es un homo viator, un peregrino o caminante que viaja por la vida mortal con la vida eterna siempre en mente”.
Desafortunadamente, en los últimos 50 años se ha producido un notable descenso en el estudio de las humanidades. En cierto modo, hemos olvidado de dónde venimos. G.K. Chesterton, el gran escritor británico y converso católico de principios del siglo XX, reconoció esto de una manera casi profética cuando escribió: “El hombre moderno se parece más a un viajero que ha olvidado el nombre de su destino y tiene que volver de donde vino, incluso para averiguar adónde va”. Sufrimos de una especie de amnesia cultural en la que hemos olvidado el tremendo legado de nuestro pasado. Es a través de la exposición a las humanidades, ya sea la gran literatura, la poesía, la música, el arte o incluso el cine, que podemos descubrir nuestro propósito más profundo y el sentido de la vida, como me sucedió a mí hace años cuando era un joven estudiante universitario. También puede iniciarnos en un viaje de aprendizaje de por vida. La exposición a las humanidades, las luchas y los triunfos de aquellos que nos han precedido, puede ayudarnos a superar los altibajos de la vida, los picos y los valles, las pruebas y tribulaciones de este mundo.
No era ningún secreto que Sir Winston Churchill sufrió depresión en ocasiones durante su larga e ilustre vida, especialmente entre las dos guerras mundiales. Él lo llamó el “perro negro” que lo persiguió durante toda su vida. Fue durante uno de estos momentos oscuros que Churchill tomó el arte de la pintura. Escribe sobre este período de su vida en un pequeño libro titulado “La pintura como Pasatiempo”. Como líder mundial totalmente inmerso en las cargas de la política global, la política nacional y las demandas socioculturales de la época, Churchill sabía que era difícil mantenerse al día con su propia lectura, estudio y reflexión personales. Reflexionando sobre su vasta biblioteca de libros, meditó que “si no pueden ser tus amigos, que al menos sean tus conocidos. Si no pueden entrar en el círculo de tu vida, al menos no les niegues un gesto de reconocimiento”. En otras palabras, para ser una persona verdaderamente culta, al menos deberíamos estar familiarizados con las contribuciones a las humanidades.
Puedo identificarme con lo que decía Churchill. Fue un encuentro con la verdad, la bondad y la belleza — a través de libros, poesía, música, arte y cine — lo que me ayudó a superar un momento particularmente difícil de mi propia vida. Estos encuentros pueden sacar a uno de sí mismo y de su propia cabeza, recordándole a uno que es parte de algo mucho más grande y grandioso que sus propios pensamientos y preocupaciones. De esta manera, la experiencia de las humanidades puede incluso contribuir a una buena salud mental.
“Una Peregrinación de Verdad, Bondad y Belleza: Un Programa de Humanidades” es un intento de identificar e introducir grandes obras de literatura, poesía, música, arte y cine, a medida que avanzamos en el Año Jubilar. No se trata en absoluto de una colección completa, ni de una lista oficial. Estas obras no son todas católicas, ni siquiera religiosas. Estas recomendaciones son obras que me han impactado a lo largo de los años y, con la ayuda de algunos amigos y expertos en diversos campos, me gustaría compartirlas con ustedes.
El objetivo común de cada selección será destacar «lo bueno, lo verdadero y lo bello». Estas son cosas que deberíamos ver o experimentar a lo largo del viaje de la vida para inspirar nuestros corazones y mentes a convertirnos en la mejor persona posible — el mejor católico posible — para lo que Dios nos creó. Lo bueno es que no hay respuestas correctas o incorrectas a esta lista — ¡solo mi opinión!
Durante el Año del Jubileo en 2025, ofreceremos una peregrinación guiada a través de algunos de los mayores tesoros de nuestra cultura. Se presentarán doce temas, uno por cada mes, a través de cinco obras de literatura, poesía, música, arte y cine, que nos llevarán a la reflexión y a la discusión sobre la fe y la cultura. Como he mencionado, estos títulos y obras artísticas no son en absoluto definitivos, ni tampoco son los cinco mejores. Debido a que es muy difícil limitar la lista, ofreceré textos “secundarios” como sugerencias y recomendaciones adicionales. Estos se añadirán cada mes como apéndice a las cinco obras principales, para ofrecer sugerencias alternativas sobre el mismo tema mensual.
Se ofrecerán preguntas de debate y notas de apreciación para cada tema. Quizás podrían organizar una sesión mensual en su parroquia para debatir y apreciar estas obras juntos. Los animo a ser creativos: la lectura en voz alta, la recitación y memorización de poesía, los conciertos musicales en vivo o las obras de teatro, las visitas a galerías de arte y las noches de cine pueden ser opciones. Construir comunidad y comunión en torno a los temas de la verdad, la bondad y la belleza puede inspirar esperanza y alegría en nuestro camino juntos.
El Santo Padre quiere que el Jubileo sea un Año Santo “marcado por la esperanza que no se desvanece, nuestra esperanza en Dios”. Quiere que “recuperemos la confianza que necesitamos en la Iglesia y en la sociedad, en nuestras relaciones interpersonales, en las relaciones internacionales y en nuestra tarea de promover la dignidad de todas las personas y el respeto por el don de la creación de Dios”. Rezo para que este proyecto, “Una Peregrinación de Verdad, Bondad y Belleza: Un Programa de Humanidades”, nos inspire a ser verdaderos peregrinos de esperanza. ¡Busquen la primera parte en el Southern Nebraska Register la próxima semana!
Los números marcan el tiempo, infunden esperanza y expectativa
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Mientras hacemos los últimos preparativos para la celebración del nacimiento de Jesucristo y comenzamos la temporada navideña, recientemente he estado pensando mucho en los números.
El nacimiento de Cristo
¿No es interesante que, a pesar del aumento del secularismo en nuestro mundo actual y la aparente desaparición del cristianismo de la plaza pública, seguimos marcando nuestro calendario a partir de la fecha del nacimiento de Jesucristo? No importa qué religión profesen -o incluso si no profesan religión alguna-, aún así deben seguir un calendario que se calcula a partir del nacimiento de Jesucristo.
Este 25 de diciembre se cumplen dos mil veinticuatro años desde el nacimiento de Jesús en Belén. Por alguna razón, este hecho me ha llamado la atención este año.
El Año Jubilar de la Esperanza
Quizás otra de las razones por las que he estado pensando en los números recientemente es el hecho de que el próximo año, 2025, ha sido designado por el Papa Francisco como año de Jubileo. Un año jubilar, también conocido como “año santo”, es un año especial en la vida de la Iglesia. Como indiqué en mi carta al clero, a los religiosos y a los fieles laicos, la tradición de los años santos se remonta al año 1300, cuando el Papa Bonifacio VIII convocó el primer año santo. Desde entonces, los jubileos ordinarios se celebran cada 25 o 50 años, a los que se añaden jubileos extraordinarios en determinados años, dependiendo de necesidades especiales o aniversarios singulares.
En el Antiguo Testamento, el año de Jubileo era un año especial de perdón de los pecados, de anulación de las deudas y de indulto universal. En Levítico, leemos que los años de jubileo ocurrían cada 50 años: “Declararéis santo el año quincuagésimo, promulgando en la tierra un decreto de liberación para todos sus habitantes. Será un año jubilar: cada uno volverá a su propiedad y regresará a su familia de origen” (Lev 25:10).
Este mismo año, el 9 de mayo, solemnidad de la Ascensión, el Papa Francisco declaró en su bula de indulto titulada Spes Non Confundit (La Esperanza No Defrauda), que el 2025 será un año jubilar. Tomado de la carta de San Pablo a los Romanos 5:5, el Papa Francisco escribió: “Bajo el signo de la esperanza el apóstol Pablo infundía aliento a la comunidad cristiana de Roma. La esperanza también constituye el mensaje central del próximo Jubileo, que según una antigua tradición el Papa convoca cada veinticinco años”.
El tema del Año Santo es “Peregrinos de la esperanza”. El Papa Francisco escribe: “Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana”. El Santo Padre concluye: “Que el Jubileo sea para todos ocasión de reavivar la esperanza. La Palabra de Dios nos ayuda a encontrar sus razones”.
Misa de Apertura
El Año Santo del Jubileo se inaugurará oficialmente en Roma en Nochebuena, el 24 de diciembre, cuando el Papa Francisco abra las Puertas Santas de la Basílica de San Pedro antes de la Misa de medianoche. Las Puertas Santas se abrirán en las otras tres basílicas mayores de Roma: en San Juan de Letrán el 29 de diciembre, en Santa María la Mayor el 1 de enero y en San Pablo Extramuros el 5 de enero. También se abrirá una Puerta Santa el 26 de diciembre en la cárcel de Rebbibia, una prisión romana que el Papa Francisco ya ha visitado en dos ocasiones, para celebrar la Misa y lavar los pies a los reclusos el Jueves Santo.
El domingo 29 de diciembre, a las 6 p.m., abriré las puertas principales de la Catedral de Cristo Resucitado en Lincoln, e inauguraré el Año Jubilar para la Diócesis de Lincoln con una Misa Solemne. Se espera que todos los obispos del mundo inauguren el Año Santo localmente el 29 de diciembre con Misas en sus catedrales. Todos son bienvenidos a nuestra Misa en la Catedral de Cristo Resucitado. (De nuevo, por favor, vean mi carta adjunta para más detalles sobre lo que hemos planeado para el Año Jubilar en la Diócesis de Lincoln).
El Santo Padre ha pedido que todas las catedrales diocesanas del mundo coloquen una cruz de madera en el santuario, para recordarnos la victoria de Jesucristo sobre el pecado y la salvación que obtuvo para el mundo. El padre Troy Schweiger, párroco de la parroquia de San Patricio de Lincoln y maestro carpintero, ha elaborado una hermosa cruz de roble blanco de tamaño real que será bendecida y colocada en la catedral el 29 de diciembre, y permanecerá en el santuario de la catedral durante todo el año jubilar.
Credo Niceno
Otro acontecimiento histórico significativo que tendrá lugar durante el Año Jubilar 2025 es el hecho de que este año también se conmemorará el 1700 aniversario del Primer Concilio de Nicea y de la proclamación del Credo Niceno. Esta Profesión de Fe es el mismo Credo que profesamos, palabra por palabra, cada domingo en la Santa Misa. Es maravilloso contemplar el hecho de que los cristianos durante 1,700 años han proclamado constantemente, semana tras semana, la creencia en esta profesión de fe cada domingo en Misa.
En una columna reciente, George Weigel lo expresó así: “Fue en Nicea I cuando la Iglesia se enfrentó frontalmente a la amenaza del arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo y ponía así en cuestión las dos doctrinas fundamentales de la fe, la Encarnación y la Trinidad. Si los arrianos hubieran prevalecido en Nicea - y habían hecho un excelente trabajo propagando la herejía por todo el mundo mediterráneo - el cristianismo tal y como lo conocemos no existiría. La victoria del partido de la ortodoxia en Nicea I es, por tanto, muy digna de celebrarse en este aniversario”.
Misa de las Ámericas
Otro evento muy emocionante que tendrá lugar durante el Año del Jubileo 2025 responde a la llamada del Papa Francisco a la preparación del 500 aniversario de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe a Juan Diego en Ciudad de México, que trajo literalmente a Cristo a las Américas en 1531. “Exhorto a todos los miembros de la Iglesia que peregrina en las Américas, pastores y fieles”, dijo el Papa Francisco, “a participar en este viaje de celebración que tiene como objetivo promover el encuentro con Dios a través de Nuestra Señora de Guadalupe, para la renovación del tejido social y eclesial de estos pueblos y comunidades”.
Me complace anunciar que el 12 de diciembre de 2025, a las 6 p.m. en la Catedral de Cristo Resucitado, celebraré la aclamada Misa de las Américas, una Misa de unidad en honor de Nuestra Señora de Guadalupe y Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción encargada por el arzobispo Salvatore Cordileone y el Instituto Benedicto XVI para la Música Sacra y el Culto Divino.
La Misa de las Américas utiliza los textos en español, inglés, latín y náhuatl y eleva los himnos populares mexicanos a María (especialmente La Guadalupana) a la alta tradición musical sacra de la Iglesia. Desde su celebración de estreno en San Francisco en 2018, la Misa de las Américas, compuesta por Frank La Rocca, compositor residente del Instituto Benedicto XVI, ha viajado a catedrales e iglesias de todo Estados Unidos. La grabación musical publicada en 2022 alcanzó el número 1 en las listas de música clásica tradicional de Billboard.
El Instituto Benedicto XVI de Música Sacra y Culto Divino es una organización sin ánimo de lucro 501 (c) 3 fundada por el arzobispo Cordileone en 2018 para seguir una misión única: abrir la puerta de la belleza sagrada a los católicos y a todas las personas de buena voluntad, para acercarlos a Dios. Según la página web del Instituto Benedicto XVI: “seguimos esta misión a través de dos grandes estrategias: proporcionar recursos prácticos para liturgias más bellas y reverentes y dinamizar una cultura católica de las artes. Nuestra visión central: El arte más grande, la liturgia más grande que la Iglesia Católica haya producido está por venir”. Recientemente he sido invitado a formar parte de la junta directiva del Instituto Benedicto XVI.
El Año Jubilar concluye con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro el 6 de enero de 2026, en la fiesta de la Epifanía. Sin embargo, las Puertas Santas de las demás basílicas mayores de Roma se cerrarán el 28 de diciembre de 2025, el mismo día en que las diócesis deben concluir las celebraciones locales del Año Santo.
La muerte y resurrección de Cristo
Volvamos a los números. El Año Jubilar también mira hacia adelante, hacia otro número, el 2033. Dentro de ocho años, en el año 2033, la Iglesia conmemorará el 2000 aniversario de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, que el Papa Francisco llamó “otra celebración fundamental para todos los cristianos”.
Así pues, los números y los aniversarios son importantes. Los números no sólo marcan el tiempo y los aniversarios históricos, sino que también infunden esperanza y expectación. Como peregrinos de la esperanza, miramos hacia un futuro con esperanza. Mientras nos preparamos para celebrar la Navidad este año, rezo para que cada uno de nosotros haga nuestro propio peregrinaje de esperanza a Belén. Podemos traer con nosotros todas nuestras preocupaciones y temores y depositarlos a los pies del Salvador recién nacido, y nuestra esperanza se renovará.
Es mi oración que la Navidad y el próximo Año Santo del Jubileo, sean un tiempo de gracia, paz y esperanza para todos nosotros.
Año Jubilar de la Esperanza: Carta del Obispo Conley
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Al Clero, Religiosos y Fieles Laicos de la Diócesis Católica de Lincoln,
Es con gran alegría y esperanza, que les escribo mientras nos preparamos para el Año del Jubileo del 2025. El Papa Francisco ha proclamado este un tiempo sagrado de gracia y misericordia con el tema: Peregrinos de la Esperanza. Me gustaría animar a cada uno de ustedes a ser intencionales en su planificación para hacer de este un año de crecimiento personal en la fe mientras peregrinamos juntos.
Comenzaremos nuestra conmemoración del Año Jubilar en la Diócesis de Lincoln con una Misa de Apertura el domingo 29 de diciembre, 2024 a las 6:00 p.m. en la Catedral de Cristo Resucitado en Lincoln. Animo a todos los sacerdotes, religiosos y feligreses de la diócesis a unirse a nosotros en el comienzo de este importante año lleno de oración, reflexión y celebración.
La tradición del Jubileo se basa en las Sagradas Escrituras, en particular en el libro del Levítico, donde el Señor ordena a su pueblo celebrar un año de liberación, restauración y renovación cada cincuenta años. Era el momento de perdonar las deudas, liberar a los esclavos y devolver las tierras a sus legítimos propietarios - una expresión palpable de la misericordia y el perdón de Dios.
El Papa Bonifacio VIII proclamó el primer Jubileo cristiano en el año 1300, ofreciendo a los fieles una oportunidad extraordinaria de renovación espiritual a través de la oración, la peregrinación y los sacramentos. Desde entonces, se celebran cada 25 años. A lo largo de los siglos, los Años Jubilares se han convertido en profundos momentos de gracia, que nos recuerdan nuestro destino eterno y nuestra llamada a vivir como discípulos de Cristo.
Cada Año de Jubileo trae consigo la oportunidad para los fieles de ganar una Indulgencia Jubilar. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) define la indulgencia como “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos” (CIC 1471).
En otras palabras, una indulgencia fluye del tesoro de la Iglesia, y depende de la recepción de los Sacramentos por parte del fiel, de su deseo de crecer en santidad y del rechazo incluso del apego al pecado como barrera para su relación con Cristo. Jesús nos enseñó que todo lo que la Iglesia, a través del Sucesor de San Pedro, “[ate] en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que [desate] en la tierra quedará desatado en el cielo” (Mateo 18:18).
La Santa Madre Iglesia, por amor a sus hijos y su deseo de que crezcan en santidad, proporciona momentos únicos de gracia por los que incluso la mancha del pecado puede ser limpiada, después de que el pecado mismo haya sido perdonado a través de la confesión sacramental. Aunque hay muchas indulgencias disponibles para los fieles a lo largo del año, debido a que el Año Jubilar es de suprema misericordia y perdón, la Iglesia ofrece aún más oportunidades de limpieza espiritual a través de las Indulgencias Jubilares.
Estas indulgencias plenarias requieren que el fiel no tenga ningún apego en su corazón al pecado, ni siquiera a los pecados veniales. Sin embargo, si el desapego total al pecado no es alcanzable, en estos momentos la Iglesia todavía proporciona una indulgencia parcial a sus hijos que están trabajando hacia la santidad, pero todavía están apegados, en alguna capacidad, a sus inclinaciones pecaminosas. Las condiciones normales para recibir una indulgencia son: (1) confesión sacramental 20 días antes o después de la actividad indulgenciada, (una confesión puede contar para muchas indulgencias); (2) recepción de la Sagrada Comunión; (3) y oraciones por las intenciones del Santo Padre ('Padre Nuestro, Ave María y Gloria' es una buena opción). Por último, la indulgencia plenaria puede obtenerse una vez al día, y puede aplicarse a uno mismo o a un difunto - lo que puede ser una buena manera de rezar por las Benditas Almas del Purgatorio.
Una forma de obtener la indulgencia jubilar es visitar uno de los ocho lugares de nuestra diócesis que he designado como lugares de peregrinación jubilar.
Estos sitios son:
La Catedral de Cristo Resucitado, Lincoln
Capilla de las Hermanas Rosadas, Lincoln
Santa Elizabeth Ann Seton, North Platte
San Benito, Nebraska City
Santa María, Orleans
San Antonio, Steinauer
Asunción, Dwight
Santuario de Nuestra Señora de Fátima, Arapahoe
Además de peregrinar a estos santuarios locales, o a lugares santos designados a nivel nacional o internacional, también se puede obtener indulgencia mediante obras de misericordia y actos de penitencia. Este es un año para esforzarse por redescubrir los sacramentos, imitar la misericordia del Padre dando de comer al hambriento, visitando a los enfermos y consolando a los afligidos, y dedicar tiempo a la oración y a la reflexión.
Los animo especialmente a meditar sobre el Credo Niceno. El Año Jubilar marca el 1700 aniversario del Concilio de Nicea (325 d.C.), que nos dio el Credo de Nicea. Esta oración es una expresión perdurable de nuestra fe compartida. Se recita en cada misa dominical y nos une como un solo cuerpo, proclamando las verdades de la Trinidad, la divinidad de Cristo y la Iglesia. Mi esperanza es que cada vez que recemos el Credo Niceno, renovemos nuestro compromiso de vivir nuestra fe y permitir que dé forma a nuestras vidas.
A lo largo del Año del Jubileo, en la diócesis católica de Lincoln tendremos la oportunidad de celebrarlo juntos participando en acontecimientos especiales, conmemoraciones de oración y recordatorios únicos de nuestra fe. Leeremos y discutiremos varios libros juntos como una diócesis. Habrá noches específicas de adoración en las que podremos rezar juntos. Invitaremos a conferenciantes para aprender juntos. Incluso compartiremos juntos 52 “Momentos de Esperanza”. Próximamente daremos más detalles sobre estas y otras iniciativas, mientras trabajamos para conmemorar este Año Santo de manera significativa.
Ansío embarcarme en este viaje de fe con ustedes. Dejémonos inspirar por las palabras de San Pablo: “alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración” (Romanos 12:12). Que este Año de Jubileo 2025 sea un tiempo de profunda gracia para nuestra diócesis y para cada uno de ustedes. Juntos, ¡avancemos en la fe como peregrinos de la esperanza!
Sinceramente suyo en Cristo,
El Reverendísimo
James D. Conley
Obispo de Lincoln
Recuerden en este Adviento: ‘El amor siempre vencerá’
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El domingo pasado comenzamos un nuevo mes y una nueva estación en el año eclesiástico: el Adviento. Esta semana encendimos la primera vela de la corona de Adviento, y comenzamos una temporada de preparación para el nacimiento de nuestro Salvador, Jesucristo. Animo a cada uno de ustedes a hacer de su preparación un tiempo de alegre anticipación y reflexión en oración. El Adviento es un tiempo de nueva esperanza y expectación mientras preparamos nuestros corazones, nuestros hogares, nuestras comunidades y nuestro mundo para acoger a Jesús, nuestro Salvador.
Tuve la alegría de comenzar el tiempo de Adviento en el Monasterio de las Carmelitas de Jesús, María y José en Valparaíso. Estuve allí para celebrar la Profesión Solemne y el Velamiento de la Hermana Maravillas de Jesús.
La Hermana Maravillas (Isabella Braaten) es hija de Andrew y Carmen Braaten de Minnesota, la mayor de sus nueve hijos. Fue una alegría ver las sonrisas radiantes en los rostros de sus ocho hermanos menores cuando visitaron a su “hermana mayor” en la sala de conversación después de la Misa Pontifical, ¡por primera vez con su velo negro recién bendecido, el símbolo de su profesión perpetua!
La Hermana Maravillas ni siquiera había nacido cuando, hace 25 años, nuestras queridas monjas carmelitas eligieron venir a la Diócesis de Lincoln por amable invitación de mi predecesor, el Obispo Fabián Bruskewitz. ¡Y qué 25 años tan llenos de gracia han sido!
Con sus raíces en Guadalajara, México, las monjas carmelitas descalzas de clausura tuvieron que huir de su monasterio durante las persecuciones de la revolución mexicana en 1927. Las monjas llegaron finalmente a San Francisco, donde fundaron el famoso Monasterio de Cristo Rey, justo al otro lado de la calle de la Universidad de San Francisco.
Con el paso de los años, y a medida que crecían, acabaron fundando una casa filial en Las Vegas, a principios de la década de 1970. Mientras la ciudad de Las Vegas crecía a su alrededor, las monjas estaban desesperadas por encontrar un lugar donde pudieran disfrutar de la paz y la soledad de una vida contemplativa de oración. Fue entonces cuando encontraron el pueblo de Valparaíso (“valle del paraíso”) en lo profundo de los Alpes Bohemios del condado de Saunders.
Desde que los carmelitas llegaron a Nebraska hace 25 años, han fundado cuatro casas filiales propias en Pennsylvania (2009), California (2012), Idaho (2017) y Australia (2019). En los 12 años transcurridos desde que fui instalado como obispo de la diócesis de Lincoln, ¡he tenido el honor de presidir 18 profesiones solemnes para las Carmelitas!
El Carmelo de Jesús, María y José de Valparaíso es una extraordinaria historia de gracia y providencia divina. Comenzando en una granja propiedad de la familia Berry, construyeron un monasterio colonial español de magnífica belleza en los terrenos donados por Leonard Benes. Fue dedicado en 2001. Allí, en las pintorescas colinas del condado de Saunders, han llevado una vida contemplativa de oración y sacrificio, atrayendo vocaciones locales y de todo el país. Sólo Dios sabe las gracias que todos hemos recibido por las oraciones de estas santas monjas. El Monseñor Timothy Thorburn ha sido su fiel capellán durante la mayor parte de estos 25 años, seguido ahora por el Padre Christopher Barak en 2022.
También quería compartir con ustedes una experiencia extraordinaria que tuve hace unas semanas en el Monasterio de las Carmelitas de Valparaíso. A principios de noviembre pude asistir al magnífico estreno de la ópera “Los Diálogos de las Carmelitas”, puesta en escena por el departamento de ópera de la Universidad de Nebraska-Lincoln (UNL) en el teatro Johnny Carson. Esta ópera en tres actos fue escrita por Francis Poulenc y estrenada en La Scala de Milán, Italia, en 1957, con gran éxito de crítica. Poulenc escribió su libreto para la ópera basándose en la obra del mismo nombre del autor francés George Bernanos, quien basó su historia de la novela histórica “La Canción del Andamio” de la autora alemana Gertrude von La Fort.
La ópera es una versión de ficción de la historia real del martirio de 16 monjas carmelitas de clausura del monasterio de Compiègne, Francia, a las afueras de París, durante los últimos días del Reinado del Terror, el 17 de julio de 1794. Estas 16 monjas carmelitas fueron guillotinadas en la plaza principal de París (lo que hoy es la Place de la Nation), una a una, por negarse a renunciar a su vocación. Estas 16 carmelitas descalzas son hoy beatificadas como mártires de la Iglesia católica. Diez días después de su ejecución, el Reino del Terror llegó a su fin.
Después de asistir a esta conmovedora representación de los estudiantes de ópera de la UNL, me dirigí al director de ópera de la UNL, el profesor William Shomos, para que considerara la posibilidad de representar una parte de la ópera para nuestras monjas carmelitas de clausura de Valparaíso.
El jueves 22 de noviembre, gracias a la amabilidad y generosidad del profesor Shomos y al hábil acompañamiento del director musical y pianista William Cotton, miembro de la parroquia del Santísimo Sacramento, que también adaptó toda la partitura del francés original al inglés, un grupo de seis estudiantes actores interpretó cuatro dúos de la ópera para las monjas carmelitas. Como la «sala de conversación» es tan pequeña y las monjas están enclaustradas detrás de la «reja», el espacio era muy limitado. Al otro lado de la «parrilla», frente a toda la comunidad de monjas, había espacio suficiente para que William Cotton acompañara con el piano a los actores, que interpretaron con gran belleza y emoción cuatro de los dúos más famosos. En la sala de conversación me acompañaron el obispo Bruskewitz, el monseñor Thorburn y el padre Barak. Todos menos uno de los estudiantes actores eran católicos, ¡así que ver a sus homólogos en tiempo real fue todo un espectáculo!
Después de la representación, que duró unos 45 minutos, nuestras carmelitas cantaron un hermoso himno multiarmónico de Palestrina, para el deleite de los estudiantes. A continuación hubo un hermoso intercambio de preguntas y respuestas entre las monjas y los estudiantes, muchos de los cuales tenían edades similares. Fue un placer ver las caras de las monjas y de los estudiantes mientras conversaban sobre música, la fe católica y la vida religiosa en un monasterio carmelita. En una de las habitaciones contiguas, las monjas dejaron platos de deliciosas galletas caseras y ponche para que los estudiantes los disfrutaran por su cuenta - realmente un momento de gracia y alegría.
Mientras continuamos nuestro camino de Adviento, seamos conscientes de los momentos de gracia y alegría como éstos en nuestras vidas, y que nunca desvaloremos estos momentos. Miremos hacia dentro con humildad, acojamos la penitencia y ofrezcamos sacrificios con espíritu de amor y devoción. Estos días son un viaje que nos acercará a Dios si estamos dispuestos a dar un paso adelante y acercarnos a Él.
El Adviento es también un buen momento para pedirle a María, nuestra Santísima Madre, que nos acerque a Jesús. Ella puede enseñarnos a prepararnos para Su nacimiento, como lo hizo Ella, con amor y entrega. Aprendamos de Ella durante este Adviento lecciones de gracia, humildad y un amor desbordante por Dios.
Estos días previos a la Navidad pueden ser de mucho ajetreo, distrayéndonos del verdadero significado de la temporada. Espero que dediquen su tiempo a la oración, la reflexión y la renovación espiritual. Sería sabio mirar a las carmelitas como ejemplo de quienes se esfuerzan por hacer esto cada día.
En “Los Diálogos de las Carmelitas”, antes de que la última religiosa es asesinada, ella proclama: “El amor siempre vencerá, el amor todo lo puede”. Aprenderemos esa lección una vez más en la mañana de Navidad, cuando el Padre nos conceda el mayor regalo que jamás podríamos recibir - el Amor encarnado, Jesucristo.
Los hospitales católicos deben proteger a los niños contra la ideología de género
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Antes de que apareciera el cristianismo, los antiguos paganos griegos y romanos no consideraban a los niños personas tan humanas como los adultos. De hecho, no es exagerado decir que el cristianismo introdujo el concepto del niño que tenemos hoy, según el cual nos preocupamos más de los niños que de los adultos debido a su vulnerabilidad. Fue un concepto verdaderamente revolucionario.
Este punto de vista procede directamente de los mandatos de Cristo, cuyo punto de vista, muy firme, era también extremadamente contracultural. Cuando los discípulos trataron de impedir que los niños se relacionaran con Jesús, Él los reprendió severamente, diciéndoles que el Reino de Dios pertenecía a los niños pequeños. De hecho, nuestro Señor invierte la prioridad del adulto frente al niño, diciendo directamente que los adultos deben hacerse como los niños pequeños. Y Él dedica el lenguaje más duro de todos a los que hacen daño a los niños: dice que sería mejor que se ahogaran en el mar con una piedra de molino colgada al cuello.
Es a partir de esta visión de los niños pequeños que la Iglesia tuvo y sigue teniendo su enérgica respuesta al aborto y al infanticidio. Es esta visión la que hace que la crisis de los abusos sexuales sea tan reprobable y que la agresiva reacción de la Iglesia ante ella en las dos últimas décadas sea una exigencia. Es también desde esta visión que la Iglesia critica la brutal manipulación de los niños en lo que se refiere al sexo y al género. Tal vez no deba sorprendernos que, a medida que la voz del cristianismo se desvanece de la esfera pública, veamos una cultura repaganizada que utiliza a los niños como sujetos de experimentación - envenenándolos con bloqueadores de la pubertad y hormonas sexuales cruzadas y mutilándolos con espantosas cirugías que alteran para siempre sus cuerpos.
Dios crea a los seres humanos hombres y mujeres, junto con diversas formas de expresar esa masculinidad y feminidad. Juana de Arco, dirigiendo ejércitos en la batalla, era tan mujer como cualquier bailarina contemporánea. Un seminarista, vistiendo sotana y cantando en un coro, es tan hombre como cualquier jugador de fútbol contemporáneo. Sin embargo, es extraño y erróneo pretender que hombres y mujeres, niños y niñas, no están sujetos a realidades biológicas masculinas o femeninas. Y es especialmente atroz dañar a los niños con fármacos y cirugías para intentar escapar de esas realidades.
El Papa Francisco, a la vez que se centra acertadamente en la atención pastoral a los niños y otras personas con confusión sexual y de género, también nombra acertadamente de “malvada” a la ideología de género que lleva a envenenar y mutilar a nuestros hijos. Hace apenas unos meses, el Santo Padre la calificó como el “peligro más feo” de nuestro tiempo.
Conscientes de estas realidades, los católicos individuales y las instituciones católicas deben resistir la ideología de género - especialmente en lo que afecta a los jóvenes - siempre que la encontremos. Desgraciadamente, y esto también fue trágicamente cierto en la crisis de los abusos sexuales, las investigaciones preliminares han descubierto que estas prácticas malvadas y horribles están presentes en la Iglesia, incluso en algunos de nuestros hospitales católicos.
Un grupo llamado “Stop the Harm” (Detengamos el Daño) ha compilado una base de datos a partir de registros hospitalarios a disposición del público que muestra casi 14,000 tratamientos relacionados con cambios de sexo que se administraron a niños menores de edad en los Estados Unidos - y casi 150 hospitales católicos aparentemente tenían códigos para procedimientos que indican que estaban involucrados. Al parecer, los hospitales católicos recetaron tanto bloqueadores de la pubertad como hormonas para cambiar de sexo - y no pocos incluso practicaron cirugías mutilantes a niños.
Estoy agradecido de poder decir que no hay evidencia de que algo como esto esté sucediendo en las instituciones católicas de salud en la diócesis de Lincoln, pero como alguien con funciones de liderazgo pastoral dentro de la Asociación Médica Católica y la Alianza de Liderazgo de Salud Católica - y como seguidor del mandato de Cristo de dar especial prioridad a los niños - no puedo permanecer en silencio, sabiendo que las instituciones católicas hacen esto a los más vulnerables en nombre de la Iglesia.
Hay que observar que algunos de los hospitales católicos de la lista aparecen porque se trata de casos aislados o de cifras de un solo dígito. Es posible que en estos casos se confundieran los códigos de los hospitales y, por tanto, deberían rectificarse fácilmente. También es posible que estemos hablando de unos pocos médicos deshonestos o de casos en clínicas externas aisladas dentro de los vastos sistemas hospitalarios que son los infractores, pero esto no es cierto en todas las circunstancias. Muchos hospitales católicos están participando en este feo mal y deberían llevarse a cabo investigaciones completas. Y deberían llevarse a cabo con el mismo vigor con el que hemos investigado otros abusos a menores que han tenido lugar en instituciones católicas.
Resulta interesante que los procesos basados en datos - especialmente a la luz del Informe Cass, el informe más completo basado en evidencia sobre el tratamiento de la identidad de género en niños - estén llevando a los países europeos, aunque anteriormente estaban de acuerdo, a rechazar este tipo de tratamiento en niños. A pesar de no compartir plenamente nuestra concepción cristiana de la persona humana sexuada, países como el Reino Unido, Suecia, Finlandia y varios otros han rechazado este tipo de tratamiento en niños por considerar que no tiene ningún fundamento científico y que los riesgos son grandes sin pruebas de beneficios a largo plazo. La Academia Europea de Psiquiatría Infantil y Adolescente, que representa a más de 30 países, ha declarado que debemos dejar de experimentar con niños, admitiendo esencialmente que estamos experimentando con estos seres humanos vulnerables sin ninguna prueba de resultados positivos a largo plazo.
Y no se trata solo del Informe Cass. El New York Times realizó recientemente una investigación sobre un estudio de 95 niños con “angustia de género”, siguiéndolos desde el 2015 con el fin de determinar los resultados de darles bloqueadores de la pubertad. A pesar de que una cuarta parte presentaba depresión o tendencias suicidas, los datos muestran que los fármacos no tuvieron ningún impacto en la salud mental del grupo. Significativamente, a pesar de recibir casi diez millones de dólares del NIH para el estudio, el autor (que es un activista a favor de este tipo de transición medicalizada) se niega a publicar los datos por temor a que sean “utilizados como armas” por los oponentes a estos procedimientos.
Pero un planteamiento riguroso de la ciencia nos da buenas razones para estar en oposición. Los datos demuestran que aproximadamente el 80% de los niños con confusión sobre el sexo y el género dejan de tenerla al llegar a la edad adulta y, por tanto, deberíamos volver a la práctica bien establecida de la “espera vigilante” como respuesta pastoral a los niños en estas circunstancias. Deberíamos ofrecerles asesoramiento psicológico sólido para afrontar su angustia. Amarlos en la plenitud de las realidades que Dios les ha dado no significa afirmar un concepto erróneo e incoherente de “haber nacido en el cuerpo equivocado”.
En vez de llevarlos por el camino que el Papa Francisco acertadamente llamó malo y feo, las personas e instituciones católicas deben proteger y afirmar a los niños y la bondad del cuerpo que tienen. Pero ¡ay de las personas e instituciones católicas que envenenan y mutilan a los niños! Volviendo a las palabras de nuestro Señor: mejor les fuera que se colgaran al cuello una piedra de molino y se les arrojara al mar.
+James D. Conley
Obispo de Lincoln
Asesor Episcopal Nacional de la Asociación Médica Católica
Presidente de la Junta Episcopal Asesora de la Alianza Católica de Liderazgo para la Salud
7 de noviembre de 2024
Rezo para que cada paso que den los acerque más a Él
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Un peregrinaje es una especie de metáfora sobre la vida. Todos somos peregrinos en tierra extranjera, ya que el cielo es nuestro verdadero hogar. En este mundo, todos somos extranjeros en tierra extraña. Estamos en este mundo, pero no somos de este mundo. Caminamos con el corazón inquieto, como nos recuerda San Agustín, porque fuimos hechos para mucho más de lo que este mundo puede ofrecer. Y, sin embargo, el mundo eterno tiene una forma de irrumpir continuamente en este mundo, revelando, si tenemos ojos para ver, un mundo que es invisible y mucho más hermoso que el que vemos.
Al describir la idea de un peregrinaje, Hilaire Belloc, mi historiador católico inglés favorito, escribió que “un peregrinaje es, por supuesto, una expedición a algún lugar venerado al que le impulsa a uno un vívido recuerdo de las cosas sagradas vividas, o una larga y maravillosa historia de experiencia humana en asuntos divinos, o una atracción personal que afecta al alma” (“La Idea de un Peregrinaje” de Hills and The See, por Hilaire Belloc, 1953).
Belloc lo expresó así: las cosas de este mundo no son más que una “cosa ordinaria transfigurada”. Por tanto, la tarea de un peregrinaje es, de alguna manera, “venerar una humanidad absorbida por lo divino” y, en nuestro viaje, “entrar y deleitarnos en lo divino oculto en todo”. Esta fue la idea que llevé conmigo al emprender una peregrinación de 10 días a Santiago de Compostela, en España, a principios de este mes.
Esta fue la cuarta vez que recorrí los caminos de tierra y adoquines del Camino de Santiago de Compostela. El Camino, como muchos de ustedes saben, es un peregrinaje a la tumba de San Santiago el Mayor, uno de los 12 discípulos de nuestro Señor. Es uno de los peregrinajes más populares del mundo. Hasta 500,000 personas la recorren cada año, y cada vez son más. Desde el siglo IX, cuando se redescubrió la tumba de San Santiago en el oeste de España, la gente ha recorrido los caminos hacia Santiago desde toda Europa y más allá. Aunque el Camino Francés es, por mucho, la ruta más popular, hay literalmente docenas de rutas a Santiago que se han forjado a lo largo de los siglos.
Mis compañeros de viaje y yo, dos obispos y un sacerdote, decidimos este año cambiar de ruta y recorrer el Camino Inglés, a veces llamado Camino Celta. Se trata de una de las rutas más cortas hacia Santiago de Compostela, con apenas 140 millas de senderos tanto en Inglaterra como en España. Se cree que el Camino Inglés fue la ruta que siguieron los peregrinos del norte de Europa, sobre todo de Gran Bretaña e Irlanda, que llegaron al norte de España por mar.
El Camino Inglés comienza en Reading, Inglaterra, a 42 millas al suroeste de Londres, en la iglesia parroquial de San Santiago, donde hay una reliquia de San Santiago en el altar. Desde Reading, la ruta avanza por el sur de Inglaterra, a través del condado de Hampshire, por la ciudad medieval de Winchester, hasta la ciudad portuaria de Southampton. Este camino está marcado por colinas ondulantes y ríos, y recorre unas 50 millas, o cuatro días de caminata. Mientras los peregrinos de antaño tomaban luego un barco hasta el norte de España, nosotros optamos por volar.
La parte española del Camino Inglés comienza en Ferrol, España, en el estado de Galicia. La porción española de la ruta tiene aproximadamente 72 millas, y atraviesa bellos paisajes verdes y escarpados bosques del norte. A medida que se sube y se baja por las colinas, a veces es posible ver la costa oeste de España y el Océano Atlántico. El hermoso paisaje costero no es nada plano y las arduas subidas se ven recompensadas por las vistas de la costa y los acogedores pueblos y cultura gallegos.
Un peregrinaje no es sólo lo que se ve por el camino. Se trata de lo que se siente. Se trata de alejarse del ajetreo diario de la vida, para dedicar intencionadamente tiempo a reflexionar sobre la bondad de Dios. A veces, compartía mis pensamientos con mis compañeros de viaje, mientras que otras veces, reflexionaba en silencio y rezaba por la gente de la diócesis de Lincoln, y en particular por aquellos que luchan en su propio viaje que se ha vuelto arduo. Aunque todos nuestros viajes incluyen tramos difíciles, momentos agotadores y fatigosos en los que nos vemos desafiados, es importante recordar que el destino está siempre justo delante, donde nuestras luchas serán sustituidas por la alegría. No podemos perder esto de vista - ya sea nuestro peregrinaje por las colinas de España o nuestra peregrinación eterna por esta vida hacia el Cielo.
Todo peregrinaje tiene un elemento de dificultad física y mental. La mía llegó en forma de espasmos en la espalda durante los dos primeros días en Inglaterra. Nunca había sufrido espasmos de espalda, y ahora siento un nuevo respeto y empatía por quienes padecen dolores de espalda crónicos. Mis espasmos fueron tales que tuve que coger un Uber durante los dos primeros días, y reunirme con mis compañeros en el siguiente destino.
El tercer día, mandé mi mochila por delante y pude caminar. El cuarto día, por fin pude llevar mi mochila y caminar. ¡Mis compañeros tuvieron mucha paciencia conmigo y los dueños de los alojamientos fueron muy amables preparándome té caliente y botellas de agua caliente!
En la parte española de la ruta, me las arreglé para dejar mi pasaporte y todo mi dinero e identificación en una cafetería en la que nos detuvimos una lluviosa media mañana, y no lo descubrí hasta la siguiente pausa para el café. La cafetería donde descubrí que había extraviado mis credenciales era propiedad de dos hermanas, una de las cuales hablaba un inglés perfecto, ya que se había criado en Londres. Rocia me llevó en coche a la cafetería anterior y la dueña me devolvió encantada el pasaporte y las credenciales, sonriendo y diciendo que eso siempre pasaba. Gracias a Dios, en el Camino existe un verdadero código de honestidad y etiqueta. Había sonrisas y risas por todas partes.
Estas dos experiencias me dieron mucha humildad en distintos sentidos. Me recordaron que dependo radicalmente de los demás y que no somos autosuficientes y nos necesitamos mutuamente en el camino. Una vez más, escribe Belloc, “el peregrino es humilde y devoto, y humano y caritativo, y dispuesto a sonreír y admirar, por lo que debe comprender la totalidad en su camino, la gente en él, y las colinas y las nubes, y los hábitos de varias ciudades”.
Finalmente llegamos a Santiago de Compostela y celebramos la Santa Misa junto a la tumba de San Santiago el Mayor, con gratitud en el corazón y un sentido de satisfacción por haber cumplido nuestro objetivo. Permítanme concluir con una última cita de Hilaire Belloc. La mejor manera de hacer un peregrinaje es a pie, “donde uno es un hombre como cualquier otro hombre, con el cielo encima de uno, y el camino debajo, y el mundo a cada lado, y tiempo para verlo todo”.
Que Dios los bendiga en su propio peregrinaje por esta vida. Observen la bondad de Dios y de los que los rodean a lo largo del camino, sientan Su amor por ustedes, y nunca pierdan de vista su destino. Rezo para que cada día -y cada paso que den- los acerque más a Él.
Un profeta para nuestro tiempo
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El obispo James Conley predicó la homilía el 28 de septiembre en la misa conmemorativa del octogésimo cumpleaños del arzobispo Charles J. Chaput, OFM, Cap. El obispo Conley sirvió como obispo auxiliar con el arzobispo Chaput en Denver, antes de que Chaput fuera nombrado arzobispo de Filadelfia. El arzobispo se jubiló en el 2020.
La misa por el arzobispo Chaput se celebró en la iglesia de Santa María en Annapolis, Maryland. A continuación sigue el texto de la homilía del obispo Conley.
Las Escrituras de hoy hablan de la generosidad del Espíritu Santo, que concede dones a quienes están cerca del maestro, Moisés y Jesús respectivamente, por lo que es apropiado que todos nosotros estemos aquí reunidos en honor de uno de los grandes maestros de nuestro tiempo. Cada uno de nosotros, a nuestra manera, somos beneficiarios de una gracia que fluyó de su ministerio. Cada uno de nosotros es como Eldad y Medad en la lectura del Antiguo Testamento, y como la persona anónima del Evangelio de hoy que expulsó demonios en nombre de Jesús. Nuestros ministerios fluyen directamente de uno de los grandes profetas y maestros de nuestro tiempo y lugar: el arzobispo Charles J. Chaput.
En la primera lectura, Moisés fue incitado a impedir que Eldad y Medad predicaran porque no formaban parte de los setenta ancianos. Vemos, pues, que el clericalismo no es algo nuevo, sino que parece estar casi programado en nuestra naturaleza caída. En la lectura del Evangelio, de nuevo vemos una forma de clericalismo cuando los Apóstoles intentaron impedir que alguien hiciera milagros en nombre de Jesús.
Tanto Moisés como Jesús rechazaron el miedo que a menudo rodea al clericalismo y abrieron ampliamente las puertas para que el Espíritu Santo actuara a través de todos los fieles. Lo mismo sucede con nuestro amigo, el arzobispo Chaput.
Si hubo alguna vez un líder moderno en la Iglesia que animara a todos los fieles a dejarse guiar por el Espíritu Santo, ése fue el arzobispo Chaput. Como lo oí decir muchas veces: “Mi trabajo es apartarme del camino del Espíritu Santo”. Y así lo hizo, a lo grande. Dio la bienvenida a sacerdotes, religiosos y laicos para que probaran cosas nuevas, pensando fuera de lo convencional, con la expectativa de que el Espíritu Santo desea traer nueva vida a la Iglesia y hacer nuevas todas las cosas a través del trabajo creativo de todos los fieles, laicos y clérigos por igual.
Después de ser nombrado obispo a la temprana edad de 43 años en Rapid City, S.D., menos de diez años más tarde, en 1997, por la sabiduría y la providencia de Dios, un joven franciscano nativo americano fue nombrado arzobispo de Denver ante el extraordinario acontecimiento de la Jornada Mundial de la Juventud de 1993. Esta decisión de San Juan Pablo II, guiada por el Espíritu Santo, ha cambiado la Iglesia, no solo en Denver, y no solo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo.
La Nueva Evangelización, que fue uno de los rasgos distintivos del pontificado de Juan Pablo Magno, nunca se hizo más realidad que en Denver, Colorado. Cada uno de ustedes es una prueba de esta verdad. Hoy, con ocasión de la celebración del octogésimo cumpleaños del arzobispo Chaput, recordamos su vasto legado: Los apostolados laicales, que siguen transformando el mundo; la renovación de la vida del seminario con la innovación del año de espiritualidad, ahora llamado etapa propedéutica, que es una parte común de la vida del seminario, pero que en aquel momento era un gran riesgo para un seminario americano; la infusión de ideas que fluyeron del intelecto furtivo y la prolífera pluma del arzobispo; y, como todos nosotros podemos atestiguar, las profundas amistades que fomentó.
Sabemos que el arzobispo tiene sus adversarios, pero ellos no lo conocen como nosotros. No conocen su profundo amor por sus amigos y por todos los que están a su cargo; no conocen su sencillez de vida basada en su amor franciscano a la pobreza; no conocen su obediencia desinteresada a la Iglesia; no conocen su amor por la verdad, templado por una auténtica compasión por los pobres espiritual y materialmente. Conocemos todas estas cosas y más, y por eso con razón las celebramos hoy.
El arzobispo Chaput no es sólo un hombre que Dios, en su misericordia, nos dio por un tiempo; su legado durará mucho más que todos nosotros. Pero es importante que nosotros mismos asumamos la responsabilidad de continuar su legado. Hemos recibido un gran regalo con la vida y la amistad del arzobispo Chaput, que nos impone la obligación de modelar su ejemplo de dejar que el Espíritu Santo actúe generosamente y sin miedo a través de nosotros.
Tengo tantos recuerdos de mi tiempo con él en Denver, pero uno que está marcado en mi alma es el de las misas de los domingos por la tarde para los jóvenes adultos. Se notaba que era su cita más importante de la semana, semana tras semana. Los jóvenes acudían numerosamente a la catedral los domingos por la tarde, hasta el punto de que sólo había espacio para estar de pie. Predicaba el Evangelio de un modo que desafiaba a los jóvenes, pero también les daba esperanza. Dejó claro que estaban llamados a algo grande, en el espíritu de Juan Pablo II, que había predicado en la misma catedral y había llamado a la Jornada Mundial de la Juventud de Denver una revolución.
El arzobispo Chaput nos hizo sentir a todos que estábamos llamados a algo más grande de lo que nosotros mismos podíamos imaginar. Yo no sería obispo sin que él viera en mí algo que yo no veía, e imagino que todos ustedes atribuyen gran parte del éxito de su trabajo a la confianza que él depositó en ustedes.
El arzobispo Chaput fue el general de campo de la revolución y los fieles respondieron a su llamado en parte porque vivió lo que hoy proclama el salmista: Los preceptos del Señor alegran el corazón. En todos los años que lo conocí, el arzobispo Chaput dio testimonio de un corazón alegre, incluso en los momentos difíciles.
No es ningún secreto que su traslado a Philadelphia fue un cambio tremendo con respecto a Denver. Philadelphia no tenía la joven cultura católica de Denver. Era una cultura católica antigua que tenía muchos desafíos, más de los que cualquiera de nosotros probablemente sepa. Y, sin embargo, el arzobispo seguía mostrando un corazón alegre que sólo puede explicarse como un don del Espíritu Santo.
La vida en el Espíritu Santo del arzobispo Chaput fue visible en su gestión del Encuentro Mundial de las Familias en Philadelphia, que realizó en fiel obediencia al Santo Padre, y en mucho más. Las muchas decisiones difíciles que tuvo que tomar, tanto en Denver como en Philadelphia, y sin duda en Rapid City y en su tiempo como provincial de su comunidad, fueron fruto de su confianza en el amor de Cristo por la Iglesia.
Permítanme mencionar también nuestra decepción por el hecho de que no haya sido elevado al Colegio Cardenalicio. No creo que sea algo que preocupe al arzobispo, pues nunca le interesaron los títulos ni los honores individuales. Nunca lo hemos discutido, pero es una tristeza para el resto de nosotros, porque habría sido un regalo para la Iglesia, que habría inspirado más coraje en la Iglesia y habría dado al Espíritu Santo más oportunidades de actuar de forma creativa. Pero no sucedió así, lo que sólo puedo calificar como la peor forma de política eclesiástica cuando, por razones aparentemente ideológicas, se pasa por alto a un hombre de pobreza, celo evangélico y profundas dotes intelectuales. Confiamos en que el Espíritu Santo siga sacando algo bueno de todo esto, pero es una decepción que merece ser reconocida.
Con corazones agradecidos, sin embargo, celebramos a un hombre que es testigo de la obra creativa del Espíritu Santo. Damos gracias a Dios porque nuestras vidas se cruzaron con la suya. Y rezamos para que el don de su vida siga moldeando a la Iglesia. Con todo esto en mente, recordamos el lema episcopal del arzobispo Chaput: “Como Cristo Amó a la Iglesia”. Hoy reconocemos su amor por cada uno de nosotros, y nuestro amor por él. Que su testimonio de amor a la Iglesia siga dando frutos radicales en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia.
La Reunión Inaugural del Consejo Pastoral Diocesano
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El sábado 14 de septiembre, duodécimo aniversario de mi nombramiento episcopal en Lincoln, convoqué la reunión inaugural del Consejo Pastoral Diocesano (CPD) de la diócesis de Lincoln. Aunque casi todos saben lo que es un consejo pastoral parroquial, es posible que no estén familiarizados con lo que es un consejo pastoral diocesano. Al igual que los consejos parroquiales, los consejos pastorales diocesanos fueron solicitados en los documentos del Concilio Vaticano II, así como en el Código de Derecho Canónico revisado del 1983. Aunque no son obligatorios (como los consejos económicos a nivel parroquial y diocesano), los consejos pastorales diocesanos están “altamente recomendados” en los documentos de la Iglesia.
El Decreto del Vaticano II sobre el Oficio Pastoral de los Obispos en la Iglesia, “Christus Dominus” (25 de octubre de 1965), dice lo siguiente:
Es muy deseable que en cada diócesis se establezca un consejo especial, presidido por el mismo obispo diocesano y en el que participen clérigos, religiosos y laicos especialmente elegidos para este fin. Corresponderá a este consejo investigar, considerar y formular conclusiones prácticas sobre las cosas que pertenecen a las obras pastorales.
Aunque es cierto que no todas las diócesis tienen un consejo pastoral diocesano, a lo largo de los años he pensado y rezado sobre cómo un consejo de este tipo podría ser beneficioso para mí y para la diócesis en cuanto a la planificación pastoral para el futuro. En mi carta a todos los sacerdotes a principios de este mes, escribí: “Un consejo pastoral diocesano ayuda a asesorar al obispo en su papel de pastor de la iglesia local y permite un foro para que el obispo comparta su visión pastoral con líderes laicos seleccionados y probados en su diócesis. El CPD está compuesto principalmente por laicos, es de naturaleza consultora/asesora, y se ocupa ampliamente de todas las cuestiones y oportunidades que afectan a la vida pastoral de la diócesis de Lincoln y de la Iglesia en general”.
Con razón se podría preguntar: ¿cómo selecciona el obispo a los miembros del CPD? En junio, escribí a todos los párrocos de la diócesis pidiéndoles que dieran nombres de líderes laicos probados que estuvieran dispuestos a servir. Quería contar con representación de los 15 decanatos, del norte y del sur, del este y del oeste. También quería contar con una amplia diversidad de orígenes étnicos, así como con hombres y mujeres de todas las edades. Pedí a los párrocos que me enviaran los nombres de hasta tres laicos “de buena reputación” que sean “activos y comprometidos en la Iglesia... enteramente fieles a sus enseñanzas, y sacramentalmente regulares en su estado”. Mis párrocos fueron muy receptivos, y recibí más que suficientes nombres entre los que elegir. No todas las personas a las que invité a servir pudieron comprometerse debido a obligaciones familiares, laborales o de otro tipo, pero 16 personas dijeron que sí. Con la adición de los cuatro miembros “ex-officio” de mi personal ejecutivo, tenemos un consejo de 20 miembros, tres clérigos, una religiosa y 16 fieles laicos.
En otro documento de la Iglesia, Omnes Christifideles, escuchamos estas palabras:
Los miembros del consejo pastoral deben reflejar a toda la diócesis, y la mayoría de los miembros deben ser laicos, ya que la mayor parte de la comunidad diocesana está compuesta por laicos. Ciertamente, el consejo es consultivo; sin embargo, sus recomendaciones son de gran ayuda para el obispo a la hora de tomar una decisión. La obediencia y reverencia que los fieles deben mostrar a sus sagrados párrocos fomenta una manifestación abierta y sincera de lo que se necesita para el bien de la Iglesia. El obispo debe estimar mucho las propuestas del consejo y considerar seriamente los juicios sobre los que los consejeros están de acuerdo, preservando la libertad y la autoridad que le corresponden por ley divina para su servicio pastoral a la porción del Pueblo de Dios confiada a su cuidado (OC 7 y 8).
El Consejo Pastoral Diocesano se reunirá cada trimestre, y se pide a cada miembro que preste servicio durante un período de tres años. El consejo se reúne siempre en un sábado, de 10 a.m. a las 2 p.m., e incluye un almuerzo ligero. Para los que puedan asistir, ofrezco la Santa Misa a las 9 a.m. en la Catedral del Cristo Resucitado.
Con la ayuda de Jennifer Gutiérrez, que actuó como facilitadora, dedicamos la primera sesión a presentarnos y conocernos. Luego, Jennifer nos condujo a través de una “sesión de escucha” para oír de los miembros lo que ven como fortalezas y desafíos en la diócesis, y cuáles son sus esperanzas para el futuro. Agradezco a Jennifer que facilitara esta primera reunión y nos ayudara a poner en marcha el CPD.
En la sesión de la tarde, invitamos a Marion Minor, de la Conferencia Católica de Nebraska, para que nos hablara de los retos a los que se enfrentan los católicos en el ámbito público, especialmente en relación con las iniciativas electorales que votaremos en noviembre. A lo largo de su presentación, nos dimos cuenta de la urgencia de estas cuestiones, convenciéndonos más que nunca de que debemos hacer todo lo posible para derrotar la iniciativa proaborto 439. Animé a todos nuestros miembros a que volvieran a sus parroquias y decanatos y hablaran con sus vecinos y comunidades en general sobre lo importante que es votar para proteger a las mujeres y a los niños. Después de nuestras discusiones y de escuchar a los miembros del CPD, simplemente no puedo ver cómo ningún católico o cristiano en buena conciencia podría votar a favor de la iniciativa 439.
Me complació mucho la primera reunión del Consejo Pastoral Diocesano, y me sentí sumamente edificado y humilde por el celo y la fe de sus miembros. El llamado de los miembros del CPD, y de todos los fieles laicos de nuestra diócesis, es de llevarnos unos a otros a la Iglesia de una manera mayor a través de nuestros trabajos pastorales. El consejo y asesoramiento del CPD será un instrumento valioso que fortalecerá nuestra conexión mutua, en toda la diócesis, mientras aceptamos este llamado pastoral y caminamos juntos para cumplir esta misión. Espero trabajar de cerca con el CPD mientras planeamos y oramos por el futuro de la diócesis, que incluirá oportunidades para que todos ustedes participen en sesiones de escucha para compartir sus esperanzas para el futuro de nuestra diócesis. En los próximos meses se facilitará más información al respecto. Les rogamos que tengan presente esta iniciativa en sus oraciones.
Todos podemos hacer esto. No es difícil.
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Han pasado casi dos meses desde la conclusión del Congreso Eucarístico Nacional en Indianápolis. Se reunieron más de 50,000 católicos de todos los Estados Unidos, y cientos de miles -quizás millones- más se unieron a través de la Red de Televisión del Verbo Eterno (EWTN) y por el Internet. Fue realmente un momento católico extraordinario en la historia de nuestro país.
Tampoco podemos olvidar que el Congreso Eucarístico Nacional fue precedido por una Peregrinación Eucarística Nacional a través del país, de tres meses de duración y 6,000 millas de largo, en la que las cuatro rutas se encontraron en Indianápolis el día antes de que comenzara el Congreso. Una de esas rutas -la ruta occidental conocida como la ruta de San Junípero Serra- atravesó Nebraska, cruzando las tres diócesis de nuestro estado. Una vez más, este tipo de acontecimientos son históricos y no ocurren todos los días.
Si bien es cierto y no es sorprendente que estos eventos no fueron cubiertos por ninguna de las principales redes de televisión secular o medios de comunicación, no obstante, fue un evento sin precedentes y estoy absolutamente convencido de que seguirá dando sus frutos en las próximas décadas. Dios honrará la manifestación pública de fe, amor, devoción, alegría y reverencia a Su Hijo Jesús, en la Sagrada Eucaristía.
En su homilía para la conclusión del Congreso Eucarístico Nacional en Indianápolis el 17 de julio, el Cardenal Luis Antonio Tagle, pro-prefecto para la sección de evangelización del Dicasterio para la Evangelización en el Vaticano, recordó a todos que la conclusión del Congreso Eucarístico Nacional es realmente un comienzo. Comienza el tercer año del Reavivamiento Eucarístico Nacional, el año de la “misión”.
El cardenal comenzó su homilía diciendo: «Jesús es enviado para ser entregado por el Padre a los demás, enviado para ser un don. No es enviado sólo para pasearse y divertirse. Es enviado para ser dado». En otras palabras, Jesús cumple su misión del Padre de salvar al mundo del pecado dando Su vida en la cruz, mientras que, al mismo tiempo, se entrega al mundo en la Sagrada Eucaristía, para poder permanecer con nosotros en la tierra hasta el fin del mundo. Pero permanece con nosotros, para ser entregado.
El Cardenal Tagle continuó, “la presencia de Jesús en la Eucaristía es un don y el cumplimiento de Su misión”. De modo que en el don de Jesús en la Eucaristía se encuentran Su misión y Su don. Y luego dice a Sus apóstoles: “Ahora vayan y hagan esto en memoria mía. Vayan hasta los confines de la tierra y den este don a los demás, como Yo les he dado este don a ustedes”.
“La presencia de Jesús en la Eucaristía es un don y el cumplimiento de Su misión. Este es mi cuerpo por ustedes, mi sangre por ustedes. Siempre para ustedes, para todos. Nunca para mí, para ti, para todos. En Jesús, se encuentran la misión y el don del sí mismo, la Eucaristía es un momento privilegiado para experimentar la misión de Jesús como don de Sí mismo”.
¿ Sabían que la palabra Misa procede del latín Missa? De ahí viene la palabra misión. “Ite Missa est”, (la Misa ha terminado), ahora vayan en paz. Salgan al mundo y conviértanse en discípulos misioneros.
Pero, ¿cómo lo hacemos de forma práctica? ¿Cómo compartimos el don amoroso de la Eucaristía? ¿Cómo lo compartimos con los que se han alejado de la vida sacramental de la Iglesia, o con los que no son católicos en absoluto?
En primer lugar, debemos amarlos. Debemos demostrarles que nos importan. Debemos tratarlos con dignidad y respeto. Debemos escucharlos y ser auténticos, transparentes, confiados y vulnerables. Esta es la única manera de ganar corazones y mentes. Si no construimos primero la confianza y la autenticidad, la gente no nos creerá de verdad.
La buena noticia es que todos podemos hacerlo. No es difícil. Todos estamos bien equipados para esta misión. Todos podemos hacerlo, y he aquí cómo: el Avivamiento Eucarístico Nacional nos llama a “Caminar con Alguien”.
¿Qué significa eso? Ahora mismo, hay alguien en sus vidas a quien Jesús anhela llamar a Sí. ¿Quién es esa persona? ¿Quién es esa persona que conoces que sería mucho más feliz y estaría más contenta en la vida si conociera y amara a Jesús en la Eucaristía?
En la página web del Avivamiento Eucarístico, hay una sencilla guía llamada “Caminar con Alguien” que presenta un proceso de cuatro pasos que cualquiera puede hacer. Obviamente, no todo el mundo está llamado a difundir el Evangelio en tierras extranjeras, o incluso a ir de puerta en puerta en su propia comunidad. Pero creo que el Señor nos está pidiendo a cada uno de nosotros que salgamos de nuestra zona de confort y evangelicemos individualmente. ¿Quién es esa persona para ustedes? ¿Quién es esa persona con la que se verían caminando en los próximos seis meses, año o más?
Vayan al sitio web del Avivamiento Eucarístico y descarguen la “Guía sencilla”. Se sorprenderán de lo fácil que es. Son sólo cuatro pasos: identificar, interceder, conectar, invitar. Eso es.
Aquí están, en resumen:
1) Identifica: pregunten a Dios en oración, ¿quién es esa persona con la que quieres que camine?
2) Intercede: tan pronto como sepan quién es, recen como locos por esa persona.
3) Conecta: busquen maneras de caminar, salir, tomar un café con esa persona - y luego escuchen a esa persona. Dejen que esa persona les cuente sus alegrías, esperanzas y luchas, y compartan también las suyas.
4) Invita: sigan los impulsos del Espíritu Santo e inviten a la persona a algo católico (adoración, estudio bíblico, misa, confesión, una plática, rezar el rosario, escuchar un podcast, leer un libro o ver una película impactante, etc.) Luego hablen de ello.
Si ya han recorrido ese camino «caminando con alguien» y necesitan dar el siguiente paso, la mayoría de las parroquias están empezando sus clases de OCIA (Orden de Iniciación Cristiana para Adultos); inviten a esa persona a asistir y acompáñenla. También pueden ir sin ella, para comprender mejor la fe.
Sabemos que se nos ha concedido un don asombroso en la Sagrada Eucaristía. ¿Nos dejamos asombrar por un don tan maravilloso? Todos -incluido yo mismo- necesitamos rezar para que aumente nuestro asombro eucarístico. Cada vez que recibimos un don verdaderamente maravilloso, naturalmente queremos compartirlo con los demás. Queremos contárselo a los demás. Queremos que ellos también lo disfruten.
Señor, aumenta nuestra gratitud por el don de tu Hijo en la Sagrada Eucaristía. Ayúdanos a encontrar la manera de compartir este don maravilloso con los demás. Danos el valor y la confianza para ser audaces pero alegres. Y danos la gracia de comprometernos a “Caminar con Alguien”.
En la educación católica, hay mucha esperanza en el horizonte
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Jesús era un maestro. La educación católica se remonta a los tiempos apostólicos. La Iglesia católica fundó las primeras escuelas de la civilización occidental. En los últimos años, como obispo, he dedicado mucho tiempo y energía a la educación católica. Es una parte crucial de nuestra misión y llamado a la evangelización como Iglesia. Por eso he estado rezando, investigando y trabajando en una nueva carta pastoral sobre la educación católica. Esa carta será publicada en las próximas semanas.
Al empezar un nuevo año escolar, tuve el honor y la alegría de celebrar una Misa del Espíritu Santo en la Parroquia de San Miguel en Lincoln, para todos nuestros maestros y administradores de escuelas católicas en la ciudad de Lincoln. Misas similares se ofrecieron en las parroquias escolares de toda la Diócesis de Lincoln la semana pasada, invocando al Espíritu Santo mientras nuestros maestros y administradores regresaban a la escuela en preparación para un nuevo año académico.
En la diócesis de Lincoln, tenemos la bendición de contar con 24 escuelas primarias y seis escuelas secundarias, donde cerca de 700 maestros y administradores educan a más de 5,000 estudiantes. También estamos muy contentos de dar la bienvenida a 50 nuevos maestros a nuestra familia diocesana este año. Estos nuevos maestros recibieron una orientación hace unas semanas, para introducirlos a la hermosa visión y misión de la educación católica.
Justo el mes pasado, 32 de nuestros profesores y administradores asistieron a la conferencia anual del Instituto para la Educación Liberal Católica realizada en la Universidad Benedictina en Atchison, Kan. Se unieron a más de 500 otros educadores de todo Estados Unidos para rezar, escuchar a presentadores expertos y compartir ideas sobre cómo hacer que nuestras maravillosas escuelas sean aún más eficaces. Estamos entusiasmados de poder acoger la conferencia anual del próximo año en la Universidad de Nebraska-Lincoln.
La misión de la educación católica ha sido una prioridad en la diócesis de Lincoln durante décadas. Nuestras escuelas católicas son fuertes en su identidad católica. Se centran en la formación integral de la persona: cuerpo, mente y alma. El Dr. Jared Staudt toca esta idea en su nuevo libro, “Palabras Hechas Carne: La Misión Sacramental de la Educación Católica” (“Words Made Flesh: The Sacramental Mission of Catholic Education”).
En él escribe: “La educación católica enseña a sus alumnos a vivir de un modo íntegro y holístico que guiará a sus graduados hacia una adultez cristiana madura, y que secundariamente llevará a los graduados a desenvolverse bien en el mundo”.
En nuestras escuelas católicas, nos esforzamos por integrar los cursos, entrelazando las materias para ayudar a los alumnos a comprender el “panorama completo”, de cómo las materias trabajan juntas para formar una visión holística. En las palabras del obispo Robert Barron, “en el mejor de los casos, la educación nos abre a lo que eleva el alma y, en definitiva, nos enseña a ser santos”.
Creo que un pequeño ejemplo del éxito de nuestras escuelas católicas es el hecho de que tenemos 17 nuevos seminaristas diocesanos que comenzaron la “etapa propedéutica” de su formación sacerdotal la semana pasada en el Seminario San Gregorio Magno de Seward. De esos 17 nuevos seminaristas – el grupo más grande de seminaristas nuevos en décadas – 16 asistieron a nuestras escuelas católicas en algún momento de su educación primaria y secundaria. Del total de 34 seminaristas que tenemos este año estudiando para la diócesis de Lincoln, 29 asistieron a nuestras escuelas secundarias católicas.
Este es también el caso para nuestros sacerdotes activos. De los 149 sacerdotes diocesanos de Lincoln activos, más del 70 por ciento asistieron a escuelas católicas. Entre nuestros sacerdotes menores de 40 años, esa estadística se acerca al 80 por ciento. Las cifras son muy similares también para nuestras religiosas. Esto sin mencionar el fruto de matrimonios y familias fuertes que han salido de nuestras escuelas católicas.
Pero nunca podemos confiarnos. La cultura actual parece volverse cada vez más secular, e incluso hostil a nuestras creencias católicas y cristianas. Tenemos que hacer todo lo posible para preparar a nuestros jóvenes a enfrentarse a la cultura en la que van a vivir. Los jóvenes se están separando de la Iglesia católica a un ritmo alarmante, sobre todo durante sus años universitarios. No puedo decirles cuántos padres han venido a mí, lamentando el hecho de que su hijo tuvo 13 años de educación católica y dejó de practicar la fe en la universidad. No hay una respuesta sencilla a ese reto, porque hay muchos factores en nuestra cultura que pueden alejar a los jóvenes de la Iglesia.
Sin embargo, hay mucha esperanza en el horizonte. Actualmente, en nuestras escuelas diocesanas de Lincoln – y en todo el país – se está produciendo una renovación emocionante en la educación católica. La renovación de la educación católica consiste siempre en conectar más profundamente con Jesús, el maestro; conocerle e imitarle. Un número cada vez mayor de sistemas escolares diocesanos están revisando y renovando sus planes de estudio para asegurarse de que la educación católica no sea simplemente una cuestión de transferencia de información, sino que se trate de la transformación de las almas; llevar a los estudiantes a conocer a Jesús.
En la diócesis de Lincoln, estamos revisando el plan de estudios de nuestras seis escuelas secundarias para intentar alinear mejor las materias históricamente y “cruzarlas” para que los alumnos vean cómo se relacionan entre sí.
Cada materia y cada actividad en una escuela lleva la huella de Dios y debe indicar la belleza, la alegría y la maravilla que hay detrás de toda la realidad. Ya sea la maravilla del número, la ecuación, el orden y la secuencia en matemáticas, o la historia de la salvación, toda la realidad está “repleta de la grandeza de Dios,” llena de significado y propósito, y debería proporcionar la respuesta a los “porqués” que hay detrás de todo. De nuevo, como dijo recientemente el obispo Barron, “¡la educación debería estar en el negocio del significado!”. Los jóvenes quieren saber el “por qué” detrás de todo.
Con la información que nos llega a una velocidad increíble, 24 horas al día, 7 días a la semana, a veces puede resultar abrumador si uno no tiene una base organizadora. Como ya he dicho antes, es como darle a un niño un rompecabezas de 10,000 piezas, sin proporcionarle una imagen en la caja que muestre el producto terminado. A veces puede resultar abrumador y causar mucha ansiedad a los jóvenes.
Recomiendo enormemente un nuevo libro de Jonathan Haidt titulado “La Generación Ansiosa: Cómo el Gran Recableado de la Infancia Está Causando Una Epidemia de Enfermedades Mentales” (“The Anxious Generation: How the Great Rewiring of Childhood is Causing an Epidemic of Mental Illness”). Es un bestseller del New York Times y un estudio fascinante de un psicólogo educativo muy preparado sobre los retos a los que se enfrenta hoy en día la Generación Z.
Estoy ilusionado de poder compartir con ustedes más reflexiones sobre la educación católica en mi próxima carta pastoral. Estoy muy orgulloso de nuestras escuelas católicas, y de los profesores, administradores, sacerdotes y padres que colaboran juntos para hacer de esas escuelas lo mejor que pueden ser. Todos seguimos los pasos del Maestro y una larga tradición de educación católica. ¡Que sigamos haciéndolo y que Dios bendiga nuestros esfuerzos!
Ahora todo parece un poco diferente
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Escribo esta columna al término del 10º Congreso Eucarístico Nacional (NEC) celebrado en Indianápolis, del miércoles al domingo de la semana pasada. Según todos los informes, fue un tremendo éxito. Para mí, personalmente, fue una de las experiencias más conmovedoras y esperanzadoras de mis 39 años como sacerdote católico. El tiempo lo dirá, pero creo que será un momento de extraordinaria gracia para la Iglesia aquí en Estados Unidos.
El 10º Congreso Eucarístico Nacional llevaba casi tres años en planificación y forma parte de un Avivamiento Eucarístico más amplio, de tres años de duración, lanzado por los obispos estadounidenses en la solemnidad del Corpus Christi del 2022. El Avivamiento Eucarístico fue una respuesta a las encuestas y sondeos que indicaban que, desde la pandemia de 2020, se ha producido un descenso constante en la asistencia a la misa dominical. En el centro de esa disminución, según los datos, ha estado la pérdida de la creencia en la Presencia Real de Jesús en el Santísimo Sacramento. Los obispos estadounidenses se sintieron motivados para intentar "reavivar" el amor, la comprensión y el asombro por la Sagrada Eucaristía en los corazones de todo aquel que quisiera escuchar.
El Congreso Eucarístico Nacional de Indianápolis reunió a más de 60,000 personas, incluyendo a más de 150 obispos, cientos de sacerdotes y seminaristas, así como una gran multitud de religiosos y religiosas consagrados, además de decenas de miles de fieles laicos de la Iglesia, sin mencionar a todos aquellos que participaron en línea o a través de EWTN.
He asistido a siete Jornadas Mundiales de la Juventud y a media docena de conferencias FOCUS SEEK, todas ellas momentos extraordinarios de gracia, y el Congreso Eucarístico las superó a todas. Mientras que las JMJ y la SEEK se concentran en los jóvenes y los jóvenes adultos, el NEC reunió a toda la Iglesia, jóvenes y viejos, clérigos, religiosos y laicos, y todo lo demás. Era todo el Cuerpo de Cristo reunido para la oración, la unidad y la amistad en la Sagrada Eucaristía.
De la diócesis de Lincoln, más de 200 peregrinos viajaron a Indianápolis en carro y bus. Nuestro grupo de peregrinos contaba con representación de toda la diócesis, desde Nebraska City hasta North Platte, desde Blue Hill hasta Wahoo. Contábamos con varios de los ganadores de la Peregrinación del Pasaporte Eucarístico y sus familias, además de 10 sacerdotes, dos diáconos recién ordenados y siete de nuestros seminaristas, y una amplia representación de nuestras hermanas y hermanos religiosos consagrados. Era la Iglesia en toda su belleza y diversidad.
La última vez que hubo un Congreso Eucarístico Nacional aquí en Estados Unidos fue en 1941, hace más de 80 años, así que no había una guía reciente de cómo llevar a cabo con éxito una tarea tan enorme, especialmente en una época de división política y eclesial. Por lo que puedo afirmar, la Iglesia, en toda su diversidad y belleza, estuvo plenamente representada.
Entre los conferenciantes se encontraban los más populares y eficaces del país. Cada tarde concluyó con una adoración eucarística en el Lucas Oil Stadium (el estadio donde juegan los Indianapolis Colts). La música fue absolutamente impresionante: de todas las formas, desde el canto gregoriano y la polifonía hasta la contemporánea, y la sinfónica de Indianápolis proporcionó la música sagrada para la misa de clausura. Su Eminencia el cardenal Luis Antonio Tagle, prefecto del Dicasterio para la Evangelización, trajo saludos personales del Santo Padre y pronunció una cautivadora homilía para la misa de clausura del domingo. El cardenal Christophe Pierre, representante papal en Estados Unidos, dio la conferencia de apertura y participó en todo el evento.
Una de mis atracciones favoritas fue la sala de exposiciones donde estaban representados prácticamente todos los apostolados, ministerios, comunidades religiosas, movimientos, productos y empresarios católicos. Empresas católicas de cosméticos, asesores financieros, escuelas, y ministerios de la salud, por nombrar sólo algunos, todos celebraron su lugar único en la Iglesia. Era como la Ciudad de Dios bajo un mismo techo. Es fácil desesperarse porque a veces parece que la Iglesia apenas está viva, pero para los que estuvieron en Indianápolis estos días, está claro que la Iglesia no sólo está viva, sino llena de vida.
Me viene a la memoria esa escalofriante frase de Las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis cuando el castor parlante ficticio les dice a los niños que Aslan se está moviendo. La simple posibilidad de que Aslan estuviera entre ellos cambió a los niños de tal manera que todo parecía diferente. Eso es lo que yo experimenté en Indianápolis. Todo parece un poco diferente. La Iglesia, el cuerpo místico de Cristo, está moviéndose aquí en Estados Unidos.
El corazón del NEC fue, como debe ser, la liturgia, que es la fuente y la cumbre de nuestra fe. Lo experimentamos primero en las diversas expresiones de la liturgia de la Iglesia que se ofrecieron con tanta belleza, pero también en los tremendos frutos de esta fuente litúrgica: las charlas, las sesiones de alabanza y adoración, las obras de caridad expresadas de muchas formas – incluyendo el hermoso acompañamiento a las personas sin hogar y sus necesidades. También fluyendo de la liturgia fue la comunidad visible de fe entre clérigos, religiosos, consagrados y laicos que surgió espontáneamente de la experiencia común y, singularmente para mí, la hermandad de caridad episcopal que allí se sintió sin precedentes.
Los obispos nos relacionamos a menudo -quizá con demasiada frecuencia- como colegas administradores de la Iglesia. En Indianápolis, no tuvimos reuniones de negocios; simplemente rezamos y adoramos unos con otros. Si pueden imaginarse a más de 150 obispos entrando en música de alabanza y adoración, cantando juntos como hermanos, se harán una idea de cómo el Espíritu Santo agitó los corazones. (Quizá nos colocaron en nuestra propia sección para no someter a todos los demás a nuestra falta de talento musical).
En definitiva, todo lo relacionado con el Congreso fue un recordatorio de que el Santísimo Sacramento es un sacramento de caridad. Es el sacramento que nos adentra a la vida de Cristo quien anima nuestras vidas para que podamos amar como Él ama.
Tan a menudo es fácil caer en nuestros diversos campos dentro de la Iglesia, especialmente izquierda contra derecha, comoquiera que eso se manifieste. Nada de eso existía en Indianápolis porque todo el evento se trató sobre acercarnos a Cristo y dejar que Cristo nos encontrara en nuestra debilidad. No había más "plan secreto" que el amor misericordioso de Cristo.
De vez en cuando necesitamos recordarnos a nosotros mismos que tenemos un regalo verdaderamente inimaginable en que Jesús esté con nosotros en la Presencia Real. Espero que todos saquemos tiempo para estar con Jesús en la liturgia y en la oración ante el Santísimo Sacramento, y espero y rezo para que nuestros esfuerzos hacia el Avivamiento Eucarístico en la diócesis de Lincoln sigan siendo una fuente de gracia para todos dentro y fuera de la diócesis.
El Señor entró al mismísimo corazón del mundo
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El Papa San Juan Pablo II escribió en una ocasión: "La verdadera santidad no significa una huida del mundo, sino que reside en el esfuerzo por encarnar el Evangelio en la vida cotidiana, en la familia, en la escuela y en el trabajo, y en la participación social y política."
Cada vez que llevamos a nuestro Señor, verdaderamente presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad, en el Santísimo Sacramento, más allá de los muros de nuestra iglesia y a las calles en una procesión eucarística, esto es precisamente lo que estamos haciendo. Estamos proclamando a todo el mundo que Jesús es el Señor... ¡de todo!
Una procesión eucarística, como las muchas que tuvieron lugar por todo el estado de Nebraska la semana pasada como parte de la Peregrinación Eucarística Nacional, demuestra de forma muy pública que nosotros, como católicos, creemos que Jesús permanece vivo y resucitado en la Sagrada Eucaristía. No un signo de Jesús. No una imagen de Jesús. No un símbolo de Jesús. Sino el Señor Jesús mismo. Reclamamos el mundo para Cristo.
Que no haya duda de que éste es el mismo Jesús que caminó por las calles de Jerusalén, el mismo Jesús que nació en Belén, creció en Nazaret y llamó a Sus discípulos junto al mar de Galilea.
Este es el mismo Jesús que enseñó a las multitudes y que curó a los enfermos y a los que sufrían. El mismo Jesús que sufrió una pasión cruel y amarga, que murió en una cruz para salvarnos de nuestros pecados y que resucitó triunfante al tercer día. Y este es el mismo Jesús que se encontró con los discípulos en el camino de Emaús la tarde de la resurrección, y se reveló al partir el pan. Llevamos a este mismo Jesús al mundo en cada procesión eucarística. Como creyentes, confiamos en que las gracias de la Sagrada Eucaristía atraigan a otros hacia Él.
Comenzando el 18 de mayo en San Francisco, en la ruta occidental de la Peregrinación Eucarística Nacional, conocida como la ruta de San Junípero Serra, nueve "peregrinos perpetuos", compuestos por jóvenes adultos y dos frailes franciscanos, comenzaron a acompañar a Nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía, día y noche, a través de las comunidades urbanas y rurales del oeste de Estados Unidos. Durante las últimas cuatro semanas, desde California, pasando por Nevada y Oregón, hasta Utah y Colorado, estos peregrinos perpetuos han estado viajando con Nuestro Señor Eucarístico -a pie y en una van con un equipamiento único, provista de un tabernáculo y una custodia firmemente montados en la consola- reclamando el mundo para Cristo.
Nuestro Señor y los "peregrinos perpetuos" entraron este mes en la diócesis católica de Lincoln. El domingo 16 de junio, tuve el privilegio de unirme al obispo Joseph Hanefeldt, obispo de la diócesis de Grand Island, en North Platte para la misa en la escuela primaria McDaid, mientras llevábamos a Jesús por las calles de North Platte hasta la parroquia de San Patricio. Después, el miércoles, después de hacer paradas en Lexington, Holdrege, Hastings y Grand Island, volví a encontrarme con el obispo Hanefeldt, a mitad del puente sobre el río Platte, a 2 millas al norte de Doniphan, en la frontera de nuestras dos diócesis, donde me entregó la custodia.
Acompañados por un grupo de mis sacerdotes y de fieles laicos, llevamos a Nuestro Señor a Doniphan y a la iglesia de Santa Ana para un tiempo prolongado de adoración.
El jueves, en la Catedral de Cristo Resucitado de Lincoln, el padre Xavier, CFR, de los Frailes Franciscanos de la Renovación de Nueva York, predicó al comienzo de la Adoración Eucarística de toda la noche. Dijo que a veces se hace referencia a Nebraska como un "estado por el que uno solo está de paso". Esto se debe a que la mayoría de la gente acaba pasando por encima de Nebraska mientras se dirigen a otros destinos. Pero esta semana pasada, Jesús eligió pasar directamente por el centro de nuestro estado, desde la frontera de Colorado hasta la de Iowa, en una solemne procesión eucarística.
Después de acoger a Nuestro Señor y a su cortejo en la Catedral, concluimos la adoración de toda la noche con una misa el viernes por la mañana ante una Catedral repleta, seguida de una procesión desde la Catedral hasta el Centro Diocesano Juan XXIII, donde los feligreses de la Catedral patrocinaron una deliciosa comida para todos.
Después viajamos en coche hasta los Claustros del Platte, un centro de retiros situado justo al otro lado de la frontera con la arquidiócesis de Omaha. Allí procesionamos con el Señor 5 millas hasta el Santuario de la Sagrada Familia, en lo alto del peñasco que mira al valle del río Platte, donde entregué la custodia al arzobispo Lucas, de la arquidiócesis de Omaha.
Desde Omaha, la Peregrinación Eucarística Nacional viajará a Des Moines, Kansas City, San Luis y llegará a Indianápolis el 16 de julio, donde se unirán a la procesión las otras tres rutas procesionales del norte, sur y este, en una gran procesión hasta el Lucas Oil Stadium, el estadio de los Colts de Indianápolis de la Liga Nacional de Fútbol Americano, en el centro de Indianápolis. Así dará comienzo el 10º Congreso Eucarístico Nacional, el primero en más de 80 años. Tenemos el privilegio de llevar a más de 200 peregrinos de la diócesis de Lincoln a Indianápolis el mes que viene, incluidos los ganadores de nuestro propio desafío de peregrinación del Pasaporte Eucarístico.
La semana pasada fue sin duda una semana muy hermosa e histórica para el estado de Nebraska. Como nos recordó San Juan Pablo II, el Señor se encarnó para poder entrar en el corazón mismo del mundo. Estamos tan bendecidos de que Él eligiera Nebraska para pasar por en medio de nosotros. No me cabe duda de que cosecharemos gracias durante años. Acabo de enterarme esta semana de que hemos tenido el 17º joven que solicita el ingreso al seminario de nuestra diócesis católica de Lincoln. ¡Ojalá sea sólo el comienzo de un verdadero Avivamiento Eucarístico en nuestra diócesis, nuestra nación y nuestro mundo!
El Papa Francisco recordó recientemente al Dicasterio Vaticano para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en su asamblea plenaria, que la renovación continua de la sagrada liturgia es esencial para la nueva evangelización. El Santo Padre dijo que debemos "seguir dejándonos sorprender por lo que sucede en la celebración bajo nuestros propios ojos" cada vez que nos reunimos para ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa.
Al comenzar este santo tiempo de Cuaresma que marca el punto medio de nuestro Avivamiento Eucarístico de tres años, me gustaría invitarnos a todos a profundizar en el misterio de la "Palabra hecha carne" durante estos días de gracia de la Cuaresma. De hecho, deberíamos preguntarnos sinceramente: "¿Nos dejamos asombrar?" cuando nos encontramos con nuestro Señor Eucarístico en la celebración de la liturgia.
Cuando viajo por la diócesis católica de Lincoln para las confirmaciones y otras celebraciones litúrgicas en nuestras parroquias, no deja de impresionarme y edificarme la sencilla pero profunda fe eucarística de nuestra gente. Lo comprobé recientemente durante mis visitas a las escuelas con motivo de la Semana de las Escuelas Católicas, a finales de enero.
Para la Semana de las Escuelas Católicas, tuve el privilegio de dirigir procesiones eucarísticas en tres de nuestras escuelas católicas primarias y secundarias. Mientras los alumnos recorrían los pasillos de las escuelas y se arrodillaban ante sus casilleros en adoración, yo llevaba el Santísimo Sacramento en la custodia por toda la escuela. Pude ver en sus rostros los ojos de fe y sí, incluso la mirada de asombro mientras llevaba a nuestro Señor Eucarístico delante de ellos.
Para algunos era, quizás, la primera vez que vivían una procesión eucarística en un encuentro tan cercano. Como expliqué en mi homilía durante la misa, al participar en una procesión eucarística estábamos reclamando nuestra escuela para Cristo. Le decíamos a Jesús: "Este es tu colegio, Señor, y queremos que tú reines en todas las aulas, en todos los rincones y en todos los cursos que hacemos, no sólo en la clase de religión, sino en toda la escuela. Tú estás presente en nuestras clases de ciencia y en los laboratorios, en los salones de arte y en la cafetería, y en el gimnasio y en los campos de atletismo. Esta es tu escuela, Señor".
Como tantas veces decimos, con palabras del Concilio Vaticano II, que la Sagrada Eucaristía es "fuente y culmen" de la vida cristiana, también podemos decir con confianza y convicción que la Eucaristía es "fuente y culmen" de la educación católica. El Señor Eucarístico es el signo de unidad y comunión para todo lo que hacemos en nuestras escuelas católicas.
En una columna reciente en "The Catholic Thing” (“La Cosa Católica”), David G. Bonagura, autor y profesor adjunto del Seminario de San José de Nueva York, escribió que "cada escuela católica, cada materia, cada actividad extraescolar existe para formar las mentes y los caracteres de los alumnos de acuerdo con el corazón de Cristo, para que puedan vivir en unión con Él en esta vida y en la siguiente. Los alumnos de las escuelas católicas, por tanto, deben estar inmersos en la Eucaristía para que puedan ver, gustar y ser transformados por Cristo, presente pero oculto bajo los velos del pan y del vino."
Creemos que la educación católica es mucho más que un proceso de transferencia de información; debe ser una experiencia de transformación del alumno -cuerpo, mente y espíritu- para Cristo. Si la educación fuera simplemente una cuestión de transferir información de una fuente a otra, un robot o un computador podrían hacerlo. Las escuelas católicas se dedican a la transformación personal, a la transformación de los corazones, las mentes y las almas, y, por tanto, a la transformación de la cultura.
El Dr. Bonagura continúa escribiendo: "Podemos llamar con razón a la Eucaristía, por tanto, la cumbre y la fuente de la educación católica. Es la meta a la que las escuelas conducen a sus alumnos, y proporciona la gracia para que administradores, profesores y alumnos realicen sus vocaciones. La misión de la escuela católica incluye desarrollar en los alumnos la comprensión y el amor a la Eucaristía. Al mismo tiempo, una escuela que sitúa la Eucaristía en el centro de su vida se fortalece contra las constantes presiones para conformarse a las exigencias del mundo -y del gobierno-."
Un proyecto emocionante en el que estoy involucrado es servir en un Comité Diocesano de Revisión de Currículo, donde estamos viendo el currículo de nuestras seis escuelas secundarias, para asegurarnos de que Cristo está en el centro de todas las materias que se enseñan en nuestras escuelas secundarias, que estén alineadas históricamente, y plenamente integradas en una visión católica del mundo. El comité está formado por profesores y administradores de las seis escuelas secundarias, así como por miembros de la Oficina Diocesana de Educación.
Como escribió San John Henry Newman en su obra maestra sobre la educación, "La Idea de una Universidad", una buena educación católica preparará a un estudiante para una vida con sentido y propósito, poseyendo una visión clara y confiada de toda la realidad, y capaz de "ocupar cualquier puesto con crédito, y dominar cualquier materia con facilidad." La educación católica tiene que ver con la formación, además que con la instrucción, y es un medio para preparar a los estudiantes no sólo para carreras exitosas, sino para vidas felices, santas y exitosas.
El gran autor católico de El Señor de los Anillos, J.R.R. Tolkien, formado en Oxford y considerado uno de los más grandes pensadores y escritores del siglo XX, creía que la Sagrada Eucaristía era el centro de todo aprendizaje. Tolkien comulgaba a diario y sabía que comenzar cada día con la Santa Comunión marcaría la pauta de lo que sucedería el resto de la jornada. La Eucaristía era su "estrella polar", el principio organizador de toda su vida. Y es desde esta perspectiva, que pudo escribir estas notables palabras en una carta a su hijo:
"De las tinieblas de mi vida, tan frustrada, pongo ante ti la única gran cosa que hay que amar en la tierra: el Santísimo Sacramento . . . Allí encontrarás romance, gloria, honor, fidelidad, y el verdadero camino de todos tus amores en la tierra, y más que eso: La muerte: por divina paradoja, la que pone fin a la vida y exige la entrega de todo, y, sin embargo, por el sabor -o el anticipo- de la única que puede mantener lo que buscas en tus relaciones terrenales (el amor, la fidelidad, la alegría), o tomar esa complexión de realidad, de perduración eterna, que el corazón de todo hombre desea."
La Eucaristía y la Esperanza de los Pobres
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Un pasaje del Evangelio de San Mateo, en el capítulo 25, fue un mensaje fundamental para Santa Teresa de Calcuta (Madre Teresa) en su vida y en su ministerio con los "más pobres entre los pobres". Este pasaje, a menudo conocido como el Juicio de las Naciones, nos presenta la conocida historia de la separación de las ovejas y las cabras en el juicio final.
Para la Madre Teresa, le proporcionó el mandato evangélico de ver el rostro de Jesús en el "penoso disfraz de los pobres". El verso clave es éste "En verdad les digo que cuanto hicieron por uno de estos mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron". Pero, ¿cómo vemos el rostro de Jesús en el " penoso disfraz de los pobres"? Parece contraintuitivo - sólo vemos miseria y sufrimiento.
A finales de octubre, tuve el privilegio de ir en misión a Ciudad de México con la organización Hope of the Poor (Esperanza de los Pobres). Tres de mis jóvenes sacerdotes me acompañaron, junto con 30 fieles laicos de todas las edades. Este fue el sexto viaje misionero diocesano de la Diócesis Católica de Lincoln. Craig Johring y Danny Leger, ambos de Nebraska, fundaron el apostolado Esperanza de los Pobres en 2013. Craig es un converso a la fe católica y pasó la mayor parte de su vida como evangelista protestante con la organización Campus Crusade for Christ (Crusada de Campus por Cristo), uno de los modelos de la organización católica FOCUS (Fellowship of the Catholic University Students, o Asociación de Estudiantes Universitarios Católicos). Danny es también músico, compositor y artista discográfico, y es muy conocido en el mundo musical. Está casado y tiene cinco hijos.
Hace poco más de 10 años, después de dirigir a miles de estudiantes universitarios en misión con los pobres de las calles de Ciudad de México y con los indígenas sin hogar del este de Alaska, Craig tuvo una dramática conversión a la fe católica a través de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en Ciudad de México. En ese momento, enfocó su apostolado misionero en Jesús en la Eucaristía y en la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe. Al mismo tiempo, continuó su misión de toda la vida de llevar la luz de Cristo a los campos de misión más oscuros de nuestro mundo.
El padre Benjamin Holdren -actualmente sirviendo a la diócesis en el Seminario de San Gregorio Magno en Seward- originalmente fue en misión con Esperanza de los Pobres en 2021. Viajó con un grupo de la parroquia de Santa María en David City, incluido el padre Carson Kain, sacerdote asistente de Santa María. El padre Jay Buhman, entonces párroco de la parroquia de Santa María, había organizado estas misiones a través de su conexión con Craig durante su tiempo con FOCUS (el padre Buhman fue el capellán nacional de FOCUS durante tres años).
Poco después de que el padre Holdren regresara, vino a una reunión en mi casa para aportar ideas para el Avivamiento Eucarístico, y estuvo relatando su reciente experiencia con Esperanza de los Pobres. Me explicó cómo cada mañana, los que estaban en misión comenzaban con una hora santa a los pies de la tilma de San Juan Diego en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, o en el Cerro del Tepeyac. El resto de la mañana lo pasaban en adoración eucarística, rezando y pidiendo a Jesús que preparara al grupo para servir a los pobres de Ciudad de México en las misiones de la tarde.
Parecía una magnífica oportunidad para inspirar la devoción a la Eucaristía en toda nuestra diócesis, invitando a los fieles laicos a experimentar el amor a la Eucaristía y a los pobres, bajo la protección de Nuestra Santísima Madre. Desde entonces, se han celebrado seis misiones diocesanas, y están previstas muchas más.
A Craig también le cautivó la vida de la Madre Teresa y su trabajo con los "más pobres entre los pobres". Siguiendo el ejemplo de la Madre Teresa, la misión se centró en tratar de aliviar la pobreza de no ser amado. Craig se hizo una idea de cómo entendía ella el vínculo entre la Sagrada Eucaristía -el amor hecho visible- y el servicio a los pobres.
La gente solía preguntar a la Madre Teresa por qué amaba tanto a los pobres y qué motivaba su corazón para servir a los pobres de forma tan radical. Como respuesta, les cogía la mano y les decía: "tú lo hiciste por mí", usando sus cinco dedos para indicar las cinco palabras del capítulo 25 del Evangelio de Mateo. En la mente de la Madre Teresa, se puede contar todo el Evangelio con sólo cinco dedos.
La Madre Teresa se refería, por supuesto, a Mateo 25, donde Jesús enseña sobre el juicio final. Nuestro Señor explica que al final de los tiempos juzgará a las personas por sus obras de misericordia. A los bondadosos y generosos les dirá: " Vengan, benditos de mi Padre... Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui extranjero y me recibieron, estuve desnudo y me vistieron, en la cárcel y me visitaron".
Perplejos ante sus palabras, sus interlocutores le preguntaron: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?". Jesús respondió: "En verdad les digo que todo lo que hicieron por estos hermanos míos más pequeños, lo hicieron por mí."
Para la Madre Teresa, este pasaje no era sólo una moraleja piadosa. Era verdad. Describe la realidad de que en cada vagabundo, en cada drogadicto, en cada prostituta, en cada huérfano, ella veía el rostro de Jesús. Esta era la clave de su alegría contagiosa y de su compasión sin límites por los más pobres entre los pobres. En el fondo de sus huesos, la Madre Teresa sabía que sirviendo a los demás estaba sirviendo a Jesús.
Pero, ¿cómo se mantiene esta energía y se prolonga este ardiente deseo de servir a los pobres, especialmente en los lugares desesperados y desolados de nuestro mundo? Como todos los cristianos, la Madre Teresa encontraba su fuerza y su sustento en la oración, especialmente en la adoración eucarística.
Para la Madre Teresa y las Misioneras de la Caridad, ver a Jesús en la Eucaristía les permitió ver Su rostro en el " penoso disfraz de los pobres". En la Sagrada Eucaristía, Jesús se hace presente bajo la forma del pan y el vino ordinarios. Cuando el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración, Cristo se hace sustancialmente presente, aunque no sea evidente a nuestros sentidos. Nuestra fe nos ayuda a trascender la experiencia sensorial para ver la imagen divina en su forma más ordinaria. ¿Ven la conexión?
La Madre Teresa sabía lo fundamental que era esto. Ver a Cristo en la Sagrada Eucaristía le permitía verlo en las calles. "Si reconocemos a Jesús bajo la apariencia del pan", explicaba, "no tendremos dificultad en reconocerlo bajo el disfraz de los pobres que sufren". Por eso la Madre Teresa podía decir: "Tengo la oportunidad de estar con Jesús las 24 horas del día". Ya fuera en la capilla o en los barrios marginales, en el banco de la iglesia o en el vertedero de la ciudad, en el orfanato o en el hospital, ella reconocía al Señor allá donde iba, porque se entrenaba cada mañana en el altar.
Las Misioneras de la Caridad suelen hacer tres horas santas al día ante la Eucaristía. Antes sólo hacían dos horas santas, pero cuando la obra de la Madre Teresa se extendió y estableció casas por todo el mundo, vio la necesidad de aumentar el tiempo ante el Santísimo Sacramento.
Este es también el método de Esperanza de los Pobres. Durante el viaje misionero de cinco días a Ciudad de México, pasamos la mayor parte del tiempo ante el Santísimo Sacramento en la capilla del convento donde nos alojamos y ante la tilma de San Juan Diego en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe -la basílica está a cinco minutos a pie del convento. El resto del tiempo lo pasamos con los pobres en las calles, visitando un orfanato de 200 personas con discapacidades graves, y en el basurero de la ciudad, donde hay numerosas comunidades de indigentes que se ganan la vida reciclando basura. Incluso celebramos la Santa Misa en una hermosa capilla en medio del basurero.
Cuando trabajábamos con los pobres de la calle, intentábamos ayudarles a superar trastornos psicológicos incapacitantes, combatir la drogadicción y el flagelo de haber sido víctimas del tráfico de personas.
Por eso animé al padre Holdren a organizar estos viajes misioneros en el marco del Avivamiento Eucarístico. Esperanza de los Pobres, con la ayuda de un hombre extraordinario y santo, Ramiro Gómez, originario de Ciudad de México y antiguo alto funcionario del gobierno que formó parte del equipo del anterior presidente de México, es capaz de sacar a los pobres de las calles, muchos de los cuales son mujeres jóvenes y niños atrapados en la adicción a las drogas y en el multimillonario comercio del tráfico de seres humanos, e insertarlos en la seguridad de pequeñas comunidades parroquiales de la archidiócesis de Ciudad de México.
Con la ayuda de los párrocos locales y las comunidades parroquiales, son catequizados e instruidos en la fe y, finalmente, iniciados en la vida sacramental de la Iglesia. Además, están rodeados de antiguos drogadictos y prostitutas que también salieron de la calle y que ahora les sirven como mentores y compañeros de responsabilidad, para que los participantes no vuelvan a caer en sus viejas costumbres.
Uno de los proyectos en los que participamos fue una compra en Walmart en la que equipamos un apartamento entero para dos madres jóvenes (de 19 y 21 años), con sus bebés. Las mujeres habían estado en la calle desde que tenían 9 y 11 años. El apartamento les dará un nuevo comienzo y una nueva esperanza en la vida.
Animo a todos a inscribirse con Esperanza de los Pobres. Todavía hay puestos vacantes en enero y el próximo octubre. Contacten al padre Holdren para más información enviando un correo electrónico a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it..
Por favor, consideren actuar según esas cinco palabras del Evangelio que motivaron a la Madre Teresa a actuar. Esperemos que hagan lo mismo por ustedes: “tú lo hiciste por mí.”
Vírgenes consagradas viviendo en el mundo
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Uno de los temas principales del Concilio Vaticano II fue el "llamado universal a la santidad". Esta es la idea de que todos, no sólo los sacerdotes y las religiosas, están llamados a ser santos. Santa Teresa de Calcuta, cuando los periodistas le preguntaron qué se sentía al ser una santa viva, bromeó: "la santidad no es un lujo para unos pocos, sino un deber de todo cristiano, ¡incluso de los periodistas!". En virtud de nuestro bautismo, y ayudados por la oración, los sacramentos y una vida de caridad, todos recibimos gracias suficientes para vivir santamente.
Vivimos este llamado a la santidad en una variedad de vocaciones. La mayoría de los bautizados están llamados a la vocación matrimonial. Algunos, sin embargo, son llamados a la vocación sacerdotal y a la vida consagrada. Los que son llamados a la vida consagrada pueden ser miembros de comunidades religiosas masculinas o femeninas, tanto activas como contemplativas; monásticas, o comprometidas en diversos apostolados, fundados por santos y santas a quienes el Señor ha dado carismas especiales, como la enseñanza, el cuidado de la salud o el servicio a los pobres.
Entre las mujeres llamadas a la vida consagrada, existe una forma de vida consagrada única y poco conocida: la vocación de virgen consagrada que vive en medio del mundo. En realidad, se trata de una antigua forma de vida consagrada que tiene sus orígenes en los tiempos apostólicos, pero que sólo ha sido restaurada a partir del Concilio Vaticano II. Quisiera, por tanto, centrar mi columna en la vocación de una virgen consagrada que vive en medio del mundo. Utilizaré como guía el "Rito de la Consagración", tomado de la ceremonia litúrgica que nos ha dado la Santa Madre Iglesia.
Primero, un poco de historia. En los primeros siglos, sabemos que muchos cristianos fueron perseguidos por su fe. El testimonio del martirio, de aquellos hombres y mujeres que dieron su vida por Jesús y su Iglesia, fue la máxima expresión de la vocación a la santidad.
Después, pasada la época del martirio, los ermitaños iban al desierto o entraban en comunidades monásticas para seguir el llamado a la santidad. Al mismo tiempo, hubo quienes fueron llamadas por el Señor a vivir como "vírgenes en el mundo", más que en monasterios o desiertos remotos. Eran mujeres consagradas a una vida de virginidad, que vivían en medio del mundo y que florecieron en los primeros siglos de la Iglesia. Los Padres de la Iglesia hablaron con elocuencia de esta vocación.
La virginidad consagrada llegó a ser tan integrada en el tejido de la Iglesia que, con el tiempo, recibió el nombre de Orden, análogo al de los obispos, presbíteros, diáconos y viudas. De hecho, la Orden de las Vírgenes se desarrolló a partir del testimonio evangélico de mujeres que lo dejaron todo libremente para seguir al Señor. Con el paso de los siglos y el crecimiento de los institutos monásticos y religiosos, las vírgenes consagradas se hicieron menos comunes en la vida de la Iglesia o acabaron siendo absorbidas por la vida monástica.
El creciente interés por la vocación a la virginidad consagrada y la mencionada directiva del Vaticano II, llevaron a la publicación de un rito solemne que constituye a la candidata como "una persona sagrada, un signo superlativo del amor de la Iglesia a Cristo, y una imagen escatológica del mundo venidero y de la gloria de la celestial Esposa de Cristo" [de la Introducción al Rito de Consagración a una Vida de Virginidad].
Por consiguiente, en 1970, el Papa San Pablo VI publicó el Rito de Consagración a la Vida de Virginidad para las mujeres que viven en el mundo. La Orden de las Vírgenes también se incluyó en el Código de Derecho Canónico de 1983 (canon 604) para la Iglesia latina y en los cánones para las Iglesias orientales.
Estos documentos enseñan que la candidata debe ser consagrada a Dios por el obispo diocesano según un rito aprobado por la Iglesia. Se desposa místicamente con Cristo y se dedica al servicio de la Iglesia. Entra así en un estado público de vida consagrada en la Iglesia. La virgen consagrada vive su vida individualmente o quizás con su familia, bajo la dirección del obispo diocesano. No vive en comunidad como una religiosa o una monja, sino que vive su vocación virginal en su integridad, femenina en su receptividad y esponsal en su intimidad. La virgen consagrada tiene también una fecundidad espiritual y maternal que brota del amor del esposo divino.
Además, el Catecismo de la Iglesia Católica contiene tres párrafos sobre esta vocación (CIC 922-924). El Papa San Juan Pablo II dio testimonio del florecimiento de la antigua Orden de las Vírgenes al escribir sobre ella en su exhortación apostólica postsinodal, Vita Consecrata, (cf. VC, 7, dada el 25 de marzo de 1996).
El Rito de Consagración a la Vida de Virginidad para las mujeres que viven en el mundo consta de las siguientes partes: a) el llamamiento de la candidata; b) la homilía o discurso, en el que se instruye a la candidata y al pueblo sobre el don de la virginidad; c) el examen, en el que el obispo pregunta a la candidata sobre su voluntad de perseverar en su intención y de recibir la consagración; d) las Letanías, en las que se reza a Dios Padre y se invoca la intercesión de la Virgen María y de todos los Santos; e) la renovación de la intención de castidad (o la profesión religiosa); f) la Bendición Solemne o consagración, por la que la Iglesia pide al Padre celestial que derrame sobre la candidata los dones del Espíritu Santo; g) la entrega de las insignias de la consagración: anillo, velo y breviario, para simbolizar la entrega espiritual.
El obispo plantea entonces tres preguntas a la candidata durante la ceremonia: 1) ¿estás decidida a perseverar hasta el fin de tus días en el santo estado de virginidad y en el servicio a Dios y a su Iglesia?, 2) ¿estás decidida a seguir a Cristo en el espíritu del Evangelio para que toda tu vida sea un testimonio fiel del amor de Dios y un signo convincente del Reino de los Cielos?, 3) ¿estás decidida a aceptar la consagración solemne como esposa de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios?
La virgen consagrada es constituida persona sagrada en la Iglesia. No se le impone ningún servicio o espiritualidad particular. El don de una vida de virginidad perpetua debe armonizarse con los demás dones que Dios ha concedido a la mujer en libertad creadora. El tiempo de la virgen consagrada se emplea en obras de penitencia y de misericordia, en la actividad apostólica y en la oración. Está llamada a una profunda oración y vida sacramental, y se le recomienda fuertemente recitar diariamente la Liturgia de las Horas.
En su estado de consagrada, la virgen consagrada permanece en el estado secular, proveyendo completamente a sus propias necesidades materiales, cuidados médicos y jubilación. La diócesis no es responsable económicamente de su sustento.
La virgen consagrada no lleva hábito ni velo, ni usa el título de "hermana". Ella da testimonio sutil, pero público y poderoso, por su vida virginal, de su relación esponsal exclusiva con Jesucristo. Una virgen consagrada lleva un anillo, indicando su compromiso esponsal. Su comportamiento, modestia en el vestir y sencillez de vida, señalan su compromiso de seguir a Cristo, su Esposo, en las virtudes de pobreza, castidad y obediencia.
¿Cómo podría discernir una mujer hoy en la diócesis de Lincoln una vocación a la virginidad consagrada? Después de un cuidadoso discernimiento con su párroco y/o director espiritual, una virgen que se siente atraída por la vocación de la virginidad consagrada vivida en el mundo, debe ponerse en contacto con su obispo o director diocesano de vocaciones.
Luego se invitará a la candidata a expresar sus intenciones al obispo, su motivación para pedir la vocación a una vida de virginidad consagrada, sus aptitudes para este estado de vida, y sus disposiciones y preparación intelectual y espiritual para entrar en la formación para una vida de virginidad consagrada. Está llamada a un deseo verdadero, estable y profundo de vivir la vida de una virgen consagrada en el mundo, adhiriéndose a todas las enseñanzas de la Iglesia Católica. Su motivación no debe estar contaminada por el orgullo o el miedo al matrimonio, ni por el mero deseo de permanecer soltera, ni por el deseo de un estatus en la Iglesia. Sus intenciones y deseos deben ser confirmados por el ejemplo de su vida, y una invitación de Cristo a ser Su novia virgen viviendo en el mundo. Corresponde al obispo y a sus colaboradores ayudarla en el discernimiento de su vocación.
Una motivación correcta, sin embargo, no es suficiente para garantizar que se pueda vivir la vida de una virgen consagrada en el mundo. Debe ser madura en sus sentimientos, capaz de vivir una vida como individua y de formarse a través de la oración. Debe ser una persona estable. Puede mantenerse con cualquier trabajo legítimo. Aunque algunas vírgenes consagradas son empleadas de la Iglesia, muchas no lo son.
Podría ser admitida por el obispo a un tiempo de formación, normalmente de al menos dos años, durante el cual la candidata se familiarizaría con el significado, la naturaleza, las profundidades específicas, las obligaciones y las gracias del estado de virginidad consagrada en la Iglesia.
Debe ser capaz de mantener una vida de oración, ascetismo, crecimiento continuo y entrega de sí misma al servicio de Dios y de sus hermanos y hermanas en Cristo. La candidata deberá hacer un retiro espiritual anual.
Aunque no se dispone de un número exacto, hay más de 260 vírgenes consagradas en Estados Unidos y aproximadamente 5,000 en todo el mundo.
Me alegra decir que tenemos una candidata que ha comenzado su formación a una vida de virginidad consagrada en la diócesis de Lincoln. Invito a aquellas mujeres que sientan una llamada a esta hermosa vocación, a que se pongan en contacto conmigo directamente en la Cancillería, o a través de nuestra oficina diocesana de vocaciones.
Nota del editor: para más información, consulte la Asociación de Vírgenes Consagradas de Estados Unidos (USACV) en consecratedvirgins.org
Podemos estar en paz en medio del caos
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El obispo James Conley celebró la "Misa Blanca" para los profesionales de la medicina el sábado 14 de octubre en Lincoln. Esta es una versión abreviada de su homilía.
Es para mí una gran alegría celebrar cada año la Misa Blanca para nuestros profesionales médicos católicos. La Misa Blanca siempre se celebra el 18 de octubre o cerca de esa fecha, festividad de San Lucas, patrón de los médicos. El patrón de nuestro gremio de la Asociación Médica Católica de Lincoln (CMA) es San José Moscati, un santo médico.
En todo el país, los gremios de la CMA están celebrando Misas Blancas para rezar y dar gracias al Señor por la vocación al ministerio médico. La razón, por supuesto, de por qué se llama Misa Blanca está relacionada con las batas blancas que llevan como médicos.
Sabemos que Jesús fue ante todo un maestro y un sanador. Así que los que nos dedicamos a la enseñanza, o a la sanación, estamos involucrados en una vocación que realmente llega al corazón de la misión del Señor: enseñar y sanar. La Iglesia católica ha estado íntimamente implicada en la asistencia a la salud desde el principio: los primeros hospitales y las primeras facultades de medicina del mundo occidental fueron ministerios de la Iglesia católica. Tenemos una larga tradición en el campo de la salud. Compartir la misión del médico Divino es una vocación grande y noble.
En los Estados Unidos tenemos una enorme deuda de gratitud con las religiosas que fundaron y gestionaron los primeros hospitales católicos de este país. Fueron verdaderas pioneras de la misión evangélica de curar y dar consuelo a los enfermos. Nunca podremos agradecérselo lo suficiente.
Así que les doy las gracias a todos los que han respondido a la llamada de servir en la asistencia médica, sea cual sea su función, para ayudar a curar y llevar la sanación y la esperanza a las personas que tienen dificultades físicas, psicológicas, emocionales y de todo tipo. Eso está en el corazón del ministerio del Señor. Damos gracias al Señor por ese ministerio, y rezamos para que nos dé fuerza, valor, energía, renovación, esperanza y alegría, porque no es fácil.
Aquellos que están en las trincheras, ya lo saben. La vocación nunca ha sido fácil, supongo. Pero hoy, estamos en una época en la que hay muchos retos en la asistencia médica: nuevas tecnologías, retos éticos, derechos de conciencia y cuestiones de libertad religiosa; proporcionar asistencia médica a los pobres y a los que no tienen asistencia médica ni seguro. Su vocación es realmente muy, muy importante.
Como hoy es sábado, ofrecemos una Misa especial en honor de la Santísima Virgen María. Pedimos su intercesión, su poderosa intercesión por nosotros hoy y todos los días. La primera lectura está tomada del libro del profeta Joel (4,12-21). Es un pasaje bastante sorprendente, que trata del juicio, en el valle de Josafat, y de cómo Dios hará justicia al pueblo. Y no será bonito, pero será justo y, al final, asegura al pueblo que reinará la justicia de Dios.
Creo que debemos recordar esto también en nuestros días. Dios es nuestra fortaleza y nuestro escudo, como nos dice el profeta Joel, y Dios se sienta a juzgar al mundo. A veces, esto puede infundir miedo en nuestros corazones, que Dios no vaya a ser misericordioso conmigo, o que mi propia debilidad y pecaminosidad vayan a caer bajo el juicio del Señor. Y así será. Pero sabemos que nuestro buen Dios es un Dios de misericordia.
Pero no podemos presumir de la misericordia de Dios. Tenemos que hacer obras de justicia. Vivimos en la tensión de un mundo injusto, un mundo en el que vemos injusticias a nuestro alrededor. Cuando leo la primera lectura del Libro del Profeta Joel, no puedo evitar pensar en el reciente ataque despiadado y violento contra el pueblo de Israel por parte de terroristas islámicos. Cuando consideramos la difícil situación de los palestinos, vemos que es compleja e histórica, y es difícil ver una solución en esa parte tan, tan volátil del mundo: política, social, cultural y religiosamente. Pero confiamos en Dios. Él tiene el control, y al final hará justicia.
Eso es en lo que debemos fijarnos. Dios, que es pura justicia, arreglará las cosas y cada uno recibirá lo que le corresponde. Aunque haya injusticia en el mundo, al final, Dios hará justicia, y traerá la libertad y la paz a los que están oprimidos y sufren la injusticia, sea del modo o la forma que sea.
Es una buena noticia. Nos da esperanza y confianza en la fe en medio de la tremenda injusticia de nuestro mundo. Pero no podemos escapar a esa tensión. Tenemos que vivir, y hacer lo correcto, y hablar en favor de los justos, y dar testimonio con nuestras propias vidas de la verdad, la bondad y la belleza de Dios, incluso en medio de un mundo injusto, e incluso en medio de la persecución.
Es por eso que los que están llamados a la medicina, también son testigos de la justicia en su propia profesión. Ustedes han hecho el Juramento Hipocrático. Es muy aterrador e inquietante hoy en día saber que incluso el Juramento Hipocrático, que se remonta a la época de Grecia, o bien no lo hacen algunos médicos o incluso está prohibido hacerlo en las facultades de medicina. Ustedes que acogen ese juramento, y viven ese juramento, y son testigos de ese juramento sirven junto a personas que pueden no compartir esa misma creencia en ese juramento: "no hacer daño". Y, sin embargo, deben hacer lo correcto. Aún deben dar testimonio de la verdad de lo que están llamados a hacer. Y eso puede implicar persecución. Esto es más importante ahora que nunca.
Soy el asesor nacional de política episcopal de la Asociación Médica Católica de Estados Unidos y el padre Christopher Kubat (de la diócesis de Lincoln) es el capellán nacional. En nuestra conferencia del mes pasado en Phoenix, nos enteramos de que el mayor segmento de miembros de la CMA eran estudiantes de medicina y residentes. Estamos experimentando un crecimiento sin precedentes de miembros estudiantes y residentes.
Siempre ha sido difícil atraer a estudiantes de medicina y residentes ocupados para que asistan a una de nuestras conferencias anuales o participen en la CMA. Su tiempo lo consumen sus estudios, sus residencias y sus becas. Pero, en esta conferencia, tuvimos el mayor número en la historia de la organización. 61 estudiantes de medicina y 26 residentes asistieron a toda la conferencia.
Eso me dice que buscan apoyo. En el ambiente actual, buscan ayuda y apoyo en gran número. Buscan consejo de mentores que hayan ejercido la profesión, buscan apoyo jurídico. Quieren conocer sus derechos, sus derechos de protección de conciencia y sus derechos de libertad religiosa. Porque saben que van a entrar en una profesión que no siempre va a apoyar su visión católica del mundo.
El padre Kubat puede decirles que estos jóvenes médicos y futuros médicos quieren practicar una medicina verdadera y justa. Son católicos en primer lugar, y médicos o futuros médicos, en segundo lugar. Se toman realmente en serio su fe, y su presencia nos llena de humildad y nos edifica. Quieren estar bien equipados, informados y contar con apoyo. Así que se están uniendo a los gremios locales de todo el país, mientras se preparan para su futuro en la medicina.
Es sorprendente que haya tanto interés en afiliarse a la CMA en estos tiempos difíciles, es un signo de esperanza. Están preparados para la batalla; quieren marcar la diferencia; quieren ser testigos de la justicia y la rectitud en la medicina. Queremos apoyarlos y ser testigos de esa justicia en el mundo.
La lectura del Evangelio de hoy (Lucas 11:27-28) puede ayudarnos a ser testigos de la justicia. Cristo señala a María, su madre. Para ella, la palabra de Dios era lo primero y también debería ser lo primero para nosotros. Y eso es lo que Jesús nos dice hoy. Pongamos la palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia en primer lugar en nuestra práctica, en nuestras comunidades y en nuestras familias. Debemos cumplirlo, por justicia. Por encima de todo lo demás: lazos familiares, cultura, lo que sea, la palabra de Dios y la verdad deben motivar todas nuestras acciones, incluso frente a la oposición.
Creo que es un buen complemento al juicio de Joel. Podemos estar en paz. Si seguimos la Palabra de Dios y miramos el mundo a través del lente de nuestra fe católica, y vemos todo y juzgamos todo, y evaluamos todo a través del lente de nuestra fe, entonces podemos estar en paz, incluso en medio del caos y la injusticia en que vivimos.
Acerca del Sínodo sobre la Sinodalidad
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El miércoles 4 de octubre, el Papa Francisco convocó en Roma el Sínodo sobre la Sinodalidad. Esta reunión de obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos de todo el mundo es la primera de las dos próximas asambleas mundiales que se celebrarán en el Vaticano. La que comenzó esta semana pasada concluirá el 28 de octubre. La segunda fase de esta iniciativa tendrá lugar el próximo año, durante el mes de octubre de 2024.
La palabra " sínodo " viene del griego syn que significa "juntos" y hodos, que significa "viajar" o "viaje". Aunque los sínodos o concilios gozan de una larga historia en la Iglesia católica, que se remonta a los primeros siglos, sólo a partir del Concilio Vaticano II la frecuente reunión en el Vaticano de obispos y otros líderes eclesiásticos, para tratar diversos temas de la vida de la Iglesia, ha formado parte habitual del ministerio universal de la Iglesia católica. Por ejemplo, el Sínodo de Hipona, en el norte de África, en 393, condujo a la declaración del canon de la Sagrada Escritura. El Sínodo de Whitney, en Gran Bretaña, en el año 664, determinó la fecha de celebración de la Pascua, de acuerdo con la fecha romana, frente a la costumbre celta.
Por siglos, las reuniones sinodales han tenido lugar a nivel diocesano, así como a nivel nacional. Aquí, en la diócesis de Lincoln, el último sínodo diocesano que tuvo lugar fue en 1996 y, antes de eso, hubo sínodos diocesanos en 1959, 1934 y 1917.
Al final del Concilio Vaticano II, en septiembre de 1965, el Papa San Pablo VI promulgó un decreto para establecer una oficina vaticana permanente llamada Sínodo de los Obispos, que supervisaría y dirigiría sínodos mundiales regulares, para continuar la experiencia del Concilio Vaticano II y ayudar a la Iglesia católica a afrontar las esperanzas y los retos del mundo moderno, así como para fomentar una colaboración más estrecha entre el Papa y los obispos de todo el mundo.
El Papa Pablo VI estableció tres tipos de sínodos: ordinarios (para asuntos relativos al bien de la Iglesia universal), extraordinarios (para asuntos de interés urgente) y especiales (centrados principalmente en las preocupaciones de una región o continente). En los últimos casi 60 años se han celebrado 15 sínodos ordinarios, tres extraordinarios y 11 especiales (el más reciente, el Sínodo Panamazónico de 2019).
El Sínodo sobre la Sinodalidad que ha comenzado esta semana es el decimosexto sínodo ordinario y abordará el tema de la propia sinodalidad. Es único entre todos los sínodos anteriores desde el Vaticano II en el sentido de que este sínodo se esforzará por llegar a una comprensión más profunda del concepto de la propia palabra sínodo, de "caminar juntos".
En un discurso que pronunció el 17 de octubre de 2015, con motivo del 50 aniversario del establecimiento de la oficina vaticana del Sínodo de los Obispos, el Papa Francisco habló de la prioridad que está dando a la comprensión de la "sinodalidad" cuando dijo: "Desde el comienzo de mi ministerio como Obispo de Roma, traté de mejorar el sínodo, que es el uno de los legados más preciosos del Concilio Vaticano II."
El Sínodo sobre la Sinodalidad, iniciado por el Papa Francisco en octubre de 2021, es una empresa mundial de varios años de duración, durante la cual se pidió a los católicos que enviaran a sus diócesis locales sus comentarios sobre la pregunta: "¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro "camino juntos"?"
A lo largo de estos dos últimos años, se invitó a los fieles a aportar sus reflexiones sobre cuáles son sus principales preocupaciones y experiencias dentro de la Iglesia. Estas respuestas fueron recopiladas por las diversas conferencias episcopales nacionales, que culminaron en lo que los organizadores del sínodo llaman la "fase continental" del camino sinodal. Estas respuestas recopiladas se enviaron al Vaticano y servirán de base para todos los debates futuros.
Hablé de la fase diocesana local de este proceso aquí, en la diócesis de Lincoln, en el Southern Nebraska Register del 14 de enero de 2022, "La diócesis de Lincoln inicia la fase local del sínodo de dos años".
Por primera vez desde que se estableció el proceso sinodal en 1965 al final del Concilio Vaticano II, el sínodo que comenzó esta semana incluirá delegados con derecho a voto que no son obispos. Casi un tercio de los 364 delegados con derecho a voto fueron elegidos directamente por el Papa Francisco, que incluye laicos, sacerdotes, mujeres consagradas y diáconos.
Cada conferencia episcopal nacional fue invitada a elegir obispos delegados para representar a su organismo nacional. El pasado mes de noviembre, los obispos estadounidenses eligieron al arzobispo Timothy Broglio, arzobispo de la archidiócesis militar y presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos; al cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York; al obispo Robert Barron, obispo de Winona-Rochester, Minnesota; al obispo Kevin Rhoades, obispo de Fort Wane-South Bend, Indiana; y al obispo Daniel Flores, obispo de Brownsville, Texas, para que fueran nuestros representantes electos en el sínodo de Roma. Conozco bien a estos prelados y siento el mayor respeto por estos cinco arzobispos y obispos. No son tímidos. Escucharán atentamente las deliberaciones y hablarán cuando sea necesario.
Los medios de comunicación han especulado mucho sobre lo que podría debatirse en el sínodo. Sabemos que hay tres cuestiones generales para la próxima asamblea sinodal, tal y como se definen en el documento guía de la asamblea sinodal de 2023, llamado Instrumentum Labores (documento de trabajo). Estas preguntas son
> ¿Cómo podemos ser más plenamente signo e instrumento de la unión con Dios y de la unidad de toda la humanidad?
> ¿Cómo podemos compartir mejor los dones y las tareas al servicio del Evangelio?
> ¿Qué procesos, estructuras e instituciones son necesarios en una Iglesia sinodal misionera?
Es bien sabido que el Papa Francisco quiere escuchar a todas las voces. Podemos suponer que se debatirán varios temas controvertidos. Yo recomendaría que recibamos nuestra información sobre lo que está sucediendo durante el proceso sinodal, tanto para la sesión de este mes de octubre como para la de octubre de 2024, de fuentes fiables y de confianza, como el Southern Nebraska Register. Debido a la naturaleza instantánea de los medios de comunicación social y la falta de precisión y fiabilidad de los blogs personales, comentaristas de medios sociales y expertos digitales, la percepción errónea y el malentendido es una preocupación real, y me gustaría advertir que nos mantengamos alejados de estas fuentes de noticias tanto como sea posible.
El Señor prometió que guiaría a su Iglesia hasta el final de los tiempos y que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella. El Señor cumple sus promesas y podemos confiar en la guía del Espíritu Santo que habla a través del Sucesor de San Pedro.
Al final de todo este proceso de dos años, cuando el informe final del sínodo sea finalmente presentado al Santo Padre, éste preparará entonces su propia Exhortación Apostólica basada en las conclusiones del Sínodo sobre la Sinodalidad. Este documento, y sólo este documento, constituirá el auténtico magisterio de la Iglesia. Como muy pronto, este documento se publicará en la primavera de 2025, y lo más probable es que mucho más tarde.
Recemos por el éxito del Sínodo sobre la Sinodalidad y confiemos en la guía, la protección y la seguridad del Espíritu Santo.
Retomando fuentes de sabiduría más relevantes que nunca
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El 14 de septiembre, Fiesta de la Exaltación de la Cruz, marcó el 25º aniversario de la épica encíclica de San Juan Pablo II, Fides et Ratio (Fe y Razón). También marcó el 11º aniversario de mi nombramiento por el Papa Benedicto XVI, como noveno obispo de la diócesis de Lincoln, por lo que estoy eternamente agradecido a Dios. Estos dos aniversarios me han brindado la oportunidad de hacer algunas reflexiones.
Aunque el Papa Benedicto XVI me nombró obispo en el 2008, con mi nombramiento como obispo auxiliar de Denver bajo el arzobispo Charles Chaput, y luego me transfirió a la diócesis de Lincoln en el 2012, definitivamente soy un hombre de JPII. Él fue elegido a la Cátedra de Pedro en el año 1978, menos de tres años después de que yo fuera recibido en la Iglesia católica durante mis años universitarios.
La primera vez que lo oí hablar en persona fue el 4 de octubre de 1979, en Des Moines, Iowa, en la Misa celebrada en Living History Farms, durante su primera visita a Estados Unidos como nuevo Papa. Puedo decir que fue en esa Misa donde escuché por primera vez la llamada al sacerdocio. Él, a través del Espíritu Santo, me inspiró el deseo de ser sacerdote. Fui ordenado como sacerdote en 1985, en la plenitud de su pontificado. Luego me llamó a servirle en el Vaticano como funcionario de la entonces Congregación para los Obispos, en 1996. Le serví en esa función hasta su muerte, el 2 de abril de 2005.
Crecer como joven católico converso en los años postconciliares fue una época de gran confusión y cambio, tanto en lo cultural como en la Iglesia. San Juan Pablo II fue siempre un símbolo de estabilidad y seguridad. Se convirtió en el "verdadero norte" de la fe católica durante aquellos turbulentos años postconciliares. Siempre se podía acudir a él en búsqueda de claridad, dirección y seguridad de que la Iglesia seguía siendo un faro de luz y esperanza en medio de una cultura secular en constante crecimiento.
Pero fue en la década de los 90 donde dejó sus mayores y más significativas huellas. Empezando por la promulgación del catecismo universal de la Iglesia católica en 1992, seguido por su encíclica sobre la teología moral fundamental, Veritatis Splendor (El esplendor de la verdad) en 1993, y su encíclica sobre la vida humana, Evangelium Vitae (El Evangelio de la vida) en 1995, devolvió la Barca de Pedro a un puerto seguro, en medio de las tormentas de la última década del siglo 20, un mundo plagado de confusión y dudas sobre estas verdades fundamentales sobre la persona humana y la sociedad humana.
Pero San JPII era un filósofo en su corazón, y por eso su épica encíclica Fides et Ratio fue, quizás, la joya más brillante de la corona de esa década en la que nos dio tanto. Fides et Ratio es, por mucho, la más filosófica de sus 16 encíclicas, y nos asienta en una comprensión adecuada de la realidad y de cómo llegamos a conocer la realidad de las cosas.
El regalo único de nuestra tradición intelectual católica es la comprensión de la unidad de la fe y la razón. Nuestra herencia de varios siglos de educación católica nos permite ver los signos sacramentales del autor de la creación en el mundo que nos rodea, atrayéndonos hacia todo lo que es verdadero, bueno y bello. San Juan Pablo II nos recuerda que la fe y la razón nunca pueden contradecirse, y son como las dos alas de un pájaro que pueden ayudarnos a remontar el vuelo hacia las alturas de la realidad. Nuestro Señor es el Logos, la Palabra, en quien todas las cosas encajan. De hecho, si separamos la fe de la razón, todo se desmorona. La fe puede incluso rescatar a la ciencia y a la razón cuando nos lleva demasiado lejos y descarta al autor de la creación y, por tanto, al autor de la ciencia y de la razón.
En el ámbito de la educación, por ejemplo, si nos centramos sólo en la razón o en la ciencia, como se ve en las escuelas ultrautilitaristas e industrializadas de enseñanza superior de hoy, hacemos un mal servicio a nuestros alumnos. La razón por sí sola puede estar carente de conciencia y de la plenitud de la verdad. La sabiduría es lo que la persona humana se esfuerza por adquirir, no simplemente el conocimiento y la acumulación de información. El mundo es un lugar diferente a través de los ojos de la fe. Para ver el rostro de Dios en la eternidad, debemos usar nuestra razón para conocerlo, aprender a amarlo y tener fe para servirlo. Cuando formamos a nuestros alumnos tanto en la fe como en la razón, cultivamos una imaginación católica encarnada, sacramental y eclesial. Les damos la capacidad de verse a sí mismos en el relato de la historia de la salvación y de ver las cosas en relación con Cristo, que es a la vez Logos y Amor.
Como creyentes, comprendemos por la fe y la razón que todo procede de Dios, el Creador. Y, por tanto, no hay nada que podamos descubrir, o que la ciencia pueda aportarnos, que contradiga jamás la fe, porque si procede de Dios y forma parte de Su creación, entonces forma parte de la armonía y el orden de las cosas. No hay nada en la fe que deba temer a la razón o a la ciencia. Nunca puede haber contradicción entre la fe y la razón.
Puede que haya cosas en la ciencia que no podamos explicar, pero eso es simplemente porque va más allá del ámbito de lo demostrable. Esto se debe a que, en última instancia, la realidad es un misterio. Nunca podremos saber todo sobre la realidad, por muy científicamente avanzados que lleguemos a estar, y nunca lo sabremos, porque estamos tratando con Dios, con la creación de Dios, y Dios es infinito, y nunca vamos a descifrar todos los misterios del universo.
Por desgracia, en la educación secular se enseña a los jóvenes que las cosas de la religión, la fe, las cosas que pertenecen al ámbito espiritual, no son tan importantes o significativas como la ciencia. Y, por lo tanto, muchos jóvenes se han vuelto ateos, porque creen que las verdades que presenta la religión son de algún modo menos importantes porque no pueden demostrarse científicamente. Es una forma muy superficial de ver el mundo.
Fides et Ratio nos enseña que las cosas están algo "dadas", que existe una realidad objetiva que no creamos nosotros mismos, sino que descubrimos. Podemos confundirnos al respecto, pero el hecho es que esa realidad es absoluta, objetiva e inalterable. No podemos imponer o crear la realidad por nosotros mismos a través de nuestra mente.
Si seguimos una educación carente de cualquier dimensión de fe, o revelación, o filosofía, entonces hemos frustrado el conocimiento, y eso limita nuestros horizontes. Si separamos a la fe de la razón, nos quedamos en una neblina opaca. Para un cristiano, el aprendizaje es una aventura de fe que busca la comprensión, como lo describe San Anselmo.
Fides et Ratio, junto con las otras dos encíclicas mencionadas y el Catecismo de la Iglesia Católica, forman el núcleo del legado intelectual de San Juan Pablo II, y se han convertido en los pilares del monumental pontificado de Juan Pablo II. Resulta inquietante que en algunos círculos del mundo católico, unos 25 y 30 años después, se pongan en duda estos documentos de enseñanza de la década de los 90. Al final, estas enseñanzas superarán la prueba del tiempo. No tengo miedo de ello. Pero mientras tanto, algunos se dejarán llevar por mal camino y caerán en la confusión.
En mi propia vida, Fides et Ratio me ha ayudado a comprender la unidad de la fe y la razón, y a ver la fe y la razón -la teología y la filosofía, la religión y la ciencia- como cosas que pueden enriquecerse mutuamente.
Así que, con este aniversario de Fides et Ratio, necesitamos volver a visitar estas fuentes de sabiduría que nos dio este santo Papa. San Juan Pablo II nos ha dado un maravilloso patrimonio de enseñanzas que aún no ha sido explorado en toda su profundidad. La gente necesita volver a leer estas enseñanzas perennes, porque hoy son más relevantes que nunca.
La gran cantidad de obras de San Juan Pablo II -incluyendo Fides et Ratio- puede mostrarnos cómo la doctrina establecida puede ser un ancla para el futuro. Puede mantenernos en el rumbo en estos tiempos turbulentos que conocemos, 25 años después, en relación con las verdades sobre la persona humana, el hombre y la mujer, las verdades sobre la vida y la muerte, y cómo llegamos a conocer la realidad.
Contemplando al Hijo
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El 8 de septiembre celebramos el cumpleaños de la Santísima Virgen María y una de las más antiguas fiestas de María.
La historia nos enseña que esta fiesta tiene su origen en la dedicación de la iglesia de Santa Ana en Jerusalén en el siglo VI. Esta antigua iglesia, dedicada a la madre de María, se construyó sobre la casa donde vivían los santos Joaquín y Ana, los padres de María. Y éste es el lugar más probable donde María nació y creció de niña.
Esta iglesia se encuentra a dos minutos a pie del antiguo Templo de Jerusalén. Uno puede imaginarse fácilmente a Joaquín y Ana llevando a su hija pequeña al Templo para el culto. Lo que más recuerdo de mi visita a esta iglesia de piedra es su acústica. A los coros les encanta cantar en esta iglesia porque es muy propicia para el canto.
Sabemos que, a lo largo de los siglos, artistas y escultores se han sentido fascinados por la belleza y el misterio de la Virgen María. La figura de la Madonna, derivada del italiano ma donna o "mi señora", es fácilmente la imagen más reconocible y la más producida en la historia del arte.
Una de las imágenes marianas favoritas para mí se titula "La Virgen adorando a la Hostia". El óleo sobre lienzo original de 1852, obra del artista francés del siglo XIX Jean Auguste Dominique Ingres, se encuentra en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
Esta imagen singular y cautivadora de María es particularmente significativa para nosotros hoy, porque acabamos de entrar en el segundo año -lo que llamamos la "fase parroquial"- de un Avivamiento Eucarístico Nacional de tres años de duración. El cuadro de María pintado por Ingres dirige sus ojos hacia abajo, en una mirada pacífica y devota a la Sagrada Hostia, que está suspendida sobre una patena, cubriendo un cáliz que descansa sobre un altar. La mirada de María atrae nuestra atención hacia la Sagrada Eucaristía, la presencia real de Jesucristo, cuerpo, sangre, alma y divinidad, el Verbo hecho carne en la Sagrada Hostia. Es como si María nos invitara a adorar a su hijo Jesús y a contemplar con ella la Sagrada Hostia.
Contemplar al Señor en adoración eucarística en silencio es un modo poderoso de reavivar nuestro propio amor, comprensión y gratitud por el don de Jesús, en la Sagrada Eucaristía, engendrando en nosotros una verdadera imaginación sacramental.
Me complace informarles de que nuestra iniciativa diocesana de la Peregrinación de Pasaporte Eucarístico, que se puso en marcha el mes pasado, está generando mucho interés en toda la diócesis. He tenido noticias de dos personas que ya casi han completado su peregrinación a los 17 lugares eucarísticos. Una de estas personas me dijo que, además de pasar tiempo en oración en los distintos lugares, les impresionó la belleza de las capillas y la inmensidad del paisaje de Nebraska mientras visitaban los lugares, algunos de los cuales nunca habían visitado antes.
Algunos me han preguntado cuál es la diferencia entre la adoración eucarística con el Santísimo Sacramento expuesto en una custodia sobre el altar, y hacer una visita a una iglesia y pasar un rato en oración ante Jesús en un sagrario cerrado. Ambos, por supuesto, son ejercicios espirituales elogiables y beneficiosos. Cuando enseñaba a niños de primaria como joven sacerdote, solía explicarlo así: imagina que vivieras en Nazaret en tiempos de Jesús y pasaras por delante de su casa. Probablemente pensarías: "ahí vive mi amigo Jesús".
Pero, ¿y si pasaras por allí y Jesús estuviera en el porche, no sería diferente? ¿No te sentirías movido a detenerte, saludarlo y tal vez pasar un poco más de tiempo con Él? Sé que éste no es probablemente un buen argumento teológico para la exposición y adoración de la Sagrada Eucaristía, pero siempre resonó con los niños de la escuela.
Cuando adoramos a Jesús en la Sagrada Eucaristía, adoramos a Dios, que es amor. Y porque podemos ver la Sagrada Hostia, bajo la apariencia de simple pan, estamos contemplando el amor hecho visible. Se nos recuerda que Dios bajó del cielo y se hizo carne en el seno de la virgen. Vivió, sufrió y murió por nosotros, y resucitó al tercer día, para llevarnos al cielo.
A medida que crecemos hacia una imaginación sacramental cada vez más profunda, empezamos a verlo todo a través del lente de la Encarnación. Incluso empezamos a vernos a nosotros mismos a través del espejo de la Encarnación. Como San Juan Pablo II decía tan a menudo, "Jesucristo es la respuesta a la pregunta que es toda vida humana". La encarnación nos sitúa en una verdadera antropología cristiana e incluso nos revela a nosotros mismos, nuestra plena identidad como hijos e hijas amados del Padre y verdaderos hermanos y hermanas de Jesús.
Contemplar a María, que está contemplando a Jesús, nos ayuda a ver a Jesús como el centro de todo. Al contemplar el rostro humilde y recatado de la virgen de Ingres, vemos a la Santísima Madre arrebatada en el amor y la adoración de su hijo Jesús, el Señor Eucarístico, "fuente y cumbre de nuestra fe católica."
En su mirada, ella personifica la verdad, la bondad y la belleza. María es también la Cátedra de la Sabiduría y el modelo de la fe. Ella personifica la docilidad al Espíritu Santo, en el amor trinitario. Sigamos su ejemplo y miremos a Jesús para que también nosotros podamos verlo como el centro de todo.
Nuestra peregrinación eucarística diocesana: ¡únanse a nosotros!
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Supongo que muchos de ustedes conocen el Programa Pasaporte de Nebraska, en el que los nebraskenses visitan los destinos más destacados de nuestro estado y estampan sellos en sus "pasaportes" para conmemorar sus viajes.
Esta iniciativa creativa de la Comisión de Turismo de Nebraska es un incentivo maravilloso para que los habitantes de Nebraska, así como los que viven fuera de Nebraska, viajen por nuestro gran estado y conozcan los numerosos lugares bellos e inspiradores que ofrece "la buena vida". Según el sitio web oficial del NPP, su objetivo es "ayudar a los viajeros a descubrir las joyas ocultas de Nebraska". El Pasaporte de Nebraska es especial porque ofrece una amplia variedad de aventuras de viaje, incluyendo museos, parques, restaurantes, viñedos, tiendas y mucho más".
En parte inspirado por este maravilloso programa de Nebraska, por mi propio amor por las peregrinaciones y por el Avivamiento Eucarístico nacional de tres años inaugurado por nuestros obispos de Estados Unidos en el 2022, me entusiasma invitarlos a que me acompañen a viajar a través de la diócesis católica de Lincoln en una "Peregrinación de Pasaporte Eucarístico". Desde Imperial hasta Rulo; pasando por Plattsmouth, Beaver Crossing y Holdrege, les invito a visitar la verdadera "joya escondida" de nuestra diócesis, Jesucristo, cuerpo, sangre, alma y divinidad, presente en la Santísima Eucaristía, "escondido" bajo la apariencia de pan, que espera su visita piadosa en las capillas e iglesias de toda nuestra hermosa diócesis.
La Peregrinación de Pasaporte Eucarístico es una forma de profundizar nuestro conocimiento, amor y aprecio por el gran don y misterio de la Sagrada Eucaristía y, al mismo tiempo, disfrutar de "una amplia variedad de aventuras de viaje" solos o con miembros de la familia y amigos, a lugares de la diócesis que, tal vez, nunca hayas visitado antes. Así es como funciona.
A partir del fin de semana del 12 y 13 de agosto, en toda la diócesis de Lincoln, estarán disponibles, de forma gratuita, "Pasaportes Eucarísticos" en la parte trasera de todas nuestras iglesias parroquiales. Podrán recoger un pasaporte eucarístico oficial, según las necesidades de sus familias, junto con información y un mapa que indica la ubicación de los 17 lugares eucarísticos especialmente designados en toda la diócesis.
En estos lugares, a las horas designadas, el Santísimo Sacramento estará expuesto para la oración silenciosa y la adoración en una custodia sobre el altar. Los invito a visitar en oración estos lugares y a hacer una hora santa, rezando por sus propias intenciones especiales, por las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, y a rezar por un verdadero avivamiento del amor, la comprensión y el aprecio por Jesús en la Sagrada Eucaristía, en nuestra diócesis y en todo Estados Unidos.
Nos hemos asociado con la buena gente de la aplicación Hallow para proporcionar instrucciones, contenido y reflexión sobre la mejor manera de hacer una hora santa. Sólo tienes que descargar la aplicación e ir a la sección de horas santas. También hay oraciones en el propio pasaporte.
Una vez que hayan completado su hora santa, habrá un sello oficial situado en la parte trasera de la iglesia o capilla. Les pedimos que sellen su pasaporte y que escriban la fecha de su visita para demostrar que han visitado el lugar, de forma muy parecida al Programa Pasaporte de Nebraska o al Camino en España a Santiago de Compostela.
Tendrán aproximadamente 12 meses para llenar los 17 espacios de sus pasaportes, si así lo desean. Nuestra Peregrinación de Pasaporte Eucarístico concluirá el 17 de julio del 2024, con el comienzo del Congreso Eucarístico Nacional en Indianápolis. Debido a las vastas distancias que cubren las 25,000 millas cuadradas de nuestra diócesis, y a los momentos únicos en que el Santísimo Sacramento estará expuesto en 17 lugares eucarísticos, completar toda la peregrinación eucarística no será una tarea fácil. Se podría decir que se trata de una santa competición de oración, pero habrá premios y un reconocimiento especial para las 10 primeras personas que completen toda la peregrinación antes del 17 de julio del próximo año. Si deciden hacerlo, utilicen la información de contacto en www.lincolndiocese.org/revival.
Quizá deseen celebrar la finalización de la Peregrinación de Pasaporte Eucarístico uniéndose a sus compañeros católicos de toda las diócesis y de todos los Estados Unidos, y viajar a Indianápolis para asistir al Congreso Eucarístico Nacional. El comité nacional de planificación espera que más de 100,000 peregrinos viajen a Indianápolis el próximo mes de julio. La última Peregrinación Eucarística Nacional tuvo lugar en 1976 en Philadelphia, donde un entonces desconocido arzobispo polaco y futuro Papa asistió como peregrino, el joven Cardenal-Arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla a quien hoy conocemos como San Juan Pablo II.
Si tienen edad suficiente para recordar la Jornada Mundial de la Juventud de San Juan Pablo II en Denver en 1993, creo que será una experiencia muy similar en nuestros días.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la "Eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana". En otras palabras, la Eucaristía -el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo (como nuestro Señor reveló en las Sagradas Escrituras)- es la fuente misma de la vida para nosotros como cristianos, invitándonos a una unidad, paz y felicidad más profundas con nuestro Dios. A nosotros, hijos de Dios, se nos ha encomendado proteger y promover en nuestro mundo este precioso don o "joya". Qué mejor manera de hacerlo que peregrinando por nuestro hermoso Estado en un espíritu de amor y devoción eucarísticos.
En los últimos años, diversas encuestas han indicado que una mayoría de católicos cree que la Eucaristía es un mero símbolo del Señor, y no lo que realmente es, el verdadero cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesús, bajo la apariencia de simple pan. Para responder a esta confusión, los Obispos de Estados Unidos iniciaron en 2022 una campaña de tres años para ayudar a la gente a enamorarse de nuevo con la Sagrada Eucaristía, y llegar a una comprensión y apreciación más profundas de este asombroso misterio.
El Programa Pasaporte de Nebraska ha sido una forma muy popular de promover Nebraska y sus hermosos lugares. Espero y rezo para que nuestra peregrinación diocesana de Pasaporte Eucarístico ofrezca a miles de nebraskenses la oportunidad de realizar una peregrinación espiritual a través de nuestro estado. Rezo para que esta sea una ocasión de verdadero encuentro con nuestro Señor Eucarístico, escondido en el Santísimo Sacramento y una oportunidad de verdadera renovación y avivamiento para nuestro Señor Eucarístico. Y, al igual que el Programa Pasaporte de Nebraska, nos inspire a viajar por nuestro hermoso estado con espíritu de oración y gratitud.
“La gloria de Dios es la persona humana plenamente viva”
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En "La Doctrina de la Santa Sede sobre las Escuelas Católicas", el Arzobispo J. Michael Miller dice: "Las escuelas católicas participan en la misión evangelizadora de la Iglesia de llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra. En particular, son lugares para la evangelización de los jóvenes. Como instituciones eclesiales, son el entorno privilegiado en el que se lleva a cabo la educación cristiana."
Estas palabras me recuerdan cómo hemos sido bendecidos en la diócesis católica de Lincoln con una rica historia de educación católica. Nebraska es igualmente bendecida porque la educación católica es una parte tan integral de la historia del estado como es esencial para su presente. Padres dedicados, educadores comprometidos y la influencia de sacerdotes y religiosas han formado almas jóvenes en fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia, a la vez que han creado una tradición de excelencia académica y cívica insuperable.
Si, como decía san Ireneo, "la gloria de Dios es la persona humana plenamente viva", entonces nuestras escuelas personifican la labor de armonizar una existencia terrenal virtuosa y productiva con un corazón plenamente comprometido a Cristo. En resumen, ¡nuestras escuelas están en el negocio de formar jóvenes que estén plenamente vivos!
La oportunidad de acceder a esa educación debe estar al alcance de todos los que la deseen. Lamentablemente, mientras que otros 49 estados habían aprobado algún tipo de legislación sobre la opción escolar en los últimos 30 años, Nebraska no lo había hecho. Y así, durante décadas, las familias de Nebraska se vieron privadas de la misma oportunidad que tenían cientos de miles de familias de todo el país (¡y del mundo!).
Es por eso que la histórica aprobación y firma en ley esta primavera de LB753, "La Ley de Becas de Oportunidad", creó una oleada de celebración y atención de los medios. También nos presenta una ocasión única para discutir cómo podemos proteger las oportunidades educativas para nuestros compañeros de Nebraska que no pueden alcanzar el buen trabajo de nuestras escuelas.
Lamentablemente, la información errónea sobre la "Ley de Becas de Oportunidad" sigue siendo promulgada por los opositores. Un grupo llamado "Support Our Schools" (Apoya Nuestras Escuelas) está en medio de un esfuerzo para revocar las "Becas de Oportunidad". Su deseo de quitar oportunidades educativas a las familias niega tanto un derecho fundamental de los padres, como más de 30 años de estudios que demuestran los beneficios de las opciones escolares para los niños y las familias.
Aunque estos estudios son importantes y reveladores, también confirman la doctrina de la Iglesia desde hace mucho tiempo sobre el papel de los padres como primeros educadores, que tienen "derecho a elegir para sí la escuela que corresponda a sus propias convicciones. Este derecho es fundamental... y las autoridades públicas tienen el deber de garantizar este derecho de los padres...." (Catecismo de la Iglesia Católica 2227-2229).
En otras palabras, antes de que "opciones escolares" y "derechos de los padres" fueran palabras de moda en la sociedad, eran enseñanzas fundamentales de la Iglesia Católica. Quizá por eso, la mayoría de los países con una población cristiana considerable apoyan a los padres, a los niños y a la educación religiosa con ayudas económicas. Con demasiada frecuencia, los católicos estadounidenses no se dan cuenta de que tienen el derecho político y civil de elegir la educación adecuada para sus hijos. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia llega incluso a afirmar que “el negar el apoyo económico público a las escuelas no públicas que necesitan ayuda y que prestan un servicio a la sociedad civil se considera una injusticia."
Ahora que las opciones escolares son por fin una realidad en Nebraska, debemos proteger el derecho de los padres a elegir la mejor escuela para sus hijos. Nuestra misión es aún más urgente si tenemos en cuenta que la "Ley de Becas de Oportunidad" da prioridad a los pobres y vulnerables. Al proteger las opciones escolares, en realidad estamos haciendo una "doble tarea" como católicos: Fortalecemos a los padres como principales educadores de sus hijos, a la vez que defendemos las oportunidades educativas para quienes carecen de acceso o de medios.
Como su obispo, estoy comprometido con esta labor. Estoy orgulloso de unirme al arzobispo de Omaha, George Lucas, y al obispo de Grand Island, Joseph Hanefeldt, en este esfuerzo. Cada una de nuestras diócesis está distribuyendo recursos creados conjuntamente con la ayuda de la Conferencia Católica de Nebraska. En las próximas semanas y meses, verá artículos de promoción e información para parroquias y escuelas. He aquí algunas maneras en que usted puede ayudar a proteger las oportunidades educativas:
Informarse y formarse sobre el tema. Si bien esto es siempre nuestra responsabilidad cívica, con tanta desinformación y confusión, es vital llegar a la verdad. Visite www.NECatholic.org/keepkidsfirst para obtener claridad sobre LB753.
Declinar cortésmente firmar la petición de oposición presentada por la supuesta "Support Our Schools".
Buscamos "Capitanes de Opciones Escolares” en nuestras parroquias y escuelas. Este liderazgo local es esencial para nuestros esfuerzos. Por favor considere en oración esta oportunidad y envíe sus preguntas e interés a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it..
Visite www.keepkidsfirstnebraska.com para saber cómo puede participar en la lucha por la libertad educativa.
Como ya he dicho antes, hermanos y hermanas, Dios nos hizo para estos tiempos. Nos ha creado amorosamente a cada uno de nosotros para que desempeñemos un papel importante en su plan divino. Estamos llamados a participar activamente en el Cuerpo de Cristo utilizando los carismas y dones especiales que Él nos ha dado.
El momento que se nos presenta, en defensa de la oportunidad educativa, requiere oración y reflexión sobre cómo cada uno de nosotros utilizará los dones con los que ha sido bendecido. "Porque así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros tienen la misma función, así también nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros (Rom. 2:4-5)". Por favor, considere en oración cómo puede ayudar a proteger la oportunidad única de cada niño para la educación que sea mejor para ese estudiante.
Esta victoria no es el final, sino el principio
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El 24 de junio del 2023 se cumple un año de la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos en el caso Dobbs contra Jackson Women's Health Organization, que anuló 49 años de aborto de libre demanda a escala nacional.
La decisión de Roe contra Wade en 1973 parecía prácticamente insuperable, pero tras años de oración, duro trabajo y una creencia inquebrantable en la santidad y dignidad de toda vida humana en el seno materno, la verdad ha triunfado. Esta fecha de aniversario es una ocasión de gran alegría y gratitud; un día para recordar a los innumerables trabajadores fieles que se han dedicado a la oración, la acción, el testimonio y el servicio en apoyo de la causa de la vida; y un día para dar gracias a Dios por su bondad y misericordia.
Mientras nos alegramos de que el aborto legal ya no sea la ley federal del país, recordamos que esta victoria no es el final, sino el principio de una nueva fase crítica en nuestros esfuerzos estatales para proteger a las mujeres y a los niños vulnerables de la violencia del aborto. Con la decisión del Tribunal Supremo del año pasado, la autoridad para regular el aborto queda ahora en manos de cada estado. En estos últimos 12 meses, mientras algunos estados han actuado para proteger a los niños antes de nacer y a sus madres, otros han actuado trágicamente para sancionar el aborto en la legislación estatal, promulgando políticas abortistas extremas que dejan a los niños y a las mujeres vulnerables al aborto, incluso hasta el momento del nacimiento.
El mes pasado, el estado de Nebraska aprobó una ley para reducir los abortos electivos de las 20 semanas de embarazo a las 12 semanas. De hecho, desde la caída del caso Roe contra Wade hace 12 meses, ahora la mitad de los estados de Estados Unidos prohíben los abortos después de las 12 semanas. Aunque este nuevo proyecto de ley en Nebraska salvará la vida de cientos de bebés y protegerá a sus madres del trauma del aborto, la triste realidad es que el 85% de los abortos que se llevan a cabo cada año en el estado de Nebraska -cerca de 2,000 abortos- seguirán sin disminuir. Todavía podemos hacer algo mejor por los bebés y sus madres.
En palabras de la senadora Joni Albrecht, patrocinadora de la LB 626, "la ley del latido del corazón" que finalmente fracasó, "esperamos el día en que cada niño esté protegido desde la concepción de los abortos electivos en el estado de Nebraska." O, como tan bellamente dijo el gobernador Pillen el día que firmó la nueva ley de las 12 semanas, rezamos por el día en que "el aborto sea simplemente impensable en el estado de Nebraska."
El trabajo que tenemos por delante no consiste sólo en promulgar mejores leyes para proteger a los niños y a sus familias, sino también en ayudar a cambiar los corazones, con la fe inquebrantable en el poder de Dios para hacerlo. Estoy seguro de que en Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, se aprobaron leyes que protegieron a los judíos de la violencia y la muerte. Tal vez esas leyes sigan vigentes. Pero hoy en día es simplemente impensable que la gente quiera dar muerte a sus hermanos y hermanas por su raza. Creo firmemente que algún día, en un futuro no muy lejano, la gente mirará hacia atrás, hacia nuestra época, con asombro, y se preguntará: ¿cómo pudo una sociedad civilizada permitir que se exterminaran niños en el vientre materno?
Hace poco me enteré de que Nebraska podría ser uno de los nueve estados en los que se presentaría una iniciativa electoral estatal para enmendar la constitución del estado con el fin de garantizar el derecho al aborto. Ya hay esfuerzos en marcha para una iniciativa como esta en el estado de Ohio para las elecciones de noviembre del 2023, con los estados de Dakota del Sur, Missouri, Nebraska, Arizona, Florida, Dakota del Norte, Oklahoma y Minnesota posiblemente siguiendo en el 2024. Los ciudadanos de Nebraska debemos ser conscientes de ello.
Cada uno de nosotros está llamado a una solidaridad radical con las mujeres que se enfrentan a embarazos inesperados o difíciles. Eso significa hacer todo lo posible para proporcionarles la atención y el apoyo que necesitan para acoger y cuidar a sus hijos. Iniciativas como Walking with Moms in Need y Nebraska Pregnancy Care Alliance, una red de más de 27 organizaciones de ayuda a las mujeres embarazadas, comparten apoyo e información, junto con muchas otras organizaciones que trabajan incansablemente para ayudar a las madres y a sus hijos a acoger el don y la belleza de la vida.
Del mismo modo, debemos tender una mano comprensiva y compasiva a todos los que sufren tras haber participado en un aborto. La Iglesia sigue compartiendo la sanación y la infinita misericordia de Cristo con mujeres y hombres a través de los ministerios diocesanos del Proyecto Raquel, proporcionando perdón, esperanza y sanación después del aborto, mediante una ayuda confidencial y sin juicios.
Rezo para que llegue el día en que Nebraska se convierta en un estado santuario; un estado en el que las mujeres y los niños estén a salvo y protegidos de la violencia del aborto, y sean amados y atendidos en sus momentos de necesidad.
En palabras del Obispo Michael F. Burbidge, Presidente del Comité de Obispos de Estados Unidos para Actividades Pro-Vida, "que todas las personas de fe y buena voluntad trabajen juntas para proclamar que la vida humana es un don precioso de Dios; que cada persona que recibe este don tiene responsabilidades hacia Dios, hacia sí misma y hacia los demás; y que la sociedad, a través de sus leyes e instituciones, debe proteger y nutrir la vida humana en cada etapa de su existencia."
La Eucaristía es el mayor regalo que Jesús nos ha dado
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"El cristianismo es la religión de la Encarnación de la Divinidad en la humanidad, de lo absoluto en lo relativo, de la eternidad en el tiempo" - San Gregorio Magno
Aunque es imposible resumir el significado de la religión católica en una frase, la cita anterior de San Gregorio Magno se acerca bastante. Durante estos últimos meses, hemos celebrado las principales fiestas litúrgicas del año cristiano.
Después de 40 días de cuaresma de oración, ayuno y limosna, celebramos el misterio pascual de nuestra salvación, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Redentor. A lo largo de los 40 días del tiempo pascual, celebramos y dimos gracias al Señor por sus apariciones como resucitado, dando seguridad a sus primeros discípulos, y a nosotros, de que había resucitado verdaderamente de entre los muertos.
Después de esos 40 días, Jesús regresó a la diestra del Padre, la "Divinidad", y 10 días más tarde, envió al Espíritu Santo el domingo de Pentecostés. Hasta el día de Pentecostés, los primeros discípulos habían estado observando todas estas maravillas y acontecimientos, pero con la venida del Espíritu Santo, la Iglesia estaba ahora habilitada para hacer lo que Jesucristo hizo cuando caminó por esta tierra en carne y hueso: dar vida a nuevos miembros de la Iglesia mediante el bautismo y la confirmación, alimentar y nutrir a su pueblo con el Pan de Vida, la Sagrada Eucaristía, curar a los enfermos y vendar las heridas, perdonar los pecados, consagrar y santificar los matrimonios, ordenar nuevos diáconos y sacerdotes, ungir a los enfermos y moribundos y preparar las almas para la vida eterna. Esta explosión de poder y gracia activó y vivificó a la Iglesia el día de Pentecostés, el cumpleaños de la Iglesia.
El Catecismo de la Iglesia Católica, al principio de la sección sobre los sacramentos, describe esto bellamente diciendo: "La Iglesia se manifestó al mundo el día de Pentecostés por la efusión del Espíritu Santo" (CIC 1076). El catecismo continúa explicando que en y a través de los sacramentos, Jesucristo "manifiesta, hace presente y comunica su obra de salvación mediante la liturgia de su Iglesia, hasta que venga" en la gloria. Los misterios y las acciones salvíficas de Cristo han pasado a los sacramentos a partir del domingo de Pentecostés.
El viernes 26 de mayo tuve el privilegio de ordenar a cinco jóvenes al diaconado transitorio, el último paso antes de la ordenación sacerdotal. Estos cinco hombres han recibido sus asignaciones de verano en Lincoln, David City y Hastings, y se presentarán al servicio este fin de semana. Después de completar sus asignaciones de verano, regresarán al Seminario de Mount Saint Mary en Emmitsburg, Maryland, y a San Carlos Borromeo en Philadelphia, Pennsylvania, para completar su formación en el seminario y, si Dios quiere, ser ordenados sacerdotes en mayo de 2024.
El sábado 27 de mayo tuve el privilegio de ordenar a tres diáconos transitorios al sacerdocio de Jesucristo. Los tres celebraron sus primeras Santas Misas el Domingo de Pentecostés en sus parroquias de origen en Lincoln, Seward y Hastings. Se presentarán a sus primeros destinos en Lincoln y Hastings el 19 de junio.
En mis homilías para las ordenaciones diaconales y sacerdotales, hablé de cómo estos hombres estaban siendo "consagrados" y "ungidos" para salir al mundo, para consagrar y ungir al pueblo de Dios. Ahora están consagrados y ungidos para continuar la obra salvífica de Jesucristo, para hacer lo que Jesús hizo y predicar lo que Jesús predicó, es decir, que estamos llamados a compartir el amor vivificante de la Santísima Trinidad, a profundizar en nuestra relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, como celebramos el pasado Domingo de la Santísima Trinidad.
Este domingo, 11 de junio, celebramos la solemnidad del Corpus Christi, el Cuerpo y la Sangre del Señor. La Sagrada Eucaristía es el sacramento por excelencia. En la Eucaristía se hace realidad la cita anterior de San Gregorio Magno: Dios irrumpe en nuestro mundo y se hace presente, cuerpo, sangre, alma y divinidad, el "absoluto en lo relativo, la eternidad en el tiempo". Cada vez que celebramos la Sagrada Eucaristía nos encontramos con Jesús, resucitado y vivo, de un modo directo y personal.
Este domingo de Corpus Christi dará comienzo el segundo año del Avivamiento Eucarístico Nacional. Las encuestas revelan que la asistencia a la Misa dominical en Estados Unidos está en su nivel más bajo. Los estudios post-Covid nos dicen que en todo el país sólo el 15% de los católicos registrados asisten ahora a la Misa dominical. Aquí, en la diócesis de Lincoln, estamos por encima de la media nacional, pero también hemos experimentado un fuerte descenso en la asistencia a la misa dominical desde la pandemia.
El Avivamiento Eucarístico Nacional es un programa de tres años en todo el país para ayudar a renovar y revivir la creencia, la comprensión y el amor por Jesús en la Sagrada Eucaristía. El domingo de Corpus Christi, comenzaremos el año parroquial del Avivamiento Eucarístico (junio 2023-julio 2024).
He animado a nuestros párrocos a marcar el comienzo de este segundo año del Avivamiento Eucarístico dirigiendo procesiones eucarísticas al aire libre en nuestras parroquias, si es posible. Celebraré la misa de las 9 de la mañana en la catedral de Cristo resucitado de Lincoln, seguida de una procesión eucarística al aire libre.
El martes 20 de junio, a partir de las 5 de la tarde en la catedral de Cristo Resucitado, me uniré al Padre Malachy Napier, de los Frailes Franciscanos de la Renovación, para una tarde de "Encuentro Eucarístico", patrocinada por Spirit Catholic Radio.
Para la fase parroquial del Avivamiento Eucarístico, estamos lanzando una peregrinación diocesana de Pasaportes Eucarísticos de un año de duración, invitando a la gente a viajar por toda la diócesis para visitar las capillas de adoración eucarística y hacer horas santas con nuestro Señor. Emitiremos pasaportes reales que designarán unos 20 lugares diferentes, desde Rulo a Imperial, y muchos otros, donde se podrá hacer una hora santa eucarística y sellar el pasaporte, indicando que se ha visitado el lugar. En las próximas semanas daremos más información sobre este proyecto.
También he pedido a nuestros párrocos que identifiquen a una persona de contacto en cada una de nuestras parroquias para ayudar a facilitar las actividades parroquiales locales durante la fase parroquial del Avivamiento Eucarístico. Ahora estamos en proceso de reunir esos nombres y ofreceremos formación y recursos sobre cómo poner en práctica iniciativas de pequeños grupos en sus parroquias, así como ideas para alcanzar los objetivos del año parroquial. Para más información, pónganse en contacto con su párroco.
La fase parroquial del Avivamiento Eucarístico culminará en una peregrinación eucarística nacional que partirá de cuatro puntos del país camino a un Congreso Eucarístico Nacional en Indianápolis, Ind. del 17 al 21 de julio de 2024. La "Ruta Occidental" pasará por la Diócesis de Lincoln en junio de 2024 (véase www.eucharisticpilgrimage.org).
Estoy muy entusiasmado con la fase parroquial del Avivamiento Eucarístico Nacional, e invito a cada uno de ustedes a vivir una relación más profunda con Jesús en la Sagrada Eucaristía. El Señor nos llama a cada uno de nosotros a ser sanados, convertidos, formados y unificados por un encuentro con Jesús en la Eucaristía, para que seamos enviados en misión "por la vida del mundo" (Jn 6:51).
Con la Encarnación, Dios ha asumido la humanidad, "lo absoluto en lo relativo, la eternidad en el tiempo". La Eucaristía es el mayor don que Jesús nos ha dado, porque contiene su propio ser. En este Avivamiento Eucarístico Nacional, cada uno de nosotros está invitado a profundizar en su relación con Jesucristo, Nuestro Señor, a través de la celebración de la Eucaristía, para que podamos encendernos en la misión que nuestra Iglesia necesita tan desesperadamente. Por favor, únanse a mí en este avivamiento.
Nuestros corazones se llenan de asombro, alegría y alabanza
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Al concluir este hermoso tiempo de Pascua y al prepararnos para celebrar la solemnidad de Pentecostés y la venida del Espíritu Santo, nuestros corazones se llenan de asombro, alegría y alabanza ante la belleza de los dones de Dios, tanto en la naturaleza como en nuestras comunidades.
Este mes de mayo, dedicado de manera especial a la Santísima Virgen María, está lleno de acontecimientos que celebran los logros de tantas personas. La larga temporada de confirmaciones ha llegado a su fin y deseo agradecer a todos nuestros padres, así como a nuestros profesores y catequistas parroquiales, sacerdotes, hermanas consagradas y, sobre todo, a nuestros jóvenes recién confirmados, por su dedicación y duro trabajo en la preparación para recibir el Espíritu Santo en este hermoso sacramento. Como obispo, es una alegría para mí viajar a través de nuestra vasta y hermosa diócesis para celebrar la confirmación en nuestras parroquias, donde toda la Iglesia se une para apoyar a nuestros niños en su iniciación plena en la fe católica.
También estamos en la época de las graduaciones, en la que honramos a nuestros estudiantes, en todos los niveles educativos, por los logros alcanzados en su camino del aprendizaje permanente. A comienzo de este mes, celebramos la 25ª promoción del Seminario San Gregorio Magno de Seward. Durante los últimos 25 años, hemos estado educando y formando a jóvenes para el sacerdocio para servir a la Iglesia aquí en la diócesis de Lincoln y en las diócesis de todo el país. Estos nueve recién graduados avanzarán ahora a varias escuelas de postgrado de teología, donde continuarán su educación en el seminario y su formación para el santo sacerdocio.
Cuando entrego los diplomas a los graduados de nuestros seis institutos católicos, siempre recuerdo la importancia de nuestro apostolado de educación católica. Nuestras escuelas católicas se esfuerzan por ayudar a los padres, los primeros y principales educadores de sus hijos, a transmitir la fe católica a la siguiente generación. Durante este tiempo de Pascua hemos estado escuchando los Hechos de los Apóstoles en la Misa, y cómo la Iglesia primitiva se extendió por todos los rincones del mundo, a través de la fe y el testimonio gozoso de los primeros cristianos. Intentamos hacer lo mismo a través de nuestras escuelas católicas.
Como mencioné durante la Semana de las Escuelas Católicas de este año, cada uno de nosotros debe ver el mundo entero a través del lente de nuestra fe católica. Es la única manera de comprender y dar sentido al mundo, a menudo confuso y caótico, en el que vivimos. Hay tanta información y propaganda ideológica que nos llega todo el tiempo y en todos los medios de comunicación, que nos corresponde tener un principio organizador claro y coherente para valorar y evaluar toda esta información. Este principio organizador debe ser nuestra fe católica. No podemos simplemente ponernos las "gafas de la fe" cuando vamos a misa cada domingo, y luego dejarlas a un lado durante el resto de la semana. Como si fueran lentes de contacto permanentes, siempre debemos ver, juzgar y evaluar el mundo que nos rodea a través del lente de nuestra fe católica. Esto es lo que intentamos inculcar a nuestros jóvenes en nuestras escuelas católicas.
Pero aún más importante que enseñar la fe católica y aprender sobre Jesús, es llegar a conocer a Jesús como nuestro amigo. Debemos crear oportunidades en nuestras escuelas donde nuestros alumnos puedan encontrarse verdaderamente con el Señor resucitado. Esto ocurre principalmente a través de la oración y los sacramentos. Todas nuestras 24 escuelas primarias tienen el privilegio de asistir a la Santa Misa todos los días en nuestras escuelas. Pero estos encuentros con Jesús también se producen en las conversaciones entre nuestros alumnos, en los pasillos y en las cafeterías, en el gimnasio y en los campos de atletismo, en los retiros y en otras actividades extraescolares de nuestras escuelas.
Intentamos constantemente construir comunidades escolares de fe y oportunidades de encuentro con Jesús. El principal objetivo y propósito de la educación católica es formar, equipar y enviar discípulos de Jesucristo al mundo para llevar a cabo la gran obra de la evangelización, como aprendemos en los Hechos de los Apóstoles. Si no hacemos esto, le estamos fallando al Señor.
A finales de este mes, tendré el honor y la alegría de ordenar a tres jóvenes al sacerdocio de Jesucristo para la diócesis de Lincoln, y a cinco jóvenes al diaconado transitorio. Estos tres sacerdotes recién ordenados, providencialmente este año, celebrarán sus primeras Misas en la Solemnidad de Pentecostés. Les pido que recen por ellos al comenzar su ministerio pastoral en nuestras parroquias. Gracias por cultivar su fe, especialmente ustedes, padres. Y, por favor, animen a sus hijos e hijas a considerar el sacerdocio o la vida consagrada mientras disciernen su vocación en la vida.
No es momento de desanimarnos
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Ante todo, desde el fondo de mi corazón, deseo agradecerles sus fervientes oraciones, ayunos y sacrificios ofrecidos la semana pasada por la propuesta de ley del Latido del Corazón de Nebrasa (Nebraska Heartbeat Act - LB626). A pesar de que, trágicamente, no pudimos superar un filibusterismo de segunda ronda y nos quedamos a un solo voto de hacer avanzar el proyecto de ley, Dios no nos ha abandonado. Él tendrá en cuenta nuestras oraciones y trabajo duro en nombre de las madres de Nebraska y sus bebés. No es momento de desanimarnos o caer en la tentación de la desesperación. Nuestra esperanza no está en los poderes y autoridades. Nuestra esperanza está en el Señor.
La buena noticia es que 32 senadores de Nebraska fueron audaces y brillantes testigos de la belleza de la maternidad y de la santidad de la vida humana. Treinta y dos senadores votaron a favor de proteger a las mujeres y a los bebés de la tragedia del aborto. Estos 32 valientes políticos merecen nuestra gratitud y estima, y deberíamos escribirles para agradecerles su fidelidad a la verdad y la bondad de la vida humana. Han actuado heroicamente frente a una oposición feroz. Que Dios les recompense.
El jueves pasado vi por Internet el debate en el recinto de la legislatura estatal de Nebraska sobre el proyecto de ley LB626 y me sentí muy edificado al escuchar razonamientos tan claros, compasivos y argumentos tan convincentes a favor de la propuesta de ley del Latido del Corazón de Nebraska. Toda la ciencia está de nuestro lado, por eso el otro lado siempre intenta desviar la atención de la realidad del latido del corazón de otra persona viva, a la falsa versión de que los defensores de la propuesta del Latido del Corazón de Nebraska desean privar a las mujeres de la libertad reproductiva. Esto no es más que una cortina de humo. La manipulación verbal siempre viene antes que la manipulación social, y la falta de honradez, la amargura y el razonamiento distorsionado de los que se oponen a la LB626 son perversos y verdaderamente vergonzosos.
Se presentó una enmienda al proyecto de ley que habría eliminado las protecciones provida al permitir los abortos hasta las 12 semanas de gestación, en lugar de prohibir el procedimiento tras la detección de un latido cardíaco, que se sitúa en torno a las 6 semanas de gestación. De los aproximadamente 2,200 abortos quirúrgicos que se practican en el estado de Nebraska cada año, casi el 85% se llevan a cabo a madres y a sus bebés antes de nacer, antes de las 12 semanas de gestación. La propuesta de enmienda se debatió pero no se votó, porque el proyecto de ley no alcanzó el punto de debate.
La votación de la semana pasada sobre LB626 terminará costando la vida de miles de niños antes de nacer en Nebraska y no protegerá a las mujeres de penas y traumas seguros. La ley de Nebraska permite actualmente el aborto hasta las 20 semanas de gestación, y después de la decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de anular el caso Roe v. Wade el verano pasado, los senadores de Nebraska tuvieron una oportunidad única y poco frecuente de establecer protecciones de sentido común para los no nacidos una vez que se detecte el latido del corazón y evitar que se produzcan casi 2,000 abortos electivos en nuestro estado cada año. Esto significa que Nebraska sigue abandonando a las madres y a los bebés al aborto.
En las palabras de Marion Minor, director adjunto de la Conferencia Católica de Nebraska para políticas pro-vida y familiares: "Todos los bebés antes de nacer de Nebraska, cuyos corazones palpitantes nos recuerdan de su existencia, merecen estar a salvo durante los momentos más frágiles de la vida. Su dignidad no depende de que si son discapacitados, deseados o proceden de una familia con recursos. Han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Algunos legisladores de Nebraska han ignorado hoy este hecho y han desechado una oportunidad para proteger a los más vulnerables de entre nosotros. La votación de hoy es trágica, decepcionante y tiene consecuencias para miles y miles de bebés antes de nacer. Mientras rezamos por el fin del aborto en nuestro estado, debemos seguir defendiendo con valentía leyes que protejan la vida y amplíen el apoyo a las futuras madres que eligen la vida a pesar de todo."
Pero como dije al principio de esta columna, no es momento de desanimarse ni de ceder a la desesperación. Todavía hay muchas vías legislativas a disposición de los senadores para enmendar otros proyectos de ley y encontrar formas de proteger a los bebés y a sus madres del aborto.
Seguiremos rezando y trabajando incansablemente con todos los senadores para defender la dignidad humana ante la ley. Nos mantenemos firmes en nuestra convicción de proteger toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural. Nunca dejaremos de defender la vida y de proteger a las mujeres. No descansaremos hasta que toda vida humana sea valorada, apreciada y protegida. Nuestro objetivo final es hacer que el aborto sea impensable.
Dejemos que nuestra alegría por la vida irradie desde nuestro interior, de modo que incluso quienes se oponen a nosotros no puedan evitar ver esa alegría cuando les tendemos la mano de forma caritativa para animarles a apoyar la vida. Deseo agradecer sinceramente a la senadora Joni Albrecht, patrocinadora de la LB626, por su liderazgo inquebrantable junto con 31 senadores estatales, que votaron a favor de defender en la ley la dignidad de los bebés antes de nacer. Gracias también al gobernador Jim Pillen por su firme apoyo a la protección de la vida en todas las etapas del desarrollo. Que Dios les bendiga por sus oraciones y su apoyo.
No para ser servido, sino para servir
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Cristo nos recordaba constantemente que no había venido a ser servido, sino a servir. Al reflexionar sobre este mensaje, me acuerdo de los muchos buenos hombres y mujeres de toda la diócesis católica de Lincoln que siguen su ejemplo cada día en su compromiso de vivir las obras de misericordia corporales y espirituales en nuestras comunidades: los que sirven a los pobres, defienden a los más pequeños, enseñan a los jóvenes en nuestras escuelas católicas, tienden la mano a los que se encuentran en circunstancias difíciles e invitan a los que están perdidos o buscan consejo para encontrar a Jesús.
Quiero dar las gracias a cada uno de los que participan en esta labor. Son verdaderamente las manos y los pies, el rostro y la voz de Cristo. Ustedes llevan los dones de la fe, la esperanza y el amor a todas nuestras comunidades del sur de Nebraska. Gracias también a los muchos individuos, empresas y grupos generosos que apoyan este trabajo con sus oraciones y donaciones financieras. Me inspiran y edifican las muchas maneras en que el pueblo de Dios de nuestras comunidades colabora y se entrega desinteresadamente por el bien de los demás, en verdadera imitación del Señor Jesús.
Recientemente, publiqué una declaración sobre la participación de las organizaciones católicas en el Give to Lincoln Day (Día de Dar a Lincoln) de este año, un evento anual organizado cada primavera por la Lincoln Community Foundation (Fundación de la Comunidad de Lincoln) en beneficio de diversas organizaciones sin ánimo de lucro de Lincoln. En el pasado, varias organizaciones católicas que prestan valiosos servicios a nuestra comunidad y ofrecen asistencia vital a personas de todo tipo han dependido de los fondos recaudados durante este evento para apoyar su importante labor.
Este año, por primera vez, la Lincoln Community Foundation está exigiendo que todas las organizaciones sin ánimo de lucro participantes acepten nuevos requisitos normativos que no están alineados con los principios de la fe católica y podrían debilitar el derecho de las escuelas católicas a establecer políticas coherentes a las enseñanzas de la fe católica. Esos requisitos también podrían afectar el derecho de las escuelas católicas a contratar administradores y profesores que se esfuercen por vivir sus vidas de acuerdo con la fe católica. Las políticas actuales sobre el uso de las instalaciones y las actividades extraescolares en nuestras escuelas también podrían verse perjudicadas si se aceptaran los requisitos.
Por lo tanto, las organizaciones católicas de la diócesis de Lincoln no participarán en el Give to Lincoln Day. Les pido a todos los católicos que continúen apoyando a nuestras organizaciones con fervor renovado, a pesar de este desafío inesperado. Por favor considere donar generosamente dando directamente a estas organizaciones católicas en nuestra comunidad.
Varias organizaciones católicas que han participado en el Give to Lincoln Day en el pasado, como los Servicios Sociales Católicos del Sur de Nebraska, el Centro Newman Santo Tomás de Aquino, la Casa de Retiros Nuestra Señora del Buen Consejo y otras, han compartido o creado plataformas en línea que están preparadas para recibir donaciones en cualquier momento. Visite sus sitios web y páginas en las redes sociales para obtener más información.
Varias escuelas católicas diocesanas de la ciudad de Lincoln han contado con los fondos recaudados durante el Give to Lincoln Day para ayudar en su misión de educar a nuestros jóvenes en la tradición católica. Los fondos recaudados han apoyado operaciones, mejoras de capital, y varios otros proyectos especiales que ayudan a nuestras escuelas católicas a continuar haciendo este importante trabajo para la Iglesia y para la comunidad.
Bajo el liderazgo de la Fundación Pío X, nuestras escuelas católicas en Lincoln se han unido para organizar el primer Lincoln Catholic Schools Day of Giving (Día de Dar de las Escuelas Católicas de Lincoln) el 16 de mayo de 2023. Por favor visite www.lincolncatholicschools.org para hacer una donación y apoyar este esfuerzo de colaboración. La página de donaciones estará disponible durante varias semanas antes y después del 16 de mayo. Rezo para que ustedes sean generosos en el apoyo de nuestras escuelas durante este día de dar y durante todo el año.
Las escuelas católicas seguirán educando, formando y sirviendo a todos los niños de las familias que deseen una educación católica para sus hijos. Siempre lo haremos de una manera que se mantenga fiel a nuestros valores católicos. Les prometo que nuestras escuelas serán siempre auténticamente católicas, lo que nos hará claramente diferentes en el mundo de hoy.
Como católicos, estamos llamados a involucrarnos en el mundo con caridad y verdad, a través de Jesucristo y su Iglesia. Sigamos colaborando para llevar a cabo su obra al servicio de los necesitados de nuestra comunidad, como hemos hecho en la diócesis católica de Lincoln durante casi 150 años, manteniéndonos siempre fieles a nuestra misión.
El poder santificador de esta noche
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Al comienzo de la Vigilia Pascual, la Iglesia entona el antiguo himno que proclama la Resurrección de Cristo, llamado el Exsultet. El Exsultet - llamado así por su primera palabra en latín "Exsultet", que significa " Alégrense"- es un antiguo himno de alabanza.
Tiene su origen en los siglos IV y V en las iglesias de España, Italia y Francia, y sólo lentamente fue adoptada en la liturgia de la Iglesia de Roma. El texto que utilizamos hoy parece haber sido escrito en algún momento entre los siglos V y VII. A veces conocido como Laus Cerei - la "alabanza de la vela" - es una larga oración de bendición, cantada por un diácono o, si no hay diácono, por el propio sacerdote. En el rito romano moderno, se conoce como Praeconium Paschale, el "Pregón Pascual".
Después de exhortar a toda la Creación y a la Madre Iglesia a elevar un canto de alabanza, el Exsultet toma la forma de un prefacio, como el que se utiliza en la liturgia eucarística. Esta oración cantada relata las maravillas de la obra salvadora de Cristo, cuya luz nueva y resucitada, que brilla en las tinieblas, es representada por el mismo cirio pascual.
Una y otra vez, la oración habla de la obra de Cristo, que llega a su culminación en esta noche de Pascua, extrayendo gran parte de su simbolismo del Antiguo Testamento. Porque "ésta es la noche" en que Cristo pagó con su propia sangre la deuda de Adán con el Padre eterno. Esta es la noche de la Pascua, cuando Cristo, el verdadero Cordero, fue inmolado para salvar a Israel de la esclavitud. Esta es la noche en que Cristo, la columna de fuego, condujo a su pueblo a través del Mar Rojo y el desierto, de la esclavitud a la libertad. Esta es la noche en que la culpa de Adán ganó para el mundo un redentor tan grande, cuando Dios dio a su propio Hijo para rescatar a un esclavo.
Dentro de este antiguo himno de alabanza, oímos el verso: “esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos.”
No es exagerado decir que vivimos en un mundo muy oscuro y roto. Pero nosotros, como cristianos, poseemos la poderosa virtud de la esperanza. Y esta esperanza es lo que celebramos en la Pascua. Jesucristo, crucificado y resucitado, ¡está vivo! El pecado y la muerte han sido destruidos. Nuestra esperanza, incluso en medio de los males de este mundo, se revela profundamente en la Resurrección de Cristo.
La verdad de la resurrección disipa la maldad, ya que las tinieblas del mal no pueden coexistir con la Luz Eterna de Cristo. Lava nuestras faltas y restaura nuestra inocencia al volver al Señor en la confesión, sacramento de la misericordia. Esto nos da alegría en medio del dolor, al ver nuestro futuro destino en nuestra propia Resurrección prometida. La verdad de la victoria de Jesús sobre la muerte expulsa el odio y es lo único que puede traer la paz a nuestro mundo.
La última parte del Exsultet adopta la forma de una oración de bendición y consagración. El cirio pascual, fuego dividido pero no apagado, se ofrece solemnemente a Dios. En la última frase, oímos que Cristo, la verdadera Estrella de la Mañana, encontrará el cirio - la llama de la fe - todavía encendida, ese mismo Cristo cuya luz resucitada brilla apaciblemente sobre toda la humanidad.
El Exsultet es, pues, una introducción teológica al conjunto de la Vigilia Pascual, una especie de antesala del drama de la salvación que culmina con la resurrección de Cristo. El cirio pascual, del que se encienden todas las luces de la Iglesia y que permanece encendido durante toda la Pascua, simboliza la luz de Cristo resucitado. Pero quizá lo más revelador es que es en esa luz en la que escuchamos las lecturas de la Vigilia. Con esa nueva luz de Cristo interpretamos todas las lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento, desde la narración de la Creación hasta el hallazgo de la tumba vacía.
Las gracias concretas producidas por el Exsultet son actos de fe en la resurrección de Cristo y en su representación en la celebración pascual, proclamada y descrita con colores tan fervorosos y brillantes; actos, además, de esperanza expectante, de reverencia y admiración por los misterios pascuales; actos de gratitud por la caridad y la misericordia de Dios, por un sacrificio tan grande, por una gloria tan grande merecida para nosotros por el Redentor.
Sí, hermanos y hermanas, Jesús está vivo, y tenemos todos los motivos para alegrarnos. Está vivo, y el mal de nuestro mundo está siendo expulsado por esta verdad que ha "desterrado las tinieblas del pecado".
Que encuentren una esperanza renovada en este tiempo de Pascua, y que les fortalezca para ser cada vez más fieles a Él.
Nunca estamos solos en la vida cristiana
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Siempre disfruto de esta época del año por varias razones. A pesar de la naturaleza penitencial de la cuaresma, siempre espero ansiosamente la invitación de la Iglesia a recuperar un buen nivel espiritual mediante un compromiso más profundo con la oración, el ayuno y el sacrificio personal. Utilizando una analogía del béisbol, la cuaresma es una temporada de "entrenamiento de primavera" espiritual. Y el objetivo principal de la cuaresma es prepararnos para la Semana Santa y la Pascua, cuando renovamos nuestros votos bautismales celebrando el Misterio Pascual, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
Este domingo es el Domingo Laetare, el punto medio de la cuaresma, en el que la Iglesia nos recuerda que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. También estamos en la antesala de la primavera, y los árboles empiezan a mostrar sus brotes y se preparan para ponerse sus nuevos "vestidos". Los días son cada vez más largos y soleados, y los campos empiezan a mostrar un rastro de verdor. La naturaleza pronto estallará con nueva vida y nueva esperanza.
También disfruto estar en el "viejo camino del crisma", celebrando el sacramento de la confirmación en muchas de nuestras parroquias. Me da la oportunidad de experimentar, en tiempo real, la amplitud y la belleza de la diócesis de Lincoln, desde Auburn hasta Grant, y desde Crete hasta Colon.
El fin de semana pasado tuve confirmaciones en Orleans, Roseland, y en nuestras dos parroquias en Hastings - San Miguel y Santa Cecilia. Me encanta la belleza de nuestras comunidades rurales, la gente y la historia de la fe católica en el sur de Nebraska.
Después de una de las Confirmaciones de este fin de semana pasado, un señor se me acercó después de la Misa y me dijo que todavía recordaba el día de su propia confirmación como si fuera ayer, hace casi 80 años. Ahora tiene 90 años y me dijo que su confirmación fue el día más feliz de su vida.
Cuando una pareja se presenta ante el altar el día de su boda, el sacerdote les hace tres preguntas. La última pregunta y quizá la que impone la mayor responsabilidad es ésta: " ¿Están dispuestos a recibir de Dios amorosamente a los hijos y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia?". Y los novios responden: "Lo estamos". La solemne responsabilidad de transmitir la fe a la generación siguiente es, en efecto, una tarea grande y noble, particularmente en estos tiempos.
Años más tarde, cuando llega el día de presentar a su hijo a la Iglesia para que reciba el sacramento de la confirmación, cumplen la promesa que hicieron el día de su boda.
Siempre felicito a los padres por cumplir, en parte, esta solemne responsabilidad que asumieron el día de su boda. Luego les recuerdo que, aunque la confirmación es un gran punto de referencia en la formación espiritual de sus hijos, todavía les queda camino por recorrer en el cumplimiento de su obligación. Sus hijos están entrando ahora en los difíciles años de la adolescencia. Son años de mayor libertad y responsabilidad, años de mayor crecimiento espiritual y madurez en el Señor. Empezarán a tomar cada vez más decisiones, decisiones que moldearán y formarán la trayectoria de su vida adulta.
La adolescencia es una etapa arriesgada de la vida, ya que se adentran en una cultura y un mundo cada vez más hostiles a la vida cristiana. Estos años están llenos de tentaciones. El mundo, la carne y el diablo les invitan constantemente a elegir un camino de orgullo, autogratificación y placer.
Pero como hijos e hijas amados de un Padre amoroso, estamos llamados a cosas más altas. Estamos llamados a vidas de profundo significado, propósito y gran alegría. Estamos llamados a ser santos. Estamos llamados a entregarnos a Dios y a los demás con amor sacrificial.
La maravillosa paradoja de la vida cristiana es que, cuando nos entregamos por amor, descubrimos nuestro verdadero ser. Descubrimos quiénes estamos destinados a ser desde toda la eternidad. Descubrimos la grandeza y la vocación heroica de la vida cristiana. Descubrimos la verdadera felicidad, la felicidad de una vida bien vivida y la felicidad de la vida eterna en el cielo.
Siempre termino mi homilía de confirmación dirigiéndome a los padrinos. Les pido que hagan tres cosas para ser un buen padrino. Les pido que recen todos los días por la persona a la que apadrinan. En segundo lugar, les pido que vivan bien su fe católica, que den ejemplo de lo que significa ser un católico adulto: ir a misa todos los domingos y días festivos, frecuentar el sacramento de la confesión sabiendo que todos somos pecadores heridos y necesitados de la misericordia de Dios, y vivir para los demás, especialmente para los menos afortunados y necesitados. Y la tercera cosa que les pido es que estén ahí para el que apadrinan. Que ayuden a sus padres dándoles consejo, ánimo y apoyo.
Nunca estamos solos en la vida cristiana. Tenemos a Jesús en nuestros corazones, tenemos a la familia y a los amigos que nos aman y se preocupan por nosotros, y tenemos a los santos que nos han precedido y que ahora están en el cielo, intercediendo por nosotros y animándonos hacia la victoria.
San Ireneo de Lyon dijo célebremente: "La gloria de Dios es el hombre plenamente vivo". Todos queremos estar plenamente vivos, y Dios quiere que estemos plenamente vivos. Todos estamos juntos en esto como Cuerpo de Cristo.
Que estas últimas semanas de Cuaresma les lleven más profundamente al misterio del amor de Dios por ustedes. Y que la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo renueve en sus corazones la alegría de la Pascua.
Somos un pueblo de esperanza porque somos un pueblo de fe
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A finales de enero, participé con cientos de jóvenes de la diócesis católica de Lincoln en la Marcha Anual por la Vida en Washington, D.C. Un mes después, me paré al otro lado de la calle del Capitolio del Estado de Nebraska, en Lincoln, junto a miembros de la comunidad ucraniana local que conmemoraban un año de guerra en su patria, tras la invasión rusa.
Los dos eventos fueron separados por 35 días y 1,200 millas, pero ambos se centraron en el mismo tema: el respeto a la vida. El tono de la Marcha por la Vida era de esperanza tras la decisión de la Corte Suprema el año pasado de anular el caso Roe v. Wade. Sin embargo, esto ocurrió después de la pérdida de más de 60 millones de vidas de niños inocentes antes de nacer en los últimos 50 años, y después del daño a sus madres heridas.
El evento de oración ucraniana de esta semana también estuvo marcada por la esperanza de que en el 2023 se ponga fin al conflicto y se restablezca la paz en la región. Sin embargo, esta invasión militar rusa a gran escala de Ucrania ya ha provocado una crisis humanitaria devastadora. Más de 8,000 civiles inocentes han muerto, y estas son sólo las bajas confirmadas; el total real es probablemente mucho mayor. Más de 13,000 han sido heridos y más de 13 millones de ucranianos han sido desplazados desde la invasión.
"En Ucrania corren ríos de sangre y lágrimas", dijo el Papa Francisco el año pasado, pocas semanas después de la invasión. "Las víctimas son cada vez más numerosas, al igual que las personas que huyen, especialmente madres y niños".
Las madres y los niños también son los directamente afectados por el aborto. Pero, en realidad, la pérdida de vidas inocentes nos afecta a todos y cada uno de nosotros en todo el mundo, ya sea en un edificio bombardeado en Karkiv o en el vientre de una joven en una clínica abortista de Nebraska.
"¡Todo esto es inhumano!" dijo también el Papa Francisco el año pasado. "De hecho, también es sacrílego porque va contra la santidad de la vida humana, especialmente contra la vida humana indefensa, que debe ser respetada y protegida, no eliminada."
Tanto el aborto como la guerra injusta son una ofensa al don más preciado que nos ha dado nuestro Creador: el don de la vida. Son innecesarios y provocan la trágica pérdida de vidas, personas a las que nunca se les permitirá vivir y alcanzar todo el potencial que Dios les ha dado.
Sin embargo, especialmente durante este tiempo de Cuaresma, debemos darnos cuenta de que somos un pueblo de esperanza. Sabemos que Jesucristo lo vence todo al final. Tenemos esperanza al esperar la resurrección; ¡esperanza de la mañana de Pascua! El mismo tipo de esperanza que vi en los ojos de los jóvenes que marchaban en Washington, y el mismo tipo de esperanza que vi en los ojos de los que rezaban por su patria ucraniana la semana pasada en Lincoln.
Fluyendo de la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la santidad y dignidad de la vida humana, reconociendo y afirmando que todo ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, se encuentra un principio fundamental de la doctrina social católica, el principio de "solidaridad". El principio de solidaridad, pilar de la doctrina social católica, enseña que tenemos la responsabilidad y la obligación, por caridad y amistad, de tender la mano a nuestro prójimo necesitado, como hermano y hermana en Cristo. Como el buen samaritano del Evangelio, no podemos hacer la vista gorda ante el sufrimiento humano.
Por eso, durante estos últimos 12 meses, los Servicios Sociales Católicos de la Diócesis de Lincoln han tendido la mano a más de 100 familias ucranianas aquí en Lincoln que han sido desplazadas por los estragos de la guerra en Ucrania, y les han proporcionado ayuda en las áreas de educación, empleo y recursos básicos a través de nuestro programa de refugiados y reasentamiento. Con la ayuda de una beca de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, hemos podido ofrecer ayuda y asistencia a nuestros hermanos y hermanas ucranianos, en un espíritu de verdadera solidaridad y amistad. La CSS se compromete a seguir tendiendo la mano y a hacer todo lo posible para ayudar a nuestros hermanos y hermanas necesitados. Estoy muy orgulloso de la dirección y del personal de Servicios Sociales Católicos.
A través de su Fondo de Solidaridad con Ucrania, los Caballeros de Colón han donado más de 20 millones de dólares para proporcionar refugio temporal, alimentos, suministros médicos, ropa, suministros religiosos y otras necesidades humanitarias a nuestros hermanos y hermanas de Ucrania. Los esfuerzos de socorro de los Caballeros de Colón en la Ucrania en guerra se relatan en un nuevo documental que comenzó a transmitirse en las filiales de ABC en todo el país el 26 de febrero. ¡Dios bendiga a los Caballeros de Colón!
En el evento ucraniano de oración del 25 de febrero, me conmovió la fe y la esperanza de la comunidad ucraniana. Estoy convencido de que la razón principal por la que la nación ucraniana ha sido capaz de resistir esta malvada guerra de agresión es su fe en Dios. Todos hemos sido testigos de la resistencia del pueblo ucraniano, de su noble lucha por la libertad, la democracia y la independencia. Como dijo mi hermano en Cristo, Oleg Stepanyuk, en el evento de oración: "El apoyo que hemos recibido es increíble. Estamos agradecidos por ello, pero queremos recordar a la gente que siga rezando, que siga ayudando a los más necesitados de Ucrania."
Mientras continúan los combates en Ucrania, sin final a la vista, debemos seguir siendo personas de esperanza. Tenemos la esperanza de que podemos garantizar la protección jurídica a los niños inocentes en el vientre materno y evitar a sus madres el trauma de la experiencia del aborto. Tenemos la esperanza de que Dios pueda poner fin a esta guerra sin sentido; acabar con el trágico derramamiento de sangre, la destrucción y el desplazamiento de personas en este hermoso país. Somos gente de esperanza porque somos gente de fe.
La Iglesia nos pide que durante la Cuaresma nos centremos en la oración, el ayuno y la caridad. Hagamos todo eso, especialmente por los que están en peligro en Ucrania, y por los amenazados por el aborto. Como dijo recientemente el Papa Francisco: "La paz requiere ante todo la defensa de la vida". Para conseguir esa paz -paz para las vidas más inocentes en el vientre materno, y paz para las vidas inocentes en Ucrania- debemos continuar nuestra batalla pacífica y de oración por la justicia, por la dignidad y por el derecho a la vida para todos.
El amor verdadero exige un cambio de corazón
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Como consecuencia del llamado de nuestro Santo Padre a una Iglesia más sinodal, se ha escrito mucho sobre el reciente artículo del cardenal McElroy en la revista America Magazine criticando a la Iglesia por sus "estructuras y culturas de exclusión." Recomiendo efusivamente las respuestas del arzobispo Joseph Naumann, del obispo Robert Barron y del obispo Thomas Paprocki, y creo que el arzobispo Samuel Aquila resumió bien la respuesta de la Iglesia con la desafiante afirmación de que "la inclusión radical requiere un amor radical."
Desde entonces, el cardenal McElroy ha aclarado algunas de sus ideas y aquí es donde me gustaría unirme a la conversación. El cardenal ha explicado que se le malinterpretó cuando escribió sobre la Comunión para "todos los bautizados" y que sólo se refería a los católicos. Me alienta mucho escuchar su apoyo a esta práctica que ha existido en la Iglesia desde el principio, atestiguada en el siglo II por San Justino Mártir y la Didaché, un manual de instrucciones de la Iglesia primitiva.
Sin embargo, el cardenal sigue afirmando que la Iglesia promueve "culturas de exclusión". En su artículo en America, explica "Las prácticas pastorales que tienen el efecto de excluir a ciertas categorías de personas de la plena participación en la vida de la Iglesia están en contradicción con esta noción fundamental de que todos estamos heridos y todos necesitamos igualmente ser curados". Estoy de acuerdo al 100% en que todos estamos profundamente heridos y en que necesitamos sanación por igual. Todos somos pecadores en proceso de recuperación, y esta es la razón por la que necesitamos desesperadamente un salvador. Pero si estoy leyendo correctamente al cardenal, está diciendo que la plena participación en la vida de la Iglesia, incluida la Eucaristía, parece significar la plena participación sin tener en cuenta la relación de cada uno con la Iglesia.
En mi opinión, ésta nunca ha sido la práctica de la Iglesia católica. Cuando los primeros cristianos pecaban gravemente, a menudo se confesaban públicamente y hacían meses, o incluso años, de penitencia pública antes de ser readmitidos en la plena comunión. Afortunadamente, las exigencias de la penitencia se han suavizado misericordiosamente, pero la verdad de que hay que hacer penitencia permanece porque es señal de un pecador deseoso de conversión, alguien que intenta tener un "firme propósito de enmienda" respecto a sus pecados.
Jesús mismo llamó a los pecadores al arrepentimiento. Comía y bebía con recaudadores de impuestos, sí, y así es como debe ser la inclusión, pero siempre llamaba al pecador a la conversión. Para Jesús, el acompañamiento siempre iba de la mano con una llamada a la conversión. Esto no debería ser discutido. Está ahí para que todos lo vean.
El cardenal dice que la Iglesia debe centrarse en "una escucha que no busque convencer, sino comprender las experiencias y los valores de los demás." No podría estar más de acuerdo. Siempre intento escuchar mejor, y rezo constantemente por tener un corazón más empático, para poder entender las verdaderas luchas a las que se enfrenta la gente hoy en día al intentar ser buenos católicos. Pero no basta con escuchar. No me malinterpreten. Es una parte enorme del proceso de curación y conversión, quizá la parte más importante del proceso. Escuchamos para acompañar, y en el caso de un pecador, para acompañar a esa persona hacia, y a través de, la conversión. Si creemos en las Escrituras, entonces sabemos lo mucho que se está poniendo en juego.
Sin embargo, a menudo existe la idea de que la fidelidad doctrinal está en tensión o incluso en contradicción con las preocupaciones pastorales. Se piensa que las verdades de la fe no son tan importantes como la acogida sin reservas de todos. Es como si el objetivo de la Iglesia fuera crear un espacio seguro. Esto es erróneo y peligroso. La Iglesia nunca debería contentarse con dejar a una persona en su pecado. Esta es una falsa idea del amor y un perjuicio para el pecador. Estamos llamados a amar al pecador para que pueda vivir a la luz de la verdad, una realidad que libera y salva. Esto es mucho más difícil para la persona que acompaña al pecador que simplemente dejarle permanecer en su pecado, pero es esencial. El verdadero amor exige un cambio de corazón: pregúntale a cualquier esposo o esposa. Un buen cónyuge exige del otro más de lo que daría por sí solo.
El papa Benedicto XVI lo dijo bien: "Sin la verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente" (Caritas in Veritate #3). Y también podemos decir, por otra parte, que la verdad sin caridad es cruel, simplemente un conjunto de frías reglas y normas que hay que seguir.
A veces es difícil mantener este equilibrio, pero Jesús nos muestra cómo. Él amaba al pecador y lo llamaba a la conversión. De hecho, es porque amaba al pecador por lo que lo llamaba a la conversión.
Al final, es la verdad la que nos hace libres; libertad para amar y libertad para vivir en la verdad de nuestra relación con la Santísima Trinidad y la Iglesia. En este sentido, el amor requiere la verdad. Fallar en acompañar a nuestro prójimo a salir del pecado hacia una vida conforme a la verdad no es amar. Es un acompañamiento superficial que tiene consecuencias eternas.
Estoy totalmente de acuerdo con el cardenal McElroy en que la Iglesia debe acompañar a todos. Pero debemos acompañar con amor, para que el pecador se arrepienta y enmiende su vida de un modo que se conforme con la gran dignidad de nuestra identidad como hijos e hijas amados del Padre que estamos llamados a vivir en la verdad de su amor por nosotros. Todo lo que no sea esto no es el acompañamiento de un amor auténtico.
Nuestro compromiso con las escuelas auténticamente católicas: hoy más importante que nunca
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Las Escuelas Católicas desempeñan un papel esencial en la misión evangelizadora de la Iglesia de llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra. El título más popular de nuestro Señor, Jesucristo, era rabboni, que significa "maestro" en hebreo.
Por eso cada año espero entusiasmado la Semana de las Escuelas Católicas. Me da la oportunidad de celebrar el don de la educación católica en la diócesis de Lincoln viajando por el sur de Nebraska y visitando nuestras escuelas católicas primarias y secundarias.
La Semana de las Escuelas Católicas también me da la oportunidad de expresar mi gratitud por nuestras escuelas católicas. En primer lugar, doy gracias a Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por invitarnos a participar en la misión docente de su Iglesia católica, y por guiarnos con su gracia y sabiduría.
Los padres son los primeros y principales educadores de los hijos. El día de su boda, los esposos hacen la solemne promesa de "acoger a los hijos con amor de Dios y educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia". Quisiera dar las gracias a los padres que han confiado la formación intelectual, espiritual y humana de sus hijos a nuestras escuelas católicas. Elegir la educación católica exige mucho de una familia: inversión de tiempo, experiencia y dinero. Gracias por confiar en nosotros lo suficiente como para ayudarles a formar a sus hijos para una vida fructífera, feliz y con propósito en este mundo, y una vida de felicidad eterna en el próximo.
También me gustaría dar las gracias a nuestros educadores y administradores escolares, tanto pasados como presentes. Hay tantos "gigantes" en nuestras escuelas - administradores, profesores y personal que han dado sus vidas para la edificación de los futuros líderes de la Iglesia Católica en esta diócesis y más allá.
Doy las gracias a los numerosos sacerdotes y religiosos que han dedicado su vida al servicio de nuestras escuelas. Su presencia y el testimonio de su entrega total a Jesucristo es una gran parte de lo que hace que nuestras escuelas sean tan singulares. Tenemos 48 sacerdotes y 37 religiosas que son profesores o administradores en nuestras escuelas. No conozco ninguna otra diócesis del país que pueda ostentar esas cifras.
Aunque nunca pretenderíamos que asistir a una escuela católica es la única razón por la que uno discierne una vocación al sacerdocio diocesano, vale la pena destacar que el 75% de nuestros sacerdotes diocesanos asistieron a una escuela católica. Y cuando miramos a nuestros sacerdotes más jóvenes, la cifra aumenta: más del 80% de nuestros sacerdotes menores de 40 años se educaron en escuelas católicas. Las semillas que se plantan en nuestras escuelas católicas dan mucho fruto en nuestros esfuerzos por formar a los futuros líderes de la Iglesia.
Doy las gracias a nuestras parroquias, que financian casi la mitad del costo de la educación de cada alumno en nuestras escuelas católicas. La educación de nuestros hijos es verdaderamente una misión de toda la comunidad, y estamos agradecidos por esta inversión en el futuro de nuestra Iglesia. Sin el apoyo de nuestras comunidades parroquiales, nunca podríamos hacer que nuestras escuelas católicas fueran asequibles para cualquier familia, independientemente de su situación económica.
Durante décadas, la diócesis de Lincoln ha mantenido su compromiso de mantener escuelas auténticamente católicas, y ese compromiso perdura hasta el día de hoy.
Dado que nuestra cultura y nuestra sociedad parecen alejarse cada vez más de una antropología y un punto de vista cristianos tradicionales, este compromiso es hoy más crítico que nunca. Por lo tanto, como alguien educado enteramente a través del sistema escolar público, invito a todos los padres que estén leyendo estas palabras a considerar nuestras excelentes escuelas como una opción para la educación de sus hijos.
Somos católicos sin reservas. En colaboración con los padres, las Escuelas Católicas de la Diócesis de Lincoln forman a los estudiantes de los grados K-12 espiritual, intelectual, emocional, social y físicamente, en armonía con los dones únicos que Dios le ha dado a cada niño. La fuerte presencia de sacerdotes y religiosos en nuestras escuelas proporciona un ambiente donde el aprendizaje basado en valores es primordial, y encarna las enseñanzas de Cristo con fidelidad inquebrantable a la Iglesia Católica. Modelamos a Cristo en nuestras acciones. La alegría, la belleza y el asombro son las señas de identidad de nuestra experiencia educativa, en la que la razón, la lógica y la verdad guían nuestro plan de estudios. Enseñamos el respeto por uno mismo y por los demás, al tiempo que fomentamos la disciplina personal y la virtud.
Somos contraculturales. La educación católica tiene un papel importante en la evangelización y renovación de nuestra cultura y nuestro mundo, y comienza en nuestros hogares y continúa en nuestras escuelas. Gracias a los esfuerzos de padres, profesores, párrocos y obispos, nuestras escuelas han realizado un trabajo extraordinario para cumplir nuestra misión.
Como he mencionado anteriormente, el apoyo de la comunidad parroquial es fundamental para el éxito de nuestras escuelas católicas. Esta colaboración garantiza que nuestras escuelas estén a nuestro alcance, tanto financiera como espiritual y educativamente. Acogemos a alumnos de todos los orígenes, credos y capacidades.
Nuestras escuelas católicas son centros fuertes y fructíferos, florecientes en la vida cristiana, que forman a generaciones de alumnos para una vida de santidad y excelencia. Estoy orgulloso de nuestras escuelas católicas y eternamente agradecido a Dios por las décadas de sacrificios y liderazgo que las han hecho prosperar. Podemos ver sus frutos en los sacerdotes, religiosos y fieles católicos de la diócesis de Lincoln, que se esfuerzan fervientemente por glorificar al Señor a través de la santidad de sus vidas.
Nosotros. Somos. Católicos. ¿Fin de la historia? No. Es sólo el principio.
El comienzo de un viaje en el que la fe es el centro de todo. Los cimientos de toda una vida.
El comienzo de la formación de personas morales, disciplinadas y respetuosas.
El comienzo de una experiencia académica excepcional y accesible a todo aquel que lo desee.
El comienzo de una vida que ve la belleza, la verdad y la maravilla en el mundo, y que está llamada a compartir con los demás.
Si está buscando una escuela que sea auténticamente católica, distintivamente diferente y sorprendentemente posible, considere las Escuelas Católicas de la Diócesis de Lincoln.
Dé el primer paso, es sólo el principio.
Mi amistad con el Cardenal Pell
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Los católicos de todo el mundo lloraron a un hombre de Iglesia, a un obispo que durante décadas fue una fuerza pastoral e intelectual del Evangelio: lloraron al cardenal George Pell, que falleció inesperadamente el 10 de enero.
Yo también lloro al Cardenal Pell por lo que significó para la Iglesia, por quien era y por lo que representaba.
Pero también estoy de luto de una manera diferente.
Estoy de luto porque el Cardenal George Pell era mi amigo. Y aunque creo que murió en la gracia y la amistad de Dios, y que pronto disfrutará de la visión beatífica, sé que echaré de menos a mi amigo George.
También lo harán los amigos de Pell de todo el mundo, que lo conocieron y lo amaron.
Conocí al Cardenal Pell en 1996, poco después de mi llegada a Roma para iniciar mi servicio a la Santa Sede como funcionario de la Congregación del Vaticano para los Obispos. La Congregación (ahora llamada dicasterio) es el departamento del Vaticano que asiste al Santo Padre en su gobierno y colaboración con los obispos católicos de todo el mundo.
La Congregación para los Obispos, al igual que muchos de los dicasterios de Roma, estaba organizada por grupos lingüísticos. Yo era uno de los tres sacerdotes que servían en la sección inglesa, lo que significaba que ayudaba a responder a las necesidades en el territorio que me asignaban, y cuando el Santo Padre elegía nuevos obispos, ayudaba a hacer parte del trabajo de organización de puertas adentro.
Mi mesa de trabajo en la congregación incluía Australia, las diócesis de habla inglesa de Canadá y todas las diócesis estadounidenses al oeste del río Mississippi.
En aquel momento, había 28 diócesis en Australia, además de la Archidiócesis Militar para las Fuerzas Armadas.
En mis primeras seis semanas en el Vaticano, pasé la mayor parte del tiempo estudiando e investigando la geografía y las culturas eclesiales de Australia y Canadá, países que eran ajenos a mi experiencia como joven sacerdote estadounidense.
Durante ese tiempo, alguien me sugirió que me pusiera en contacto con el Obispo George Pell, el joven obispo auxiliar de la Archidiócesis de Melbourne. Me dijeron que era doctor en Historia de la Universidad de Oxford y que podría ayudarme a conocer mejor Australia. También me enteré de que había sido un atleta de talla mundial: había jugado al fútbol australiano, ¡un deporte muy duro!
Supe que Pell tenía un sentido del humor jovial y una personalidad fuera de lo común, y que sentía un gran amor por el Cardenal John Henry Newman, mi propio patrón y mi mentor espiritual.
Recuerdo que pensé: "¡Tengo que conocer a este tipo!".
Bueno, lo conocí.
A través de un amigo, me puse en contacto con el Obispo Pell en Melbourne, y le pregunté si podíamos vernos si alguna vez venía a Roma. Le dije que me encantaría saber más sobre Australia.
Poco después, el Obispo Pell me dijo que vendría a Roma, y sugirió que nos reuniéramos en el salón de té Babington, junto a la Escalinata Española, en el corazón de Roma.
Nunca había estado en "el Babington", pero sabía que era la famosa cafetería donde solían reunirse todos los poetas ingleses del siglo XIX cuando vivían y escribían en Roma. Está justo al lado de la casa donde murió el gran poeta romántico John Keats, y era el lugar favorito de Lord Byron y Percy Bysshe Shelly.
Nunca olvidaré el día que tomamos té.
Habíamos quedado en vernos a las cuatro de la tarde, hora del "high tea" para los anglófilos.
Llegué un poco antes y encontré una mesa con vistas a la Piazza di Spagna. Desde mi mesa, observé una figura imponente que cruzaba la plaza con cuello romano y chaqueta de lana marrón.
"Tiene que ser Pell", pensé.
En efecto, entró en la cafetería y se acercó a mi mesa. Me levanté, pero antes de que pudiera dirigirme a él, me dijo: " Saludos Jim, me llamo George Pell". No hubo formalidades ni presentaciones apropiadas, sino afabilidad y amistad instantáneas.
Ese fue el comienzo de mi amistad de 26 años con Su Eminencia, el Cardenal George Pell.
Más tarde me enteré de que el Cardenal Pell, de 1,90 m de estatura, había firmado un contrato para jugar profesionalmente en el Richmond Football Club en 1959, pero decidió abandonar su prometedora carrera deportiva para estudiar el sacerdocio.
Ingresó en el seminario de su diócesis natal, Ballarat, una pequeña diócesis rural de la provincia metropolitana de la archidiócesis de Melbourne, en el estado de Victoria.
Asistió a un seminario regional, el Corpus Christi College de Werribee, y luego fue enviado a Roma para cursar estudios teológicos en el Colegio Propaganda Fide. Ordenado sacerdote en 1966, fue enviado a Inglaterra, donde se doctoró en Historia de la Iglesia en 1971 por la Universidad de Oxford.
A su regreso de Inglaterra, obtuvo un máster en educación, de la Universidad Monash de Melbourne, y dedicó muchos años a la educación católica.
Tras servir varios años en parroquias y colegios, Pell fue nombrado en 1985 rector del seminario del Corpus Christi College, el mismo seminario al que había pertenecido.
Dos años más tarde fue nombrado obispo auxiliar de Melbourne. Ejerció como auxiliar durante casi 10 años, hasta que fue nombrado séptimo arzobispo de Melbourne en 1997.
En el 2001 fue trasladado, convirtiéndose en el octavo Arzobispo de Sídney. Fue elevado al Colegio Cardenalicio en el 2003 por San Juan Pablo II y participó tanto en el cónclave del 2005 que eligió a Benedicto XVI como en el cónclave del 2013 que eligió al Papa Francisco.
La creciente influencia del Cardenal Pell en Roma se confirmó cuando, un mes después de la elección del Papa Francisco, el nuevo Papa nombró al Cardenal Pell como miembro del Consejo de Cardenales - un consejo de élite de nueve cardenales, el C9 como se les llamaba, encargado de la responsabilidad de asesorar al Papa en asuntos administrativos y financieros en sus esfuerzos por reformar la Curia Romana.
En el 2014, el Papa Francisco nombró al Cardenal Pell para dirigir la recién creada Secretaría para la Economía, una oficina del Vaticano a la que se le dio autoridad sobre todas las actividades financieras de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano.
Durante mis 10 años en Roma, tuve muchas ocasiones felices y memorables de cenar, tomar el té y cultivar una maravillosa amistad con el Cardenal Pell durante sus numerosas visitas a la Ciudad Eterna desde Australia. Durante esos años formó parte de muchos comités y comisiones vaticanos, incluido el comité Vox Clara, que presidió y supervisó de principio a fin, mientras trabajaba para completar la nueva traducción al inglés del Misal Romano.
En el 2006, cuando terminé mi estadía en el Vaticano y regresé a los Estados Unidos, me invitó a visitarlo en Sydney, donde pasé dos gloriosas semanas como su huésped en la Catedral de Santa María. Viajé por Nueva Gales del Sur y Victoria por mi cuenta, visitando las diversas vistas y sonidos de un país que hasta entonces sólo había conocido en papel. Guardo muchos recuerdos maravillosos de aquel viaje.
Tras regresar a mi diócesis natal de Wichita y ser asignado como párroco de una parroquia y una escuela, recibí una llamada del Cardenal Pell preguntándome si estaría dispuesto a acoger a uno de sus diáconos transitorios para servir en mi parroquia. Pell quería darle una experiencia "americana" de ministerio pastoral. Yo acepté encantado.
En los meses que ese diácono estuvo allí, en el 2008, me nombraron obispo auxiliar en Denver. De hecho, el joven diácono australiano, que ahora es párroco en Sydney, fue el diácono en mi consagración episcopal en Denver. Fue un recuerdo, cuando me convertí en obispo, de mi amistad con el Cardenal Pell.
Volví a Sydney por segunda vez en el verano de 2008 para la Jornada Mundial de la Juventud. La providencia quiso que un grupo de jóvenes de la diócesis de Lincoln se uniera a mi grupo de jóvenes de Wichita para celebrar una misa privada con el Cardenal Pell en una capilla lateral de la Catedral de Santa María de Sydney. Después de la misa, Pell nos dio a todos una pequeña charla sobre "todas las cosas de Australia", ¡incluyendo canguros y osos koala!
El Cardenal Pell ha sido siempre un campeón de la fe católica y un abierto defensor de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia.
Siempre ha sentido amor por la verdadera y auténtica educación católica, y me han dicho que el sistema escolar católico de Australia tiene una enorme deuda de gratitud con el Cardenal Pell y su liderazgo. Hizo notables esfuerzos por promover el ecumenismo y la unidad entre personas de todos los credos. No temía "entrar en la pelea", por así decirlo, debatiendo públicamente con quienes se oponían frontalmente a la Iglesia. Pero siempre fue un caballero, afable y amable, manteniendo siempre el buen humor. Nunca olvidaré su irónico sentido del humor, su cálida sonrisa y una especie de brillo en los ojos cuando contaba una historia.
En 2017, el Cardenal Pell fue acusado de varios delitos de agresión sexual a menores, presuntamente cometidos cuando era Arzobispo de Melbourne.
Él negó rotundamente estas acusaciones, pero se tomó una licencia de la Secretaría de Economía, para regresar a Australia. En el 2018, un magistrado australiano dictaminó que había pruebas suficientes para que el Cardenal Pell fuera juzgado por algunos cargos, mientras que varios cargos fueron revocados.
En agosto del 2018, Pell fue a juicio, pero el jurado no pudo llegar a un veredicto. Tres meses después, comenzó un nuevo juicio, y fue declarado culpable de cinco cargos de abuso sexual infantil. Aunque el veredicto fue sellado, el Cardenal Pell fue retirado del Consejo de Cardenales poco después.
En febrero del 2019, después de que los fiscales optaran por no juzgar al Cardenal Pell por otras acusaciones de abuso, se anunció públicamente el veredicto del jurado. En marzo, fue condenado a seis años de prisión.
Pero Pell mantuvo su inocencia. E incluso personas que no estaban de acuerdo con todo lo que creía Pell criticaron el caso contra él. Muchos creían que los cargos contra Pell eran inverosímiles, tanto desde el punto de vista logístico como práctico. Fue condenado por el testimonio de un solo acusador, sin que se presentaran pruebas que lo corroboraran. Pell insistió en que no lo había hecho y, ante el tribunal, presentó testigos que estaban de acuerdo.
El Cardenal Pell pasó 404 días en aislamiento solitario antes de que el Tribunal Supremo en pleno anulara unánimemente su condena en el 2020. Los más altos jueces de Australia concluyeron que la decisión del jurado de condenar al Cardenal Pell no fue razonable.
Es importante señalar que, como Iglesia, debemos seguir tratando todos los casos creíbles de abusos denunciados, investigando para asegurarnos de que las voces de las víctimas sean escuchadas y se haga justicia. Sin embargo, en el caso del Cardenal Pell, el sistema judicial australiano, a través de un largo proceso, determinó finalmente que las acusaciones contra él eran sin fundamento.
Cuando Pell se convirtió en arzobispo de Melbourne en 1996, poco después creó una comisión para investigar las denuncias de las víctimas de abusos. Como Iglesia católica, tenemos que seguir vigilantes para asegurarnos de que las faltas sean examinadas, reconocidas y corregidas, y de que se haga de acuerdo con el trabajo de un sistema legal, en busca de la verdad, para todos los implicados.
El Cardenal Pell llevó un diario mientras estuvo en prisión, y realizó una crónica de su estancia. Viajó a Estados Unidos en noviembre de 2021, con motivo de la publicación de sus tres volúmenes del "Diario de Prisión" por Ignatius Press.
Me reuní con el Cardenal en Phoenix y disfruté de un maravilloso almuerzo con él. Su humor irónico, su sonrisa serena y el brillo de sus ojos seguían ahí. Habló de la amabilidad de los guardias, de la naturaleza contemplativa de aquellos días y de cómo se convirtió en un buen lanzador de "tiros libres” de básket durante aquellos 404 días.
Yo le había escrito en la cárcel, y él me dio las gracias por aquellas cartas.
El Cardenal Pell estuvo en la cárcel cuando yo luchaba contra la ansiedad y la depresión, y tuve que pedir una licencia de mi propia diócesis durante 11 meses. Le dije que a menudo pensaba en él en su encierro solitario, y ofrecía mis propios sufrimientos por él.
Le dije que su testimonio y su perseverancia en la fe me dieron esperanza en los momentos más oscuros de mi vida.
Le dije que sólo con oír que estaba allí, viviendo día a día en soledad, me daba esperanza.
Después de múltiples apelaciones, cuando oí la noticia de que había sido completamente exonerado y absuelto de todos los cargos y puesto en libertad, tuve una alegría indescriptible, que creo que tuvo mucho que ver en mi propia recuperación y salud mental.
Leer su diario de la cárcel es como leer cosas de santos.
La última vez que estuvimos juntos fue en Roma, el 2 de octubre, en el Ristorante Scarpone, un restaurante favorito al aire libre en la colina del Janículo. Tuvimos un maravilloso pranzo (almuerzo) de tres horas en el que el tiempo pareció detenerse. Hablamos de las cosas permanentes, de la esperanza y de lo maravillosamente extraño y misterioso que es este mundo. Hablamos de que todos somos peregrinos en esta tierra, que estamos de paso. Recordamos juntos las maravillosas palabras de Newman cuando dice que "las cosas invisibles" de la vida son más reales para mí que las visibles, porque el mundo visible está desapareciendo ante nuestros ojos.
Que el Señor tenga en su gloria al Cardenal George Pell.
Hasta pronto, George. Te echaré de menos.
Profunda gratitud por un hombre santo llamado Joseph
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Cuando me enteré de la noticia de la muerte del Papa Emérito Benedicto XVI, me sorprendió mucho. Si bien es cierto que, a la edad de 95 años, nuestro querido Santo Padre vivió una vida muy larga y fructífera, y fue inesperado que viviera por casi 10 años después de su renuncia sin precedentes al papado en 2013, su muerte el 31 de diciembre todavía fue una sorpresa.
Supongo que es como la muerte de un abuelo muy anciano. Todos sabemos que están cerca del final de su vida si llegan a los 90 años, pero sigue siendo un shock cuando se van.
El mero hecho de saber que el Papa Benedicto vivía una vida de oración y retiro en un monasterio aislado, escondido en los jardines del Vaticano, me consolaba y me daba un sentimiento de tranquilidad saber que estaba allí. Ahora que se ha ido a su recompensa eterna, siento una verdadera pérdida y un vacío en mi corazón.
El Papa Benedicto siempre ha sido un héroe personal y una figura paterna para mí. Fue el Papa que me nombró obispo en el 2008 cuando fui a Denver como obispo auxiliar, y luego me nombró noveno obispo de la diócesis de Lincoln en el 2012. Pero yendo mucho más atrás, cuando era un nuevo converso católico a mediados de los años 1970 y luego como joven sacerdote en los 80 y 90, los escritos del entonces Cardenal Joseph Ratzinger tuvieron un gran impacto en mi vida.
Del 1996 a 2006, tuve el honor y el privilegio de colaborar con él como funcionario del Vaticano en la Curia Romana, sirviendo en la Congregación para los Obispos. El cardenal Joseph Ratzinger era el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) y nuestras dos congregaciones colaboraban a menudo en cuestiones y preocupaciones importantes a las que se enfrentaba la Iglesia universal en aquel momento.
Sin duda, fue el largo reinado de 27 años de San Juan Pablo II lo que realmente me formó como católico, como sacerdote y como obispo. Pero el Papa Benedicto siempre estuvo ahí, siempre presente. En muchos sentidos, veo a San Juan Pablo II y al Papa Benedicto XVI como las dos caras de una misma moneda. Uno era un filósofo de talla mundial, el otro era uno de los más grandes teólogos de nuestros días. Ambos vivieron de jóvenes las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. Ambos fueron protagonistas del Concilio Vaticano II.
Y, sin embargo, eran muy diferentes en temperamento y personalidad. Juan Pablo II era extrovertido, carismático y se sentía cómodo en la escena mundial. Benedicto XVI era introvertido, tímido y prefería permanecer en un segundo plano.
Como uno de los más estrechos colaboradores de San Juan Pablo II durante décadas, el Papa Benedicto XVI fue muy a menudo mal caracterizado y cruelmente calumniado, como el frío ejecutor de la doctrina católica de Juan Pablo II. Esta percepción no puede ser más alejada de la realidad. Cualquiera que haya conocido al cardenal Ratzinger durante los años en que fue prefecto de la CDF, sabía que era un hombre amable, gentil, humilde, muy sereno, tranquilo, de temperamento apacible y santo.
Incluso antes de su elección como Papa Benedicto XVI, hubo una tormenta en la prensa en oposición a su candidatura. Yo estaba en mi despacho del Vaticano, que daba a la plaza de San Pedro, el día en que salió el humo blanco. Me sentí abrumado por la gratitud y la alegría cuando salió a la logia por primera vez. Toda esa caracterización errónea se desvaneció cuando fue elegido Papa. Aunque sus críticos siguieron calumniándolo, el verdadero Joseph Ratzinger comenzó a mostrarse desde el principio. Su mente aguda y su corazón humilde, unidos a su espíritu apacible y a su naturaleza modesta, comunicaron al mundo que se trataba realmente de un hombre de Dios.
Su primera y, en mi opinión, mejor encíclica, Deus Caritas Est (Dios es Amor), capta realmente al hombre y su misión. Aunque el Papa Benedicto XVI era un gran defensor de la verdadera fe, sabía que la verdad sin amor podía volverse fría e impersonal, una dura lista de hechos y expectativas. Del mismo modo, el amor sin verdad puede ser mero sentimentalismo y emocionalismo superficial. Caritas in Veritate (El Amor en la Verdad) la tercera de su trilogía de encíclicas (la del medio era sobre la esperanza), capta la visión del Papa Benedicto sobre nuestro camino hacia Dios, siempre en busca de lo verdadero, lo bueno y lo bello.
El legado del Papa Benedicto XVI, al igual que el de San Juan Pablo II, seguirá siendo analizado durante las próximas décadas. Al igual que su predecesor en la Cátedra de San Pedro, él tiene la clave para la interpretación auténtica del Concilio Vaticano II. San John Henry Newman escribió que todos los concilios ecuménicos de la historia de la Iglesia son como manantiales que brotan de la tierra. Siempre tienen el sabor del suelo del que brotaron.
El suelo del Vaticano II fueron los años sesenta. Se necesitan décadas para llegar río abajo desde la fuente de un manantial antes de que el agua comience a clarificarse, a cobrar fuerza y a proporcionar dirección. Aquellos primeros años después del Vaticano II fueron caóticos. Sólo hubieron unas pocas voces de sensatez durante aquellos años postconciliares; Joseph Ratzinger fue una de ellas.
Cuando se trató del Concilio Vaticano II, el Papa Benedicto XVI siempre creyó en lo que él llamaba la "hermenéutica de la continuidad" y no de la ruptura. En otras palabras, el Concilio Vaticano II no fue una ruptura con la tradición, sino un desarrollo, un manantial vivo de lo que le precedió. Newman dijo muy célebremente que "vivir es cambiar, y ser perfecto es haber cambiado a menudo". Pero continuó diciendo que las cosas deben cambiar para seguir siendo las mismas. Y esto es lo que Benedicto XVI quería decir con la "hermenéutica de la continuidad".
Estoy especialmente en deuda con Benedicto XVI por sus escritos sobre la sagrada liturgia. Él creía que la nueva evangelización no podría tener éxito sin una verdadera renovación del culto litúrgico. Todos debemos tener un sentido agudo de lo sobrenatural y lo trascendente en nuestras vidas. Debemos elevar nuestros corazones al Señor en el culto sagrado mediante la alabanza y la adoración, en plena y activa participación con la liturgia cósmica del cielo, si queremos que nuestros corazones se transformen en amor. Debemos esforzarnos por tener un encuentro personal con el Señor en la liturgia, en la Misa. Cuando nos encontramos con el Señor vivo, la única respuesta es la alabanza y el canto. El Papa Benedicto XVI lo sabía bien y sus escritos sobre la sagrada liturgia y su amor por la Sagrada Eucaristía perdurarán en el futuro. Pasará a la historia como una figura clave en la auténtica reforma de la liturgia.
Ni siquiera he mencionado su contribución como supervisor del desarrollo del Catecismo de la Iglesia Católica y su obra maestra en tres volúmenes de teología de las Escrituras y exégesis bíblica, Jesús de Nazaret, escrita en los primeros años de su pontificado. Esta obra se ha convertido en el estándar de la interpretación bíblica de la vida de Jesús. El Papa Benedicto, un consumado pianista clásico, ha sido llamado el "Mozart de la teología". Con su facilidad para las lenguas, tanto antiguas como modernas, su amplio conocimiento de la historia y la literatura, y su profunda sabiduría, podría muy bien ser uno de los últimos hombres verdaderamente renacentistas de nuestra era.
Aunque Benedicto XVI fue posiblemente el mayor teólogo de nuestra era, fue un hombre que hizo teología de rodillas. Fue ante todo un hombre de fe. Benedicto XVI vivió maravillosamente la definición medieval de la teología, formulada por el gran San Anselmo de Canterbury, Fides quaerens intellectum - la fe que busca el entendimiento. Benedicto XVI fue siempre un hombre de fe profunda y permanente en el amor a Dios. Como el gran San Benedicto de Nursia, cuyo nombre tomó cuando fue nombrado Papa, ora et labora, oración y trabajo, definieron su vida.
Aunque ciertamente echaré de menos a esta gran figura paterna en mi vida, que fue un santo guía, un gigante intelectual y un humilde sucesor de San Pedro, mi corazón canta con profunda gratitud por este santo varón llamado Joseph. Al igual que su tocayo, se le confió un rico tesoro en esta vida y fue un fiel administrador de este misterio hasta el final.
La Casa de Navidad
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La Misa de Medianoche en Navidad tiene algo de maravilloso. A esa hora de la noche, cuando el mundo se ha aquietado y la oscuridad envuelve la creación, y el silencio ha caído sobre la tierra, los cristianos se dirigen a la iglesia parroquial para celebrar el nacimiento del Salvador. El calor y la luz de la iglesia brillan a través de las vidrieras y penetran en esta oscuridad como un faro en la noche, atrayendo a la gente hacia su interior.
Entonces comienzan los cantos. Unimos nuestras voces a las de los ángeles y proclamamos el Gloria in Excelsis Deo con las huestes celestiales, proclamando que nuestro Dios ha bajado de Su trono celestial para hacerse uno con nosotros, tomando carne humana y haciéndose niño. La luz ha atravesado las tinieblas, la esperanza ha amanecido y la alegría ha entrado en el mundo.
Es durante esta Misa cuando escuchamos las palabras del profeta Isaías, 600 años antes del nacimiento de este niño, prediciendo un futuro Mesías que se llamará: "Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” Cuando oímos estos nombres, uno podría imaginarse una figura poderosa que aparece en una nube de Gloria Divina, como oímos en el Libro del Apocalipsis.
Sin embargo, no fue así como apareció el Mesías hace dos mil años. Vino como "un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre". Nuestro Señor no consideró Su divinidad y Su poder como algo a lo que tuviera que aferrarse, sino que se humilló y tomó sobre sí la semejanza de un niño (Filipenses 2:6-8).
Esto contrasta fuertemente con la presunción de que el Mesías sería un guerrero poderoso, enviado por Dios para liberar a su pueblo de sus enemigos. Ciertamente, el Mesías vino a destruir al Maligno y a vencer el pecado, pero no vino de la forma que nadie esperaba: como un simple niño.
Con ello, Dios nos enseña una valiosa lección. La pequeñez de un niño no es indigna de Él. Ninguna etapa de la vida humana es demasiado insignificante para Él. Él no temió ser vulnerable. Dios no se vio limitado por la debilidad de Su frágil humanidad en aquellos primeros momentos de Su vida, sino que fue capaz de tocar las vidas de tantos a pesar de Su impotencia a los ojos del mundo.
Dios nos pide que seamos como niños. Nos pide que nos despojemos de nuestra vana autosuficiencia, que renunciemos a nuestro ego y a nuestro orgullo, que confiemos en nuestra identidad como Sus hijos e hijas, y que nos despojemos de todo aquello que nos impida llegar a ser como el Niño de Belén: pequeños a los ojos del mundo, pero llenos de fuerza poderosa ante los ojos del Padre Celestial.
En Belén hay una magnífica basílica construida sobre el mismo lugar donde nació Jesús. Para entrar en la Iglesia de la Natividad, hay que agacharse para pasar por la entrada principal, que es una pequeña puerta de unos 4 pies de alto y 2 pies de ancho. Esta entrada la construyeron los antiguos soldados de las Cruzadas para evitar que la gente entrara con sus carros y caballos en la iglesia.
Hoy en día, los cuidadores de la Iglesia de la Natividad no tienen que preocuparse de que la gente intente entrar con carros o caballos. Sin embargo, esas pequeñas puertas nos recuerdan que debemos evitar que otra cosa entre en el lugar donde nació Jesús: nuestro orgullo y nuestros egos.
Hoy en día, la entrada principal de la iglesia se llama "La Puerta de la Humildad" porque, al atravesarla, hay que inclinarse para entrar.
Al entrar en nuestras iglesias parroquiales para la Misa de Navidad de este año, pensemos en la puerta de la humildad. Que el Niño Jesús llene sus corazones de paz, esperanza y alegría en este tiempo de Navidad. Que destierre cualquier temor de inseguridad en sus corazones. Y que también ustedes se conviertan en niños pequeños bajo la mirada del Padre, dándole permiso para que los proteja y los cuide como si fueran suyos, y los lleve a la promesa de la vida eterna que está por venir.
A una casa abierta en la noche,
Vendrán los hombres a su hogar,
A un lugar más viejo que Edén,
Y una ciudad más alta que Roma.
Al final del camino de la estrella maravillosa,
A las cosas que no pueden ser y que son,
Y todos los hombres están en su hogar.
La Casa de Navidad
G.K. Chesterton
Nuestra Señora de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización
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El 12 de diciembre es la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. La historia nos cuenta que la Santísima Virgen María se le apareció a San Juan Diego en un lugar llamado Cerro del Tepeyac en México, que más tarde se convirtió en Villa de Guadalupe, un suburbio moderno de la ciudad metropolitana de Ciudad de México, con una población de algo más de 22 millones de almas.
En 1531, cuando la Virgen se le apareció a Juan Diego, un campesino indígena que vivía en el lugar, el Tepeyac era una pequeña colina en el desierto. La primera aparición tuvo lugar en la mañana del sábado 9 de diciembre de 1531, que es hoy la festividad de San Juan Diego. Fue beatificado por San Juan Pablo II el 6 de mayo de 1990 y canonizado santo por el mismo San Juan Pablo II el 31 de julio de 2002, ambas ceremonias teniendo lugar en Ciudad de México.
Según los relatos de la época, la "mujer", hablando a Juan Diego en su lengua nativa náhuatl (la lengua del Imperio azteca), se identificó como la Virgen María, "madre del Dios muy verdadero". Pidió a Juan que en aquel lugar se construyera una iglesia en su honor. Se construyó una basílica y el lugar es ahora el santuario católico más visitado del mundo y el tercer lugar sagrado más visitado del mundo.
Un aspecto único de la aparición mariana de Nuestra Señora de Guadalupe es que sigue siendo un milagro continuo. No es de extrañar que cuando Juan Diego acudió -según las instrucciones de la Virgen- al obispo de Ciudad de México, el reverendísimo Juan de Zumárraga, para pedirle que construyera una iglesia en honor de la Santísima Virgen María, el obispo no le creyó al campesino. Juan Diego habló por segunda vez con el obispo Zumárraga al día siguiente, domingo 10 de diciembre de 1531, y el obispo pidió a Juan que volviera al cerro del Tepeyac para que le pidiera a la "mujer" una señal milagrosa que probara su identidad. Juan Diego se lo contó a la mujer, que prometió mostrarle una señal al día siguiente.
El lunes 11 de diciembre, el tío de Juan Diego, Juan Bernardino, se enfermó gravemente. Juan se sintió obligado a cuidar a su tío, por lo que evitó ir al cerro del Tepeyac. En las primeras horas de la mañana del martes 12 de diciembre, su tío empeoró y Juan viajó a Tlatelolco para buscar a un sacerdote católico que viniera a confesar a Juan Bernardino y a administrarle la unción de los enfermos en su lecho de muerte.
Para no verse retrasado en su misión de misericordia hacia su tío por razón de la "mujer", y además por sentirse avergonzado por no haber ido a su encuentro el lunes, Juan Diego eligió otra ruta alrededor del cerro del Tepeyac. La Virgen, sin embargo, lo interceptó y le preguntó adónde iba. Juan Diego le explicó lo sucedido y la Virgen le reprendió suavemente por no haber recurrido a ella. En las palabras que se han convertido en la frase más famosa de las apariciones de Guadalupe, y que ahora están inscritas sobre la entrada principal de la Basílica de Guadalupe, ella preguntó: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?"
La Virgen le aseguró a Juan que su tío ya se había recuperado y le dijo que recogiera flores de la cima del cerro del Tepeyac, que normalmente era totalmente estéril, sobre todo en el mes de diciembre. Juan Diego obedeció sus instrucciones y encontró, para su sorpresa, abundantes rosas castellanas, no nativas de México, en plena floración.
Según la historia que se ha transmitido, la Virgen arregló las flores en la tilma o manto de Juan Diego y luego le ordenó que fuera a la casa del obispo y le mostrara las rosas. Cuando Juan Diego se presentó ante el obispo Zumárraga y abrió su manto, las flores cayeron al suelo, revelando sobre la tela del manto la imagen milagrosa de la Virgen de Guadalupe.
No ha habido una explicación científica adecuada de cómo la imagen se imprimió en la tilma y permanece hasta hoy, casi 500 años después, como un milagro continuo. La tilma está iluminada y bellamente expuesta tras un cristal protegido en el santuario de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en Ciudad de México.
Otro aspecto singular de la historia de Nuestra Señora de Guadalupe es el hecho de que María se apareció a Juan Diego como una madre encinta, vestida con el atuendo maternal tradicional de las mujeres indígenas de aquella región. Hablaba el dialecto nativo y se relacionaba con Juan Diego como un familiar de confianza.
Por eso Nuestra Señora de Guadalupe es considerada la Estrella de la Nueva Evangelización. Es absolutamente accesible. No juzga a los que la rodean. Es verdaderamente multicultural y atrae a una población diversa. Ella encarna todo lo que pensamos hoy cuando hablamos de diversidad, equidad e inclusión. Ella atrae hacia sí todas las culturas y lleva en su seno toda la verdad, la bondad y la belleza.
Nuestra Señora de Guadalupe se apareció como una estrella brillante en la noche, brillando a través de la oscuridad del mal del sacrificio de niños -siendo ritual de la religión de la época de Juan- y sigue brillando tras la sombra de nuestra propia época, el azote del aborto. La Virgen aparece como patrona de los no nacidos y protectora maternal de toda vida humana. Ella escucha y acoge toda vida. Es receptiva y atenta a las necesidades de los que la rodean: los niños, los enfermos, los marginados, los emigrantes y los oprimidos. Ella nutre a todos con su genio maternal y femenino. Con su belleza fecunda, ella capacita, anima e ilumina.
Y en su seno lleva el Pan de Vida. Si no fuera por la encarnación del Verbo hecho carne, que tuvo lugar en su seno virginal, no tendríamos la Sagrada Eucaristía. Ella dio al Hijo de Dios su constitución genética, su carne y sus huesos, su vida y su aliento humanos.
Por eso, en la Diócesis de Lincoln, animamos a todos los fieles, durante este tiempo de Avivamiento Eucarístico, a considerar la posibilidad de hacer un peregrinaje al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Este otoño, tres grupos de peregrinaje fueron a vivir con los pobres y las personas sin hogar, literalmente en el basurero de la ciudad de México, y a orar ante nuestro Señor Eucarístico en adoración silenciosa. ¿Qué mejor manera de pasar cinco días de su vida que con la imagen milagrosa de la Santísima Virgen María de Guadalupe en la tilma de San Juan Diego, la Presencia Real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, y con el "más pequeño de mis hermanos"? Porque como solía decir la Madre Teresa de Calcuta, "si no creemos y vemos a Jesús en la apariencia del pan sobre el altar, no podremos verlo en el angustioso disfraz de los pobres."
Para inscribirse para un peregrinaje, envíe un correo electrónico a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it..
La educación católica: razón e imaginación
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El Obispo Conley habla sobre la importancia y el valor de la educación católica en esta homilía durante la misa en el Instituto Diocesano de Maestros 2022 en la Escuela Secundaria Pío X en Lincoln el 10 de octubre. Esta es una adaptación de su homilía. Puede ser vista aquí: https://youtu.be/AoM42i6x564
En nombre de la Diócesis de Lincoln, les doy la bienvenida a todos al Instituto Diocesano de Maestros anual, y les agradezco que hayan dicho "sí" a la vocación que siguen, la vocación de "maestro", el título más favorecido del Señor, rabboni. Todos los que están llamados a enseñar, comparten esta misión tan fundamental de Jesucristo.
Doy la bienvenida a la diócesis de Lincoln a la hermana Mary Thomas, OP, y le agradezco su maravilloso discurso de apertura de esta mañana, en el que comparó la filosofía de la educación de Santo Tomás de Aquino con la del Dr. John Dewey. Estamos muy agradecidos a ella y a su comunidad, la Congregación de Santa Cecilia, las " Dominicas de Nashville", que trabajan y enseñan en las escuelas católicas de todo el país y que han participado en la renovación continua de la educación católica durante décadas. He llegado a conocer a muchas de sus hermanas a lo largo de estos años, y les agradezco el gran trabajo que hacen. Nos sentimos honrados de recibirla aquí.
Retomando la charla de la hermana, es muy importante que nosotros, como profesores, nos basemos en una sólida antropología cristiana. En otras palabras, que seamos capaces de responder a esas preguntas tan básicas, tanto para nosotros como para nuestros alumnos: ¿Quiénes somos? ¿Por qué existimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es nuestro "fin", cuál es nuestro propósito? ¿Cómo vivimos la buena vida? ¿Cómo encontramos la alegría, el sentido, la paz y la felicidad? Estas preguntas están en el centro de la educación católica, en el centro de la existencia humana. Todos debemos hacernos estas preguntas, como profesores, sacerdotes, hermanas, esposos y esposas, madres y padres, todos los que estamos en este viaje de la vida.
Cuando observamos la educación actual en general, hay muchos desafíos. Algunos dirán que hay una verdadera "crisis de la razón" en la educación; que no se enseña a los estudiantes a pensar de forma lógica y crítica, que no tienen certeza sobre la realidad y la naturaleza de las cosas. No estoy en desacuerdo, pero además de una "crisis de la razón" en la educación, también hay una "crisis de la imaginación". La imaginación precede a la razón. Antes de empezar a pensar de forma racional, necesitamos tener una imaginación sana y bien formada. Tenemos que basarnos en el mundo de la realidad, el mundo de la naturaleza. Por ejemplo, tenemos que llevar a nuestros alumnos al aire libre y ayudarles a ver y apreciar la belleza de la creación de Dios. En nuestras escuelas católicas, asignaturas como la poesía, la música, los cuentos y las artes liberales, sobre todo en los cursos inferiores, ayudan a los alumnos a formar una imaginación sana, y una imaginación sana y viva puede ayudar a restablecer algún tipo de sentido común, que, por desgracia, no es demasiado común hoy en día.
Así que tenemos estos dos desafíos hoy, una crisis de imaginación y una crisis de razón. Me parece que, como educadores católicos, deberíamos dedicarnos a restaurar la imaginación cristiana, así como la recta razón. Veo muchos signos de que esto está empezando a suceder. Veo que está surgiendo un verdadero renacimiento en el mundo de la educación católica en todo el país, una especie de revolución silenciosa. Nuestra antropología, la forma en que vemos la realidad y la persona humana, realmente importa. Como nos enseñó la Hermana Mary Thomas, si no creemos en un mundo trascendente, un mundo que ha sido creado y sostenido por un Dios omnipotente y amoroso, y si no vemos a nuestros alumnos como imágenes y semejanza de ese Dios, iconos de Dios que están destinados a la vida eterna, entonces la forma de enseñar y los objetivos y resultados que buscamos en nuestros alumnos, van a ser muy diferentes.
Aquí, en la diócesis de Lincoln, estoy muy contento de ser obispo porque nuestras escuelas no han sufrido una falta de identidad católica. Muchos de mis hermanos obispos están trabajando duro para recuperar y restaurar una verdadera identidad católica en sus escuelas. Desgraciadamente, muchas escuelas católicas de todo el país son católicas sólo de nombre. Los niños pueden llevar uniformes escolares y puede haber crucifijos en la pared, pero estas escuelas no son muy diferentes de las escuelas públicas. La influencia del Dr. Dewey y su modelo secular de educación sigue dominando su visión del mundo y su antropología. Estoy muy agradecido de que las escuelas católicas de Lincoln no están confundidas en su identidad.
Pero dado el mundo en el que vivimos hoy, y la toxicidad del aire cultural que respiramos, tenemos que mejorar nuestra estrategia. No podemos limitarnos a la identidad católica de nuestras escuelas, tenemos que "reformular" lo que hacemos para preparar a nuestros alumnos para el nuevo mundo en el que pronto entrarán. Eso no significa que tengamos que empezar de nuevo. Ni siquiera significa que tengamos que reconstruir. Tenemos que construir sobre los sólidos cimientos que ya tenemos, unos cimientos que llevan años construyéndose.
Algunas personas me dicen: "¿pero nuestras escuelas no son ya lo suficientemente católicas?" En el mundo actual, no se trata sólo de la identidad católica, sino de algo mucho más profundo y mucho más hermoso y misterioso. La fe debe estar al centro de todo lo que hacemos. Jesucristo, en palabras de San Juan Pablo II, "es la respuesta a la pregunta que se hace toda persona humana". El Señor tiene que estar en el centro de todo lo que hacemos en nuestras escuelas católicas, desde los campos de atletismo hasta el departamento de teatro, desde el laboratorio de ciencias hasta la cafetería, desde el departamento de mantenimiento hasta la clase de religión. Todos deben estar en sintonía cuando se trata de la misión de nuestras escuelas católicas. Estamos llamados a educar a toda la persona, cuerpo, mente, imaginación y alma.
La buena noticia es que no necesitamos reinventar la rueda. Tenemos todo lo que necesitamos para tener éxito. No necesitamos buscar cosas que estén de moda. En el mundo de la educación, creo que vemos mucho de esto. Buscamos soluciones rápidas, el siguiente método nuevo, la siguiente tecnología nueva o la siguiente novedad en la enseñanza. Los que llevan más tiempo que yo en la educación lo saben. Lo que era popular hace 10 años ya está pasado de moda. Nuestras escuelas tienen la oportunidad de provocar una auténtica renovación en los corazones y las mentes de nuestros alumnos, de reavivar su imaginación, de engendrar un nuevo sentido de la maravilla, la alegría y la belleza en el aprendizaje.
Conté una historia en el banquete de Santos y Académicos sobre mi reciente viaje a Roma para la ordenación de uno de nuestros seminaristas, el diácono Matthew Schilmoeller, que es un buen ejemplo del fruto de nuestras escuelas católicas. El diácono Matthew es un graduado de la escuela primaria North American Martyrs, de la escuela secundaria Pius X y del seminario St. Gregory the Great. Como estudiante del Colegio Norteamericano en Roma, ahora está completando su posgrado en teología en la Universidad de Santo Tomás y, si Dios quiere, será ordenado sacerdote en mayo para la Diócesis de Lincoln.
Tuve la bendición de vivir en Roma durante 12 años, como estudiante y como funcionario del Vaticano. Durante una buena parte de esos años, también serví como capellán del programa de Roma de la Universidad de Dallas, y como profesor de teología del programa de Roma del Christendom College. De hecho, la mayor parte de mi sacerdocio la pasé trabajando con estudiantes universitarios. Siempre disfruto visitando a los estudiantes universitarios, siempre me interesa y siento curiosidad por saber qué pasa en su mundo.
La última noche que estuve en Roma, llevé a cenar a tres estudiantes universitarios, a uno de los cuales bauticé en Roma hace 19 años, cuando sus padres eran asistentes de la Universidad de Dallas en Roma. Dos eran de Phoenix y una del área de Washington, D.C., y las tres tenían una muy buena educación católica. Acababan de terminar los típicos trabajos universitarios de verano, mezclándose con sus compañeros del mundo secular. Les pregunté: "¿Cómo son las cosas para su generación hoy en día, qué preguntan sus compañeros, cuáles son los temas que más les preocupan?" Finalmente, les pregunté: "¿cuáles son las dos palabras que mejor describen a sus compañeros?". Una pensó durante un minuto y luego dijo: "confusos y tristes".
He pensado mucho en eso desde esa noche. Es realmente cierto. Hay una falta de claridad en las mentes de los jóvenes de hoy. No saben por qué están aquí, quiénes son, a dónde van. Con tantas voces y tanta información que les llega a través de las redes sociales, a través de múltiples fuentes de noticias, a través de sus teléfonos, puede ser confuso. Tratan de descifrar y entender toda esta información, con gente que los empuja con todo tipo de ideologías. Parece que no tienen ninguna base segura ni visión del mundo, nada que les permita saber quiénes son, por qué están aquí, a dónde van, y quién, si es que hay alguien, que los quiera y se preocupe por ellos. Se sienten aislados y es esa confusión, aislamiento y soledad lo que lleva a la tristeza.
Sabemos que el suicidio está aumentando entre las personas de esa edad. La ansiedad, el estrés y la depresión son muy frecuentes en nuestros jóvenes de hoy. La juventud y la juventud adulta no deberían ser una época de depresión. Es un tiempo para la alegría, la emoción y la aventura; años para la alegría y el descubrimiento, ¡no para la tristeza!
Así que veo que una misión muy importante de las escuelas católicas es aportar esa claridad y falta de confusión, una seguridad y confianza en la verdad, la bondad y la belleza de la vida; recordarnos a todos que no nos inventamos nuestra propia verdad, sino que nos conformamos a la Verdad que ya está ahí. Somos hijos de Dios, hijos amados del Padre que nos ama, nos cuida y quiere que seamos felices en esta vida y para siempre con él en el cielo.
Hay una verdad, y podemos conocerla y poseerla. No somos sólo fabricantes, no sólo constructores o consumidores, no somos sólo productores.
Somos hijos de Dios y tenemos un destino y Dios quiere que seamos felices aquí. La alegría de aprender, esos momentos cuando abrazamos la verdad. Ya sea viendo a un pollito salir de su caparazón durante nuestros cursos de primaria, o resolviendo un problema matemático muy difícil y complejo en el bachillerato, o a alguien en la escuela de posgrado que descubre la verdad sobre alguna teoría científica, ese es el tipo de cosas que engendran asombro en el mundo real que nos rodea.
Ese es el tipo de cosas que resuelven una crisis de imaginación: nuestra imaginación está llena de cosas buenas, verdaderas y hermosas, creadas por un Dios bueno, verdadero y hermoso. En eso consiste la educación católica, en renacer en esa maravilla. Lo vemos en nuestros salones, lo vemos en nuestros alumnos, eso es lo que tratamos de engendrar como profesores. Se trata de relacionarnos con nuestros alumnos y llevarlos a esa verdad mientras nosotros estamos en ese mismo viaje con ellos. No somos sólo sistemas de entrega de información. También estamos en esa aventura de aprendizaje.
Estamos en esa misma aventura de aprendizaje. Tenemos que confiar en las verdades que comunicamos. Esta generación busca claridad, seguridad, fundamento, propósito, la respuesta a sus "porqués". Buscan la alegría, que es un antídoto contra la tristeza que les rodea. Quieren felicidad, satisfacción y paz. Y nosotros podemos ofrecerles eso en nuestras escuelas. Sus padres nos han encomendado que les proporcionemos una educación católica, y como profesores tenemos que ser fieles a esa misión.
Así que estoy entusiasmado con la educación católica hoy, especialmente aquí en la Diócesis de Lincoln. Realmente creo que estamos preparados para ser líderes en este país. Tenemos muchas cosas positivas aquí en la Diócesis de Lincoln. Tenemos que darnos cuenta de ello, celebrarlo y construir sobre ello. Así que gracias desde el fondo de mi corazón. Sigan haciendo lo que hacen. Sigan aprendiendo, sigan amando a sus alumnos, sigan aportando esa alegría de aprender para toda la vida y esa claridad y esa confianza, esa seguridad que esta generación -y todas las generaciones- necesitan tanto.
Que Dios los bendiga.
"No desfalleceremos, no descansaremos”
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El siguiente es el texto del discurso de apertura del obispo presentado en el Banquete Provida del 23 de septiembre en Lincoln. El vídeo está disponible en https://youtu.be/5FGuEsguSK4
Cuando era un sacerdote joven, con apenas dos años de ordenación, mi obispo en la Diócesis de Wichita, el Obispo Eugene Gerber, me nombró Director de la Oficina Provida, además de mi primer nombramiento sacerdotal como Vicario Parroquial en una parroquia de Wichita. Había asistido a algunas conferencias provida durante mis años de seminario, pero no había estado realmente involucrado en el movimiento provida.
Alrededor del tiempo en que recibí este nuevo nombramiento, el movimiento nacional provida Operación Rescate estaba comenzando. Para aquellos que no conozcan la Operación Rescate, se trataba de un movimiento comunitario formado por católicos y protestantes, un movimiento verdaderamente ecuménico. La Operación Rescate reunía a la gente en frente de las clínicas abortistas locales, que luego, en oración y de forma pacífica, se acostaban frente a las entradas de las clínicas abortistas, bloqueando de hecho la entrada a las instalaciones. Esta demostración no violenta de desobediencia civil seguía el modelo de las numerosas manifestaciones nacionales del movimiento por los derechos civiles de los años sesenta.
El objetivo de la Operación Rescate era salvar a los bebés y evitar a las mujeres el trauma del aborto. Estas manifestaciones hacían cerrar la clínica abortista, dejando tiempo suficiente para que los consejeros en la acera ofrecieran alternativas a las mujeres y a sus bebés que habían venido a la clínica para sus citas programadas de ese día. A la llegada de la policía al lugar de la clínica, comenzaban a quitar a las personas una por una. Los manifestantes se quedaban inertes, por lo que los agentes de policía tenían que llevar a cada persona a un carro de transporte.
Como estas manifestaciones solían reunir a más de cien personas, se tardaban casi todo el día en retirar a todos los individuos. La propia división de investigación de Planned Parenthood, el Instituto Alan Guttmacher, reporta que si una mujer tiene que posponer su aborto, hay más de un 50% de posibilidades de que decida dejar nacer a su hijo. Con el permiso de mi obispo, me involucré mucho en la Operación Rescate y fui detenido en muchas ocasiones.
En una ocasión, el policía que me asistía se arrodilló y me dijo: "Padre, por favor, no me obligue a hacer esto. Soy católico y nunca he detenido a un sacerdote". Yo sonreí y le dije: "Oficial, usted tiene que cumplir con su deber y yo con el mío. Dios lo entenderá". Entonces me dijo: "Padre, algo está terriblemente mal en nuestro país".
Eso fue hace más de 30 años. A menudo he pensado en cuántas personas de 30 años están vivas hoy gracias a la Operación Rescate, y cuántas mujeres no tuvieron que cargar con la herida de haber abortado a su hijo.
Siempre he creído, muy firmemente, que Roe vs. Wade sería anulado algún día. Sólo que nunca pensé que ocurriría en mi vida. Incluso dije esas mismas palabras a nuestros jóvenes reunidos en Washington, D.C., el pasado mes de enero para la Caminata Nacional por la Vida. Pero me equivoqué.
Todos sabemos que este verano, el 24 de junio, no sólo celebramos en el calendario litúrgico católico la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista, que saltó en el vientre de su madre Isabel al estar en presencia de Cristo, sino que también fuimos testigos de cómo cinco católicos bautizados en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, decidieron el caso Dobbs vs. Jackson Women's Health, que anuló el caso Roe vs. Wade y devolvió a los gobiernos estatales la batalla legal por la vida. ¿Qué tal ese pequeño momento católico en la política? ¡Alabado sea Dios por su Providencia!
Y aunque hay mucho que celebrar en este momento histórico, tampoco debemos engañarnos: el camino que tenemos por delante es arduo y agobiante. En las palabras del padre Richard John Neuhaus, en el que quizá sea uno de los discursos provida más famosos del 2008, "Ha sido un largo viaje, y aún quedan millas y millas por recorrer". Esas palabras siguen siendo ciertas hoy en día.
Durante casi 50 años, el caso Roe v. Wade acabó con la vida de más de 60 millones de bebés estadounidenses y causó traumas psicológicos, físicos, emocionales y espirituales a muchas más madres y padres. Pero el daño no termina ahí. Roe también dañó el alma misma de Estados Unidos.
Durante los años del reinado de Roe, millones y millones de estadounidenses han sido mal educados y mal informados sobre la sagrada e inviolable dignidad de la persona humana. Y aunque Roe ha muerto en la ley, sigue teniendo una influencia significativa en los corazones y las mentes de muchos en este estado y en la nación.
Pero este desafío no debe desanimarnos. Como el Padre Neuhaus recordó a los provida en 2008: "Somos más fuertes porque no nos dejamos llevar por los engaños. Sabemos que en un mundo pecaminoso, muy lejos del Reino de Dios prometido, siempre habrá grandes maldades. Los principados y los poderes espirituales seguirán haciendo estragos, pero no prevalecerán".
En cambio, cada uno de nosotros puede identificarse con el héroe Frodo, en el Señor de los Anillos. Se nos llama en el camino para una aventura y un viaje. Somos llamados a salir de las comodidades de nuestros hogares y estilos de vida para una mayor misión.
Esta misión es, por supuesto, vivir el Evangelio de la Vida que nuestro Señor Jesucristo nos ha presentado tan perfectamente. Es una misión que conlleva sufrimiento y sacrificio, pero es una misión que termina en la victoria completa y la felicidad eterna. Somos hechos para estos mismos tiempos.
El camino que tenemos por delante es la razón por la que la conferencia de este año dirige nuestra atención, una vez más, a Cristo mismo con el tema bíblico: "Y el Verbo se hizo carne". Cuando nuestro Señor se hizo hombre, compartió la Buena Nueva en palabra y acción. Salió al encuentro de los pecadores allí donde se encontraban y supo comunicarse con sus corazones y mentes para su conversión. Todos nosotros, pero especialmente los laicos al salir al día a día del mundo, debemos estar equipados para imitar a Cristo más perfectamente para afrontar los retos de nuestro momento cultural.
Vivimos en una época digital que también se encuentra en una era post-cristiana. Y aunque Cristo es "el mismo ayer, hoy y siempre", las verdades y los métodos de ayer deben transformarse para llegar a los corazones y a las mentes del público de hoy, de modo que podamos llevar almas a ese mensaje salvador que vive para siempre. La oración esperanzada de los obispos y del personal de la Conferencia Católica de Nebraska es que este fin de semana anime a los medios de comunicación provida contemporáneos en esta era digital, y al hacerlo nos ayude a cada uno de nosotros a ser más efectivos en nuestro testimonio provida a un mundo tan desesperadamente necesitado de Cristo.
De manera especial, quiero darles la bienvenida a todos y agradecerles por venir al banquete y a la conferencia de este año. Quiero dar las gracias a nuestros funcionarios electos y a los candidatos que se presentan a cargos públicos por estar aquí; su valor para llevar la luz de Cristo en la plaza pública es realmente una luz en la oscuridad.
Quiero agradecer a los numerosos guerreros provida que nos acompañan esta noche; su testimonio en las trincheras del movimiento es aquello de lo que están hechos los santos. Quiero dar las gracias a todas las madres y padres, abuelas y abuelos, que están aquí esta noche; sus muchos sacrificios ocultos por sus hijos y nietos son un verdadero signo del amor eterno de Jesucristo.
Y por último, pero no por ello menos importante, quiero dar las gracias a nuestras hermanas y hermanos religiosos, sacerdotes y obispos presentes; su testimonio y liderazgo espiritual es un faro de luz que arde brillantemente mientras conducen las almas al Cielo.
Al reunirnos todos para el banquete y la conferencia provida de los obispos de este año, repito las palabras iniciales del gran discurso del Padre Neuhaus: Este encuentro "es, en parte, una reunión de veteranos de batallas pasadas y, en parte, una reunión de jóvenes reclutados para las batallas venideras". Y eso es justo lo que debe ser. El movimiento provida que comenzó en el siglo XX sentó las bases para el movimiento provida del siglo XXI. Llevamos mucho tiempo en esto, y apenas estamos empezando. Todo lo que ha sido y todo lo que será es antesala y anticipo de una esperanza indomable. Todo lo que ha sido y todo lo que será tiene como fundamento la promesa del regreso de Nuestro Señor en la gloria, cuando, como leemos en el Apocalipsis, "enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni dolor, porque las cosas anteriores han pasado. Y todas las cosas serán nuevas".
Nos encontramos en un momento crucial en el movimiento provida. Aquí en Nebraska, tenemos la oportunidad de hacer de Nebraska un estado santuario. Tenemos la oportunidad, a medida que nos acercamos a las elecciones de noviembre, de elegir a los líderes estatales que promulgarán leyes en nombre de nosotros los ciudadanos, que harán de nuestro estado un refugio seguro para los niños no nacidos y sus madres. Para hacer de Nebraska un estado en el que las mujeres sean realmente amadas, cuidadas, protegidas y se les dé todo lo que necesitan para elegir la vida para ellas y para sus bebés.
Hermanos y hermanas en Cristo, dejemos que la celebración de esta noche y la formación de mañana sean sólo uno de los muchos pasos que demos en la monumental tarea que tenemos por delante para construir una cultura de la vida. Y mientras realizamos esta gran peregrinación de amor, los dejo con estas memorables palabras del Padre Neuhaus que ruego tomen a pecho: "No desfalleceremos, no descansaremos, hasta que cada niño por nacer sea protegido por la ley y acogido en la vida. No desfalleceremos, no descansaremos, hasta que todos los ancianos que han seguido el curso de la vida estén protegidos contra el desaliento y el abandono, protegidos por el poder de la ley y los lazos del amor. No desfalleceremos, no descansaremos, hasta que toda mujer joven reciba la ayuda necesaria para reconocer el problema del embarazo como un don de la vida. No desfalleceremos, no descansaremos, mientras hacemos guardia en las puertas de entrada y de salida de la vida, y en cada paso del camino de la vida, dando testimonio de palabra y de obra de la dignidad de la persona humana, de cada persona humana".
Que Dios los bendiga a todos y cada uno de ustedes.
Mirando al futuro
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Agradezco todas las oraciones ofrecidas por mí durante mi reciente peregrinaje al Camino de Santiago, en España. Me acordé de todos ustedes en mis oraciones diarias y fue una buena experiencia para mí estar con mis hermanos obispos. Ya estoy de vuelta, un poco dolorido en mis pies y rodillas, pero completamente renovado y con energía para comenzar este nuevo año académico. Aunque las temperaturas veraniegas no se han ido, anticipo los hermosos colores del otoño y el cambio de estación con la cosecha otoñal y las divertidas actividades de regreso a la escuela.
Me alegró descubrir una abundante cosecha de miel de las dos colmenas de mi patio trasero, que recogí con mi asesora principal de apicultura Doreen "Boots" Primavera-Wailes, de Denton, que me ayudó a extraer y embotellar la cosecha de miel de este año. Boots es una maestra apicultora y ahora está con su hija recorriendo el Camino - la ruta "del Norte", la ruta norte de Santiago, a través de las montañas y a lo largo de la costa norte de España, una de las 14 rutas diferentes hacia la catedral de Santiago de Compostela.
Como Boots es contemporánea mía, espero que esto anime a los que estamos "en la última parte del partido" a considerar hacer este peregrinaje. Es una maravillosa experiencia espiritual y física para profundizar nuestra fe en la Iglesia Apostólica. ¡San Santiago, ruega por nosotros!
Avivamiento Eucarístico
El Avivamiento Eucarístico Nacional de tres años, que lanzamos este verano en la fiesta del Corpus Christi, está bien encaminado en toda la nación y en la Diócesis de Lincoln. Me alegra escuchar de diferentes párrocos y parroquias de nuestra diócesis que están añadiendo horas extra de adoración, procesiones eucarísticas y, en algunas de nuestras parroquias, adoración eucarística y confesiones antes de las misas dominicales.
Acabo de enterarme este fin de semana a través del Obispo Andrew H. Cozzens, presidente del Comité de Evangelización y Catequesis de la USCCB (Conferencia de Obispos de Estados Unidos), quien está organizando el Avivamiento Eucarístico Nacional, que Lincoln ha sido elegida como una de las diócesis que participará en la procesión eucarística nacional desde los cuatro puntos cardinales del país. Estaremos en la ruta occidental: el Santísimo Sacramento será llevado desde el santuario de San Junípero Serra en Carmel, California, a través de la parte occidental de los Estados Unidos. Continuará desde el oeste hasta Lincoln, luego hasta Omaha y Kansas City, y hasta Indianápolis, donde se unirá a las otras tres procesiones desde la frontera de Minnesota y Canadá, la frontera de Texas y México, y el santuario del Beato Padre Michael McGivney en Connecticut. Esta procesión nacional se celebrará en la primavera de 2024. Los detalles aún se están planificando, pero se puede seguir -y encontrar mucha más información sobre el avivamiento eucarístico- en el sitio web nacional www.eucharisticrevival.org (la página está disponible en español).
Estoy anticipando también la procesión eucarística en la Universidad de Nebraska-Lincoln el 27 de octubre a las 7 p.m., que siempre es una experiencia maravillosa. En este evento anual -que se interrumpió durante la pandemia- recorremos el campus de la UNL por la noche, bajo las estrellas, a la luz de las velas, con el Señor en la Santa Eucaristía, deteniéndonos en tres lugares del campus bendiciones y oraciones especiales. En años anteriores, este evento reunió a cientos y cientos de estudiantes universitarios para adorar al Señor. ¡Acompáñanos, por favor! No es sólo para los estudiantes universitarios, sino para todos los creyentes, para mostrar al mundo lo que creemos, e invitarlos a conocer a Jesucristo y Su amor por nosotros.
Protegiendo la vida
Nos encontramos en un momento muy importante y decisivo en la historia del movimiento provida, ya que nos alegramos de la caída de Roe v. Wade este verano con el caso Dobbs, que restauró el poder de los estados para regular el aborto. Pero en realidad, esto nos devuelve al campo de batalla y nuestro trabajo no ha hecho más que empezar. Es hora de arremangarnos y trabajar juntos para hacer de Nebraska un santuario para los niños no nacidos y sus madres.
Tenemos una magnífica oportunidad de presentar una legislación provida durante este próximo año, una legislación que protegerá y defenderá la santidad y la dignidad de toda vida humana desde su inicio y su etapa más vulnerable.
En el 2021, se registraron 2,360 abortos al Departamento de Salud y Servicios Humanos de Nebraska. Más de 1,800 de estos abortos se realizaron en niños de menos de 12 semanas. Si realmente queremos proteger a la mayoría de esos niños, niños a los que se les quita la vida en las primeras semanas de embarazo, tenemos que pensar seriamente en proteger cada vida humana y cada madre del trauma de la experiencia del aborto.
Por supuesto, a las personas que han tenido un aborto, la Iglesia les tiende la mano con compasión y amor para cuidarlas y extender la misericordia y el perdón de Jesucristo para sanarlas y hacerlas íntegras de nuevo. El Proyecto Raquel, el Viñedo de Raquel y otros programas de sanación y reconciliación después de un aborto son una de las formas en que la Iglesia tiende la mano y ama a quienes, por la razón que sea, eligieron el aborto como solución a su crisis.
Cuando una mujer considera la posibilidad de abortar, busca personas que la ayuden y a menudo no recibe ayuda del padre del bebé, de sus propios padres, de la sociedad, ni siquiera de los médicos. Si no hay nadie que le diga que hay otro camino, si la mujer cree que está sola, no es de extrañar que muchas piensen que el aborto es la única opción. Tenemos que tener compasión por estas mujeres. Tenemos que crear una sociedad en la que ninguna mujer se sienta tan sola. Tenemos que hacer que el aborto sea una opción impensable.
Los estudiantes provida de la Universidad de Creighton me han invitado a visitar su campus en Omaha el 25 de octubre y a dar una charla sobre temas provida y sobre cómo los estudiantes universitarios pueden desempeñar un papel en la restauración de los derechos del no nacido. Todos podemos trabajar para restaurar los derechos de los no nacidos, y todos podemos estar presentes para las mujeres que nos necesiten. Desde la decisión de Dobbs, los centros de ayuda al embarazo como Birthright, Pregnancy Center, el Centro de Cuidado de la Mujer y docenas más en todo el estado están ayudando a más personas que nunca. Encuentra los centros más cercanos a ti en www.lincolndiocese.org/moms y considera en oración cómo puedes ayudar.
Directiva catequética
Aplaudo fuertemente a mi hermano el Arzobispo George Lucas de Omaha y su propuesta de directiva sobre el género en las escuelas arquidiocesanas. Creo que es una directiva de enseñanza muy clara y convincente, una directiva catequética, sobre la belleza y el don de nuestra antropología cristiana. Como probablemente habrán leído, el arzobispo ha frenado la aplicación de esta nueva directiva para escuchar a los que la cuestionan o les resulta difícil de entender, con el fin de atender sus inquietudes. Aplaudo al arzobispo por ello. Pero como ha declarado en repetidas ocasiones, la directiva no tendrá una revisión sustancial cuando se promulgue para el año escolar 2023-24.
Después de leer la directiva varias veces, creo que articula maravillosamente la enseñanza de la Iglesia católica sobre la sexualidad humana, el don y la diversidad de nuestros géneros masculino y femenino y la verdad de la persona humana.
Dirijo su atención a un artículo del Omaha World Herald del 18 de septiembre: "Las directivas de género de la Arquidiócesis de Omaha reflejaron las declaraciones de los papas; ese es el problema, dice un activista". Aparte de algunas afirmaciones incorrectas de otros comentaristas, el artículo fue muy bien hecho e incluyó algunas citas sustanciales. ¡Fue muy catequético! También incluyó estadísticas alentadoras que muestran que el sentido común -que a menudo parece no ser demasiado común en estos días- tiende a afirmar la comprensión tradicional de la antropología cristiana.
Mirando al futuro
Así que, hermanos y hermanas en Cristo, espero unirme a ustedes para las Confirmaciones y otras liturgias, para los eventos parroquiales, incluso para los eventos deportivos. Esta semana, yo y varios hermanos sacerdotes fuimos invitados a un partido de softbol de la escuela secundaria Pío X en Lincoln. ¡Vamos Bolts!
Recordemos que cada día, cada evento, cada momento que compartimos con los demás es una oportunidad para llevar a Cristo al mundo. Solía decirle a mi antiguo párroco en Wichita, el difunto Padre Donal O'Hare, " Guarde la fe, Padre". Él siempre respondía: "No, no guarde la fe, ¡difunda la fe! No la guarde para usted no más".
Así que, ¡difundan la fe!
La idea de un peregrinaje
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"Una peregrinación es, por supuesto, una expedición a algún lugar venerado, a una memoria intensa de cosas sagradas, a una larga y maravillosa historia de la experiencia humana en asuntos divinos, o a una atracción personal que afecta al alma y lo impulsa a uno....
"Pero la idea de un peregrinaje siempre ha existido... algo más que el mero hecho de sí mismo. Así como en el culto general hay vestidos nobles, colores vivos y música majestuosa (símbolos, pero símbolos necesarios del gran asunto en el que te encuentras); así, en este caso particular del culto, la ropa, por así decirlo, y los adornos, se juntan con la acción principal del peregrinaje. Por ejemplo, visito la tumba de un santo o de un hombre al que venero en privado por sus virtudes y hazañas, pero en mi camino quiero hacer algo un poco difícil para mostrar a qué precio me uno a su lugar de descanso, y también en el camino veré todo lo que pueda de los hombres y las cosas; pues todo lo que es grande y digno no es más que una cosa ordinaria transfigurada, y si voy a venerar una humanidad absorbida en lo divino, también me corresponde en mi viaje hacia ella entrar y deleitarme en lo divino que se oculta en todo. Así, puedo ir a una peregrinación sin mochila y sin nada más que un bastón y mi ropa, pero debo ponerme en el estado de ánimo que lleva una carga invisible, atento a la felicidad y el sufrimiento, el humor, la alegría ante la belleza del mundo, para elevar el corazón ante la inmensidad de una vista amplia, y sobre todo una disposición para dar alabanzas múltiples a Dios; porque a un hombre que va a un peregrinaje hace le va mejor si comienza... con el corazón de un vagabundo, deseoso de ver el mundo tal y como es, olvidando los mapas o las descripciones, pero hambriento de colores y hombres reales y de la apariencia de las cosas. Este deseo de realidad y contacto es una especie de humildad, este placer en ella una especie de caridad".
Estas palabras del escritor católico inglés Hilaire Belloc, en su ensayo "La idea de un peregrinaje", resumen para mí la maravillosa experiencia que acabo de vivir al recorrer la parte central del Camino a Santiago de Compostela en España. Es la tercera vez que hago el Camino. Las dos primeras veces recorrí las últimas 100 millas del Camino, desde O'Cebreiro hasta Santiago. Esta vez caminé desde Burgos hasta O'Cebreiro, una distancia de aproximadamente 200 millas. La longitud total del Camino Francés es de poco menos de 500 millas, desde la frontera francesa con España, en lo alto de las montañas de los Pirineos, en el pueblo de San Juan de Puerto de Pied, hasta Santiago de Compostela en la costa oeste de España.
De hecho, hay 15 rutas diferentes a Santiago por toda España, pero la ruta francesa es, por mucho, la más popular, debido a que en la Edad Media los cristianos de Francia viajaban a miles para venerar el lugar de enterramiento de Santiago el Grande, uno de los doce apóstoles y amigo personal de Jesucristo.
Mis compañeros de peregrinaje fueron el arzobispo Paul Coakley, arzobispo de Oklahoma City, y el obispo James Wall, obispo de Gallup, Nuevo México. Hicimos la peregrinación desde O'Cebreiro a Santiago en el 2012 con otros dos hermanos sacerdotes, pero esta vez queríamos hacer la parte central del Camino, a través del corazón de España.
El terreno y la topografía de la parte central del Camino se parecía mucho a las llanuras de Nebraska y Kansas. Caminamos a través de millas y millas de rastrojos de trigo dorado, recién cosechado; y campos y campos de maíz maduro. Nos sentíamos como en casa, excepto, por supuesto, que el idioma y las costumbres eran totalmente diferentes.
Hice el peregrinaje con la intención de agradecer a Dios por Su bondad hacia mí, particularmente durante mis recientes luchas y dificultades personales durante estos últimos cuatro años, y en acción de gracias por los maravillosos sacerdotes, religiosos consagrados y fieles laicos de la Diócesis de Lincoln. Llevamos un equipo de misa y ornamentos con nosotros, y ofrecimos el Santo Sacrificio de la Misa cada día en nuestro pueblo de destino.
Ofrecí mi misa diaria por una persona o grupos de personas específicas de la diócesis, junto con el dolor y el sufrimiento de la ardua caminata diaria de 6 a 7 horas, por sus intenciones especiales, su salud y su bienestar.
Cubrimos entre 15 y 24 millas por día. En primavera me operaron de los dos pies para corregir viejas lesiones causadas por correr, así que tuve mucho que ofrecer. A decir verdad, me subí a un taxi en tres de nuestros días de caminata, para descansar y recuperarme. Hacía 10 años que los tres no hacíamos el Camino juntos, así que subestimé el desgaste de mis rodillas. Mis pies aguantaron bastante bien, pero cada día estaban más hinchados. En varios pueblos pudimos mojarnos los pies en un arroyo frío o en un baño al aire libre, lo cual fue maravilloso.
La idea central del peregrinaje es el hecho de que un peregrinaje es una metáfora de la vida. Todos somos peregrinos en esta tierra, haciendo nuestro camino hacia el cielo. No tenemos un hogar duradero aquí en la tierra. Siempre estamos "en camino". Y al final, no podemos llevarnos nada con nosotros.
Recorrer el Camino le recuerda a uno esta realidad. El tiempo se hace más lento. Te vuelves más consciente de las cosas sencillas, de las bellezas simples de la creación de Dios, de la tierra, de los cultivos, del cielo, de los amaneceres y los atardeceres y, por supuesto, de las estrellas: la Compostela. Fue el milagroso "campo de estrellas" lo que permitió al obispo español del siglo IX de la región redescubrir la tumba perdida del Apóstol Santiago.
Como Belloc describe tan bellamente en "La idea de un peregrinaje", me esforcé por estar "atento a la felicidad y el sufrimiento, el humor, la alegría ante la belleza del mundo, para elevar el corazón ante la inmensidad de una vista amplia, y sobre todo una disposición para dar alabanzas múltiples a Dios".
Y si bien es cierto que el objetivo o la meta de un peregrinaje es importante, es lo que sucede "en el camino" lo que llama nuestra atención y alaba. Como dijo Belloc, " hambriento de colores y hombres reales y de la apariencia de las cosas. Este deseo de realidad y contacto es una especie de humildad, este placer en ella una especie de caridad".
Cuando llegamos a O'Cebreiro el decimosexto día de nuestra caminata, un sacerdote amigo que vive en Santiago nos recogió y condujo las últimas 100 millas hasta Santiago, donde descansamos los últimos tres días y celebramos misa cada día en la gloriosa Catedral. El último día antes de volver a casa, tuve el privilegio de ofrecer la misa como celebrante principal sobre la tumba de mi tocayo, Santiago (James) el Grande, el 1 de septiembre. Ofrecí esa misa por todos los fieles de la diócesis de Lincoln.
Una lección aprendida para el movimiento provida, y la esperanza venidera
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Bishop James Conley
Este ha sido un verano muy histórico en el ámbito provida, sin duda. Todos sabemos que el 24 de junio, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y en la fiesta del Bautismo de San Juan Bautista, el niño que saltó de alegría en el vientre de su madre ante la presencia del Señor no nacido en el vientre de María, la Corte Suprema de los Estados Unidos anuló el caso Roe contra Wade, poniendo así fin a 49 años de protección legal del aborto a nivel federal. En el caso Dobbs contra la Organización de Salud de la Mujer de Jackson, el Tribunal Supremo dictaminó que las restricciones a la práctica del aborto deben ahora decidirse a nivel local.
El primer intento a nivel estatal de poner a prueba la decisión de Dobbs tuvo lugar este mes en mi estado natal, Kansas, mediante una iniciativa electoral para modificar la constitución del estado de Kansas. La propuesta, titulada "Value them Both” ("Valóralos a Ambos”), habría dejado muy claro que no existe ningún "derecho" al aborto al estilo de Roe contra Wade en la constitución del estado de Kansas.
Esta propuesta electoral fue una respuesta a una decisión del Tribunal Supremo de Kansas de 2019 que dictaminó que una mujer tiene derecho a un aborto bajo la constitución del estado. Esta sentencia de 2019 prohíbe que los legisladores aprueben restricciones al aborto de cualquier tipo. También ataca las leyes existentes en Kansas, incluyendo la prohibición del aborto a las 22 semanas o más de embarazo, muy similar a la ley aprobada en Nebraska en 2010 que prohíbe los abortos después de las 20 semanas. Lamentablemente, los votantes de Kansas derrotaron la enmienda "Value them Both" por 59% a 41% en el referéndum del 2 de agosto.
Los promotores del referéndum rechazado culparon a “una avalancha de falsa información de las organizaciones de la izquierda radical que gastaron millones de dólares de fuera del estado para difundir mentiras sobre la enmienda ‘Value them Both.’” Chuck Weber, director ejecutivo de la Conferencia Católica de Kansas, informó de que la campaña publicitaria a favor del derecho al aborto superó en gastos a la de los promotores del referéndum en una proporción de 2 a 1 y, una vez que se cuente finalmente el gasto, la cifra total será de $20 millones gastados entre ambas partes.
Weber continuó diciendo que esta campaña de mentiras, engaños, mala información, y la inundación a la comunidad con propaganda a favor del aborto por parte de los medios de comunicación seculares, "creó un ambiente de confusión, y creemos que llevó al país, pero también particularmente en Kansas, a una versión del asunto de la cual la industria del aborto se aprovechó: que las mujeres no iban a obtener atención a la salud reproductiva que merecían si se aprobaba la enmienda “Value them Both.”
Como resultado del fallido referéndum de nuestros vecinos del sur, Kansas se convertirá en un estado de atracción para los abortos, incluso hasta el tercer trimestre antes del nacimiento. Weber declaró que esto significará que las parroquias, los centros de ayuda al embarazo y las iniciativas como "Caminando con las Madres Necesitadas" deben estar preparados para proporcionar alternativas para "satisfacer las necesidades de estas mujeres que van a ser transportadas en autobús y en avión a Kansas para abortar”.
Por desgracia, Nebraska ha sufrido recientemente un contratiempo similar. El lunes 8 de agosto, el gobernador de Nebraska, Pete Ricketts, anunció que no convocaría una sesión especial del senado estatal para aprobar una ley que limite el acceso al aborto. El Gobernador declaró que no hay suficientes votos en la Legislatura en este momento para aprobar ninguna ley que restrinja el aborto. Esta fue una sabia decisión del Gobernador. No queremos que lo que ocurrió en Kansas ocurra en Nebraska.
Seamos claros. Después de celebrar, y con razón, la anulación de la desastrosa decisión de Roe contra Wadea nivel federal el 24 de junio, debemos seguir poniendo las manos a la obra y redoblar nuestros esfuerzos a nivel estatal para proteger a las mujeres y a sus hijos no nacidos de la violencia del aborto en las urnas, en la legislatura y, sobre todo, a través de nuestras oraciones, la compasión y el amoroso acogimiento de nuestras comunidades.
Pero este redoble de esfuerzos no será tarea fácil. La historia ha demostrado que "la manipulación verbal siempre viene antes que la manipulación social". Hemos visto esta realidad recientemente en Kansas. Seamos sinceros, el aborto no es cuidado de la salud. Cada aborto es una tragedia indescriptible. Es un acto violento e innecesario que destruye una vida humana no nacida en el vientre materno y deja a la mujer traumatizada y profundamente herida. Desvaloriza a ambos. Podemos -y debemos- hacer algo mejor para las mujeres y sus hijos.
Como Mahatma Gandhi supuestamente dijo: "Al final, un pueblo será juzgado por lo bien que haya tratado a los más débiles y vulnerables de los suyos".
El asombroso detalle es que nuestra diócesis tiene muchas obras buenas de este tipo que se llevan a cabo en el sur de Nebraska. Recientemente, asistí a una reunión de la junta directiva del Centro de Atención a la Mujer (WCC, por sus siglas en inglés), ubicado en Lincoln, justo enfrente de Planned Parenthood, en la calle 48 y Old Cheney Road. En el último mes el WCC ha visto un notable aumento de clientes.
Desde que abrió sus puertas hace apenas 16 meses, las mujeres, sus hijos no nacidos y sus familias han realizado 1,954 visitas. Estos clientes han visitado el WCC desde 77 códigos postales y cinco estados, lo que ha dado lugar a 292 bebés nacidos, o que se espera que nazcan, de las hermosas mujeres a las que el WCC presta servicio.
En este mundo post-Roe, este es el tipo de iniciativas que necesitamos ahora más que nunca.
El centro WCC sigue creciendo a un ritmo rápido. Esto es evidente al comparar los primeros cuatro meses de este año con los primeros cuatro meses de 2021. Las mujeres atendidas han aumentado un 78% y las visitas un 123%. Además, las ecografías han aumentado un 44% y la asistencia material un 353%. Por último, el personal del WCC se está acercando a las 1,000 ecografías realizadas, ¡sólo faltan 137 para alcanzar esa marca!
El Centro de Atención a la Mujer de Lincoln ha crecido mucho más rápidamente de lo esperado y se está acercando rápidamente a la capacidad de su centro. Este crecimiento es un verdadero testimonio de la situación actual y de su acercamiento amoroso a las mujeres necesitadas; el 23% de las clientas vienen ahora por recomendación de un amigo o familiar.
En cuanto a los datos demográficos, el 81% de las mujeres a las que atiende el WCC son solteras y el 43% son mujeres de color. Casi dos tercios de las mujeres a las que atiende el WCC son vulnerables al aborto o están identificadas como de riesgo. Sin embargo, gracias a sus oraciones y su apoyo, estas mujeres acuden al Centro de Atención a la Mujer y encuentran esperanza: el 94% de las mujeres que han atravesado sus puertas en la calle South 48th han elegido la vida.
Este tipo de esfuerzos son la base de una Nebraska post-Roe, y el WCC no está solo: más de dos docenas de centros de embarazo ofrecen una atención heroica y amorosa a las mujeres de Nebraska. Están listados en nuestro sitio web diocesano en www.lincolndiocese.org/moms.
Si creemos que el aborto es el asesinato de un niño no nacido, y que la ciencia tecnológica de los ultrasonidos lo demuestra indiscutiblemente, y si creemos que el trauma de un procedimiento de aborto puede tener un grave efecto negativo físico, psicológico y espiritual en una mujer, un trauma que puede ser curado, perdonado y recuperado, entonces tenemos que actuar de acuerdo a esta verdad.
En las palabras de Phil Lawler, autor y activista provida desde hace mucho tiempo, en un artículo reciente en la revista Crisis, "necesitamos el testimonio de las personas provida comprometidas que actúen, como personas moralmente responsables, para detener el derramamiento de sangre". Necesitamos consejeros en las aceras y guerreros de la oración fuera de las clínicas. Y quizá necesitemos aún más.
El momento de actuar es ahora. Aprendamos de Kansas y renovemos nuestro celo provida, nuestro amor por las mujeres necesitadas y nuestro papel de discípulos misioneros de Jesucristo.
El 'fin' de la educación
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Nota del editor:El Obispo Conley presentó esta charla el 14 de julio en la conferencia nacional del Instituto para la Educación Liberal Católica en Washington D.C. Ha sido editada para que no sea demasiado larga.
El título de esta charla es: Logos: En el principio existía el Verbo - La naturaleza y el poder del lenguaje. Después de rezar y reflexionar un poco más, me gustaría añadir un subtítulo a la charla: ¡El fin de la educación!
No estoy usando la palabra "fin" en el sentido de la destrucción de la educación, sino en el uso tomista tradicional de la palabra "fin". Es decir, el propósito u objetivo de la educación. Santo Tomás creía que para entender verdaderamente un tema, uno debe conocer el "fin" o "propósito" de lo que queremos conocer.
Para nosotros, como cristianos, Jesucristo es el fin o propósito de todo. Como San Juan Pablo II no se cansaría de decir; "Jesucristo es la respuesta a la pregunta que es toda vida humana".
Me gustaría comenzar esta charla con dos historias. La primera la cuenta mi buen amigo y antiguo jefe, el arzobispo Charles Chaput.
Cuenta la historia de un conocido, un profesor de economía que dirige el programa de doctorado en economía en una universidad de la Ivy League, una de las mejores del país. Le preguntaron qué es lo que más valora en la formación universitaria de sus candidatos al doctorado: ¿teoría de administración? ¿contabilidad? ¿Finanzas?
Su respuesta fue "ninguna de estas cosas". Él busca una educación en las artes liberales tradicionales y cierta fluidez en nuestro patrimonio cultural. Si se quiere destacar en las ciencias sociales, dijo, es útil empezar por saber quién y qué es realmente un ser humano.
La economía se llama tradicionalmente "la ciencia lúgubre", un término inventado por Thomas Carlyle, el famoso escritor y filósofo escocés del siglo XIX. Él sabía que manipular los datos del mercado puede ser un trabajo tedioso y desalmado. Las artes liberales son todo lo contrario: enriquecen el alma humana y su grandeza. Y si se enseñan con energía y alegría, son cualquier cosa menos tediosas. La gran literatura, el arte y la música, junto con las habilidades de la gramática, la lógica y la retórica, son un camino no sólo hacia el conocimiento, sino hacia la sabiduría.
Una gran parte de la ortodoxia educativa actual consiste en dominar la técnica y adquirir información. Estas cosas son buenas, pero no van lo suficientemente lejos. Una verdadera educación tiene que ver con el significado, es decir, con el desarrollo del carácter y el vocabulario moral para entender y aplicar adecuadamente los hechos y las habilidades que adquirimos.
La segunda historia con la que me gustaría empezar está dirigida a los fans de los Beatles, entre los que me encuentro. Paul McCartney cumplió 80 años el 18 de junio. Recientemente ha publicado una obra en dos volúmenes titulada: "The Lyrics: 1956-Present", editado por Penguin Books. En él, cuenta los orígenes y la inspiración de 154 de sus canciones.
Hace poco escuché una entrevista en podcast entre el editor y Paul McCartney. Cuando le preguntaron a Paul por las principales influencias sobre sus letras, destacó su educación. Él asistió al Instituto para Niños de Liverpool, una escuela pública de grados 7 a 12 en Liverpool. Relató los libros que leyó en la escuela, obras como los poemas épicos de Homero y Virgilio, que leyó en los primeros cursos. Mencionó autores como Shakespeare y Milton, y en particular "El Cuento del Molinero" de los Cuentos de Canterbury de Chaucer. Dijo que se reía durante todo el cuento por su humor extravagante. En los cursos superiores leyó a Dickens, Dylan Thomas y Lewis Carroll, cuya descripción de la Morsa sirvió de inspiración para la canción "I am the Walrus" del White Album. Providencialmente, Paul conoció a John Lennon en un festival de la iglesia cuando tenía 15 años y, supongo que el resto es historia.
Ya sea usted fan de los Beatles o no, las letras, las palabras y las melodías de esas canciones capturaron absolutamente la imaginación de toda una generación. Llegaron a millones de personas de todo el mundo, de todos los idiomas. Paul McCartney también estudió latín, alemán y español en el Instituto para Niños de Liverpool. Los Beatles debutaron en el escenario mundial en Hamburgo, Alemania, donde cantaron muchas de sus canciones en alemán. La cuestión es que "las palabras importan". Nunca hay que subestimar la naturaleza y el poder del lenguaje.
Estas dos historias ilustran que, tanto si eres un profesor universitario como una estrella del rock and roll, un buen dominio del lenguaje y la familiaridad con la gran literatura pueden llevarte muy lejos.
Todos conocemos la canción infantil: Humpty Dumpty se sentó en una pared/ Humpty Dumpty tuvo una gran caída/ todos los caballos del rey y todos los hombres del rey/ no pudieron recomponer a Humpty. Es un clásico del jardín de infancia.
Humpty comenzó su carrera hace 300 años como el nombre de un cañón en la Guerra Civil inglesa. Su trabajo como huevo parlante en la industria de los cuentos llegó mucho más tarde. Su importancia para nosotros en esta sesión es su papel de coprotagonista, junto con Alicia, en el extraño cuento infantil de Lewis Carroll "A Través del Espejo", publicado en 1871.
En ese libro, Humpty dice, en un tono bastante desagradable: "Cuando uso una palabra, significa justo lo que yo decido que signifique, ni más ni menos". En pocas palabras: Humpty, y sólo Humpty, decide el significado de sus palabras. Es el tipo de autoafirmación que marca a Humpty Dumpty como uno de los teóricos políticos y educativos más proféticos de la era moderna. He aquí la razón.
Las palabras son la base del pensamiento, la creencia y la acción. Un vocabulario rico amplía nuestra sutileza y precisión no sólo en nuestra expresión verbal, sino también en nuestro pensamiento. Así, cuando se utiliza correctamente, el lenguaje construye la dignidad de nuestra especie.
En la medida en que una palabra refleja la realidad con exactitud -palabras como niño no nacido, hombre y mujer, varón y hembra- dice la verdad. Y como el propio Jesús dijo una vez, "la verdad los hará libres". No siempre cómodos, ni felices. Pero verdaderamente liberados, y siempre libres.
En cambio, las palabras deshonestas y engañosas nos confunden y degradan. Josef Pieper, el gran filósofo católico alemán, escribió hace medio siglo un texto breve y sencillo: "Abuso de Lenguaje, Abuso de Poder". En él, Pieper argumenta que gran parte de la publicidad, las relaciones públicas y los grupos de presión políticos están diseñados para torcer la verdad; para manipular a su público objetivo hacia fines moralmente ambiguos. El resultado es predecible. En palabras de Pieper, "el propio discurso público, separado de la norma de la verdad, crea [una epidemia de] vulnerabilidad al reino del tirano".
Tenemos un gobierno de leyes, controles y equilibrios, diseñado para ser del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Para que eso funcione, necesita ciudadanos alfabetizados con un alto grado de autodominio, lealtad a la comunidad y sentido moral. Necesita adultos maduros dispuestos a escuchar y no sólo a vociferar; dispuestos a subordinar sus apetitos y egos privados por el bien común. Por eso es tan importante el marco moral de la educación pública estadounidense. La educación forma -o debería formar- ciudadanos responsables. La raíz de la palabra "responsable" significa literalmente "responder a" algún propósito o autoridad superior, a un fin mayor.
Entonces, la ausencia de Dios en el vocabulario de nuestro discurso público es en sí una sentencia sobre Dios. Es una afirmación implícita de su no existencia, o al menos de su irrelevancia en los asuntos humanos. Y eso tiene consecuencias prácticas, porque un concepto como "el bien común" es inescapablemente moral. Implica lo que cada uno de nosotros debe y no debe hacer para mantener nuestra vida comunitaria que compartimos.
La educación de los jóvenes siempre implica algo más que compartir datos. También consiste en enseñar la diferencia entre la virtud y el vicio, el bien y el mal, la verdad y la mentira. En el mejor de los casos, la educación es parte del pegamento que mantiene al país unido como pueblo.
La ferocidad del abuso verbal, la violencia física y el odio irracional desatados por personas por lo demás "progresistas" con la caída de Roe es instructiva. Roe contra Wade fue una decisión mal razonada que inventó un "derecho" al aborto, sin relación a la Constitución o al proceso democrático. Pero ahora vivimos en un entorno en el que la emoción sustituye a la lógica; en el que la gente ha perdido las habilidades del razonamiento cuidadoso y la memoria cultural; en el que existe tu verdad, y la verdad de Ann, y la verdad de Bill, y mi verdad. Lo que en realidad significa que no hay ninguna verdad; sólo la mera voluntad de poder.
La fundación de los Estados Unidos fue moldeada por el razonamiento en la época de la Ilustración y la moral bíblica; por un agudo sentido tanto de la dignidad de los seres humanos como de su debilidad. Los fundadores comprendieron que la persona humana es absolutamente única y diferente a cualquier otra criatura; que la libertad no es una licencia; que no hay libertad sin responsabilidades proporcionales; que existe un Dios que creó la naturaleza y la humanidad; que hay cosas como la ley natural y las verdades objetivas que fundamentan el mundo en la realidad; y que una comunidad real es más que una colección de personas unidas por los mismos antagonismos, ilusiones y pecados.
Parece que estamos perdiendo casi todas estas pequeñas sabidurías. Y eso es peligroso, porque en una era tecnológica, en una nación con nuestra riqueza e influencia global, nuestra capacidad para hacer daño a la vida y la dignidad humanas es inmensa.
Aquí está la cuestión: Las palabras importan. Y por eso es importante una educación verdaderamente "liberal", una educación atenta tanto a la grandeza de la humanidad como a sus límites; una educación en las artes liberales y la riqueza de nuestro patrimonio moral y cultural.
Hace muchos años, Neil Postman, el difunto estudioso de los medios de comunicación, escribió un ingenioso ensayo titulado "Mi Discurso de Graduación". Postman no era cristiano, ni -que yo sepa- era siquiera religioso. Pero entendía muy bien lo que debe hacer toda buena educación. En su ensayo argumentaba que, tarde o temprano en la vida, todo el mundo pertenece a una de dos tribus, atenienses o visigodos: personas de madurez, autocontrol y preocupación por los demás, con hambre de belleza y verdad; o matones egocéntricos y emocionales con gustos toscos, lenguaje áspero y almas vulgares.
Observó que "es mucho más difícil ser un ateniense, porque hay que aprender a serlo, [y luego] hay que trabajar para serlo, mientras que todos somos, en cierto modo, visigodos de nacimiento. Por eso hay muchos más visigodos que atenienses".
Un título universitario o la falta de él, dijo, no determina su tribu. Hay muchos abogados, médicos, funcionarios públicos y profesores que encajarían cómodamente en cualquier campamento de bárbaros. Y hay bastantes conductores de autobús, amas de casa y trabajadores de la limpieza que, por la humildad e integridad de sus vidas, tienen un alma ateniense.
En su libro "El Fin de la Educación", Postman añade que, en el mejor de los casos, la educación debería ser sobre "cómo hacer una vida, que es muy diferente de cómo ganarse la vida". Tal iniciativa no es fácil de llevar a cabo, ya que nuestros políticos rara vez hablan de ella, nuestra tecnología es indiferente a ella y nuestro comercio la desprecia. Sin embargo, es la cosa más importante y de mayor peso" que debe considerar cualquier persona interesada en construir o reconstruir una civilización humana.
Por ello, Postman era crítico de la propaganda sobre las computadoras y las nuevas tecnologías en la educación. Postman entendía y respetaba los puntos fuertes de los ordenadores en las aulas. Pero también destacó que el papel de las nuevas tecnologías en las escuelas debería "discutirse sin las fantasías hiperactivas de sus porristas".
Una educación sobria sobre lo bueno y lo malo de las nuevas herramientas tecnológicas es una de las necesidades más urgentes de los jóvenes estudiantes. Leer un libro es una experiencia fundamentalmente diferente a la de escudriñar una pantalla de computador. Produce una respuesta emocional e intelectual diferente y más profunda. Una pantalla de computador está compuesta por miles de electrones animados. Fomenta la inquietud. Crea un ruido de fondo mental. Un libro absorbente produce lo contrario: concentración mental, silencio y una especie de descanso interior. Por decirlo de otro modo, la pantalla y la página impresa -con el tiempo- producen dos tipos de personas muy diferentes, con distinta imaginación y distintas capacidades en la crucial labor humana de pensar.
Una educación en artes liberales, en el mejor de los casos, le recuerda a los estudiantes por qué son humanos y qué significa eso. Les da la capacidad de alegrarse de la grandeza de la experiencia humana, de dar sentido a sus sufrimientos, de respetar sus límites naturales y de reconocer al menos la posibilidad de cosas trascendentes más allá de este mundo.
Dios está verdaderamente con nosotros
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Como católicos, acabamos de celebrar en el contexto del año litúrgico los grandes misterios de nuestra fe.
Durante el tiempo de Cuaresma, meditamos sobre el amor sacrificial de Jesucristo por nosotros, que condujo finalmente a Su pasión y muerte el Viernes Santo. Reflexionamos sobre el hecho de que Jesús es realmente nuestro salvador: ha venido a rescatarnos. Nos unimos a la pasión de Cristo mediante un aumento de nuestra propia oración, ayuno y limosna para alegrarnos cada vez más en la gloriosa resurrección de Cristo el Domingo de Pascua.
El Señor nos invita a participar en esa resurrección de Jesús, que es la fuente de nuestra mayor esperanza. Independientemente de lo que ocurra en nuestras vidas en este momento, de las alegrías o las penas, de la frustración o la satisfacción, de la ansiedad o la paz, creemos firmemente que Dios nos ha llamado a estar con él por toda la eternidad para vivir en su amor.
La Iglesia nos bendice con una celebración de 50 días de esta esperanza en Cristo a través del tiempo de Pascua con la celebración del Domingo de la Divina Misericordia, la Ascensión de Cristo al cielo y concluyendo en Pentecostés con la venida del Espíritu Santo, un recordatorio de que Dios permanece siempre con nosotros.
Este pasado fin de semana celebramos la solemnidad del Corpus Christi, traducido literalmente como "el Cuerpo de Cristo". La Eucaristía sigue siendo para nosotros una realidad sacramental, un recuerdo perdurable de que Dios está verdaderamente con nosotros, de que no nos ha dejado huérfanos.
La acción salvadora de nuestro Señor y la promesa de la vida eterna es el mayor regalo para nosotros, y la Eucaristía nos recuerda ese regalo. Como dijo Santo Tomás de Aquino, "para que el recuerdo de tan gran don permanezca con nosotros para siempre, dejó su cuerpo como alimento y su sangre como bebida para que los fieles lo consumieran en forma de pan y vino".
Cuando estudiaba en la Universidad de Kansas, pero aún no era católico, la verdad de la Presencia Real de Jesús fue fundamental para mi eventual conversión a la fe católica. Las palabras de Jesús en el Evangelio de Juan, capítulo 6, continuaron intrigándome: " Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en su interior. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día" (Juan 6: 53-54). Si realmente creía que estas palabras son ciertas, tenía que hacerme católico. Al mismo tiempo, me di cuenta de que si realmente creía que estas palabras eran ciertas, nunca podría alejarme de esta nueva fe.
Jesús realmente presente en la Sagrada Eucaristía ha sido tan decisivo y transformador en mi propia vida que no puedo imaginar mi vida sin ella. No hay nada que desee más para la gente de la Diócesis de Lincoln que encender el asombro eucarístico en sus corazones.
No soy ingenuo en cuanto a la situación cultural respecto a la creencia en nuestro Señor Eucarístico. Me preocupa especialmente un estudio de Pew del 2019 (antes de la pandemia) que afirmó que hasta el 70% de los católicos en los Estados Unidos no creen que Jesús está realmente presente en la Santa Eucaristía.
Hay muchas probables razones para esta estadística tan reveladora. Hace falta una especie de examen de conciencia, ciertamente para los obispos, pero también para todos los fieles católicos. Vivimos en un mundo postcristiano en el que prevalece el secularismo. Muchos viven prácticamente como ateos, en los que se rinde pleitesía a algún tipo de Dios o ser superior, pero sin ningún sentido de que quiera entrar en nuestra vida cotidiana. Esta idea es especialmente tentadora en tiempos de relativa prosperidad, en los que la necesidad de Dios ni siquiera se nos pasa por la cabeza, ya que todas nuestras necesidades parecen estar cubiertas.
Debemos tener en cuenta las influencias culturales que son perjudiciales para la fe. No podemos vivir nuestra vida con la cabeza en la arena. Sin embargo, estamos llamados a trascender la cultura. Desde los tiempos de Cristo, el Evangelio ha encontrado un lugar en la más anticristiana de las culturas, y a menudo las ha cambiado y moldeado.
Durante la Pascua en Egipto, el Señor ordenó que se rociara la sangre del cordero pascual en los postes de las casas de los israelitas. Esto servía de protección contra el ángel de la muerte. El sacrificio de animales continuó durante todo el tiempo de los israelitas, dándoles un grado de sanación y santidad. Esta sangre era una señal de su pacto con Dios. Pero estos sacrificios eran imperfectos, y esperaban un sacrificio perfecto.
Es en este sentido que entendemos las palabras de Pablo en la Carta a los Hebreos: "Si la sangre de los machos cabríos y de los toros... puede santificar... cuánto más la sangre de Cristo santificará nuestras conciencias" (Heb. 9:14). Efectivamente, ¡cuánto más! En el don de la Eucaristía, Jesús nos entrega todo su ser; da su mismo Cuerpo y Sangre.
La Eucaristía tiene poder curativo. Podemos vivir en una sociedad bastante próspera, pero la riqueza y la seguridad no pueden satisfacer lo que el corazón humano anhela; no pueden sanar lo más profundo. Al corazón humano le duele la soledad, la culpa, la traición, la adicción, el aburrimiento y tantas otras dolencias espirituales. El mundo necesita curación. Y Jesús quiere curarnos.
Los obispos y todos los fieles tienen la tarea de presentar la Eucaristía como esta presencia sanadora que está aquí mismo en medio de nosotros. No debemos limitarnos a lamentar la falta de fe en nuestra cultura, sino hacer algo al respecto. Jesús es la respuesta a todos los anhelos del corazón humano. Cuando llegamos a conocer y vivir esa verdad, todo cambia.
Los Obispos de los Estados Unidos están atentos a la necesidad de conducir a la gente de vuelta al asombro y al amor eucarísticos. Deseamos lograr una mayor comprensión de la belleza, el misterio y la maravilla de la Sagrada Eucaristía.
Con este fin, los Obispos de los Estados Unidos han decidido lanzar un Avivamiento Eucarístico durante los próximos tres años, comenzando el pasado domingo 19 de junio, la Solemnidad del Corpus Christi. El Avivamiento Eucarístico es una iniciativa que tiene como objetivo inspirar, educar y unir. Desde ahora hasta junio de 2023, cada diócesis ofrecerá eventos para promover e inspirar la comprensión de la Eucaristía.
La formación de los "misioneros eucarísticos" se hará a través de recursos por Internet y en persona que enseñan sobre Cristo y la Presencia Real. El avivamiento incluirá un Congreso Eucarístico nacional en Indianápolis del 17 al 21 de julio de 2024. A partir de ese evento histórico -el último Congreso Eucarístico nacional fue en 1976 en la ciudad de Filadelfia- la Iglesia nos enviará a todos como discípulos misioneros en el último año del Avivamiento Eucarístico 2024-2025, para ser evangelizadores eucarísticos en nuestro mundo actual.
Sé que algunos están comprensiblemente preocupados por otro nuevo programa que estamos llamados a seguir. Yo no veo esto como un programa. El Obispo Andrew Cozzens, Obispo de Crookston, Minn. y líder del avivamiento eucarístico lo describió como encender un fuego, no como iniciar un programa.
En la Santa Eucaristía tenemos una verdadera bendición. Es donde adoramos a nuestro Señor Resucitado en su humilde disfraz de pan y vino. Espero las muchas gracias que llegarán a los católicos y a los no católicos en los próximos tres años mientras nuestro Señor Jesús prende fuego en nuestros corazones.
Carta sobre Roe v. Wade del Obispo Conley
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Al Clero, Religiosos y Fieles Laicos de la Diócesis de Lincoln,
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
El viernes 24 de junio de 2022, la decisión del Tribunal Supremo en el caso Dobbs contra Jackson anuló el caso Roe contra Wade. Nunca pensé que vería este día en mi vida, pero siempre creí que este día llegaría, cuando Roe contra Wade ya no sería la ley del país. ¡Alabado sea Jesucristo!
Que esta decisión se haya dado a conocer en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús no es casualidad. Nuestro Señor nos ha hecho un gran regalo a través del amor de su Sacratísimo Corazón. Sin embargo, ahora debemos acercarnos a las mujeres y a las familias que se encuentran en situaciones difíciles, y amarlas con el mismo amor que se encuentra en el corazón de Cristo. Debemos acompañarlas con nuestro amor y cuidado, acogerlas, caminar con ellas y mostrarles que la vida es buena y que no están solas.
"Caminando con las Madres Necesitadas" se lanzó el 25 de marzo, como respuesta a un mundo después del anulamiento de Roe contra Wade. Las madres embarazadas y con hijos en necesidad están en nuestras parroquias, en nuestros lugares de trabajo y en nuestros barrios. Como nos recuerda el Papa Francisco, nuestras parroquias deben ser "islas de misericordia en medio de un mar de indiferencia". Esta nueva iniciativa, "Caminando con las Madres Necesitadas" está diseñada para llevar recursos a través de la parroquia a mujeres que de otra manera no tendrían los recursos necesarios para elegir la vida.
Este programa apenas está comenzando y necesitamos que todos pongan de su parte. Les pido a todos que se informen sobre " Caminando con las Madres Necesitadas " en su parroquia, y consideren en oración cómo pueden ayudar. Nuestra fe nos impone la responsabilidad de ayudar a las mujeres en situaciones difíciles y de construir una cultura de la vida y una civilización del amor. Esto es lo que nos enseña nuestra fe: amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, tender la mano a los necesitados y acompañar a los que están en dificultades y crisis.
Encomendando a todos ustedes al Corazón Inmaculado de nuestra Santísima Madre, con mis oraciones por ustedes, quedo
Sinceramente suyo en Cristo,
Reverendísimo James Conley, Obispo de Lincoln
Nuestros principios de educación católica
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A principios de la década de 1860, durante la época de la Guerra Civil, los feligreses católicos de la parroquia de San Benito construyeron una pequeña escuela de ladrillo en Nebraska City. Esta fue la primera escuela católica del estado de Nebraska.
Aquí estamos, 160 años después, celebrando las clases de graduación de 2022 en nuestras seis escuelas secundarias católicas diocesanas.
El legado de la educación católica en la Diócesis de Lincoln goza de una larga y celebrada historia. Aunque hemos estado educando a niños católicos durante más de 160 años en la Diócesis de Lincoln, nuestro objetivo principal siempre ha sido educar a los estudiantes para la eternidad. Educamos con el fin último en mente: ¡el cielo, la vida eterna, la felicidad para siempre!
Porque si no sabemos por qué cada uno de nosotros ha sido creado -para conocer, amar y servir a Dios en esta vida, de modo que podamos ser felices con Él para siempre en el cielo-, no entenderemos el propósito de la educación católica. Procuramos educar a toda la persona: cuerpo, mente, alma, espíritu y corazón. Y nos proponemos educar para las cosas permanentes: para la verdad, la bondad y la belleza, para que nuestros alumnos puedan vivir la "buena vida" -la buena vida aquí en la tierra, y la buena vida de la beatitud eterna en el cielo para la eternidad.
Desde que se puso el primer ladrillo de la Escuela de San Benito, hace más de 160 años, los católicos del sur de Nebraska han estado comprometidos con el apostolado de la educación católica basada en una sólida antropología cristiana.
La Diócesis de Lincoln se ha comprometido desde hace mucho tiempo con cinco principios importantes en relación con cada una de nuestras 25 escuelas primarias católicas y nuestras seis escuelas secundarias católicas:
En primer lugar, que sean fieles al Evangelio y a las enseñanzas de la Iglesia Católica. Nuestra identidad católica es la prioridad número uno de nuestras escuelas. Si no somos auténticamente católicos, más vale que recojamos todo y nos vayamos a casa.
En segundo lugar, nuestras escuelas católicas deben preocuparse por la formación de toda la persona: intelectual, moral, social y espiritualmente. Se trata de educar a la persona en su totalidad: cuerpo, mente, alma, espíritu y corazón, firmemente fundamentados en una verdadera y auténtica antropología cristiana.
Tercero, que deben ser apostolados de toda la comunidad, y apoyados por todas las parroquias y católicos de la diócesis.
En cuarto lugar, que deben ser asequibles para todos, y que ningún niño debe ser rechazado por no poder pagar. Por lo tanto, además de contribuir económicamente a los esfuerzos locales de recaudación de fondos, es también de vital importancia que todos nosotros apoyemos y demos al fondo de becas del Buen Pastor en la medida en que podamos, el cual proporciona ayuda para las matrículas de las familias que lo necesiten para asistir a las escuelas católicas de la diócesis.
Y en quinto lugar, que los sacerdotes y los religiosos deben desempeñar un papel central en la educación de nuestros alumnos y en la dirección de nuestras escuelas.
Gracias a nuestro compromiso diocesano con estos principios, las escuelas católicas de nuestra diócesis son centros prósperos de la vida cristiana, que forman a generaciones de estudiantes para una vida de santidad y excelencia. Debemos estar orgullosos de nuestras escuelas, y agradecidos por los sacrificios, la gracia y el liderazgo que las han hecho prosperar. Podemos ver sus frutos en los sacerdotes, religiosos y fieles católicos de la Diócesis de Lincoln, que se esfuerzan seriamente por glorificar al Señor a través de la santidad de sus vidas.
Como Obispo de Lincoln, soy llamado por el Señor para ser un buen administrador de nuestras escuelas y su patrimonio: para construir a partir de los sacrificios, las lecciones y los éxitos de nuestro pasado, y para preparar nuestras escuelas para continuar su misión en el futuro.
Dios nos hizo a cada uno de nosotros, a su imagen y semejanza, para una vida verdaderamente extraordinaria. Nos hizo para la grandeza del alma, de la mente y del corazón. En la Diócesis de Lincoln, nos esforzamos por preparar a los estudiantes para que se enfrenten a un mundo que a menudo es hostil a la fe cristiana. Ya no vivimos en una cultura que apoya nuestros valores y respeta nuestra visión cristiana del mundo. Por lo tanto, nuestros estudiantes necesitan estar preparados para enfrentar estos desafíos. Ser auténticamente católico hoy, es ser necesariamente contracultural. No hay más alternativa. No debería sorprendernos en absoluto que encontremos resistencia en nuestra sociedad. Pero debemos afrontar esa resistencia con alegría, confianza y, sobre todo, con una profunda caridad: el amor al prójimo. Porque hemos sido creados para estos tiempos. Dios quiere utilizarnos a cada uno de nosotros, con todos nuestros dones y todos nuestros defectos, para llevar la luz de Cristo y su esperanza, la paz y la alegría, a un mundo que está lleno de división, odio y desesperanza.
Nuestra misión educativa va mucho más allá de la transmisión de conocimientos factuales de historia, ciencia, literatura o incluso de la fe. Nuestras escuelas no son sistemas de transmisión de información. Nuestra misión educativa comienza y termina con la formación en la santidad.
Aspiramos a la grandeza porque nuestra imaginación nos dirige a algo más allá de nuestras propias experiencias. Nuestra imaginación nos motiva a luchar por la felicidad, la excelencia, el propósito y la alegría.
La educación es también una forma de amistad. Nuestra misión es realizar el duro trabajo de la amistad -el duro trabajo del amor- para inspirar, formar y conducir a nuestros alumnos, desde el mundo virtual en el que viven al mundo de lo verdadero, lo bueno y lo bello -el mundo de lo real- donde encontrarán y glorificarán al Señor. Nuestra llamada, en este tiempo, es ayudar a nuestros alumnos a experimentar la alegría de estar vivos, la maravilla de la creación de Dios y un auténtico amor por el aprendizaje.
Por supuesto, mientras seguimos construyendo a partir del éxito de nuestras escuelas, también debemos enfrentarnos a los desafíos prácticos de la educación católica en nuestro tiempo.
En todo el país, la asistencia a las escuelas católicas ha disminuido durante décadas y, en muchos lugares, los retos a los que se enfrentan parecen insuperables. Las escuelas católicas son una empresa difícil y costosa. No recibimos financiación del gobierno. Tenemos que pagar la educación católica nosotros mismos. La buena noticia es que el gobierno no tiene que decirnos lo que tenemos que enseñar a nuestros hijos. Somos libres de enseñar como enseñó Jesús. Somos libres de educar para la eternidad.
La Diócesis de Lincoln ha sido bendecida, y nuestras escuelas son fuertes. Debido a la excelencia de nuestras escuelas, la Diócesis de Lincoln está excepcionalmente preparada para afrontar con alegría y confianza los nuevos y urgentes desafíos de la educación católica en nuestro tiempo. Pero para afrontar esos retos, debemos reconocerlos.
Nuestra historia nos dice que podemos hacer frente a esos desafíos y afrontarlos con éxito. Hacerlo requiere docilidad al Espíritu Santo, confianza en la Providencia de Dios y apertura a nuevos enfoques y métodos.
Nuestra prioridad debe ser continuar con la importante misión de nuestras escuelas católicas, para la gloria de Dios y la salvación de las almas. Y nuestro compromiso con los principios que han construido nuestras escuelas debe ser firme. Nuestras escuelas deben ser auténticamente católicas, académica y espiritualmente excelentes, apoyadas por toda nuestra diócesis, y asequibles para todos los que deseen asistir. El reto al que nos enfrentamos es aplicar esos principios a las necesidades de nuestras escuelas católicas aquí y ahora.
Así que, en nombre de la Diócesis de Lincoln, permítanme felicitar a la clase de graduados de 2022. Por favor, sepan que estamos orgullosos de cada uno de ustedes. Esperamos y rezamos para que estos hayan sido buenos años para ustedes. Esperamos que estén agradecidos por su educación católica y por todas las personas que han hecho posible esta experiencia para ustedes. Por favor, den las gracias a ellos, a sus padres, a sus profesores, a sus sacerdotes y a sus compañeros de clase. Y que el Señor Jesús viva siempre en sus corazones y que conozcan siempre el amor de Dios Padre, como sus amadas hijas y sus amados hijos.
¿Nos atrevemos a tener esperanza?
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La reciente divulgación de un borrador de la opinión mayoritaria del caso de la Corte Suprema Dobbs contra la Organización de Salud de la Mujer de Jackson, un caso que desafía una ley de 2018 de Mississippi que prohíbe la mayoría de los abortos después de las 15 semanas de edad gestacional, ha causado un tsunami de atención de los medios, y con razón. La divulgación de información privilegiada como esta, en los niveles más altos de nuestro sistema judicial, es una violación monumental de la confidencialidad y tendrá consecuencias significativas durante mucho tiempo.
Para que el Tribunal Supremo funcione bien, es esencial que los jueces tengan confianza entre sí mismos, incluso cuando -quizá especialmente cuando- no están de acuerdo. Si esta información se filtró con el propósito de influir en la decisión final de los jueces, esta táctica sería claramente inmoral.
Pero quizá sea aún más significativo que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, después de casi 50 años, esté finalmente dispuesto a anular el caso Roe contra Wade, y a restablecer, una vez más, la protección legal a nivel federal de los más vulnerables e indefensos de nuestros hermanos y hermanas, los niños no nacidos en el vientre materno.
Para los que creemos que toda persona humana es concebida con una santidad y dignidad inherentes, y merece ser protegida y salvaguardada legalmente, esto es realmente un motivo de esperanza. Durante casi 50 años esta decisión nos ha hecho tratar a una clase de humanidad como desechable e indigna del derecho humano más básico: el derecho a la vida.
Si esta decisión filtrada se convirtiera en la ley del país, la cuestión de la protección legal del niño no nacido volvería a los gobiernos estatales y locales. En un mundo ideal, la única solución justa y duradera sería una enmienda a la Constitución de los Estados Unidos que reconociera que toda vida humana en el vientre materno debe ser valorada y protegida por la ley, pero esta decisión en suspenso del más alto tribunal del país es una mejora significativa y esperanzadora de la situación actual.
Lo primero que tenemos que aceptar, tanto individualmente como en sociedad, es el hecho de que la cuestión de cuándo comienza la vida no es una cuestión religiosa. Es una cuestión científica. Y la ciencia tiene ahora más claro que nunca que la vida humana comienza en el momento de la concepción. Si no empieza en el momento de la concepción, ¿cuándo empieza la vida: con el primer latido del corazón, con las ondas cerebrales, con las uñas? La tecnología de los ultrasonidos, nuestra ventana al vientre materno, concluye, más allá de cualquier sombra de duda razonable, que la vida comienza en la concepción.
Ahora bien, nuestra respuesta a este hecho es tanto una cuestión de derecho natural como de religión. En el plano natural, el derecho a la vida debe ser protegido por la ley, y esa vida debe beneficiarse de todos los recursos que nuestra sociedad reconoce como al servicio del bien común.
En el plano religioso, nuestra fe nos impone la responsabilidad de ayudar a las mujeres en situaciones difíciles y de construir una cultura de la vida y una civilización del amor. Esta es nuestra única respuesta, punto. Esto es lo que nos enseña nuestra fe, a amar al prójimo como a nosotros mismos, a tender la mano a los necesitados, a acompañar a los que están en dificultad y en crisis.
Nuestra respuesta, por supuesto, puede adoptar muchas formas diferentes, pero estoy orgulloso de dos iniciativas en la Diócesis de Lincoln, en particular. El 7 de diciembre de 2020, el "Centro de Cuidado a la Mujer" abrió sus puertas en Lincoln, frente al centro de abortos de Planned Parenthood. Este fue el 33º centro de este tipo que la organización abre en Estados Unidos.
Aunque la organización no es una entidad católica, muchos miembros de nuestra comunidad católica participan y apoyan su trabajo, y con razón. Desde su apertura hace 17 meses, el Centro de Cuidado a la Mujer ha tenido un enorme éxito. Las mujeres con embarazos no planificados reciben recursos para elegir la vida. Se han salvado vidas y las mujeres han recibido amor. El promedio de tiempo que estos centros asisten a las madres es de cinco años después de haber dado a luz a su hijo.
Este es el tipo de cosas en las que la comunidad religiosa es tan buena... amar tanto al niño como a la madre en una situación difícil. Si Roe es revocado, nos corresponde a nosotros, la comunidad católica de esta diócesis, redoblar nuestros esfuerzos para aumentar este tipo de apoyo a las mujeres y a los niños.
La segunda iniciativa, "Caminando con las Madres Necesitadas", fue lanzada el 25 de marzo, como respuesta a un mundo post-Roe. Las madres embarazadas y las madres que están criando a sus hijos están en nuestras parroquias, en nuestros lugares de trabajo y en nuestros barrios. Como nos recuerda el Papa Francisco, nuestras parroquias deben ser "islas de misericordia en medio de un mar de indiferencia". Esta nueva iniciativa diocesana, "Caminando con las Madres Necesitadas", está diseñada para llevar recursos a la parroquia, y a través de ella, a mujeres que de otra manera no tendrían los recursos necesarios para elegir la vida.
Ambas iniciativas son mucho más que "programas". Encarnan el amor que nuestro Padre celestial tiene por cada uno de nosotros, pero especialmente por los más vulnerables: las mujeres embarazadas y los niños no nacidos. Nosotros, como comunidad religiosa, debemos aumentar nuestro apoyo a las madres que necesitan ayuda en lo que probablemente será pronto un mundo post-Roe. No sólo estamos en contra del aborto, estamos a favor de la vida.
En cuanto a la divulgación del borrador de la opinión, lo más probable es que esta divulgación se haya producido para cambiar el borrador de la opinión a través de la presión pública y social, a favor del aborto. Debo admitir que la lectura del borrador de la opinión me da verdaderas esperanzas. El argumento es una refutación muy bien razonada de una horrible y trágica decisión legal tomada hace 50 años.
Nuestra cultura ha sido testigo de tanta muerte y sufrimiento debido a las terribles consecuencias de la decisión Roe contra Wade del 22 de enero de 1973. Millones y millones de nuestros hermanos y hermanas, que habrían traído tanta belleza al mundo, nunca estuvieron entre nosotros. Las consecuencias de nuestro grave pecado nacional se sentirán durante generaciones.
Durante este tiempo, hemos rezado, hemos protestado pacíficamente, hemos educado y hemos amado con la esperanza real de que un día esta terrible ley sea revocada. En la Marcha Nacional por la Vida del pasado mes de enero, tuve la oportunidad de dirigirme a nuestros estudiantes de secundaria. Estaba con un acompañante que tenía más o menos mi edad, y les dije a los jóvenes que "es muy poco probable que Roe contra Wade se anule en nuestra vida". Dirigiéndome a los jóvenes les dije: "pero en su vida creo realmente que podría ocurrir". Les dije que la promesa y la esperanza que aportan a mi generación de trabajadores y defensores provida es realmente emocionante.
Nos encontramos en la encrucijada de un momento histórico. En las próximas semanas hay una probabilidad real de que el largo invierno de la tiranía de Roe contra Wade se descongele en una nueva primavera.
¿Nos atrevemos a tener esperanza?
Él ha resucitado verdaderamente
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Por el Obispo James Conley
¡Cristo ha resucitado! Ha resucitado, ¡aleluya!
Con este antiguo saludo pascual del cristianismo se hace eco del grito de los ángeles a María Magdalena y a la otra María cuando estas dos fieles discípulas, no sin cierto temor, se acercaron al sepulcro aquel domingo por la mañana después de la Crucifixión, con la intención de ungir el cuerpo de Jesús. El Ángel dijo a las mujeres: "No está aquí, porque ha resucitado, tal como lo dijo". (Mateo 28:6.) ¿No hay un grito más alegre conocido por toda la creación? "No está aquí, porque ha resucitado, tal como lo dijo".
Para el cristianismo, no hay verdad más central para nuestra fe que la de la Resurrección. No está muerto, ¡está vivo! La resurrección cambia nuestros corazones, nuestras actitudes, la dirección misma de nuestras vidas. Nos da la más profunda esperanza. Nos da valor contra nuestro mayor miedo: el miedo a la muerte.
Debido a la caída de nuestros primeros padres, somos atraídos por el pecado y morimos. Estamos heridos por la realidad de la muerte, y con razón. Tenemos dentro de nosotros el deseo de experimentar cosas buenas, cosas bellas, y de conocer la verdad, y no queremos disfrutar de estas cosas simplemente por un corto período de tiempo, sino para siempre. Por eso, saber que esta vida termina para nosotros en algún momento es una especie de herida en nuestro interior.
Sin embargo, debido a la resurrección del Señor, nuestro mayor miedo, el miedo a la muerte, ha sido curado por Dios mismo. Y es bueno que recordemos cómo Dios curó esta herida. Dios bajó a nuestro nivel para sanarnos, y vino a revelar verdades sobrenaturales, verdades que de otro modo nos serían desconocidas.
Dios no se limitó a gritarnos órdenes desde el cielo. No nos envió un gurú o un mero orador motivacional para inspirarnos. Más bien, estableció un pueblo que era exclusivamente suyo: el pueblo de Israel, que sería una prefiguración del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Y en ese pueblo elegido se iría revelando, siempre de forma gradual.
Consagró sacerdotes, profetas y reyes, que servirían como mediadores de su amor y guía. Pero todo esto apuntaba a lo que la mente no podía imaginar, ni siquiera la de los antiguos israelitas. Dios sanaría esta herida haciéndose uno de nosotros.
Bajó a nuestro nivel, humillándose en todos los sentidos. Bajó a nuestro nivel, a lo más profundo de la experiencia humana. No se limitó a pasar de largo, observando nuestra miserable situación como un político que hace una visita de 15 minutos a los barrios bajos para hacerse la foto, estrechar algunas manos y volver a su palacio. Por el contrario, se enfrentó al odio amargo de las multitudes, a la incomprensión de los que le rodeaban, a la angustia del abandono y la traición.
Jesús carga con todas las aflicciones del mundo. Experimentó todo lo que nosotros detestamos. Llegó hasta lo más profundo de nuestras heridas, al aceptar el cáliz de una muerte tortuosa.
Jesús hizo todas estas grandes cosas por nosotros, por obediencia a su Padre Celestial. Este cáliz de la muerte, Él no quiere beberlo más que cualquiera de nosotros. En el huerto de Getsemaní, cuando ve que la conspiración contra Él se acerca a una muerte inminente, dice: "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no como yo quiero, sino como tú quieres" (Mateo 26:39).
Esa copa no se apartó de Jesús. Él murió en la cruz, pero fue resucitado por el Padre Celestial.
Jesús es la revelación del Padre. Y lo que hace que la resurrección sea tan hermosa, solemne y triunfante es que Jesús quiere que compartamos su resurrección. A través de Él, el miedo a la muerte es vencido. Y es el amor de Jesús el que aleja ese miedo, como dice San Juan, "el verdadero amor echa fuera todo temor" (1 Juan 4,18). Jesús nos da la paz de saber que todo estará bien al final para nosotros si Él está con nosotros. Lo único que debemos hacer es permanecer fieles.
El 12 de abril tuve el honor de celebrar la misa de funeral de la hermana María Inés, miembro de las Hermanas de la Adoración del Espíritu Santo, más conocidas como las Hermanas Rosadas. Las Hermanas Rosadas son una orden religiosa contemplativa que pasa gran parte del día rezando ante el Señor en la Eucaristía. Aunque la hermana Mary Ines nació en las Filipinas, pasó 36 años de su vida en el convento de Lincoln. La hermana Mary Ines era conocida como una mujer alegre y santa que atendía la puerta del convento y escuchaba a la gente cuando le hacían sus peticiones de oración. Aquellos que se relacionaban frecuentemente con ella comentaban sobre su aguda mente, ya que recordaba a esas personas por las que rezaba muchos años después.
La hermana María Inés pasó toda su vida ya en la presencia de Dios, rezando muchas horas a diario delante del Santísimo Sacramento, rezando por todos nosotros en la Diócesis de Lincoln. Era una mujer alegre porque creía en la resurrección de Jesús. Dedicó toda su vida a estar en la presencia del Señor, pues anhelaba verlo cara a cara algún día. Sabía que si se mantenía fiel a Jesús, Su presencia en su vida continuaría hasta la vida eterna. En su misa de funeral mencioné que podemos imaginarla pasando la Pascua en el cielo con Dios y todos los ángeles y santos.
Nuestra fe depende de la Resurrección de Jesucristo, ya que es la validación de todo lo que nos enseñó. Con su Resurrección, demuestra su dominio sobre la vida y la muerte, presagia nuestra propia resurrección futura cuando le seguimos en todo, y vence nuestro miedo a la muerte. Y lo que es más importante, nos demuestra que nada -ni siquiera la muerte- puede alejarnos de Él y de su amor. ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!
Un amor más perfecto: "Camina con Madres Necesitadas"
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Por el Obispo James Conley
“El amor perfecto echa fuera el temor.” 1 Juan 4:18
“No temas, María…” Lucas 1:30
“José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa.” Mateo 1:20
Una aldea apartada de 400 almas llamada Nazaret, en Galilea, fue el escenario del maravilloso intercambio entre el Arcángel Gabriel y la Santísima Virgen María, y del mayor acontecimiento oculto que jamás tendría lugar en el mundo. En la pequeña aldea de Nazaret, se anunció a la Santísima Madre que concebiría por el poder del Espíritu Santo y daría a luz al Hijo de Dios. Qué maravilla que Dios, que creó los cielos y la tierra, estuviera presente en el vientre de su madre como un diminuto embrión.
La Iglesia celebra cada año la solemnidad de la Anunciación en conmemoración de este acontecimiento histórico, que se celebra cerca del 25 de marzo, nueve meses antes de la Navidad, con el fin de preparar el terreno para la gestación de Jesús en el seno de su madre.
Era conveniente que Jesús entrara en el mundo de esta manera extraordinaria y a través de un encuentro lleno de misterio. El ángel Gabriel trajo la noticia de la Encarnación a los oídos, la mente y el corazón de María, algo que iba más allá de lo que ella hubiera imaginado. Casi se puede oír a María preguntando: "¿Dios quiere que yo sea la madre de su hijo? ¿Cómo puede ser esto?"
Sí, ¿cómo puede ser? Y sin embargo, por toda la eternidad, María fue llamada a ser madre. Fue llamada a ser madre de Jesús, madre de los Apóstoles, madre de la Iglesia y madre de cada uno de nosotros que somos miembros de la Iglesia. El sí de María iniciaría esta maternidad y también un increíble viaje de fe hacia lo desconocido. Un viaje lleno de misterio, de compañía, de dolor, de sufrimiento, de alegría y de exaltación, que la invita a un amor más perfecto.
Tras la Anunciación está el sueño de José que aparece en el Evangelio de Mateo, en el que un ángel se le aparece mientras lucha con sus dudas sobre su prometida, María, que espera un bebé. Una vez más, la invitación a no tener miedo se sitúa en el primer plano de la invitación que le hace el ángel. José, por su parte, escucha la indicación del ángel y acoge a María en su casa. Su decisión le hace avanzar en su papel de padre de la Sagrada Familia. Con gran valor, José se adentra en un misterio de amor, un amor más perfecto.
Yo también me dirijo a ustedes con una invitación. En nuestra diócesis hemos comenzado una iniciativa llamada "Camina con Madres Necesitadas". Aquí, en un lugar apartado conocido como la Diócesis de Lincoln, donde la demografía de muchos de nuestros pequeños pueblos sería similar a la de Nazaret en tiempos de Cristo, les pido su ayuda y participación. Al hacerlo, usaré para ustedes un saludo similar al que usaron los ángeles: "Salve, mujeres bautizadas en la plenitud de la gracia de Dios y miembros de la Familia de Dios. No tengan miedo. Quiero que caminen con las madres necesitadas". Y, " Ustedes, hombres de la Diócesis, hijos fieles de la Iglesia, no tengan miedo de la tarea de caminar con las madres necesitadas".
Tal vez esta invitación les parezca extraña y, sin embargo, me llega después de reflexionar sobre una necesidad que es muy real en nuestro mundo. La invitación a participar en el programa Camina con Madres Necesitadas es sencilla y directa. Muchas futuras madres se encuentran en circunstancias muy difíciles hoy en día por muchas razones diferentes. Nuestro objetivo real es encontrarlas, acompañarlas, escucharlas, ayudarlas y amarlas. Al hacerlo, acabaremos viviendo nuestra vocación cristiana de llevar el mensaje del Evangelio a nuestro entorno y hacer que la Buena Noticia cobre vida.
La maternidad hoy en día está siendo atacada muy seriamente, al igual que la vida inocente dentro de esos vientres maternos. Muchas madres son oprimidas y su hermoso papel en la vida familiar no es comprendido ni apreciado. A muchas se les dice que la maternidad es algo que no pueden manejar, algo demasiado complicado, algo de lo que hay que deshacerse, algo que no se desea. Pero, aquí hay más que algo... hay alguien... una madre y su dignidad innata y un bebé, un niño, con su profunda belleza e inocencia.
Uno de los pasajes de la Sagrada Escritura que me mueve a esta invitación y desafío se encuentra en el Libro del Apocalipsis en los capítulos 2 y 3. El Apóstol Juan escribe a los siete ángeles de las siete iglesias, y una de las formas en que se puede interpretar este pasaje es que los ángeles de las iglesias son los siete obispos a los que se les ha encomendado custodiar y ser mensajeros de estas iglesias.
Las palabras son inquietantes, a veces alaban la fidelidad y el trabajo duro, mientras que otras veces condenan la pereza y la debilidad. Como Obispo de Lincoln, me esfuerzo por ser un fiel mensajero y protector de la fe aquí en el sur de Nebraska. Haré todo lo que esté en mi poder para anunciar el mensaje del Evangelio a todas las personas, no sólo a los católicos, en nuestra diócesis.
Para lograr esto, empleo y empodero a cada uno de ustedes como mensajeros y anunciadores de la Buena Nueva al mundo. Protegiendo y empoderando a las madres vulnerables, luchando por la vida de los niños en el vientre materno y cultivando las jóvenes vidas de estos niños en relación con sus padres, cumplimos y realizamos nuestra herencia bautismal y divina.
Si cada uno de nosotros acepta esta invitación y utiliza sus propios dones sencillos y las relaciones que tenemos y desarrollamos con nuestro prójimo, podemos llevar la luz a la oscuridad y vivir nuestra vocación como mensajeros que viven sin miedo. Recordemos rezar por este esfuerzo y por todos aquellos a los que podamos ayudar. Con la ayuda de Dios podemos encontrarnos con estas circunstancias difíciles, escuchar, responder y actuar sin miedo.
Esta invitación, como la de los mensajes de los ángeles a María y José, pide una respuesta de nuestra parte. El sí de ellos puede convertirse en nuestro sí.
Esta respuesta, cuando se da sin miedo, y de la manera en que lo hicieron María y José, puede cambiar nuestra cultura, empezando por nuestro humilde y pequeño rincón del mundo. Podemos hacerlo cambiando una vida -- la vida de una madre y luego la de un niño -- a la vez. Esta es mi invitación para ustedes, a un amor más perfecto.
Acercándonos a Cristo
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por el Obispo James Conley
El 2 de marzo, la Iglesia celebró el Miércoles de Ceniza, el comienzo de la temporada de Cuaresma. Cuando nos acercamos a la Cuaresma, nos hacemos habitualmente la pregunta: "¿a qué voy a renunciar en Cuaresma?".
Es una buena pregunta. Debemos pensar en lo que vamos a hacer durante este tiempo santo y penitencial.
La Iglesia nos llama a incorporar en nuestras vidas los tres actos tradicionales del tiempo de Cuaresma: la oración, el ayuno y la limosna. Las prácticas penitenciales, que incluyen la renuncia a bienes legítimos, nos ayudan a ser menos indulgentes con nosotros mismos, lo que, a su vez, nos ayuda a alejarnos del pecado y a estar más atentos a las necesidades de los demás.
Por eso, pensar sobre qué tipo de prácticas penitenciales haremos durante la Cuaresma es algo bueno, pero siempre dentro del contexto de "¿qué me acercará a Jesús?" Todo el propósito de la oración, el ayuno y la limosna es llevarnos a una mayor conversión, arrepentimiento y renovación en nuestras vidas.
Cuando comienza la Cuaresma y se distribuye la ceniza el Miércoles de Ceniza, se traza una cruz en nuestra frente, y escuchamos un recordatorio: "Recuerda que eres polvo y al polvo volverás" o "Arrepiéntete y cree en el Evangelio". Estas palabras que escuchamos al comienzo de la Cuaresma nos recuerdan nuestra mortalidad y nuestro corto tiempo en la tierra, y la necesidad de una mayor conversión diaria del corazón. La Cuaresma debería ser un tiempo para ver nuestras debilidades y nuestra pecaminosidad, permitiendo que el Señor nos sane y nos acerque a sí mismo.
Un artículo reciente que leí escrito por mi hermano obispo, el obispo Robert Barron, señala el verdadero propósito de la Cuaresma. Muchos de ustedes probablemente conocen al obispo Barron, que es un obispo auxiliar de Los Ángeles y el fundador de los ministerios Word on Fire, que utiliza los nuevos medios de comunicación para difundir el Evangelio y presentar a Jesús y a su Iglesia a la gente.
En su sitio web, wordonfire.org, el obispo Barron publicó recientemente un excelente artículo titulado "El veneno de los chismes". Barron observa que el diablo se llama diabolos (el difamador) y satanas (el acusador).
Debemos ser muy cautelosos con lo que decimos de los demás. Nuestras palabras son poderosas. Al hablar de la lengua, san Santiago dice: "Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas que están hechas a semejanza de Dios" (Santiago 3,9).
Difundir mentiras sobre los demás es siempre pecaminoso, pero incluso la transmisión de verdades de los demás que podrían causar la pérdida de la propia reputación debe hacerse con precaución. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, "se hace culpable de detracción quien, sin razón objetivamente válida, divulga las faltas y los defectos de otro a personas que no los conocían" (CIC 2477). Qué fácil es caer en esta trampa de hablar de las faltas de los demás sin razón alguna y sin ayudarles en nada, y sin embargo, esa es la trampa del maligno.
El obispo Barron llegó a una sugerencia práctica: "En lugar de renunciar a los postres o a fumar en esta Cuaresma, renuncie a los chismes. Durante 40 días, intente no hacer comentarios negativos a los que no tienen la capacidad de solucionar el problema".
Me gusta el punto que el obispo Barron está haciendo aquí. La Cuaresma es una maravillosa oportunidad para permitir que Dios haga un cambio real en nuestras vidas a través del crecimiento en la caridad. Su sugerencia de renunciar a los chismes durante la Cuaresma es particularmente oportuna porque vivimos en un momento de gran división y animosidad. Rusia y Ucrania están literalmente en guerra entre sí debido a la violenta agresión de Rusia. Este conflicto necesita nuestras oraciones para que esta lucha llegue a un final pacífico. En nuestra propia tierra, durante los dos últimos años de la pandemia del COVID-19, hemos experimentado aquí en los Estados Unidos una gran división sobre cómo responder mejor a esta crisis.
Vivimos en un mundo marcado por la división entre los pueblos y, sin embargo, éste no era el designio del Señor. Él ha llamado a todos los hombres a salvarse. Como dijo San Pablo: "Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús" (Gal. 3, 8). Jesús instituyó la Iglesia como su Cuerpo Místico donde estamos unidos en Él.
Puede parecer muy obvio, pero el tiempo de Cuaresma es un viaje que recorremos juntos. Durante la Cuaresma, la Iglesia de todo el mundo reflexiona sobre el misterio del amor de Cristo por nosotros al entrar en su pasión. La Cuaresma es una actividad comunitaria, algo que nos une como miembros de la Iglesia de una manera penitencial. A lo largo del calendario litúrgico del año, tenemos momentos de fiesta y de ayuno, es decir, celebramos las solemnidades con gran alegría, pero también ayunamos en penitencia.
La Iglesia nos indica que ofrezcamos algún tipo de sacrificio durante todos los viernes del año, no sólo durante la Cuaresma. Fuera del tiempo de Cuaresma, podemos seguir optando por la abstención de carne, o podemos elegir algún otro tipo de sacrificio, pero durante la Cuaresma nos abstenemos de carne en toda la Iglesia universal. El caso es que fuera de estas penitencias de los viernes, nuestros sacrificios dependen de nosotros individualmente. En el tiempo de Cuaresma, los hacemos juntos.
La Cuaresma no debería ser un tiempo terrible, ni un tiempo litúrgico que pasamos a la ligera, sino un tiempo para acercarnos a Jesús, un tiempo para centrarnos en ser mejores discípulos. Es un tiempo en el que nos esforzamos por eliminar el pecado de nuestras vidas, el mayor obstáculo para nuestra felicidad y alegría.
La verdad nos hará libres
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por el Obispo James Conley
Tengo el privilegio de formar parte del Comité permanente de los Obispos de los Estados Unidos para los Laicos, el Matrimonio, la Vida Familiar y la Juventud. El arzobispo Salvatore Cordileone es nuestro coordinador. A principios de este mes celebramos la Semana Nacional del Matrimonio y el Día Mundial del Matrimonio, donde aprovechamos la oportunidad para enfocar y celebrar la vocación al matrimonio. El tema de este año es "Llamados a la Alegría del Amor".
Todos sabemos que el matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer, que se comprometen el uno con el otro en un vínculo de amor inquebrantable, está siendo atacado en nuestra cultura actual.
En el 2015, la Corte Suprema de los Estados Unidos falló a favor de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el país por primera vez en nuestra historia.
En los últimos años hemos experimentado en nuestra sociedad una ideología que acepta el entendimiento de que somos libres de elegir nuestro propio sexo e incluso de alterar físicamente nuestro cuerpo distinto del sexo biológico que recibimos al nacer.
Aquellos que se encuentran confundidos sobre su propio género e identidad, algo conocido como disforia de género, merecen nuestra misericordia y compasión. Debemos ser lentos a la hora de juzgar y rápidos a la hora de mostrar misericordia a cualquiera que esté luchando por entender el significado de su vida y su propia identidad.
Pero la misericordia sin la verdad es una falsa misericordia, un mero sentimentalismo. Y la verdad sin misericordia es una dictadura fría y cruel que no reconoce las luchas y la debilidad de nuestra humanidad caída.
Tal vez una simplificación excesiva, pero no por ello menos sabia: "debemos amar al pecador pero odiar el pecado".
No podemos negar la verdad sobre la persona humana, lo que sabemos que es cierto por Dios y por las enseñanzas de la Iglesia católica. La diferencia sexual no es un accidente de Dios o un defecto, es un don que nos ayuda a crecer cercanos a los demás y cercanos a Dios. Lo que Dios ha creado es bueno, verdadero y hermoso. "Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; a imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó (Gn 1,27)".
La incomodidad de una persona con su sexo, o el deseo de ser identificada como del otro sexo, es una realidad complicada que debe ser abordada con sensibilidad y verdad. Cada persona merece ser escuchada y tratada con respeto; es nuestra responsabilidad responder a sus preocupaciones con compasión, misericordia y honestidad.
Los niños se ven especialmente perjudicados cuando se les dice que pueden "cambiar" de sexo, y más aún, cuando se les administran hormonas que afectarán a su desarrollo y posiblemente les harán infértiles cuando sean adultos. Los padres merecen una mejor orientación en estas importantes decisiones, y pedimos a las instituciones médicas que respeten el principio médico básico de "primero, no hacer daño".
La ideología de género perjudica a los individuos y a las sociedades al sembrar la confusión y la duda.
Por estas razones, el Estado tiene un interés fundamental en mantener políticas que defiendan el hecho científico de la biología humana y apoyen las instituciones y normas sociales que la rodean. Por ejemplo, las leyes que pretenden elevar la orientación sexual y la identidad de género como clases protegidas atentan contra este hecho básico de nuestra biología humana. En lugar de proteger contra la discriminación injusta, estas políticas promulgan una falsa comprensión de la persona humana en nuestras estructuras legales.
La semana pasada, el Consejo de la Ciudad de Lincoln aprobó una amplia revisión de sus ordenanzas municipales relacionadas con la igualdad de oportunidades. En estas revisiones, añadieron la orientación sexual y la identidad de género como clases legalmente protegidas. Cambiar el código de la ciudad de Lincoln para reflejar una falsa idea de la dignidad humana es mala práctica. Esto no conducirá a un mayor florecimiento humano y felicidad en la sociedad.
Mientras que el Consejo de la Ciudad aprobó esta ordenanza, todavía tenemos una importante oportunidad para hacer oír nuestras voces y detener esta política. La Alianza Familiar de Nebraska (Nebraska Family Alliance) ha presentado una petición de referéndum en contra de la ordenanza municipal. Si se reúnen suficientes firmas (4,137 firmas), se detendrá la promulgación de la ordenanza. El Consejo de la Ciudad puede entonces revocar la ordenanza o dejar que los votantes decidan si debe entrar en vigor legalmente. Animo a todos los que puedan a firmar la petición.
Aunque esta ordenanza afecta a la ciudad de Lincoln, tiene efectos sobre los ciudadanos de todo el estado. Al ser la capital del estado, la sede de la Universidad de Nebraska-Lincoln y la segunda ciudad más grande de Nebraska, muchos viajan a ella durante todo el año. Pero, no sólo eso, también existe la posibilidad de una tendencia resbaladiza. Si se promulga una mala norma como la Ordenanza de Equidad en la ciudad de Lincoln, es probable que los políticos de otros municipios de Nebraska traten de imponer ordenanzas similares.
La felicidad y la santidad humanas se basan en una sólida antropología cristiana que reconoce la verdadera dignidad de cada persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. Y el don de nuestra sexualidad humana se vive en toda su belleza y esplendor en el santo santuario del matrimonio, un matrimonio abierto a una nueva vida humana.
Jesús dijo: "la verdad los hará libres" (Juan 8:32). Las palabras de Cristo a sus discípulos llaman a los cristianos de todas las épocas a adoptar la verdad de lo que somos. Estamos llamados no sólo a vivir estas verdades en nuestras parroquias y hogares, sino también a vivirlas en la plaza pública por el bien común.
Una Tarea Ardua
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Por el Obispo James Conley
Enero 28, 2022
Asistí a la 49ª Marcha anual por la Vida en Washington, D.C. el 21 de enero. Me acompañaron más de 100,000 personas a favor de la vida, marchando por la Avenida de la Constitución, desde el Monumento a Washington hasta el edificio de la Corte Suprema de los Estados Unidos.
La diócesis de Lincoln contó con un buen número de personas que marcharon por la protección de la vida humana. Hubo más de 200 estudiantes de secundaria y acompañantes, estudiantes universitarios del Centro Newman de la Universidad de Nebraska-Lincoln, y nuestros seminaristas de la Diócesis de Lincoln que cursan estudios de teología en la Costa Este. Espero unirme a los pro-vida de todo Nebraska el sábado 29 de enero para la Caminata por la Vida de Nebraska.
La Marcha por la Vida es la respuesta a un día sombrío e infame en los Estados Unidos de América, el 22 de enero de 1973. Ese día, la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos en el caso Roe contra Wade anuló una ley de Texas que prohibía el aborto y legitimó de hecho el asesinato de niños no nacidos en todo el país. Desde ese día, el aborto ha cobrado la vida de millones de niños y ha causado un dolor, remordimiento y daño indescriptibles a millones de mujeres.
En diciembre, el Tribunal Supremo escuchó los argumentos orales en el caso Dobbs contra Jackson Women's Health. Aunque este caso no trata específicamente de la legalidad general del aborto, sí se refiere al aborto tardío, por lo que seguimos rezando para que el tribunal utilice el caso para plantear el derecho al aborto a nivel federal, con la posibilidad incluso de anular el caso Roe. v. Wade.
El hecho de que hayamos legalizado el aborto en nuestro país y la necesidad de dar testimonio y rezar para acabar con el aborto es una consecuencia de lo que San Juan Pablo II llamó la "cultura de la muerte". San Juan Pablo II vio la cultura de la muerte de primera mano. Vivió en el siglo XX, el más sangriento de la historia. Vivió bajo dos regímenes totalitarios en Polonia, primero los nazis y después los comunistas. Fue testigo personal del abaratamiento de la vida humana, incluyendo el exterminio de amigos en campos de concentración y el envío de compañeros polacos al Gulag.
El escándalo del derramamiento de sangre del siglo XX es que se produjo en países tradicionalmente cristianos. Para ser franco, compañeros cristianos se masacraron unos a otros. San Juan Pablo II sabía que había algo inherente y fundamentalmente erróneo en esto, y que era necesaria una renovación.
La cultura de la muerte no se produjo de la noche a la mañana. Más bien, se produjo un trágico cambio en la historia. El cristianismo dejó de moldear el panorama general de los ciudadanos de estas naciones tradicionalmente cristianas. Esto tuvo profundos efectos en el gobierno, las prácticas comerciales y las normas culturales generales de estas naciones, entre las que se encuentra Estados Unidos.
San Juan Pablo II percibió esta fractura del cristianismo de la vida cotidiana durante su vida, y por eso predicó tan a menudo "La Nueva Evangelización". La Nueva Evangelización es una llamada de renovación para todos los fieles. Es, en primer lugar, una llamada a la evangelización de nuestros propios corazones a través de un auténtico encuentro con Jesús. Después de haber encontrado el tierno amor de Jesús, no queremos otra cosa que llevar a otros al encuentro con Él. Esto incluye la reevangelización de estas tierras donde los misioneros predicaron hace años.
Creo que vivimos en tiempos que reflejan la época apostólica, o similares a los que encontraron los apóstoles cuando predicaron por primera vez el Evangelio. Aunque nunca sé qué hacer con las encuestas, los datos de los sondeos nos dicen que sólo el 30% de los católicos practicantes creen en la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía. La asistencia a misa entre los católicos en los Estados Unidos es inferior al 25%. A través de nuestro propio censo en la Diócesis de Lincoln es aproximadamente el 41% de los católicos registrados.
No hay una manera fácil de implementar la visión de la Nueva Evangelización de San Juan Pablo II. Debemos evitar la idea de que un programa es una bala mágica de la evangelización. Sin embargo, la educación religiosa católica, incluyendo las escuelas católicas, es una parte indispensable de la Nueva Evangelización. La educación católica es un medio para formar a nuestros jóvenes en los caminos de la fe, presentando ante ellos una visión cristiana del mundo que nos han transmitido los fieles que nos han precedido. Pensemos en todos los que han dedicado su vida, se han sacrificado e incluso han muerto para transmitir la fe. La educación católica preserva esa tradición, preparando a los alumnos para que se formen en ella mientras viven en medio del mundo secular en constante cambio.
Vivir como católico en nuestra cultura hoy en día es una tarea abrumadora. Ahora, en los Estados Unidos, no nos enfrentamos a la ira del emperador romano como los primeros cristianos. No tememos la guillotina como los mártires de la Revolución Francesa. Sin embargo, la cultura secular en la que vivimos no ofrece ninguna trascendencia más allá de ella. Es una especie de muerte espiritual.
Vivimos en una época en la que la libertad se ve como una entrega a cualquier impulso, instinto o deseo, muy lejos de la visión cristiana de la libertad para hacer el bien. La libertad como licencia provoca la decadencia del alma. Como subproducto de esta visión subjetiva de la libertad, nuestra cultura es reacia a llamar a algo verdadero, hasta el punto de negar la realidad misma. Tal vez la ilustración más clara de esta negación sea la ideología de género, que enseña que el género sólo se asigna al nacer, pero que en última instancia está determinado por el yo autónomo.
Los padres son los primeros educadores de sus hijos, y tienen el gran reto de enseñar a sus hijos los caminos de la fe en este mundo secular cada vez más amenazante. Las escuelas católicas les ayudan en esta tarea. Las escuelas católicas ayudan a los alumnos a encontrar a Jesús de forma integral. Las escuelas católicas educan a toda la persona: cuerpo, mente y alma; una persona que está hecha para amar y recibir amor por toda la eternidad; una persona que es amada por nuestro Padre Celestial. Así, educamos a nuestros alumnos con una antropología cristiana sólida.
Cuando los alumnos aprenden matemáticas, ciencias empíricas, literatura, historia, teología y todas las materias, se les enseña a verlas a la luz de su vida en Cristo. Nuestro objetivo en la educación católica es dar la alegría y la estabilidad de la fe en un mundo incierto y siempre cambiante. La fe católica proporciona verdades y principios reales para poner en orden la vida y orientarnos hacia nuestro último fin, la vida eterna.
La próxima semana, la Iglesia celebra la Semana de las Escuelas Católicas. En la Diócesis de Lincoln tenemos la bendición de contar con excelentes escuelas católicas que ofrecen una educación asequible y de alta calidad que es fiel a las enseñanzas de Jesús.
Seguimos comprometidos en hacer que nuestras escuelas católicas sean asequibles para todos los estudiantes. Muchos padres hacen grandes sacrificios para que la educación católica sea una posibilidad para sus hijos, sin embargo, esta asequibilidad no sería posible sin la ayuda de las parroquias colaboradoras y el liderazgo de sus párrocos que valoran la educación católica buena y de calidad. En 2019, se creó la Beca del Buen Pastor para garantizar que cualquier niño, independientemente de su religión o procedencia, que quiera recibir una educación católica, pero que no pueda pagar los costos totales de la matrícula, pueda costearla. Agradezco a todos nuestros benefactores que han ayudado a que la educación católica sea una realidad en nuestra diócesis.
Al entrar en esta semana de las Escuelas Católicas, agradezco a los muchos padres que se sacrifican para hacer que la educación católica sea una realidad para sus hijos. Estoy especialmente agradecido a nuestros profesores, administradores y personal, que dedican sus vidas a formar a nuestros jóvenes en los caminos de la fe.
Durante la Semana de las Escuelas Católicas, viajaré por toda la diócesis para celebrar la misa y rezar con los estudiantes, los maestros y el personal de varias escuelas diocesanas de Lincoln. Por favor, acompáñenme en la hora santa de la Semana de las Escuelas Católicas el lunes 31 de enero a las 7 p.m. en la Catedral de Cristo Resucitado, 3500 Sheridan Blvd., Lincoln, mientras rezamos por todos los involucrados en nuestras escuelas católicas y por su continuo éxito en acercar a nuestros jóvenes a Cristo.
La Providencia de Dios
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por el Obispo James Conley
Enero 14, 2022
Cuando tomé mi licencia médica a finales de 2019, poco sabía que el mundo entero se tomaría una licencia médica apenas unos meses después. Hemos pasado por una época tremendamente difícil en estos últimos años, no solo como sociedad y como pueblo, sino como Iglesia y como cultura. No hace falta que liste la letanía de ejemplos, que conocemos de sobra. Pero si miramos la historia a largo plazo, vemos que cada época ha tenido sus propias cruces que cargar en este valle de lágrimas. Cada época siente que la suya es la peor: que el fin de los tiempos está sobre nosotros; que el mundo se desmorona; que el caos y la anarquía se han apoderado de todo y que todo está perdido.
Pero estoy firmemente convencido de que estamos hechos para estos tiempos. Dios nos ha llamado a cada uno de nosotros en nuestras propias vocaciones individuales para estar vivos en este momento de la historia por una razón divina. Todos tenemos trabajo que hacer. En palabras de San John Henry Newman, "Dios me ha creado para hacerle algún servicio concreto". Cada uno de nosotros tiene un papel importante que desempeñar en estos tiempos.
Newman y sus colegas del movimiento de Oxford se habían sumergido en los escritos de los Padres de la Iglesia; los grandes santos y teólogos de los primeros cuatro siglos del cristianismo. Y en sus escritos, Newman descubrió que la Iglesia y la sociedad siempre han estado en crisis. Ninguna época podría decir que era la peor de la historia. Cada época ha formado parte del plan maestro de Dios. Al igual que Cristo calmó la tormenta cuando los apóstoles estaban en la barca en el mar de Galilea rumbo a un desastre seguro, también calma las tormentas de cada época y de cada corazón si tan solo tuviéramos los ojos para ver y los corazones para creer que Dios es más poderoso que cualquier catástrofe humana o mundana.
Como he mencionado anteriormente, no hay duda de que hemos pasado por momentos extraordinarios en estos últimos tres años y medio. En el verano del 2018, experimentamos algunos eventos traumáticos, tanto en la Iglesia universal como en nuestra propia diócesis de Lincoln. Hubo la revelación pública de la segunda ola de los escándalos de abuso del clero en la Iglesia: hubo el informe McCarrick y las conclusiones del Gran Jurado de Pensilvania que revelaron -con un detalle insoportable- los malvados y horribles crímenes de abuso sexual de niños por parte de algunos miembros del clero católico romano. Mi corazón está con estas víctimas de abusos y el tremendo dolor que les ha causado a ellas y a sus familias.
A nivel local, un número de nuestros propios sacerdotes fueron puestos en licencia administrativa por mala conducta. Estos sucesos, en parte, dieron lugar a una investigación del Fiscal General en todo el estado de las tres diócesis de Nebraska que duró más de tres años antes de que se publicara un informe final el pasado noviembre. El informe del Fiscal General volvió a revelar otros casos de abusos sexuales del clero que se remontan a más de 40 años.
Algunas de nuestras escuelas católicas se enfrentaron a problemas financieros insuperables, lo que llevó al cierre de dos de nuestras escuelas más antiguas y apreciadas, Santa María y el Sagrado Corazón en Lincoln. Perdimos a un joven y activo sacerdote, el padre Ramón Decaen, por complicaciones derivadas del COVID-19. Los efectos de la pandemia en nuestras parroquias, en nuestras escuelas y en nuestra cultura y sociedad han sido como un pesado manto que pesa sobre nuestras cabezas. Todo ello ha hecho de estos últimos tres años y medio un tiempo de gran sufrimiento y angustia. Pero Dios sabe lo que hace, y a través de nuestro sufrimiento en unión con el amor redentor y el sufrimiento de Cristo, seguimos perseverando en vivir el plan providencial de Dios para el mundo.
Después de regresar de mi licencia médica en el otoño de 2020, envié a todos nuestros sacerdotes un pequeño libro titulado: " De la Cristiandad a la Misión Apostólica: Estrategias Pastorales para una Era Apostólica", publicado por Monseñor James Shea y la Universidad de María. El libro habla de cómo la Iglesia católica es misionera por su propia naturaleza. En esta cultura postcristiana en la que vivimos, nosotros, el Cuerpo de Cristo, estamos llamados a pasar de ser una Iglesia de mantenimiento a una Iglesia de misión. Estamos llamados a mantener nuestros ojos en Jesucristo y a responder a su llamado a la santidad. Independientemente de lo que ocurra en el mundo visible que nos rodea, estamos llamados a mantener nuestros ojos en las cosas permanentes, en el mundo invisible, en las realidades sobrenaturales que deben ser más reales para nosotros que este mundo visible que se desvanece rápidamente.
Creo firmemente que somos una diócesis sana y fuerte. Tenemos 141 sacerdotes activos para una diócesis de 96,000 católicos. Muy pocas diócesis en el mundo pueden contar con esas cifras. De esos 141 sacerdotes activos, 71 tienen 50 años o menos. Tenemos 25 seminaristas que estudian para el sacerdocio en varias etapas y, gracias a la campaña de la Alegría del Evangelio, tenemos un seminario universitario recién renovado, San Gregorio Magno. Tenemos un gran rector, profesorado y personal formando a estos futuros sacerdotes. Más del 75% de nuestros seminaristas son productos de nuestras escuelas católicas.
Tenemos siete comunidades de religiosas, todas con hábito religioso, que rezan y sirven en nuestra diócesis. No conozco ninguna otra diócesis en los Estados Unidos del tamaño de la nuestra, que pueda igualar eso. Por ejemplo, pasé el domingo pasado con las Hermanas Marianas para Misa y el almuerzo, y la santidad, la alegría y la esperanza de esas hermanas es contagiosa. Tienen más de 12 hermanas en formación y su capilla está casi llena.
Tenemos uno de los Centros Newman más hermosos, vibrantes y efectivos del país en el campus de la Universidad de Nebraska-Lincoln. Hay más de 100 estudios bíblicos activos con los estudiantes en el campus y una fraternidad de hombres y hermandad de mujeres católicas activas.
Y gracias a la extraordinaria generosidad y a la profunda fe de una maravillosa pareja de nuestra diócesis, se ha retirado completamente la deuda de la construcción del Centro Newman. Esto es una gran bendición para la misión del Centro Newman y para toda la Diócesis de Lincoln.
Tenemos 24 escuelas primarias católicas y seis escuelas secundarias católicas que son completamente católicas en su identidad. Más de 40 de nuestros sacerdotes católicos están enseñando o administrando estas escuelas, junto con muchas hermanas religiosas.
Aunque hemos luchado para apoyar financieramente a nuestras escuelas católicas, gracias a la campaña de capital de la Alegría del Evangelio tenemos un sólido fondo de becas, el Fondo de Becas del Buen Pastor, que ayuda a las familias que tienen necesidades financieras para que todas las familias que deseen enviar a sus hijos a las escuelas católicas puedan hacerlo. Este año pasado pudimos recaudar 2 millones de dólares para añadir al fondo de becas.
La educación católica siempre ha estado en el corazón de nuestra misión en la Diócesis de Lincoln. Nuestras escuelas católicas siempre han sido, son y serán asequibles para las familias, y siempre serán verdaderamente católicas. La gente sigue trasladándose a la Diócesis de Lincoln desde todo el país por nuestras escuelas y por la vibrante fe de nuestras parroquias.
La pandemia ha afectado realmente a nuestras escuelas y parroquias de muchas maneras. Nuestra asistencia a la misa dominical y a la santa misa era de un 52% de los feligreses registrados antes de la pandemia. Bajó al 28% durante el punto más alto de la pandemia y el pasado mes de octubre volvimos a subir al 42%. Todavía hemos bajado un 10%. Aunque toda la Iglesia de los Estados Unidos ha experimentado un descenso en la asistencia a misa, seguimos estando muy por encima de ese promedio.
La pérdida de fe en la Sagrada Eucaristía y el aumento de los no creyentes en los Estados Unidos ha llevado a los obispos estadounidenses a lanzar un Renacimiento Eucarístico que comenzará este verano con la Solemnidad del Corpus Christi y durará dos años. Culminará con un Congreso Eucarístico Nacional que se celebrará en la ciudad de Indianápolis en el verano de 2024. Será una iniciativa local y nacional para llamar a la gente a volver a la "fuente y cumbre" de nuestra fe católica, la representación del Santo Sacrificio de Jesucristo en el Calvario que nos redimió y salvó de nuestros pecados.
Fue la creencia en la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía la que me atrajo por primera vez a la fe católica cuando era estudiante universitario. La belleza, la trascendencia y el misterio del Santo Sacrificio de la Misa es realmente un anticipo del cielo y donde se nos invita en cada Misa a recibir el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
La liturgia dominical es el corazón de nuestra oración y adoración católica, y nuestros sacerdotes ofrecen misas santas y reverentes. Planeamos mejorar y fortalecer la adoración eucarística, las procesiones eucarísticas y la espiritualidad eucarística en nuestra diócesis. Les pido a todos que empiecen a rezar por el éxito del Renacimiento Eucarístico. Habrá una gran cantidad de recursos que se proporcionarán a las parroquias para renovar la vida de fe y la misión apostólica en nuestras parroquias.
Vivimos en una cultura y en una sociedad que trabaja en contra de los cristianos. En esta cultura tóxica estamos nadando a contracorriente. En palabras de San Juan Pablo II, vivimos en una cultura de la muerte. Y sin embargo, sabemos que la dignidad y la santidad de la vida humana y de la sexualidad humana son innegables. La ciencia está de nuestro lado. El 21 de enero, miles de personas, en su mayoría jóvenes, marcharon pacíficamente y en oración en Washington para defender la vida.
El mes pasado, Ignatius Press publicó una nueva biografía de San Gregorio Magno, que reinó como Papa desde el año 590 hasta el 604, al final del Imperio Romano. Gregorio Magno es el patrón de nuestro seminario. Hice un podcast sobre el nuevo libro con Ignatius Press. Al leer el libro, me sorprendió lo mucho que su época se parecía a la nuestra.
Mientras el imperio se desmoronaba a su alrededor, San Gregorio mantuvo el rumbo y condujo a los cristianos de su tiempo a vivir su vida en profunda fe y santidad, incluso en medio de numerosas plagas y pandemias, la invasión de los bárbaros del norte, el colapso de la cultura y la corrupción moral generalizada. Llevó a los cristianos de su tiempo a mantener la mirada en Cristo, a tener esperanza en su amor y misericordia y a vivir con alegría su fe. En estas condiciones, hizo mucho bien: es famoso por la creación del canto gregoriano y la belleza de la liturgia. Escribió comentarios profundos sobre las Escrituras que aún hoy se consideran joyas.
San Gregorio enseñó y predicó que la misteriosa providencia de Dios siempre actúa en nuestras vidas y en el mundo en que vivimos, que cada época tiene sus propias luchas. Cada época está llamada a la misma misión: mantener los ojos en Cristo, conservar en el corazón la esperanza del cielo y amar al prójimo como Cristo ama a su Iglesia.
La tierna belleza del niño Jesús y la dignidad de la naturaleza humana
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Por el Obispo James Conley
Noche de Paz es quizás el más conocido y querido de los villancicos. Nos sitúa con gran calidez en la escena del pesebre de Belén en la noche de Navidad, donde el centro de atención es un niño, un infante que es el Salvador del Mundo. El villancico expresa la sencillez y el misterio de Dios actuando de la forma más natural. Señala al misterio de la encarnación, donde Dios se hace uno como nosotros para que podamos ser como Dios.
La Noche de Paz nos impulsa a reconocer la tierna belleza del niño Jesús y la dignidad de la propia naturaleza humana. Nos mueve a acoger a Jesús en nuestras vidas al contemplar a Dios mismo como un niño pequeño. Qué bendición y qué privilegio tenemos de que Dios mismo se haya hecho carne humana.
Nuestro Señor sí recibió una cálida y tierna acogida por parte de algunos al llegar a esta tierra. La Santísima Virgen María aceptó ser la Madre de Dios a pesar de sus temores, confiando en el plan de Dios, ofreciendo su vientre como el primer tabernáculo de Jesús. San José, eligió amar y proteger a María, que llevaba en su seno a un niño que no era suyo, y, a su vez, proporcionar a Jesús y a María un hogar acogedor.
A los simples pastores se les concedió el privilegio único de ser los primeros en conocer la natividad del Señor, y lo recibieron con el debido homenaje. Como dijo San Juan Henry Newman de los pastores en su Sermón de Navidad de 1843, "Los pastores, pues, fueron elegidos por su humildad, para ser los primeros en oír hablar de la natividad, un secreto que ninguno de los príncipes del mundo conocía". Los Reyes Magos, siguiendo una estrella, vieron al niño Jesús y lo adoraron, ofreciéndole regalos de oro, incienso y mirra.
Sin embargo, no todos acogieron a Jesús con la misma ternura cuando entró en nuestro entorno. Todos sabemos que la Sagrada Familia, cansada y fatigada por el camino, fue recibida en la posada de Belén con la dura y fría realidad de que "no había sitio en la posada". Poco después del nacimiento de Jesús, María y José huyeron a Egipto para proteger a Jesús de la ira asesina y envidiosa del rey Herodes, quien, al oír hablar de este recién nacido Rey de los Judíos, pretendía darle muerte por miedo a perder su propio poder.
Si observamos la vida de Jesús en su totalidad, a menudo no es bienvenido y, a veces, es despreciado y rechazado. Incluso en el prólogo del Evangelio de San Juan, oímos: "Vino a su casa, y los suyos no le recibieron" (Juan 1,11). Fue rechazado en la sinagoga de su ciudad natal, Nazaret (Mt 13). Esencialmente, a veces no tenía hogar: "Las zorras tienen guaridas, las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza" (Mt 8,2). A lo largo de su ministerio público, es rechazado a menudo por los líderes de su cultura, ya que lo veían como una amenaza contra su autoridad o su sustento. Y, por supuesto, observamos el rechazo final de Jesús, que le llevó a la cruz.
Cuando miramos hacia atrás al trato mostrado a nuestro Señor, nos choca, nos escandaliza e incluso nos enfada con razón. En la oración, nuestra conversación con Dios, podemos hacer un mayor espacio para el Señor en nuestros corazones, que es acogerlo de manera real. A través de la adoración eucarística, al mirar al Señor, le permitimos ser el primero y el más importante en nuestra vida.
El fruto de la oración es el amor. A medida que profundizamos en nuestro amor a Jesús, acogiéndolo cada vez más en nuestra vida, se extiende al amor al prójimo.
Al igual que Jesús fue rechazado en su tiempo, hay muchos entre nosotros que son desechados y olvidados. Hay refugiados, lejos de casa, perdidos en un mundo que no conocen. Muchos en residencias de ancianos y casas particulares que no tienen amigos ni familia experimentan una soledad que suele ser especialmente dolorosa en la época de Navidad. Hay muchos que están dolidos, rechazados o abandonados y, sin embargo, todas las personas poseen la dignidad propia de ser hijos de Dios, y merecen nuestra acogida.
Al recordar al niño Jesús rechazado por muchos de los que le rodeaban, observamos en nuestro tiempo a los pequeños que con más frecuencia son desechados y rechazados entre nosotros y, por tanto, necesitan nuestra protección: los no nacidos.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos escuchó los argumentos orales el 1 de diciembre en el caso Dobbs contra la Organización de Salud de la Mujer de Jackson, que se refiere a una ley de Mississippi que prohíbe el aborto después de las 15 semanas. Los expertos jurídicos creen que existe una posibilidad real de que el caso Roe contra Wade sea anulado.
Debemos rezar con fervor por una sentencia en este caso que respete la dignidad de los niños no nacidos. En la caridad cristiana tenemos el deber de ayudar a las madres, padres y niños que lo necesiten a lo largo de su vida. En la ciudad de Lincoln hemos sido bendecidos por el trabajo del Centro de Atención a la Mujer ("Women's Care Center"), que ofrece asesoramiento, apoyo y educación gratuitos y confidenciales a las mujeres embarazadas. El Hogar de Mujeres de Santa Gianna ayuda a las mujeres y a sus familias que huyen de la violencia doméstica o que están siendo forzadas a abortar.
Durante este tiempo de Navidad, les invito a hacer algo sencillo pero profundo: tomen un tiempo para permitir que el niño Jesús mueva su corazón en esta Navidad.
Esto puede tomar muchas formas. Pueden meditar sobre los relatos de la infancia de Jesús en los Evangelios, tal vez a través de una Lectio Divina. Podrías escoger reflexiones sobre la Navidad de los santos o de los teólogos, tal vez en el Magnificat o en otras publicaciones. O bien, tómate un tiempo y simplemente observen un pesebre en sus iglesias locales o en sus casas. Tal vez, debido a todo el ajetreo de la época navideña, no reflexionamos sobre el profundo misterio de todo ello.
En un nivel puramente natural, la inocencia, la pureza y la espontaneidad de un pequeño bebé trae paz y alegría a los que lo rodean. Si el Señor actúa de forma natural para traer la paz a nuestras vidas a través de los bebés, es lógico que Dios se convierta en un bebé para instaurar la paz celestial.
Las pruebas fortalecen el músculo de nuestra confianza en Dios
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por el Obispo James Conley
Una de las grandes bendiciones de mi sacerdocio fue trabajar para la Congregación para los Obispos del Vaticano, donde serví de 1996 a 2006, antes de regresar a mi diócesis de origen, Wichita, Kansas, donde fui nombrado párroco de una parroquia. Al principio de mi sacerdocio había sido asignado a Roma para realizar estudios de posgrado en teología moral, pero nunca imaginé que volvería a Roma para servir al Santo Padre durante 10 años.
La Congregación para los Obispos asiste al Santo Padre en el nombramiento de nuevos obispos en todo el mundo. Los funcionarios de la Congregación estaban divididos por idiomas y países. Éramos tres en la sección inglesa y seguíamos a todos los países de habla inglesa del mundo. Yo compartía parte de los Estados Unidos, Canadá y Australia. Como tal, tuve el privilegio de conocer e interactuar con obispos de todo el mundo.
Cuando trabajé en Roma, también fui capellán de la Universidad de Dallas en su campus de Roma y profesor adjunto de teología en el campus de Roma del Christendom College. Inmediatamente antes de trabajar en Roma, fui capellán del Centro Newman de Wichita State, por lo que una buena parte de mi sacerdocio la pasé trabajando con estudiantes universitarios. Atesoro las grandes amistades que hice con los estudiantes universitarios durante una época de sus vidas que es muy formativa. Fue durante mis propios años de universidad cuando me convertí a la Iglesia católica, por lo que siempre soy consciente de las importantes decisiones que toman los estudiantes universitarios y de lo mucho que esas decisiones afectan a su futuro. Es un momento emocionante de la vida.
Después de la Asamblea General de los Obispos de Estados Unidos celebrada en noviembre en Baltimore, asistí a una reunión en Phoenix que reunió a antiguos alumnos de la Universidad de Dallas a los que tuve como estudiantes en Roma cuando eran universitarios. Fue un gran signo de esperanza en la Iglesia ver a estos antiguos alumnos míos viviendo vidas vibrantes y completamente católicas. Nos reímos del hecho de que ahora tienen la misma edad que yo tenía entonces cuando fui su capellán. El tiempo es algo misterioso.
Para mi sorpresa, el Cardenal George Pell, arzobispo emérito de Sydney, Australia, y prefecto emérito de la Secretaría de Economía del Vaticano, se encontraba en Phoenix visitando al obispo Thomas Olmsted al mismo tiempo. Concelebramos juntos la misa en una escuela católica local y luego disfrutamos de un almuerzo privado de tres horas.
Conozco al Cardenal Pell desde hace más de 25 años, desde que seguía la Mesa Australiana en la Congregación para los Obispos. Siempre ha sido como un padre para mí y un verdadero héroe de la fe católica.
Como muchos de ustedes saben, el Cardenal Pell pasó más de un año en la cárcel después de ser acusado falsamente de abuso sexual. El Cardenal Pell fue condenado a seis años de prisión en marzo de 2019. Apeló al Tribunal de Apelaciones del estado de Victoria, y su condena fue confirmada por una votación de 2 a 1. El Cardenal Pell siguió proclamando su inocencia inquebrantablemente, y apeló su condena ante el Alto Tribunal de Australia. Los siete jueces del Alto Tribunal acordaron por unanimidad descartar todas las condenas y el Cardenal Pell fue puesto en libertad.
El Cardenal Pell compartió conmigo su admiración por sus compañeros de prisión y los guardias de la cárcel, y lo amables que fueron con él y lo abiertos que fueron a las cosas de la fe. Me dijo que, de una manera muy extraña, su tiempo en la cárcel fue como un retiro prolongado. Estaba en encierro solitario 23 horas al día. Me dijo que la comida era buena, pero demasiado almidonada, y las porciones eran más de lo que podía comer.
El Cardenal Pell me dijo que fue su fe la que le ayudó a superar su prueba, especialmente el credo que todos los católicos profesan cada domingo. Cada palabra del credo, dijo, está llena de significado. Dijo que su paso por la cárcel fue un regalo y una gracia, pero que lamentaba que hubiera ocurrido y que nunca elegiría pasar por una experiencia así. Este encuentro casual con mi viejo amigo, el Cardenal Pell, fue realmente uno de los momentos más importantes de mi vida. Porque, hace apenas unos años, nunca pensé que volvería a verlo.
El Cardenal Pell tiene 80 años y estaba dispuesto a pasar seis años de su vida en espera de ser un día un hombre libre. Anhelaba el día en que volvería a ser un hombre libre.
El Cardenal Pell no desperdició el tiempo que Dios le dio en la cárcel. Al ser condenado injustamente, pudo haber recurrido fácilmente a la ira hacia Dios, a la autolástima, a la desesperación y a albergar rencores. Lo verdaderamente heroico del Cardenal Pell es que dejó de lado todo resentimiento y aprovechó este tiempo en prisión.
En un artículo para la revista First Things, escribió sobre su encarcelamiento: "Para muchos, el tiempo en prisión es una oportunidad para reflexionar y confrontar verdades básicas. La vida en prisión eliminó cualquier excusa de que estaba demasiado ocupado para rezar, y mi programa regular de oración me sostuvo".
El Cardenal Pell continuó diciendo: "mi fe católica me sostuvo, especialmente la comprensión de que mi sufrimiento no tenía por qué ser inútil, sino que podía unirse al de Cristo Nuestro Señor. Nunca me sentí abandonado, sabiendo que el Señor estaba conmigo, incluso cuando no entendía lo que Él estaba haciendo durante la mayor parte de los trece meses. Durante muchos años, había dicho a los que sufrían y a los que estaban perturbados que también el Hijo de Dios tuvo pruebas en esta tierra, y ahora yo mismo me sentía consolado por ese hecho. Así que recé por los amigos y los enemigos, por mis defensores y mi familia, por las víctimas de abusos sexuales y por mis compañeros de prisión y los guardias".
El drama que sufrió el Cardenal Pell sirve de reflexión para todos nosotros en este tiempo litúrgico de Adviento. El Adviento es un tiempo de esperanza. La esperanza es el deseo de Dios y del cielo por encima de todo, pero también incluye dejarlo todo y poner nuestra confianza en Dios y no en nosotros mismos mientras vivimos como Sus discípulos.
La confianza en el Señor se pone a prueba en medio de las pruebas. Tal vez por eso, a menudo crecemos más en la cercanía al Señor durante los tiempos de prueba, dolor, sufrimiento, e incluso al soportar la injusticia. Las pruebas fortalecen el músculo de nuestra confianza en Dios.
Ninguno de nosotros quisiera pasar por lo que sufrió el Cardenal Pell al ser encarcelado por un crimen que no cometió. Nos consuela el hecho de que nuestro anhelado redentor, Jesús, nos salvó a través de una condena injusta que le llevó a la cruz. Como católicos, creemos que todos los sufrimientos, incluyendo las injusticias a las que nos enfrentemos, pueden unirse a los sufrimientos del Salvador del mundo injustamente condenado.
Revive nuestras almas
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Por el Obispo James Conley
Noviembre 24, 2021
La semana pasada asistí a la reunión de otoño de la Asamblea General de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés). Es la primera vez desde que comenzó la pandemia que los obispos de todo Estados Unidos pudieron reunirse en persona. Fue una bendición poder rezar, conversar y pasar tiempo con mis hermanos obispos una vez más. Además, me sentí muy satisfecho de lo que se pudo lograr en la reunión.
En particular, agradezco que los obispos hayan aprobado por abrumadora mayoría el documento "El Misterio de la Eucaristía en la Vida de la Iglesia". Agradezco y felicito a mi colega, el obispo Kevin Rhoades, obispo de Ft. Wayne-South Bend, y al Comité de Doctrina de la USCCB que él preside, por su buen trabajo en este importante documento.
En el 2019, el Pew Research Center publicó una encuesta en la que se afirmaba que el 70% de los católicos cree que la Eucaristía es sólo un símbolo; sólo el 30% cree que en la Misa el pan y el vino se transforman sustancialmente en el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo. Aunque la exactitud de cualquier encuesta nunca es segura, estas cifras me resultaron inquietantes e indican una crisis de fe cuando una enseñanza central de la Iglesia es tan incomprendida y poco apreciada.
Creo que este documento, "El Misterio de la Eucaristía en la Vida de la Iglesia", es una buena respuesta a algunas de las preocupaciones que tenemos en Estados Unidos con respecto a la Santa Eucaristía, proporcionando un texto sólido y catequético. Aunque ningún documento puede agotar el profundo misterio de la Eucaristía, es un documento accesible, de 30 páginas, con muchos puntos de reflexión para ayudar a nuestra vida espiritual. Esta hermosa presentación sobre la Sagrada Eucaristía estará pronto disponible en versión impresa y en línea, y les animo encarecidamente a leerla.
El documento dice: "El Señor nos acompaña de muchas maneras, pero ninguna tan profunda como cuando lo encontramos en la Eucaristía. En nuestro camino hacia la vida eterna, Cristo nos alimenta con su propio ser". Fundamentalmente, la Eucaristía es el don de sí mismo de Cristo, y nosotros respondemos a ese don con nuestra vida de discipulado al hacer una entrega de nosotros mismos.
Estoy agradecido de que el documento habla muy claramente y con fuerza de la recepción adecuada de la Santa Comunión. Es nuestro deber como obispos cuidar de la salvación de las almas, y los obispos deben informar adecuadamente a los católicos sobre la recepción digna de la Sagrada Comunión.
Ante todo, un católico no debe recibir la Sagrada Comunión sin estar en estado de gracia. Como dice San Pablo, "quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, tendrá que responder por el cuerpo y la sangre del Señor" (1 Cor 11, 27). Además, el documento habla de quienes rechazan ciertas enseñanzas morales y doctrinales de la Iglesia. En esa sección se afirma que "si un católico, en su vida personal o profesional, rechazara conscientemente y con obstinación las doctrinas definidas de la Iglesia, o repudiara conscientemente y con obstinación sus enseñanzas definitivas sobre cuestiones morales", no debería acercarse a la Sagrada Comunión.
Además de la falta de creencia entre los católicos en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, tal y como demuestra el mencionado estudio de Pew, el Presidente de los Estados Unidos y otros personajes públicos que se declaran devotos católicos mantienen posiciones claramente contrarias a la enseñanza de la Iglesia. Esto provoca un grave escándalo y confusión en toda la Iglesia de los Estados Unidos. Sus palabras y acciones en la vida pública deben ser coherentes con su fe.
Además de este nuevo documento didáctico sobre la Eucaristía, los obispos de Estados Unidos quieren seguir guiando al Pueblo de Dios en un encuentro más profundo, duradero y transformador con Jesucristo en la Eucaristía. Como parte de estos esfuerzos, el Obispo Andrew Cozzens, Obispo electo de Crookston, Minnesota, liderará un proyecto de Renacimiento Eucarístico de dos años, centrado en el nivel diocesano y parroquial y que culminará en un Congreso Eucarístico nacional en Indianápolis en 2024. El último Congreso Eucarístico nacional en Estados Unidos se celebró en Filadelfia en 1976 y atrajo a más de cien mil personas.
A lo largo de mis nueve años como obispo de Lincoln, he escrito y hablado mucho sobre la centralidad de la Eucaristía en nuestra oración y devoción como católicos. Esto incluye mi carta pastoral de 2017 sobre la Eucaristía, "El Amor Hecho Visible", que enfatizó los frutos que la adoración Eucarística trae a las parroquias. Que este enfoque nacional y local sobre la Presencia Real de nuestro Señor en la Eucaristía nos acerque a Jesús y que realmente reavive nuestras almas en el amor al Señor.
Mes del Respeto a la Vida
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Por el Obispo James Conley
Cada octubre, la Iglesia de Estados Unidos celebra el Mes del Respeto a la Vida. Como católicos, estamos llamados a valorar, defender y proteger toda la vida humana, especialmente a los más vulnerables, desde la concepción hasta la muerte natural, y en todos los puntos intermedios. Durante el mes de octubre, la Iglesia nos pide que reflexionemos más profundamente sobre la dignidad de toda vida humana.
El aborto es realmente la cuestión de derechos humanos de nuestro tiempo. Los Obispos de Estados Unidos han proclamado constantemente que "la amenaza del aborto sigue siendo nuestra prioridad preeminente porque ataca directamente a la vida misma, porque tiene lugar dentro del santuario de la familia y por el número de vidas destruidas". Los defensores del aborto hacen todo lo posible por desviar la atención de lo que realmente ocurre en un aborto. Por ello, el tema del aborto se suele maquillar de varias maneras.
El aborto se describe a menudo como "el derecho de una mujer a elegir", desviando la atención de la realidad de lo que esa elección hace tanto a un niño no nacido como al bienestar de la madre. Nadie niega que tomamos muchas decisiones cada día por nuestra propia voluntad, pero algunas decisiones son buenas, otras son malas y otras son moralmente neutrales.
La toma directa de una vida inocente en el aborto no es buena ni moralmente neutral: siempre es mala y, por tanto, destructiva. Toda persona humana tiene una dignidad intrínseca porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Dios mismo, el Verbo de Dios encarnado, tomó carne humana, elevando aún más a nuestra naturaleza humana.
En defensa del aborto también se habla de la protección de los "derechos reproductivos" de las mujeres. Siempre me ha parecido un eslogan extraño. Personalmente, no conozco a nadie en el movimiento provida que quiera quitarle a una persona el derecho a engendrar una nueva vida. Irónicamente, Margaret Sanger, la todavía célebre fundadora de Planned Parenthood, favoreció la esterilización de ciertos grupos para promover su cruzada de eugenesia.
En los últimos años, el aborto se ha maquillado aún más mediante el eslogan en forma de calcomanía "el aborto es cuidado de la salud” ("abortion is healthcare"). Tal vez este eslogan haya cobrado fuerza para tratar de normalizar la financiación del aborto con los impuestos. El eslogan "el aborto es cuidado de la salud" no es menos que diabólico, francamente.
El propósito del cuidado de la salud -y la Iglesia católica tiene una larga historia en la prestación del cuidado de la salud- es preservar nuestra salud. El personal médico trabaja con valentía para curarnos, permitiéndonos alcanzar una salud física óptima. Los medicamentos y las vacunas se desarrollan para ayudar a preservar nuestras vidas y darnos una mayor calidad de vida. Una vez más, al observar simplemente la realidad de un aborto, la idea de que "el aborto es cuidado de la salud" es derrotada inmediatamente. No se preserva la salud mediante la destrucción de la vida humana.
Ninguno de estos eufemismos es útil en nuestro discurso cultural. De hecho, hay que llamarlos por lo que realmente son: mentiras. Algunos medios de comunicación contribuyen a perpetuar estas mentiras al pregonar estos eufemismos. El objetivo de los defensores del aborto es desviar nuestra atención de lo que ocurre en un aborto y de quién es el niño no nacido. La cuestión fundamental es si el niño no nacido es un miembro de la raza humana, es decir, una persona humana.
Dado que los niños no nacidos son miembros de la raza humana, gozan de los mismos derechos humanos fundamentales que todos nosotros, incluido el derecho más básico: el derecho a la vida. Para que quede claro, estos derechos no nos los da un gobierno ni ninguna institución humana, sino que forman parte de nuestra propia naturaleza humana y, por tanto, nos los da Dios.
He participado en el movimiento provida durante gran parte de mi vida y veo mucha esperanza en su futuro. Cuando asisto a la Marcha por la Vida nacional en Washington, D.C. y a la Marcha por la Vida de Nebraska aquí en casa, veo mayoritariamente a jóvenes marchando pacíficamente, rezando por el fin del aborto. Esta gran pasión por defender la dignidad de toda vida humana en nuestros jóvenes me da una gran esperanza. La verdad se dará a conocer y se ganarán los corazones gracias al testimonio de nuestros jóvenes, la generación provida.
El aborto ha estado disponible en nuestro país durante más de un siglo. Y, desde 1973, ha estado legalmente protegido, en todos los estados de nuestra nación, por la trágica decisión de Roe vs. Wade. En esos años, el aborto ha cobrado la vida de millones de niños y ha causado un dolor incalculable, remordimiento y un daño forzado a millones de mujeres.
Les animo encarecidamente a rezar por el fin del aborto, especialmente en los tiempos que vivimos hoy. En mayo, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos accedió a asumir el caso Dobbs v. Jackson Women's Health durante la sesión de 2021-22. Aunque este caso no trata específicamente de la legalidad general del aborto, sí se refiere al aborto tardío, que el tribunal podría utilizar para tratar del derecho al aborto a nivel federal.
Entre las numerosas mentiras sobre el movimiento provida está el repetido cuento de que los provida sólo se preocupan por los niños en el vientre materno y no después de que nazcan. Esta es otra técnica de desviación que simplemente no es cierta. Los provida son los que apoyan a las madres durante su embarazo y después. Miles de centros de embarazo en todo el país ofrecen este apoyo.
En la ciudad de Lincoln somos bendecidos por tener el Centro de Atención a la Mujer (Women’s Care Center o WCC), situado frente a lamatanza abortífera de Planned Parenthood, recién inaugurado el pasado 8 de diciembre. Además de pruebas de embarazo y ecografías gratuitas, el WCC ofrece asesoramiento individual y clases de crianza de los hijos impartidas por el Centro de Atención a la Mujer, un servicio que ayuda a las madres -y a los padres- de todo el estado. Los consejeros del centro acompañan a las mujeres en cada paso de su camino y les ofrecen formas de convertirse en madres con éxito. El tiempo promedio en el que el WCC ofrece ayuda y servicios a las mujeres y a sus hijos es de cinco años.
Como muchos de ustedes saben, a partir del 1 de septiembre, el Estado de Texas ha prohibido los abortos después de la detección de un latido del corazón del feto a través de "The Heartbeat Act". ¡Esta es una tremenda victoria provida! También me pareció alentador que, a partir de 2005, se invirtieran cientos de millones de dólares en un programa financiado por el estado llamado "Alternativas al Aborto", que proporciona fondos para los centros de embarazo que ofrecen servicios de asesoramiento y recursos a las mujeres en embarazos en crisis. En mi opinión, este es el camino a seguir para la legislación provida: ayudar a proteger la vida de los bebés y ayudar a las madres -y a los padres- en circunstancias difíciles.
La verdad es que no hay nada bueno que suceda en un aborto. Se mata a un bebé no nacido, un hijo de Dios. Muchas madres cargan con toda una vida de dolor, pena y culpa debido a su decisión de abortar a su hijo, habiendo sido engañadas por la creencia de que sus vidas tendrán demasiados inconvenientes con un bebé. Los padres pueden eludir sus responsabilidades al alentar o apoyar a las mujeres para que aborten a sus hijos.
A pesar de esto, madres y padres, por favor, sabed que siempre hay perdón y sanación después del aborto. Por favor, busquen ayuda y experimenten la tierna y compasiva misericordia de Dios. Recemos todos por el fin del aborto.
Nosotros, como Jesús, debemos rezar y actuar por la unidad
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Por el Obispo James Conley
1 de octubre, 2021
Jesús vivió en una época de gran agitación y división. Lo experimentó desde los primeros momentos de su vida. Incluso en el vientre materno, sus padres, María y José, tuvieron que hacer el largo y arduo viaje de Nazaret a Belén para inscribirse en el censo. Después de su nacimiento, Jesús, María y José tuvieron que huir a Egipto para evitar la ira asesina del rey Herodes, que temía que el "recién nacido rey de los judíos" fuera una amenaza para su poder.
A lo largo de su ministerio público, Jesús habló con autoridad y verdad, y esto atrajo a muchos seguidores hacia él. También atrajo a difamadores y conspiradores que lo único que querían era que este revolucionario llamado Jesús de Nazaret desapareciera. Es en el contexto de esta agitación, miedo y malestar que Jesús sufre su pasión, muerte y resurrección. A través de esta adversidad, Jesús lleva a cabo nuestra salvación.
En su Evangelio, San Juan relata que Jesús reza a su Padre Celestial inmediatamente antes de ser arrestado en lo que se conoce como la "Oración del Sumo Sacerdote", la oración continua más larga de la Sagrada Escritura. Jesús rezó esta oración en un momento de gran tensión. La gente estaba conspirando para matarlo y Él lo sabía. Sin embargo, reza a su Padre celestial inmediatamente antes de su arresto con estas palabras "No ruego sólo por ellos, sino también por los que crean en mí por su palabra, para que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos estén en nosotros, a fin de que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17, 20-21).
Cuando Jesús se preparaba para su inminente muerte, oró por la unidad en medio de la división. Jesús vino al mundo para traer la unidad. Ese era su deseo. Ese sigue siendo su deseo, y la unidad debería ser nuestro deseo.
Desde el principio, Dios nos creó para ser uno con Él y en Él. Esa unidad se rompió con el Pecado Original, el pecado de nuestros primeros padres. Provocó una ruptura en nuestra relación con Dios y entre nosotros. Como Palabra hecha carne, Jesús ha venido a restaurar esa unidad con Dios y entre nosotros. Para llamarnos verdaderamente cristianos, es decir, seguidores de Jesús, debemos esforzarnos por conseguir esa misma unidad.
El gran apóstol y evangelista San Pablo predicó hasta su muerte la necesidad de la unidad en Cristo. Describió a la Iglesia como el Cuerpo Místico de Cristo. Para que nuestro cuerpo físico se mantenga sano, todas sus partes deben funcionar a la par. Del mismo modo, en la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo, no hay lugar para la disensión. Como dice en su carta a los Gálatas: "No hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús" (Gal. 3:28).
San Pablo indicó algo que no decimos lo suficiente: la división entre los cristianos es, en última instancia, un escándalo. Jesús es el camino, la verdad y la vida y debemos estar unidos en Él. También San Pablo se enfrentó a muchas adversidades en su tiempo. Nosotros, como Jesús, debemos rezar y actuar por la unidad.
He estado pensando sobre esta exhortación de nuestro Señor y de San Pablo sobre la necesidad de la unidad, especialmente a la luz de las muchas divisiones que han surgido debido a la pandemia del COVID-19. Todos sabemos que hay diferencias de opinión respecto a los muchos medios que se han empleado para combatir el virus, como las máscaras, el distanciamiento social, las vacunas y otras medidas. No quiero entrar en todas estas opiniones diferentes, pero me gustaría ofrecer algo de orientación espiritual al abordarlas.
En el bautismo, Dios infundió en nuestras almas las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad. Nunca hay un momento en el que debamos dejar de lado estas virtudes. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica, la caridad es la "virtud por la que amamos a Dios sobre todas las cosas por amor a Él mismo, y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios" (CIC 1822). Si no amamos a nuestro prójimo, no amamos a Dios mismo.
En la práctica, en nuestras relaciones con los demás, debemos amar a los que tienen opiniones diferentes a las nuestras. La gente forma sus opiniones sobre estos asuntos desde muchas perspectivas diferentes, y no debemos presumir que esas opiniones tengan malos motivos.
En la actualidad, los requisitos de vacunación obligatoria o la coerción para vacunarse han causado mucha división a nivel local y mundial. Para ser claro, apoyo el uso de vacunas para combatir el COVID-19. Yo mismo me he vacunado. No he contraído el coronavirus. No sé si es por las vacunas que me he mantenido libre del virus, o por alguna otra razón. Mi madre, de 92 años, resultó positiva en la prueba de COVID-19 el pasado mes de diciembre. Ella falleció el 19 de diciembre. Las vacunas no estaban disponibles el pasado diciembre. ¿Estaría todavía viva si se hubiera vacunado? Supongo que lo averiguaré algún día.
Cada uno de nosotros, como individuos únicos, tenemos un derecho de conciencia y la Iglesia tiene el deber de proteger este derecho. También tenemos un deber con el bien común. Si estamos enfermos, tenemos la obligación de tomar medidas para evitar exponer a los demás, estemos vacunados o no. Cada individuo tiene derecho a evaluar los riesgos y los beneficios para sí mismo.
Hubo una preocupación bienintencionada sobre la aceptabilidad moral de las vacunas COVID-19 que han sido probadas en líneas celulares de células fetales abortadas. El aborto es un mal grave que nunca puede ser legitimado, racionalizado o excusado porque es la toma directa de una vida inocente. Debemos ayunar, rezar y actuar para que el aborto sea impensable.
La Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) en el Vaticano dijo que es moralmente aceptable recibir vacunas COVID-19 que han utilizado líneas celulares de células fetales abortadas en su proceso de investigación y producción "cuando no se dispone de vacunas COVID-19 éticamente irreprochables". Como he instado en el pasado, deberíamos ponernos en contacto con las empresas farmacéuticas que fabrican las vacunas para animarlas a utilizar medios éticos de prueba. Personalmente escribí cartas a las principales compañías farmacéuticas que están produciendo estas vacunas contaminadas instándolas a producir vacunas que estén limpias.
La CDF ha dicho que "la moralidad de la vacunación depende no sólo del deber de proteger la propia salud, sino también del deber de buscar el bien común". Como miembros del Cuerpo de Cristo, hay que buscar el bien común, pero también hay que proteger la conciencia de los individuos. La conciencia no es una vocecita en nuestra cabeza ni un actuar según nuestros sentimientos fugaces, sino un juicio, el último y mejor juicio de lo que debemos hacer. Nuestras conciencias católicas están formadas por las enseñanzas de Cristo y de su Iglesia.
Hay razones legítimas para que la gente no quiera la vacuna, incluyendo la inmunidad natural y el bajo riesgo para los jóvenes. Las personas deben tomar esta decisión con el consejo de sus médicos. Sin embargo, incluso aquellos que en conciencia deciden no vacunarse tienen un deber hacia el bien común. La CDF afirma que quienes eligen no vacunarse "deben hacer todo lo posible para evitar, por otros medios profilácticos y un comportamiento adecuado, convertirse en vehículos de transmisión del agente infeccioso.”
La conclusión es que estamos llamados a vivir con generosidad y a dar de nosotros mismos para compartir el amor y la gracia de Dios con los demás. Debemos amar a los demás aunque sus opiniones personales no coincidan con las nuestras. Y, sí, debemos ser fuentes de unidad en un mundo dividido.
El 7 de octubre celebramos la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, que se celebra en agradecimiento por la victoria en la batalla de Lepanto. Los turcos otomanos habían obtenido muchas victorias en la conquista de tierras cristianas. En 1571, amenazaban a todo el mundo cristiano. Se reunió una flota de barcos de España, Nápoles, Cerdeña, Venecia, los Estados Pontificios, Génova y Saboya, en lo que se llamaría "La Santa Liga" para montar una defensa.
Como respuesta espiritual, el Papa Pío V exigió que se abrieran todas las iglesias de la cristiandad y se rezara el rosario por la victoria. Aunque la Santa Liga era muy inferior en número, salió victoriosa. Tras la noticia de la victoria, Pío V declaró inmediatamente el 7 de octubre como Nuestra Señora de la Victoria, que más tarde se llamaría Nuestra Señora del Rosario. Este 7 de octubre se cumple el 450 aniversario de la batalla de Lepanto.
En aquel momento de 1571, una época de miedo, tensión y adversidad, toda la cristiandad se unió en el rezo del rosario. El mundo se enfrenta ahora a un desafío diferente, pero serio. Como católicos, acudamos a María y pidámosle su intercesión para crecer en la unidad y el amor mutuo, incluso en estos tiempos difíciles.
El Corazón de la Diócesis
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por el obispo James Conley
Septiembre 17, 2021
Al comenzar el nuevo año académico con estudiantes de todas las edades que regresan a las aulas, es también un momento en el que nuestros queridos seminaristas vuelven al seminario para su formación continua, mientras siguen discerniendo la llamada al sacerdocio.
En su documento postconciliar del Concilio Vaticano II sobre la formación sacerdotal, Optatam Totius, San Pablo VI describió el seminario como "el corazón de la diócesis." Tenemos la bendición, dentro de nuestra propia diócesis, de tener el Seminario San Gregorio Magno, un seminario universitario, donde nuestros seminaristas comienzan su formación en preparación para ser sacerdotes. Así como el corazón sigue dando vida al cuerpo físico, el seminario es un recordatorio de la vida que continúa en el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia, mientras un seminarista se forma para ser alter christus, otro Cristo en el mundo. Sin esta vida de seminario en una diócesis, hay poca esperanza para el futuro.
San Gregorio Magno puede ser considerado como un "seminario universitario" porque los seminaristas que aún no han recibido un título universitario trabajan para recibir una licenciatura acreditada en filosofía. Los que ya han recibido un título universitario entran en un programa de pre-teología de dos años que los prepara para estudios de postgrado en teología. Después de asistir a San Gregorio, los seminaristas asisten a un "teologado" durante sus últimos cuatro años de formación en el seminario y realizan estudios de posgrado en teología. Actualmente tenemos seminaristas que estudian teología en el Seminario San Carlos Borromeo en Wynnewood, Pensilvania, en el Seminario Monte Santa María en Emmitsburg, Maryland, y en el Colegio Norteamericano en Roma.
Los seis a ocho años de formación en el seminario tienen como objetivo formar al hombre completo como futuro sacerdote de Jesucristo. El seminarista adquiere una educación completa en el estudio de la lógica, la filosofía, la literatura, la historia y las lenguas antiguas y modernas, además del estudio de la teología. Esto le permite aprender a pensar y a argumentar de forma lógica. Se aleja del mundo para verlo en el contexto de los ritmos de la historia. Comienza un régimen de oración y trabajo que puede ser modelado en su trabajo como sacerdote.
Este tipo de formación es tan esencial para nuestros tiempos, ya que nuestra nación y el mundo se vuelven cada vez más seculares, alejados de las verdades de Jesucristo. En muchos aspectos, nuestra propia cultura se parece mucho a la cultura a la que se enfrentaron los apóstoles cuando salieron a proclamar el Evangelio: secular, egoísta y sin Dios.
Pero nuestro entorno cultural actual no debe hacernos desesperar. Nos fijamos en el valiente testimonio del gran misionero San Pablo, que utilizó sus estudios seculares y religiosos para evangelizar el mundo. San Pablo predicó un famoso sermón en el Areópago de la antigua ciudad de Atenas. Pablo fue llevado al Areópago -un tribunal de la opinión pública- por los filósofos de la ciudad de Atenas. Literalmente, era la plaza pública, el centro de la vida social e intelectual de Atenas. Los griegos escucharon lo que Pablo predicaba y no pudieron entenderlo. Le pidieron que les explicara el significado del Evangelio.
En el Areópago, Pablo utilizó la filosofía, la poesía y la mitología del propio pueblo griego para anunciar a Jesucristo. Les dio el Evangelio en un contexto que tenía sentido para ellos. Ciertamente, muchos se burlaron de él y lo ridiculizaron, y sólo ganó unos pocos conversos ese día, pero comenzó un proyecto al que la Iglesia sigue siendo llamada: Pablo proclamó el Evangelio a un pueblo nuevo, de una manera que pudieran entenderlo, y de una manera que pudiera impulsarlos a creer.
Pablo pudo predicar en el Areópago porque conocía el contenido del Evangelio. Sabía, a un nivel profundo, lo que significaban realmente la Encarnación, la crucifixión y la resurrección. Y, al mismo tiempo, Pablo conocía la cultura de los griegos. Conocía su lengua, su filosofía, su arte y su poesía. Conocía sus historias y sus héroes.
En las próximas semanas, la Diócesis de Lincoln lanzará nuestra Campaña del Obispo por las Vocaciones (BAV por sus siglas en inglés). El BAV es el medio principal por el cual la diócesis paga los costos de educación de nuestros seminaristas.
El Señor nos dio el sacerdocio para continuar su obra redentora como sacerdote, profeta y rey, ya que los sacerdotes santifican, enseñan y gobiernan. Esa obra redentora de Cristo se manifiesta cada día a través del trabajo de los sacerdotes. Los sacerdotes continúan la obra santificadora de Jesús a través de la administración de los sacramentos: bautizan a nuestros hijos, nos traen el Pan de Vida en la Sagrada Comunión, escuchan nuestras confesiones después de las caídas, están al lado de la cama de un ser querido cuando se está muriendo, dándole la unción de los enfermos.
Nuestros sacerdotes predican la Palabra de Dios a tiempo y a destiempo, guiándonos y dándonos aliento mientras vivimos nuestras vidas en Cristo en un mundo caído. Los sacerdotes tienen la misión de dirigir y construir parroquias en comunidades de discipulado, comunidades de amor. Nuestros futuros sacerdotes necesitan estudios y formación íntegros y completos para cumplir esta misión.
No podemos ni siquiera imaginar una Iglesia sin sacerdotes, y no podemos tener sacerdotes sin hombres que estén discerniendo auténticamente la llamada a servir al Señor en la forma radical de ser sacerdote para siempre.
Nuestro objetivo para la BAV de este año es recaudar $800,000 para nuestros seminaristas. Les pido que continúen con su generoso apoyo en este esfuerzo. El tema de la BAV de este año es "Somos servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios." Todos nosotros, como cristianos bautizados, estamos llamados a ser fieles discípulos de Jesucristo. Como discípulos, deseamos una relación más estrecha con Jesús para nosotros y para los demás. Aunque no todos están llamados a ser sacerdotes, vivimos nuestro discipulado en nuestro apoyo a los sacerdotes. Todos somos administradores de los misterios de Dios porque se nos ha confiado el don de la fe. Este don de la fe es el mayor regalo de nuestra vida y se manifiesta en la gratitud y la generosidad.
Les pido que apoyen a la BAV en la medida de sus posibilidades. Su apoyo financiero es necesario para la formación continua de nuestros futuros sacerdotes. Pero, ante todo, les pido que recen por nuestros seminaristas diocesanos. Recen por más vocaciones al sacerdocio. Hemos sido bendecidos en la diócesis con muchas vocaciones al sacerdocio. No me cabe duda de que gran parte de esto se atribuye a las oraciones de todos los fieles: laicos, sacerdotes y religiosos. En nuestra diócesis tenemos dos religiosas contemplativas de clausura, las Hermanas Rosadas y las Carmelitas, que rezan con fervor y frecuencia por las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.
Como "administradores de los misterios de Dios," las vocaciones son asunto de todos nosotros.
Además de sus oraciones, les pido que ofrezcan su apoyo a nuestros seminaristas. Díganles que rezan por ellos; denles las gracias por haber discernido el llamado. Si ven a un joven que es un discípulo fiel de Jesús, devoto y generoso, anímenlo a pensar en el seminario. Como antiguo seminarista, puedo decir que eso tiene un gran alcance.
Liderazgo valiente en tiempos difíciles
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Por el Obispo James Conley
Septiembre 3, 2021
Esta semana se celebra la fiesta de San Gregorio Magno, un nombre que probablemente sea familiar para muchos en la Diócesis de Lincoln porque nuestro propio seminario universitario en Seward está bajo su patronazgo.
San Gregorio es un patrono apropiado para un joven que estudia para ser sacerdote. San Gregorio Magno describió su ministerio como Papa como servus servorum Dei, "el servidor de los servidores de Dios." Este título se utiliza desde entonces en los documentos papales. Es una hermosa expresión de que incluso el Papa somete toda su autoridad al servicio de la misión de Cristo. Los seminaristas disciernen la llamada a entregarse completamente como sacerdotes al servicio de Cristo y de su Iglesia. Se preparan espiritual, intelectual, pastoral y humanamente para ser servidores de Dios como sacerdotes.
Espero que muchos sepan del Seminario San Gregorio Magno. Somos muy afortunados de tener nuestro propio seminario universitario aquí en la diócesis de Lincoln. Es fácil no apreciar que nuestros seminaristas puedan tener los primeros años de formación sacerdotal aquí mismo, con nuestro propio personal.
Aunque muchos puedan estar familiarizados con el Seminario de San Gregorio Magno, les invito a mirar a la vida de San Gregorio Magno, una figura grandiosa en la historia de la Iglesia, que fue un Padre Latino y Doctor de la Iglesia.
Este otoño Ignatius Press publicará una nueva biografía de San Gregorio Magno titulada "En el Ojo de la Tormenta," por Sigrid Grabner. La editorial me ha dado un anticipo del libro y me ha pedido que escriba una breve reseña. Aunque nos separan casi 1,500 años, me sorprendió la similitud de los tiempos de San Gregorio con los nuestros.
Gregorio nació en el año 540 d.C. en el seno de una familia rica y prominente de Roma. Su padre era senador y también ejercía como prefecto de la ciudad de Roma, lo que es comparable a un alcalde. La riqueza y la posición de su familia le permitieron recibir una educación de calidad. Estudió gramática, retórica, ciencias, literatura y derecho, entre otras materias. Su excelencia en estas áreas de estudio se ve reflejada en su rápido ascenso como funcionario del gobierno. A los 33 años, al igual que su padre, se convirtió en prefecto de la ciudad de Roma.
Pero no todo fueron rosas para Gregorio, a pesar de su vida privilegiada. Vivió en una época de gran agitación y convulsión social. Nació durante la "Plaga de Justiniano", una enfermedad que lleva el nombre del emperador Justiniano, el emperador del Imperio Bizantino, que contrajo la enfermedad. La peste azotó al imperio, causando hambruna, pánico y caos. Grandes poblaciones del imperio fueron aniquiladas por esta plaga dejando daños físicos, emocionales y espirituales. Además, Gregorio vivió las consecuencias de la invasión gótica al Imperio Romano de Occidente y durante las posteriores batallas entre los visigodos y los vándalos y el Imperio Romano de Oriente.
Tras la muerte de su padre, Gregorio convirtió una villa familiar en un monasterio y vivió la vida monástica. Gregorio amaba la vida monástica. De hecho, era su preferencia, pero sus dones espirituales y administrativos eran necesarios para el bien de la Iglesia Universal. En aquella época, los papas eran elegidos por el clero y el pueblo de Roma, y tras la muerte del anterior papa, Gregorio fue elegido unánimemente, pero rogó al emperador que no confirmara la elección.
A pesar de sus esfuerzos por seguir siendo monje, se convirtió en Papa en el año 590, e inmediatamente expresó en cartas que no tenía ninguna ambición de buscar tan alto cargo, y que prefería vivir la vida monástica.
Aunque Gregorio haya preferido la vida monástica, la Iglesia católica se ha enriquecido y bendecido para siempre con su papado. Como Gregorio vivió después de la caída del Imperio Romano, que se pensaba que era impenetrable e invencible, había necesidad de una gran revitalización en la vida de la Iglesia. Él proporcionó esa nueva vida de diversas maneras.
Aunque era un monje, San Gregorio Magno tenía un corazón misionero. Gran parte de Europa se había convertido al cristianismo, pero él quería que todos los pueblos conocieran a Jesús. Envió a Agustín (San Agustín de Canterbury), que era prior de su anterior monasterio, a predicar a los anglosajones paganos de Inglaterra. Se dice que Gregorio dijo de los ingleses: "Son anglos, pero ángeles si fueran cristianos." Las misiones a los ingleses tuvieron éxito y ello impulsó otras misiones a Alemania y a los Países Bajos.
Gregorio utilizó sus habilidades administrativas para crear un sistema de limosnas en la Iglesia. Jesús predicó contra el abandono de la viuda, el huérfano y los oprimidos. Gregorio tenía un gran deseo de aliviar a los pobres en su desamparo y exhortó a los obispos y sacerdotes a seguir cuidando de ellos.
Gregorio puso en práctica sus talentos educativos a través de sus numerosos escritos. Escribió extensamente sobre la Sagrada Escritura; su Comentario a Job es quizá el más famoso. Conociendo la necesidad de historias inspiradoras de los santos, escribió Diálogos, una colección de libros que describen milagros y curaciones de hombres santos. Escribió un tratado titulado Cuidado Pastoral, en el que describió los deberes del clero y describió el rol del obispo.
San Gregorio Magno vivió en una época de gran incertidumbre y cambio. Se le llama “Magno" porque ejerció un liderazgo valiente en esos tiempos difíciles. Como Papa con corazón de monje, sabía que la oración, la disciplina y el silencio eran necesarios para alejarse del ruido, la agitación y la conmoción del mundo, pero al mismo tiempo sabía que hay que vivir en medio del mundo.
En nuestra cultura contemporánea, quizá podamos encontrar una conexión con la vida de San Gregorio Magno. También nosotros vivimos en tiempos que parecen cambiar muy rápidamente. Y esto presenta serios desafíos para la Iglesia. San Juan Pablo II lo reconoció hace más de 20 años. Escribió en su encíclica Novo Millenio Ineunte: "Incluso en los países evangelizados hace muchos siglos, la realidad de una 'sociedad cristiana' que, en medio de todas las fragilidades que siempre han marcado la vida humana, se medía explícitamente con los valores del Evangelio, ha desaparecido."
Sin embargo, nuestras realidades culturales actuales no deben infundirnos miedo. Al contrario, como discípulos de Jesucristo somos personas de esperanza. El Espíritu Santo actúa en todas las épocas. En las palabras de San Pablo, "Jesús es el mismo hoy, ayer y siempre." Recemos por la intercesión de San Gregorio Magno para que podamos permanecer fieles en medio de las incertidumbres del mundo.
Aprendiendo más sobre la fe católica
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6 de agosto, 2021
Por el Obispo James Conley
En 1975, siendo estudiante en la Universidad de Kansas, tomé la decisión de tomar clases para aprender más sobre la Iglesia Católica. Tomé las clases antes de que se desarrollara el Rito de Iniciación Cristiana para Adultos (RICA).
Mis clases no eran privadas, como solía ser el caso en aquella época, sino que había otros 20 estudiantes universitarios que se unieron a la clase por la misma razón: aprender más sobre la fe católica. Curiosamente, las instrucciones fueron dirigidas en su totalidad por el sacerdote de la parroquia local, el padre Michael Moriarty. El padre Moriarity era un sacerdote gracioso, de origen irlandés y con un acento muy marcado. Su brillante habilidad para contar historias hizo que fuera fácil y placentero aprender sobre todo lo que Dios nos ha revelado.
El Catecismo de la Iglesia Católica no fue promulgado hasta 1992, por lo que estudiamos el Catecismo de Baltimore. Muchos de los que asistieron a las escuelas católicas conocen el Catecismo de Baltimore con su formato de preguntas y respuestas, una forma probada y eficaz de enseñar la fe. Aprendí mucho en mi estudio del Catecismo de Baltimore, y a través de la sabiduría y santidad del Padre Moriarty.
Recuerdo con profunda gratitud este tiempo de instrucción como una parte importante de mi camino en el discipulado cristiano. Durante este tiempo de discernimiento, nunca habría imaginado que llegaría a ser un sacerdote, ¡y ciertamente no un obispo! Estoy agradecido al padre Moriarty, que en paz descanse, y a muchos otros que jugaron un papel clave en el plan providencial de Dios para mí.
Fueron muchas las personas y circunstancias las que me ayudaron a llegar al punto de tomar la decisión de instruirme en la fe católica. Mis padres me criaron en un hogar cristiano, enseñándome y dando testimonio de cómo vivir y cómo amar. Me inscribieron en el Programa Integrado de Humanidades de la Universidad de Kansas, donde se me enseñó a amar la sabiduría, a través de la búsqueda de la verdad, la bondad y la belleza en sus múltiples formas. Al hacerlo, empecé a buscar las cosas permanentes que perduran, y a reflexionar sobre el propósito de mi vida.
Pienso en el ejemplo de muchos de mis amigos católicos y en su testimonio de fe católica. En particular, pienso en mi amigo de toda la vida, el ahora Arzobispo Paul Coakley, Arzobispo de Oklahoma City, que fue mi compañero de habitación durante mis años en la universidad.
Miro al pasado con gratitud a Dios Todopoderoso, que me dio la gracia de recibir clases y más adelante entrar en la Iglesia católica. Sin duda, hay muchas otras personas, de las que ni siquiera soy consciente, que han jugado un papel en esto. Ese es el misterio de la gracia y la providencia de Dios.
Pero alguien tuvo que invitarme a volverme católico y sí recibí invitaciones personales para tomar clases de instrucción en la fe católica. Sin esas invitaciones personales, no sé si hoy sería católico.
Nuestra naturaleza como seres humanos es tanto individual como comunitaria. Tenemos necesidades y deberes tanto individuales como comunitarios. Por eso, como miembros de la Iglesia católica, no nos consideramos sólo individuos en nuestra relación con Dios, sino que nos ayudamos mutuamente. No somos sólo Jesús y yo. La Iglesia es realmente el Cuerpo de Cristo, y como miembros del Cuerpo, debemos mostrar cuidado y preocupación por los demás.
En aproximadamente un mes, los catecúmenos (aquellos que nunca han sido bautizados) y los candidatos (aquellos que han sido bautizados en otras tradiciones de fe) asistirán a clases de RICA en las parroquias de la Diócesis de Lincoln y en toda la Iglesia Universal, donde aprenderán más sobre la fe católica. Muchos católicos adultos asistirán a estas clases de RICA para crecer en el conocimiento de su fe.
Hay muchas maneras en que las parroquias promueven sus programas de RICA. Las invitaciones a RICA se comunican a través de anuncios en los boletines, sitios web parroquiales y medios sociales. Algunas parroquias hacen que quienes han asistido previamente a RCIA den breves charlas testimoniales al final de la misa, lo que pone un rostro humano a los programas. Algunas parroquias envían tarjetas postales a los católicos y no católicos dentro de sus demarcaciones parroquiales como invitación a RICA.
Admiro la creatividad de nuestros sacerdotes, religiosos y fieles laicos que participan en la enseñanza, la planificación y la coordinación de RICA en la Diócesis de Lincoln, ya que trabajan duro para atraer a más personas a que conozcan la fe católica. Hay muchas maneras en las que uno puede llegar a la puerta de una iglesia, y con el tiempo a las clases de RICA. Sin embargo, puedo decir por mi propia experiencia personal que no hay manera más efectiva de conseguir que más personas asistan a las clases de RICA que una invitación personal.
El propósito de invitar a los adultos al RICA no es de aumentar las cifras de la parroquia, es decir, no se trata de los números por sí mismos. Ese tipo de actitud y motivación podría llevar incluso a un orgullo espiritual que hace daño al alma.
Más bien, animamos a la gente a asistir a RICA porque el Evangelio es realmente una "buena noticia" para todos. Jesús sufrió, murió y resucitó por nosotros para que podamos compartir su resurrección. Como dice San Pablo, Dios "quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2:4). Creemos por fe que Jesús es "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6) y que quiere que nos encontremos con él. Es un acto de caridad cuando llevamos a nuestros hermanos y hermanas de este mundo a la vida alegre y abundante de Cristo.
Dios actúa de muchas maneras. Dios trabaja de maneras misteriosas. Dios trabaja dentro de nuestra naturaleza humana. Toma los vínculos naturales de nuestras relaciones y los utiliza como canales e instrumentos de su gracia. Permitan que el Señor utilice sus relaciones con otros para sus fines y propósitos de bien.
Ya que estamos a un mes del comienzo de las clases de RICA, les animo a que piensen en una persona de su vida a la que podrían invitar a tomar clases de RICA para aprender más sobre la fe católica. Sus amigos y familiares ya le conocen. Ellos saben la pureza de sus motivos y que cualquier invitación se hace por amor.
Estoy eternamente agradecido por las personas en mi vida que me invitaron a discernir la entrada en la fe católica. Por medio de la gracia de Dios, que muchos más entren en la vida alegre, pacífica y abundante de Cristo.
El Médico Divino
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Julio 9, 2021
Por el Obispo James Conley
Es apropiado e importante que llamemos a Nuestro Señor Jesús el Médico Divino.
En los Evangelios, Jesús casi siempre está curando: curando a la gente de sus dolencias físicas e incluso resucitando a algunos de entre los muertos. El ministerio de Jesús consiste en la curación; sus curaciones físicas fueron signos de la curación espiritual que ha venido a realizar en el mundo.
En última instancia, su obra salvadora es un bálsamo que nos cura de la enfermedad del pecado y de la muerte eterna.
Hay una gran escena en el Evangelio de San Marcos que da testimonio al poder curativo de Cristo, y al cuidado adecuado a los enfermos:
Cuando Jesús hizo un viaje a Cafarnaúm, junto al mar, cuatro hombres que sabían que Jesús tenía el poder de curar le llevaron un paralítico. Esperaban que lo curara de su dolencia. Pero debido a la multitud, no había forma de alcanzar al Señor. Consiguieron abrir el techo sobre Jesús y bajaron al paralítico en una camilla.
Nuestro Señor reconoció la fe de estos hombres. Jesús perdonó al paralítico de sus pecados, demostrando su más importante poder de curación, y también curó al hombre de su parálisis.
Este pasaje del Evangelio nos recuerda la verdadera misión de Jesús: curarnos de nuestros pecados y liberarnos para poder estar unidos a Él. Los sacramentos de la confesión y la unción de los enfermos -los sacramentos de la curación- son los medios por los que seguimos encontrando y recibiendo el amor y el toque sanador de Jesús, como el que recibió el paralítico en Cafarnaúm.
Conviene recordar que sin sus cuatro amigos el paralítico nunca hubiera sido curado. El relato evangélico refleja el movimiento de la caridad hacia los más vulnerables, incluyendo los enfermos. El cuidado de los enfermos es una obra de misericordia corporal, y por tanto es responsabilidad de cada cristiano en sus propias circunstancias de vida.
Algunos han elegido para su camino en la vida el cuidado de los enfermos y moribundos, y deben ser reconocidos por ello. A nivel personal, estoy muy agradecido, especialmente durante mi licencia médica, por el cuidado y la compasión de aquellos que cuidan de la salud física y mental.
Y durante este último año, mientras soportábamos la pandemia de COVID-19, todos hemos sido testigos de los sacrificios de los trabajadores de primera línea que pusieron en riesgo su propia salud, trabajando largas horas para atender a los sufrientes del COVID-19. La verdad es que el Señor nos utiliza a todos como instrumentos de su amor a través del cuidado a los demás.
De forma ordinaria y cotidiana, Dios actúa a través de nuestro amor humano. Las personas que necesitan cuidados físicos, mentales y espirituales son vulnerables, y el Señor actúa en y a través de quienes los cuidan.
En los últimos años, he tenido el privilegio de servir como asesor episcopal de la Asociación Médica Católica (CMA). La CMA se esfuerza por ayudar a los profesionales de la medicina a vivir su fe católica mientras realizan la obra de misericordia corporal del cuidado de los enfermos.
La CMA es la mayor asociación de miembros médicos católicos involucrados en el campo de la salud. Su objetivo es ayudar a los profesionales de la medicina a crecer en la fe y la santidad, mantener la integridad ética y proporcionar una excelente atención a la salud de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica.
Puede que no siempre lo recordemos, pero vivimos en medio del sistema de atención médica más avanzado y completo que el mundo haya visto jamás. De hecho, los avances en la innovación y la tecnología médica a menudo se subestiman. También son subestimadas las contribuciones de la Iglesia a esa innovación.
La Iglesia y sus miembros siempre han estado a la vanguardia de la atención médica. En la Iglesia primitiva, los cristianos se distinguían por su atención a los enfermos y moribundos, lo que dio lugar a la profesión de enfermero y a la creación de hospitales. Gracias a la creación de universidades -una iniciativa de la Iglesia católica en Europa- se produjeron nuevos avances en la ciencia y en el cuidado de la salud.
Individuos creyentes han realizado importantes avances en la ciencia y el cuidado de la salud: Pensemos, por ejemplo, en el trabajo de Gregor Mendel, un sacerdote agustino pionero en el campo de la genética. O el ministerio de Santa Isabel de Hungría, que se dedicó a crear hospitales.
A pesar del cuidado de la Iglesia por los enfermos, persiste una mentira cultural que dice que la Iglesia Católica sólo se preocupa por el niño no nacido. La Iglesia, por supuesto, enseña con el apoyo de la ciencia y la razón que el niño no nacido posee una dignidad inherente y, por tanto, debe ser protegido. Pero siguiendo las enseñanzas de Jesús, la Iglesia defiende la dignidad de toda vida humana.
Y hay muchos testimonios concretos de esta creencia.
Casi todo el mundo admira el profundo testimonio de Santa Teresa de Calcuta, que cuidó de los más pobres entre los pobres, incluso de los desechados y abandonados por la sociedad. Las historias de la Madre Teresa en las periferias de la sociedad son conmovedoras y convincentes. Se trata de una mujer que con sus propias manos quitaba los gusanos del costado de los enfermos; sólo la gracia de Dios mueve a alguien a tal caridad y cuidado.
No es casualidad que los cristianos hayan estado a la vanguardia de la asistencia médica a lo largo de los tiempos. San Pablo nos dice en su Carta a los Corintios: "¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, que tienen de Dios, y que no son suyos?". (1 Cor 6, 19). Los católicos creemos en la dignidad de toda vida humana, que se basa en nuestra participación en la vida de Dios.
Me siento constantemente edificado por quienes siguen cuidando desinteresadamente a los más vulnerables. Su trabajo está a menudo en la sombra, visto sólo por unos pocos. Espero que se vean a sí mismos como continuadores de la obra de curación de Jesús en nuestros tiempos.
Sin embargo, los profesionales de la medicina se enfrentan a retos desalentadores en nuestro mundo secular cada vez más extenso. Existe una tentación dominante según la cual se prestan servicios que entran en conflicto con la dignidad de la persona humana. Estas prácticas inmorales incluyen la aprobación del aborto, los anticonceptivos, la fertilización in vitro, la esterilización, el suicidio asistido por médicos, y otras prácticas que realmente causan daño, no salud, y que contravienen las enseñanzas del Señor.
Agradezco que la CMA haya adoptado un método proactivo frente a estas presiones culturales, formulando un "campamento de entrenamiento" que ayuda a los estudiantes de medicina y a los residentes a sortear los obstáculos cotidianos para prestar una atención a la salud genuina. En junio asistí al "campo de entrenamiento" de este año, celebrado en el Seminario Saint Mary of the Lake de Mundelein, Illinois. Cerca de 40 jóvenes estudiantes de medicina y residentes de facultades de medicina de todo el país se reunieron durante una semana para rezar, recibir un curso intensivo de bioética católica impartido por médicos y profesores universitarios de primera categoría, y disfrutar de la amistad y el compañerismo. Fui testigo de los lazos formados por estos futuros líderes médicos para proporcionar una atención médica auténtica y cristiana en nuestros tiempos. Admiro la valentía de los que entran en este ámbito en medio de numerosas presiones sociales. Merecen nuestro apoyo y nuestras oraciones.
Por favor, tengan a nuestros profesionales médicos católicos en sus oraciones para que continúen la obra de sanación de Cristo en estos tiempos turbulentos.
Declaración 05-26-21 Sobre Coherencia Eucarística
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Declaración del obispo James D. Conley, obispo de Lincoln, en respuesta a la carta publicada por algunos obispos estadounidenses al presidente de la USCCB, el arzobispo José Gómez, en la que le piden que suspenda el diálogo sobre la coherencia eucarística en la agenda de la reunión de junio de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos:
Si las encuestas son correctas, alrededor del 70% de los católicos no creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Ahora no es el momento de suspender la discusión entre los obispos estadounidenses sobre la cuestión de la coherencia eucarística en nuestra próxima reunión de junio. Me sorprendió y consternó saber que un grupo de mis hermanos obispos escribió recientemente una carta al Arzobispo José Gómez, Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, pidiéndole que retrase la discusión sobre la coherencia eucarística.
No necesitamos menos discusión, sino más discusión sobre el misterio, la belleza y el don de la Sagrada Eucaristía. En nuestra última Asamblea General de noviembre, los obispos estadounidenses votaron decididamente a favor del proceso de preparación de un documento que abordara estas cuestiones. Bajo el liderazgo del Arzobispo Gómez, se puso en marcha el proceso para preparar un borrador sobre este importante tema que sería discutido, debatido y finalmente votado para su aprobación. Me parece que frustrar este proceso sería eludir nuestra responsabilidad como pastores. La reciente carta del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Luis Ladaria Ferrer, no excluye en absoluto una discusión serena y honesta por parte de los obispos estadounidenses sobre el tema de la coherencia eucarística.
De hecho, se trata de una cuestión de unidad y de amor en el Cuerpo de Cristo. La Eucaristía es un signo de unidad, y nos llama a todos a vivir vidas íntegras; vidas en las que nuestra fe y nuestras acciones son consistentes y coherentes. La Eucaristía es también un signo de amor, la misión de amor que compartimos con Jesús para la salvación del mundo. Como dije en mi carta pastoral de 2017 sobre la adoración eucarística, "El Amor Hecho Visible”:
"En la Eucaristía, somos hechos partícipes de la misión de amor de Cristo... Él nos ha dado -a la Iglesia- una misión. Y en el don de la Sagrada Eucaristía, se nos ha dado a sí mismo, para que, al seguirle, nos unamos a su vida, y él pueda ser presente, con nosotros, en todo momento, hasta el fin del mundo."
Por lo tanto, escribo para expresar mi pleno apoyo al Arzobispo José Gómez, y a su plan y dirección para abordar la importante cuestión de la coherencia eucarística.”
Viviendo vidas con propósito y significado
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Por el Obispo James Conley
Mayo 28, 2021
Durante las últimas dos semanas, tuve el honor de asistir a las graduaciones de nuestras escuelas secundarias católicas en toda la Diócesis de Lincoln y entregar los diplomas a los graduados. Siempre disfruto asistiendo a estas graduaciones porque es un paso muy importante en la vida de nuestros jóvenes en su salir al mundo.
Aproveché la oportunidad para animar a los nuevos graduados a utilizar los dones que Dios les ha dado para evangelizar un mundo que se ha vuelto tóxico hacia el cristianismo, y a servir como buenos y fieles discípulos de Jesucristo. También les dije que rezaran por la vocación que Dios les ha dado, ya sea al sacerdocio o a la vida religiosa, a la vida matrimonial y familiar, o a alguna vocación única de servicio. Porque al encontrar y vivir sus vocaciones, encontrarán un profundo significado en sus vidas.
Por supuesto, cuando hablamos de una vocación, o llamado, primero recordamos que todos nosotros tenemos la misma vocación fundamental por nuestro bautismo: la santidad. Nuestra vocación individual es el modo en que nos hacemos santos personalmente, viviendo vidas llenas de propósito y significado.
Órdenes Sagradas
Este fin de semana de Memorial Day, celebramos las ordenaciones en la diócesis, una celebración de aquellos que han respondido a la llamada de Dios a las Órdenes Sagradas. Tengo el gran privilegio de ordenar a cinco hombres a la orden sagrada del diaconado, y a dos hombres a la orden sagrada del sacerdocio. Es una gracia y una bendición ordenarlos dentro de esos misterios.
El fin de semana de las ordenaciones es siempre un momento de gran alegría para mí, para la diócesis de Lincoln, para cada uno de ustedes y para la Iglesia universal. Es un signo de gran esperanza. Al celebrar la ordenación de estos hombres que han pasado años en formación intelectual, espiritual, humana y pastoral, nos damos cuenta de que entran en el misterio de las órdenes sagradas, convirtiéndose en diáconos y sacerdotes, y entrando así más profundamente en la vida de servicio a la que el Señor, Jesucristo, les ha llamado.
El sacramento de las Órdenes Sagradas incluye tres órdenes: obispo, sacerdote y diácono. Las órdenes de obispo y sacerdote son dos grados de participación en el sacerdocio ministerial de Jesucristo. El diaconado es una llamada al servicio y a la caridad, junto a las órdenes de obispo y sacerdote.
El obispo recibe la plenitud de las Órdenes Sagradas. Como sucesor de los Apóstoles, su propio ser cambia para llevar a cabo la triple misión de Jesús: enseñar, gobernar y santificar. Reconozco que ésta es mi vocación en la vida, es decir, el plan de Dios para mi vida. Es una lección de humildad poseer tal responsabilidad, y les pido que sigan rezando para que pueda pastorear la diócesis según la voluntad de Dios y con el amor de Cristo.
El trabajo del sacerdote
Los sacerdotes están llamados a entregarse por amor, configurando su vida más estrechamente con Jesucristo. En la administración de los sacramentos, el sacerdote actúa in persona Christi, es decir, en la persona de Cristo mismo, y la labor del sacerdote es aún más poderosa cuando es un hombre conforme al corazón de Jesucristo. Todos los sacerdotes están llamados a proclamar el Evangelio, a enseñar la verdad, a ofrecer la misericordia de Dios mediante los sacramentos de la Iglesia, y estas acciones son aún más eficaces cuando son hombres santos de Dios.
La Diócesis de Lincoln ha sido bendecida con muchos sacerdotes santos y generosos que reflejan el corazón de Jesús. Estoy muy agradecido por su servicio a Dios y al pueblo de la Diócesis de Lincoln.
Seguimos celebrando este "Año de San José" que el Papa Francisco ha proclamado para la Iglesia universal. La vida de San José provee mucha perspectiva para todas nuestras vidas, especialmente en la vida de los sacerdotes.
En su carta apostólica Patris Corde, recordando el 150 aniversario de la declaración de San José como Patrón de la Iglesia Universal, el Santo Padre dice: "Cada uno de nosotros puede descubrir en José -el hombre que pasa desapercibido, una presencia cotidiana, discreta y oculta- un intercesor, un apoyo y una guía en los momentos difíciles. San José nos recuerda que los que aparecen ocultos o en la sombra pueden desempeñar un papel incomparable en la historia de la salvación". Al igual que San José, parte del trabajo que realizan los sacerdotes es visto por los demás, y otra parte es vista sólo por Dios o por unos pocos, pero independientemente de ello, el Señor les recompensará por su generosidad.
La orden del diaconado
En los Hechos de los Apóstoles encontramos un claro testimonio de la realidad del orden del diaconado. Las viudas en la época de la Iglesia primitiva se encontraban a menudo en una situación precaria. No disponían de una herencia ni de otras ayudas económicas tras la muerte de sus maridos, y generalmente no tenían un empleo fuera del hogar. Dependían de sus familiares para su apoyo financiero, y si eso no estaba disponible, dependían de la Iglesia.
En los Hechos de los Apóstoles se dice que las viudas "eran desatendidas en la distribución diaria" (Hechos 6:1), tarea que realizaban los presbíteros (sacerdotes). Esta labor caritativa debía continuar, pero los Apóstoles tampoco querían descuidar la predicación de la Palabra de Dios, tarea fundamental de los sacerdotes. Y así, siete hombres reputados fueron seleccionados para el orden de los diáconos, de la palabra griega diakonos, que significa “siervo".
Primer diácono permanente
En la ordenación de este año ocurrirá algo nuevo y único en la historia de la Diócesis de Lincoln. Entre los cinco hombres que serán ordenados diáconos, el Dr. Matthew Hecker será ordenado como el primer diácono permanente de la diócesis. El Dr. Hecker es esposo, padre y abuelo; es el Jefe Administrativo de las Escuelas Católicas de la Diócesis de Lincoln.
El Dr. Hecker ha estado en formación para el diaconado permanente en un programa a través de la Arquidiócesis de Omaha por cinco años y ha estado discerniendo un llamado al diaconado por más de 20 años. Oyó el llamado al diaconado y, de manera orgánica, me lo hizo saber poco después de mi llegada a Lincoln, y siguió el llamado. El Dr. Hecker servirá como diácono en su parroquia local de San José en Lincoln.
Las ordenaciones de este fin de semana son un recordatorio de que estamos llamados a seguir la vocación a la santidad. Debemos fomentar una cultura que promueva las santas vocaciones al sacerdocio, al diaconado, a la vida religiosa y al matrimonio y la vida familiar. Por favor, únanse a mí en la oración por todos nuestros sacerdotes y diáconos recién ordenados que servirán a la Iglesia en el sur de Nebraska.
¿Qué significa que los padres sean los principales educadores de sus hijos?
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Abril 16, 2021
En octubre de 2017, tuve el privilegio de celebrar la misa en la iglesia de Santa Ana en Jerusalén, construida en el lugar que los cristianos creen desde hace mucho tiempo que es el lugar de nacimiento e infancia de la Santísima Virgen María. Estaba en una peregrinación a Tierra Santa con miembros de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén. Fue una experiencia poderosa celebrar la misa en el lugar donde los padres de María, Santa Ana y San Joaquín, la prepararon y formaron para la gran misión de su vida: ser la Madre de Dios.
Los gruesos muros de Santa Ana hacen que parezca más una fortaleza que un hogar, pero uno puede imaginar lo que ocurrió allí hace más de 2.000 años. San Joaquín y Santa Ana no habrían sabido todo lo que Dios estaba preparando para su hija, pero desempeñaron un papel crucial en la historia de la salvación, aunque oculto.
Fue en este hogar donde la Santísima Virgen María aprendió a rezar, aprendió a ser una judía fiel y aprendió a amar. Al transmitir la fe a María a través de sus palabras y su ejemplo, San Joaquín y Santa Ana fueron instrumentos voluntarios de la Divina Providencia para prepararla para criar al Hijo de Dios.
Mientras estaba allí, reflexioné sobre cómo cada familia está llamada a participar en el anuncio del Evangelio y en la misión de la Iglesia. Dios ha llamado a las familias, desde el principio de los tiempos, como participantes esenciales en el cumplimiento de su voluntad, y en la misión del Reino. No todas las familias están llamadas al mismo tipo de vida o ministerio. Pero, sin duda, todas las familias están llamadas a servir al Evangelio en alguna manera única.
Los padres, los primeros educadores
Para hablar de una vida familiar próspera, tenemos que fijarnos en el matrimonio. Dios ha diseñado la institución del matrimonio como una alianza para toda la vida entre un hombre y una mujer con dos fines o propósitos: el bien de los propios esposos y para la procreación y educación de los hijos. Así, la Iglesia enseña que los padres son los primeros educadores de sus hijos.
¿Qué significa que los padres son los primeros educadores de sus hijos? En primer lugar, analicemos lo que significa educar. La palabra educar viene de las palabras latinas ex, que significa "fuera de" y ducere, que significa "atraer o conducir". Al educar adecuadamente a sus hijos, los padres contribuyen a sacar lo mejor de ellos para ayudarles a crecer intelectual y espiritualmente, conduciéndolos a conocer lo que es verdadero, a amar lo que es bueno y a apreciar lo que es bello.
Los padres son los primeros educadores, evidentemente, porque empiezan a educarlos desde el momento en que vienen al mundo, pero sobre todo porque asumen la máxima responsabilidad de la educación de sus hijos.
Esta responsabilidad se articula en el Rito del Bautismo de un Niño cuando el celebrante dice a los padres del niño que va a ser bautizado "Al pedir el Bautismo para su hijo, asumen la responsabilidad de educarlo en la fe, para que, guardando los mandamientos de Dios, ame al Señor y al prójimo como Cristo nos ha enseñado. ¿Comprenden esta responsabilidad?"
Sí, es una responsabilidad grave; tiene muchas exigencias. Sin embargo, debe considerarse como una gran bendición, porque Dios ha confiado a los padres que se conviertan en instrumentos del amor y la salvación de Dios en la vida de sus hijos. Es un deber y un derecho inalienable.
Los padres no están solos
Los padres no están solos en esta gran tarea de ser educadores de sus hijos. Ante todo, la realizan con la ayuda del Espíritu Santo. Los padres deben rezar al Espíritu Santo para ser buenos padres. Los padres abren los corazones de sus hijos a la gracia y al poder del Espíritu Santo introduciendo a sus hijos a las creencias de la fe; enseñándoles el culto correcto a Dios, especialmente en la Misa y en los sacramentos; inculcándoles lo que significa vivir la enseñanza moral católica mediante la instrucción y la disciplina; y mostrándoles cómo rezar.
Además, la Iglesia no enseña que los padres deban ser los educadores exclusivos de sus hijos. Las escuelas católicas, así como los programas de catecismo ayudan a los padres en su deber de ser los educadores primarios de sus hijos.
El Concilio Vaticano II, en su Declaración sobre la Educación Cristiana, Gravissimum Educationis, habla de la misión de la escuela católica: "...la escuela católica, mientras está abierta, como debe ser, a la situación del mundo contemporáneo, conduce a sus alumnos a promover eficazmente el bien de la ciudad terrena y los prepara también para el servicio de la difusión del Reino de Dios, de modo que, llevando una vida apostólica ejemplar, se conviertan, por así decirlo, en levadura salvadora en la comunidad humana."
Por supuesto, hemos sido bendecidos en la Diócesis de Lincoln con una rica tradición de escuelas católicas fieles, vibrantes y asequibles que ayudan a los padres en su deber. Estoy muy agradecido a todos los que hacen posible nuestras escuelas católicas. Sin embargo, sin la ayuda de los padres dedicados e involucrados que se ven a sí mismos como educadores primarios, entonces las escuelas católicas buenas y fieles declinarían.
Hay muchos católicos en la diócesis de Lincoln que, por falta de proximidad a una escuela católica o por otras razones, asisten a escuelas públicas. Hay buenas escuelas públicas en nuestra diócesis y maestros y administradores dedicados que se preocupan por la educación de los niños.
El currículo que se imparte en las escuelas públicas del Estado de Nebraska debería ser de vital interés e importancia para todos los cristianos, como debería serlo para todos los habitantes de Nebraska. Este currículo forma las mentes y los corazones de los católicos y no católicos por igual en nuestro gran estado. Tiene consecuencias a largo plazo en la cultura de nuestra gente.
Preocupación por los estándares de salud
Por esta razón, estoy profundamente preocupado por la reciente publicación por parte del Departamento de Educación de Nebraska (NDE) de un primer borrador de nuevos Estándares de Salud, el primero de este tipo que se ha propuesto. El NDE proporciona estándares de áreas de contenido para una variedad de materias, que también se revisan y actualizan periódicamente. Estos estándares están destinados a guiar el currículo de todas las escuelas de Nebraska, incluidas las públicas y las no públicas. Aunque no son obligatorios para ninguna escuela, estos estándares estatales influirán en gran medida lo que se enseña en todo el estado.
Los Estándares de Salud son un documento profundamente defectuoso y promueven ideologías contrarias a la visión cristiana del matrimonio, la familia y la sexualidad humana, por no hablar de la sana razón humana. El contenido de estos Estándares presenta una falsa comprensión del matrimonio y la sexualidad humana.
El documento no menciona el papel de los padres como principales educadores de sus hijos, especialmente en materia de sexualidad humana. No menciona cómo el azote de la pornografía conduce a la objetivación sexual, a la creación de vergüenza y depresión, y a la disfunción sexual. Lamentablemente, sí disocia la identidad de género del sexo biológico; sí promueve el lenguaje de la ideología de género, y sí promueve una cultura promiscua y anticonceptiva.
Para dar algunos ejemplos de contenidos problemáticos en los Estándares en relación con la sexualidad, el matrimonio y la familia, en kindergarten y en el primer grado, los alumnos hablarán de los genitales. En cuarto grado, los alumnos "distinguen entre el sexo asignado al nacer y la sexualidad con identidad de género y explican cómo pueden o no diferir". En sexto grado, los alumnos "definirán y explicarán las diferencias entre cisgénero, transgénero, género no binario, género expansivo e identidad de género". En séptimo grado, los estudiantes "definirán el sexo vaginal, oral y anal y su relación con la transmisión de ETS/VIH". En octavo grado, los estudiantes discutirán las formas de prevenir el embarazo, las pruebas de embarazo, "discutir el consentimiento sexual y la agencia". Los estudiantes de secundaria discutirán el consentimiento sexual, los anticonceptivos, "los servicios locales que proporcionan métodos anticonceptivos, incluyendo la anticoncepción de emergencia.”
Aprenda más, y actúe
Aplaudo el trabajo de la Conferencia Católica de Nebraska al enfrentarse a estas propuestas de Estándares y proporcionar la información necesaria sobre ellas a los padres, educadores y al clero. Esta información está disponible en https://necatholic.org/be-an-advocate/nde-health-standards.html
Si estas normas son adoptadas por las escuelas, los niños estarán en peligro, muchos educadores verán atacado su juicio profesional y su conciencia si no desean enseñar las normas, y la cultura avanzará hacia una mayor normalización de la sexualización infantil.
La NDE está solicitando opiniones sobre este borrador de estándares. Visite www.education.ne.gov donde puede ver los estándares y responder a través de una encuesta. Además, póngase en contacto con su miembro elegido del Consejo Escolar del Estado, cuya información de contacto se puede encontrar en el sitio web de la NDE.
En su exhortación apostólica Familiaris Consortio, San Juan Pablo II exhortó a las familias a “que se vuelvan lo que son". Las familias viven dentro de las culturas. Las familias deben ser levadura en los países y culturas donde se encuentran. Por encima de todo, las familias han sido diseñadas por Dios, y encuentran su verdadero florecimiento al vivir según el plan de Dios. Los padres necesitan la libertad en nuestra sociedad para vivir su papel como principales educadores de sus hijos.
Al recorrer la Diócesis de Lincoln durante los últimos ocho años, he conocido a muchas familias que son levadura en sus comunidades y me siento edificado por su testimonio. Padres, sepan que aprecio la caridad y la lucha que emprenden al educar a sus hijos como discípulos de Jesús, y sepan que rezo por ustedes.
Declaración 03-31-21 Obligación de misa
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El 23 de mayo, la solemnidad de Pentecostés 2021, se restablecerá la obligación de la misa dominical y de días de precepto en la diócesis de Lincoln.
Me he unido a mis hermanos obispos, el Arzobispo Lucas y el Obispo Hanefeldt para hacer este anuncio. Durante el tiempo de Pascua, el Southern Nebraska Register publicará una serie de catequesis sobre esto (nota del traductor: tendremos esta serie disponible en español en es.lincolndiocese.org). Sin embargo, me gustaría aprovechar la ocasión de este anuncio para repasar las razones más profundas por las que los católicos tienen la grave obligación de asistir a misa, así como aclarar, a la luz de la COVID-19, cuándo no se aplica esta obligación.
La razón por la que todos los católicos tienen la grave obligación de estar físicamente presentes en la Misa los domingos y días de precepto es porque la Eucaristía esta en el centro de lo que significa ser cristiano. En la Eucaristía, Jesucristo, el Señor Resucitado, está realmente presente. Cuando se celebra la misa, el cielo viene a la tierra y la redención que Jesús alcanzó en la cruz llega a nosotros personalmente. Cuando se proclaman las Escrituras, Dios mismo habla a su pueblo.
En la Santa Comunión, cuando lo recibimos dignamente, es decir, sin pecado mortal, nos unimos física y espiritualmente a Él y a nuestros hermanos en Cristo. Asimismo, la participación en la celebración de la Eucaristía de los domingos es el principal modo de santificar el día del Señor y vivir así el tercer mandamiento. Estas son algunas de las razones más profundas por las que existe una obligación y por las que debemos querer cumplir libremente con esta obligación.
Sin embargo, hay ciertos casos en los que una persona está "excusada por una razón grave" (CIC 2181) de la obligación de asistir a la Misa los domingos y días de precepto.Un motivo grave ocurre cuando uno está impedido física o moralmente de asistir. Por ejemplo, si una persona está enferma de una dolencia corporal o si no tiene medios de transporte razonables, entonces está impedida físicamente de asistir a la Misa y la obligación ya no se aplica.
Igualmente, si un padre está cuidando a un hijo enfermo, o si algún personal militar comprometería su deber por el bien común, entonces uno está moralmente impedido de asistir a la misa y la obligación ya no se aplica.
¿Qué pasa con COVID-19? Aquí me gustaría ofrecer algunas directrices sobre cuando no se aplica la obligación:
Si ha sido diagnosticado con COVID-19 o tiene buenas razones para creer que puede haberlo contraído
Si está enfermo o tiene una condición que comprometería seriamente su salud si contrajera COVID-19
Si cuida de enfermos, personas confinadas en casa o personas con discapacidad y tiene razón seria para creer que podría contagiarles al ir a misa
Si tiene un temor o ansiedad importante y grave de enfermarse por estar en misa
Si usted es anciano o está embarazada y tiene una razón seria para creer que se pondría en riesgo a sí mismo o a su hijo al ir a misa
Al aplicar estas directrices, cada persona debe usar su buen juicio. Si alguien está inseguro, confundido o preocupado por una situación que no se menciona aquí, por favor consulte a cualquier sacerdote para que le aclare la situación.
Es mi esperanza y oración que el Espíritu Santo continuará uniéndonos como en comunidad católica durante la temporada de Pascua y que el Pentecostés será un tiempo de renovación vital en la Iglesia en el sur de Nebraska.
Obispo James D. Conley
Obispo de Lincoln
Cristo es victorioso sobre la muerte
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Por el Obispo James Conley
Abril 2, 2021
"¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?"(1 Cor 15,55)
Al reflexionar, recordamos que en la Pascua pasada el mundo entero estaba en un lugar muy diferente. De hecho, el mundo estaba en un lugar inimaginable. La mayor parte del mundo estaba en cuarentena y las personas estaban completamente aisladas unas de otras.
Los efectos de la pandemia del COVID-19 se extendieron a nuestras costumbres litúrgicas. Por razones de protección, las confesiones se ofrecían a través de ventanillas y en grandes salas.
Para detener la propagación del virus y evitar el desbordamiento de los hospitales, los obispos de todo el mundo tomaron la difícil decisión de cerrar las misas al público en general durante un breve período de tiempo. Se trata de una decisión que se ha tomado con poca frecuencia a lo largo de la historia de la Iglesia, pero que tiene precedentes durante pandemias anteriores.
Las liturgias del Triduo Pascual, que abarcan desde el Jueves Santo hasta la Vigilia Pascual, se celebraron con poca o ninguna congregación. El año pasado pasé la Semana Santa con mi buen amigo, el obispo James Wall, obispo de Gallup, N.M. Estábamos los dos solos, el rector de la catedral y un joven sacerdote recién ordenado. Fue muy extraño; nunca lo olvidaré. Había algo profundamente triste en el hecho de que los fieles católicos no pudieran reunirse en los días más santos e importantes del año litúrgico.
El virus sigue siendo algo misterioso. A lo largo del año pasado hemos aprendido que afecta a diferentes personas de diferentes maneras. Aunque el virus tiende a afectar más a los que ya tenían problemas de salud, no siempre ha sido así. Algunas personas que por lo demás eran muy sanas contrajeron el virus, tuvieron complicaciones graves y murieron. Otras personas con problemas de salud previos contrajeron la enfermedad pero se enfrentaron con pocos trastornos de salud.
A lo largo del año pasado, hubo un temor genuino y legítimo de lo que sucedería al contraer el virus. Si contraigo el virus, ¿qué me pasará? ¿Moriré? Así, una consecuencia preocupante de la pandemia es que nos hemos visto obligados a pensar en la muerte y en nuestra propia mortalidad.
Probablemente nunca habríamos elegido reflexionar sobre la mortalidad en este último año, pero ha estado muy presente en nuestras mentes. Más de medio millón de nuestros compatriotas estadounidenses y casi 3 millones de personas en todo el mundo han muerto a causa del COVID-19 y sus complicaciones.
La muerte no es algo en lo que queramos pensar. Tenemos dentro de nosotros el deseo de experimentar cosas buenas y hermosas en esta vida. Queremos vivir para siempre. También sabemos, al menos en el fondo de nuestra mente, que nuestro tiempo en la tierra es limitado, y la pandemia quizás nos lo ha recordado. Y, sin embargo, creemos de todo corazón en esas palabras de San Pablo, en las que parece burlarse de la muerte: "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?" (1 Cor 15,55)
No cabe duda de que la muerte tiene un aguijón temporal. Todos lo experimentamos. Yo experimenté este aguijón personalmente el pasado diciembre con la muerte de mi madre Betty, de 92 años. No pasa un día sin que me acuerde de ella, y la echo mucho de menos.
Cuando lloramos la pérdida de un ser querido, sin duda nos sentimos afligidos. Es quizá lo más doloroso que experimentamos en este mundo. Reconocemos que no volveremos a ver a nuestro ser querido aquí en la tierra. Puede seamos inundados de recuerdos de la persona, pero aún así nos queda la tristeza.
Mi familia y yo nos hemos sentido reconfortados durante los últimos meses con el abundante amor y apoyo que hemos recibido desde la pérdida de mi madre. He recibido muchas tarjetas, mensajes de texto, correos electrónicos y condolencias en persona, expresando oraciones y apoyo, por lo que estoy eternamente agradecido.
Pero incluso estos hermosos gestos de condolencia no quitan el aguijón final de la muerte; no reclaman la victoria sobre la muerte. Jesucristo es victorioso sobre la muerte y le quita el aguijón mediante su sufrimiento, muerte y resurrección.
Jesús vino a este mundo para vencer a la muerte. Y de eso se tratan la Semana Santa y la Pascua. Jesús, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, fue enviado a nuestro mundo por el Padre para morir. Pero no sólo para morir. Vino a vencer la muerte al resucitar al tercer día. Vino para que todos los que creen en él puedan también resucitar.
Como católicos, creemos que cada domingo es una celebración de la resurrección. Esa es la razón por la que el domingo se reserva como día de celebración y descanso en el Señor. Pero, la Pascua y todo el tiempo de Pascua es un tiempo especial para celebrar y reavivar nuestra fe en la resurrección.
En su homilía de la Vigilia Pascual del año pasado, el Papa Francisco dijo: "En la Pascua adquirimos un derecho fundamental que nunca nos podrán quitar: el derecho a la esperanza. Es una esperanza nueva y viva que viene de Dios. No es mero optimismo, no es una palmadita en la espalda... ¡No! Es un don del cielo, que no podríamos haber ganado por nosotros mismos... No pongamos una piedra delante de la esperanza".
Estas son palabras oportunas de nuestro Santo Padre, especialmente cuando todavía estamos en medio de la pandemia. Inevitablemente hay muchas "piedras" puestas en nuestras vidas: dificultades, desafíos y obstáculos que se presentan ante nosotros. El Papa Francisco nos ofrece las palabras liberadoras de que tenemos derecho a no dejar que estas cosas nos abrumen. Tenemos derecho a alegrarnos por la resurrección de Cristo. Tenemos derecho a anhelar la vida eterna que nuestro Señor nos ha prometido.
¡Aleluya! ¡Jesucristo ha resucitado! Esta es la buena noticia que se escucha en todo el mundo y se instala en el corazón de cada cristiano. Que el amor inquebrantable de Cristo llene sus corazones y sus hogares en este tiempo de Pascua. Su amor y la esperanza que nos da su Resurrección son la causa de nuestra alegría.
Fuerza y esperanza de San José
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Por el Obispo James Conley
No fue hasta varios años después de convertirme a la fe católica, a la edad de 20 años, que descubrí que mi cumpleaños caía en la solemnidad de San José, el 19 de marzo. Todavía estaba aprendiendo más y más sobre la Iglesia católica y sobre los santos, y ¡no me daba cuenta de la importancia de haber nacido en el día de San José!
Cuando le contaba a uno de mis nuevos amigos católicos que había nacido el 19 de marzo, enseguida me decían: "¿por qué tus padres no te pusieron el nombre de José?". Entonces les explicaba que era un converso y que nadie en mi familia sabía que el 19 de marzo era un día especial en la Iglesia católica. Cuando mis padres acabaron convirtiéndose y, como joven sacerdote, tuve el privilegio de bautizarlos, confirmarlos y darles la primera comunión, les dije: "¡saben, debieron haberme llamado José!"
Tengo que confesar que, a lo largo de los años, nunca tuve una devoción muy fuerte a San José. Me gustaba la idea de haber nacido en el día de San José y sabía que San José era un santo importante en muchos sentidos, pero mi devoción por él era intermitente, hasta el año pasado.
Cuando estuve de baja médica el año pasado en Phoenix, lidiando con los desafíos de la ansiedad y la depresión, empecé a pensar más y más en San José. Gracias a la generosidad del obispo Thomas Olmsted, obispo de Phoenix, residí en una casa de retiros llamada Mount Claret. La casa de retiros tenía cuatro residencias para sacerdotes jubilados, y me invitaron a alojarme en una de ellas. Justo al lado de mi ventana había una hermosa estatua de San José frente a la residencia de al lado. Cada vez que salía por mi puerta, pasaba por delante de esta estatua de San José. Siempre me detenía un momento a mirar la estatua.
Fue a mediados de marzo del año pasado cuando todo se cerró debido a la pandemia. Los sentimientos de aislamiento y soledad que ya experimentaba sólo empeoraron. Parecía que Dios estaba ausente en mi vida. Este fue probablemente el periodo más oscuro de mi vida.
Por primera vez en mi vida como católico, incluso me costaba rezar. Mis tres anclas eran la Santa Misa, el Rosario y el breviario, y me aferraba a ellas con todas mis fuerzas. Esas tres anclas eran todo lo que podía hacer por medio de la oración. Me aferraba a esas tres anclas con toda la fuerza espiritual que tenía. ¿Dónde estaba Dios en todo esto?
Había una imagen que me ayudaba cuando pasaba por algunos de mis días más difíciles. En el transcurso de un mes, la luna crece y desvanece. Hay algunos días del ciclo lunar en los que es imposible ver la luna a simple vista. Sabemos que está ahí, pero no podemos verla. Lo mismo ocurre con Dios.
Hubo muchos días en los que no pude ver, oír, sentir o percibir la presencia de Dios. Pero de algún modo y manera, sabía que estaba ahí, y que no me había abandonado del todo. Siempre que pensemos que Dios ha desaparecido o nos ha abandonado, pensemos en la luna. Siempre está ahí.
El día de mi cumpleaños, el 19 de marzo del año pasado, fui a ver a mi director espiritual, el Padre Eugene Mary, un joven sacerdote de Phoenix que fue dispensado por el obispo Olmsted para ser ermitaño diocesano. Vive solo en una ermita en Black Canyon, una región montañosa del alto desierto a unos 45 minutos al norte de Phoenix.
Durante esa sesión hablamos de San José, y el Padre Eugene Mary me mostró un nuevo libro, "Consagración a San José: Las maravillas de nuestro Padre Espiritual". Me animó a hacer la consagración de 33 días a San José. Si empezaba la semana siguiente, podría hacer la consagración a San José el 1 de mayo, la fiesta de San José Obrero. Además, a finales de abril iba a hacer un retiro, así que era un buen momento.
Éramos cuatro en el retiro -un diácono transitorio, un sacerdote franciscano y un sacerdote de la Sociedad de la Santísima Trinidad- y, sin saberlo, nos habíamos estado preparando individualmente para hacer la consagración a San José el 1 de mayo. No hace falta decir que la preparación y la consagración a San José nos abrieron un nuevo aprecio por San José.
San José es realmente nuestro padre espiritual. Sus fuertes virtudes masculinas como protector y guía, son un modelo para nosotros los hombres de lo que significa ser un hombre de Dios. Su profunda fe y su confianza en la providencia divina, especialmente cuando el camino que nos espera parece difícil, poco claro y arduo, me proporcionaron esperanza. Reflexioné muchas veces sobre su viaje a Egipto con María y el niño Jesús, y cuánta fe, confianza y dependencia en la providencia de Dios debió de requerir. La virtud de la perseverancia era también un rasgo distintivo de San José, que se manifestó durante el arduo viaje a Belén y la extenuante huida a Egipto.
Aunque se necesitaron muchos meses más de curación antes de que me sintiera lo suficientemente fuerte como para volver a Lincoln y a mis deberes episcopales, San José desempeñó un papel importante en ayudarme a recuperar mi fuerza y mi esperanza. Cuando la salud de mi madre empezó a decaer, recé a San José para que tuviera una muerte feliz, y por su intercesión ella la obtuvo. Pude ungirla y darle el perdón apostólico varias veces antes de que muriera.
En su Carta Apostólica Patris Corde, el Papa Francisco ha proclamado este año como un año especial de San José y ha concedido la Indulgencia Plenaria en días especiales:
"Para reafirmar la universalidad del patronazgo de San José sobre la Iglesia, además de las ocasiones mencionadas, la Penitenciaría Apostólica concede la Indulgencia Plenaria a los fieles que reciten cualquier oración legítimamente aprobada o acto de piedad en honor de San José, especialmente en las ocasiones del 19 de marzo y del 1 de mayo, en la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, en el domingo de San José (según la tradición bizantina), el 19 de cada mes, y cada miércoles, día dedicado a la memoria del Santo, según la tradición latina".
Mi madre falleció el 19 de diciembre.
En esta próxima solemnidad de San José, el 19 de marzo, consagraré la diócesis de Lincoln a San José, mientras celebro la misa de confirmación en la iglesia de San José de Lincoln. San José veló y protegió a Jesús y a la Santísima Virgen María durante su estancia en la tierra. Al consagrar a la diócesis a San José le pedimos que interceda por nosotros y nos proteja en nuestro camino hacia la vida eterna.
El servidor de los servidores de Dios
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Febrero 19, 2021
Por el Obispo James Conley
Fui bendecido al vivir en Roma durante más de una década, primero durante mis estudios de posgrado en Teología Moral como joven sacerdote y más tarde sirviendo como funcionario en la Congregación para los Obispos en la Curia Romana. Quienes han visitado la Ciudad Eterna conocen su gran majestuosidad, con sus iglesias, su arquitectura y su arte, diseñados y elaborados por los mejores arquitectos y artistas del mundo, que se encuentran literalmente en cada esquina de las calles romanas.
Sin embargo, la cumbre del esplendor de Roma es la Basílica de San Pedro, la mayor iglesia del mundo occidental. Construida en estilo renacentista, San Pedro deja boquiabiertos a los peregrinos que la observan por fuera y por dentro. Entre otras muchas obras de arte de valor incalculable que elevan la mente y el corazón hacia Dios, San Pedro alberga la magnífica escultura de Miguel Ángel de la Pietà, que representa a Jesús en brazos de la Santísima Virgen María mientras da su vida por todos nosotros. La extensa columnata que rodea la plaza, diseñada por Gian Lorenzo Bernini, simboliza los brazos acogedores de la Santa Madre Iglesia.
La Basílica de San Pedro recibe mucha atención, y con razón, debido a su esplendor artístico. Por ello, a veces se olvida que la iglesia catedral del Papa como obispo de Roma es en realidad la Basílica de San Juan de Letrán, no la de San Pedro.
San Juan de Letrán, una de las cuatro basílicas mayores, es magnífica por derecho propio. La basílica es conocida por sus hermosos mosaicos y frescos; sus gigantescas estatuas; su magnífica arquitectura barroca y neoclásica.
La basílica de Letrán se llama catedral porque contiene la cátedra del Papa, que puede traducirse como "silla" o "trono". También hay algo llamativo sobre la cátedra del Papa en esta catedral.
La cátedra está situada en el ábside de la basílica bajo una cúpula decorada con hermosos mosaicos y situada a gran distancia entre la cátedra y el altar. La cátedra parece casi solitaria. ¡El Papa haría mucho ejercicio yendo y viniendo de la cátedra durante las liturgias!
Destaco la cátedra del Santo Padre en San Juan de Letrán porque simboliza el oficio del Papa, asiento que actualmente ocupa el Papa Francisco. Es apropiado que la silla esté sola en el ábside de San Juan de Letrán, porque Jesús dio una autoridad única al apóstol Pedro.
Recordemos que Jesús le dice a Pedro: "Por eso te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo" (Mt 16,18-19).
El 22 de febrero celebramos la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Según una antigua tradición, el 22 de febrero fue el día en que Jesús cambió el nombre del apóstol Simón por el de Pedro, y le dio las llaves del Reino de los Cielos.
Cuando celebramos la fiesta de la Cátedra de San Pedro, celebramos la historia del papado: los hombres a los que Cristo ha confiado como vicarios suyos. Rezamos por ellos y les pedimos que recen por nosotros. También celebramos los dones de autoridad e infalibilidad, otorgados al Papa en servicio de la Iglesia. El Papa Francisco es el 265º sucesor de San Pedro.
Celebramos en esta fiesta la seguridad de que nuestra Iglesia está guiada y protegida por el Espíritu Santo. Llamamos al Papa el "Santo Padre", por reverencia y respeto a su cargo, y con razón.
El Santo Padre es un sucesor de San Pedro, una línea que se ha mantenido ininterrumpida durante los 2.000 años de la historia de la Iglesia. Tiene la primacía sobre todos los demás obispos del mundo y trata de unir a la Iglesia universal en todo el mundo.
Jesús ha dado al Papa y a todos los obispos, como sucesores de los apóstoles, la vocación de ejercer el triple oficio de enseñar, santificar y gobernar. Esta vocación es el deber de continuar la misma misión de Jesús a lo largo de todos los tiempos.
Llevar a cabo este triple oficio de Jesús es una autoridad real, pero una autoridad que debe ser aceptada con humildad y celo. No es una autoridad o un poder en el sentido mundano.
La Cátedra de Pedro o la cátedra de un obispo no es para ejercer la propia voluntad sobre nadie. Se trata de llevar las verdades de Jesucristo al mundo; se trata de llevar los misterios salvadores de Jesús a cada alma; se trata de dejar que Cristo reine en todos los corazones humanos.
El oficio de Papa, y el oficio de obispo, es un oficio de servicio. Nuestro Señor mismo dijo a sus discípulos: "Los reyes de las naciones gobiernan con tiranía a sus súbditos, y a los jefes se les da el título de ”benefactores", pero entre vosotros no será así. Más bien, que el mayor entre vosotros sea como el menor, y el jefe como el siervo" (Lc 22,25-26).
Vivimos en un momento de nuestro mundo y de nuestro país en particular donde hay una gran cantidad de conflictos políticos. Esto no debería sorprendernos, ya que puede verse en muchos casos a lo largo de la historia en este mundo caído en el que vivimos. Los cristianos debemos ser una luz en este mundo oscuro y a menudo cruel, buscando el bien común, haciendo nuestra parte en la vocación que se nos ha dado, buscando la solidaridad entre nosotros y protegiendo a los indefensos.
San Gregorio Magno, patrón de nuestro seminario diocesano, describió su ministerio como Papa como servus servorum Dei, "el servidor de los servidores de Dios". Este título se utiliza desde entonces en los documentos papales. Es una hermosa expresión de la subordinación de toda la autoridad papal, una subordinación de servicio a la misión de Cristo.
Mientras celebramos esta próxima Fiesta de la Cátedra de San Pedro, les pido que recen por nuestro Santo Padre, el Papa Francisco. En muchos aspectos tiene el peso del mundo sobre sus hombros. Es el sucesor de Pedro, que fue el primer obispo de Roma. Es el vicario de Cristo en la tierra, y se sienta en este trono, a veces solitario, símbolo de autoridad, pero autoridad destinada al servicio de todos.
Desolación y Consolación
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Por el Obispo James Conley
Diciembre 11, 2020
San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, escribió una gran obra espiritual titulada Ejercicios Espirituales. En los Ejercicios Espirituales, dió 14 reglas para el discernimiento de los espíritus. Para San Ignacio, el objetivo del discernimiento de los espíritus era la identificación de las realidades espirituales que se dan en el alma.
Ignacio sabía por experiencia personal que hay muchas cosas que se mueven en el corazón humano: alegría y tristeza, esperanza y desesperación, miedo y ansiedad. Examinando estas emociones a través del discernimiento, podemos identificar aquellas que son de Dios y aquellas que no lo son. Así, el cristiano sabe qué movimientos del corazón deben ser aceptados y cuáles deben ser rechazados.
Aquellos que descubren el discernimiento de los espíritus en sus vidas espirituales son muy recompensados. Ignacio esencialmente da nombres a las cosas espirituales que están sucediendo en nuestro interior, y eso es liberador.
Entre estas realidades espirituales que él identifica están la consolación y la desolación espiritual. Él describe la consolación como algo que ocurre "cuando se produce algún movimiento interior en el alma, a través del cual el alma llega a inflamarse con el amor de su creador y Señor...."
El Señor nos da la consolación espiritual para que sepamos que Él es para nosotros, que nos ama y que quiere que conozcamos su presencia en nuestras vidas.
Ignacio describe la desolación como lo contrario a la consolación: "oscuridad del alma, perturbación en ella, movimiento hacia las cosas bajas y terrenales, inquietud por las diversas agitaciones y tentaciones, movimiento hacia la falta de confianza, sin esperanza, sin amor, encontrándose totalmente perezoso, tibio, triste y como separado del Creador y Señor de uno."
En este estado, el alma está inquieta. Aquellos en desolación espiritual probablemente encontrarán difícil rezar y realizar sus ejercicios espirituales. Mientras Dios concede el consuelo espiritual, permite la desolación espiritual. Lo permite para que podamos buscarlo en la fidelidad y la constancia.
La quinta regla en el discernimiento de los espíritus de Ignacio es crucial en nuestra salud espiritual general, y merece nuestra reflexión. Él afirma: "en tiempo de desolación nunca hagas un cambio, sino que seas firme y constante en las propuestas y determinación en las que uno estaba en preceder tal desolación...."
Esta regla es un buen consejo práctico, un consejo que podríamos dar a un amigo. Siempre que alguien esté inquieto, le aconsejamos que no tome una decisión importante en la vida. Sabemos el peligro de tomar decisiones mientras se está enfadado, triste o sintiéndose separado de Dios.
Tal vez el Señor nos permita sufrir desolación espiritual para que sigamos acudiendo a la fuente de todas nuestras bendiciones, es decir, a Dios mismo. Incluso en la desolación, nuestros corazones pueden esperar y confiar en Él.
Esta quinta regla de constancia y fidelidad en la oración y devoción al Señor, incluso si estamos desolados, es también un buen consejo para todos nosotros en este momento de frustración e incertidumbre mientras continuamos haciendo frente a la pandemia de COVID-19.
El mundo entero está esperando una vacuna de COVID-19 para acabar con la pandemia. Los últimos informes de noticias nos han dado cierta esperanza de que una vacuna podría estar disponible pronto, pero aún no está aquí.
Ansiamos volver a nuestro modo de vida normal. Necesitamos tener conversaciones reales en persona en lugar de las que se realizan a través de videoconferencia. Necesitamos dejar de vivir con miedo. Necesitamos que los conflictos y tensiones que han surgido entre las personas debido a esta pandemia terminen.
Cuando realmente nos enganchamos y practicamos el discernimiento de espíritus de Ignacio, el Señor nos bendice con una mayor confianza en Él, mientras aprendemos a abandonarnos a su divina providencia. Aprendemos a buscar la serenidad y la paz incluso en medio de los problemas externos del mundo o la desolación interna dentro de nosotros.
No podemos detener personalmente la pandemia. No siempre podemos controlar la agitación dentro de nuestros propios corazones. Sin embargo, podemos vivir en cada momento providencial. Podemos dirigirnos al Señor ahora mismo.
Ahora mismo, el Señor nos da el tiempo litúrgico de Adviento. Al escuchar las profecías de los profetas del Antiguo Testamento en la Misa, tomamos su actitud de expectativa mientras esperan la llegada del Mesías. Nosotros, en cierto sentido, nos ponemos en los zapatos de los antiguos israelitas, nuestros antepasados en la fe. Considere cómo toda sus vidas se orientaron hacia este Mesías largamente esperado. Su propia identidad como pueblo era una de expectativa y esperanza.
Animo a los católicos a descubrir el discernimiento de los espíritus de San Ignacio como un gran tesoro para sus vidas espirituales. Todo el mundo tiene estos sentimientos en el corazón humano: alegría y dolor, esperanza y desesperación, miedo y ansiedad, pero no todo el mundo sabe qué hacer con ellos. Ignacio nos ayuda a reconocer su significado y a poner nuestra confianza y esperanza en el Dios vivo. Traducido con la versión gratuita del Traductor de DeepL.