El verano pasado, el padre Christopher Eckrich y yo tuvimos la oportunidad de visitar Sri Lanka, invitados por Su Eminencia, el cardenal Malcom Ranjith, arzobispo de Colombo. Como muchos de ustedes saben, la diócesis de Lincoln mantiene una larga y cálida amistad con el cardenal Ranjith y la iglesia católica de Sri Lanka. Hace más de diez años, patrocinamos a cuatro seminaristas de la arquidiócesis de Colombo. Estos cuatro “Sri Lincolns”, como los llamamos cariñosamente, son ahora sacerdotes muy activos que desempeñan diversas funciones en toda la arquidiócesis de Colombo como párrocos, profesores y evangelistas en las calles.
Sri Lanka es un país en gran parte budista, con alrededor del 70% de la población profesando el budismo. Las minorías religiosas mayores son los hindúes, con un 12.6%; los musulmanes, con un 9.7%; y los católicos, con un 6.1%. La mayoría de los católicos viven en la parte occidental de Sri Lanka, en Colombo y sus alrededores, y tienen una influencia extraordinaria, tanto política como culturalmente.
En el 2024, le dimos la bienvenida al padre Prageeth Chamara a la diócesis de Lincoln para que prestara servicio durante un período de tres años. Primero trabajó en la Catedral de Cristo Resucitado en Lincoln y, durante los últimos 18 meses, ha sido vicario parroquial en la parroquia de San Miguel en Hastings.
Aunque los medios de comunicación no le dieron mucha cobertura, a finales de noviembre y principios de diciembre del 2025, Sri Lanka sufrió sus peores inundaciones en décadas. El ciclón Ditwah arrasó el país, trayendo consigo lluvias torrenciales que provocaron deslizamientos de tierra y una extensa devastación. Pueblos y parroquias enteros fueron borrados del mapa.
Las inundaciones y los deslizamientos de tierra han afectado a todas las regiones del país. El Gobierno ha declarado que se han producido más de 640 muertes, más de 180 personas siguen desaparecidas y más de 611,530 familias se han visto afectadas en todo el país. Según las cifras del Gobierno, aproximadamente 720,000 edificios fueron destruidos, así como kilómetros de vías férreas, carreteras y puentes.
Creo que vale la pena señalar que este desastre natural se produjo cuando Sri Lanka aún se estaba recuperando del catastrófico tsunami del 2004, una devastadora guerra civil que terminó en el 2009 y una grave crisis económica en el 2022 que obligó al presidente a renunciar. El país también sufrió mucho el domingo de Pascua del 2019, cuando los ataques terroristas en iglesias católicas y hoteles mataron a 269 personas.
Tras el paso del ciclón Ditwah, el cardenal Ranjith se puso en contacto con la diócesis de Lincoln para preguntarnos si podíamos ayudar. Las familias directamente afectadas siguen necesitando alimentos básicos y ropa. Las parroquias de Colombo se han encargado de esta labor de socorro a través de la “Oficina Caritas” de la arquidiócesis de Colombo (equivalente a nuestros Servicios Sociales Católicos).
La labor de auxilio busca fondos para las tareas de rehabilitación en los distritos de Colombo, Gampaha y Kalutara, que incluyen 16 decanatos afectados por las inundaciones. Algunos de los proyectos que ya están en marcha incluyen la limpieza y purificación de la basura contaminada acumulada en las casas, el suministro de utensilios de cocina y cubiertos para uso inmediato por parte de quienes regresan a sus hogares, la reparación de las viviendas dañadas y el lavado de las paredes, y el suministro de instalaciones eléctricas, entre muchos otros proyectos.
Para satisfacer estas necesidades, pediremos a todas las parroquias de la diócesis de Lincoln que realicen una segunda colecta el fin de semana del 21 al 22 de febrero en respuesta a la petición del cardenal Ranjith. Por favor, consideren ayudar a nuestros hermanos y hermanas en Sri Lanka. Estamos trabajando conjuntamente con Catholic Relief Services para garantizar que cada dólar se destine directamente a la arquidiócesis de Colombo y a las víctimas del ciclón Ditwah.
El padre Basil Rohan Fernando, director nacional de las Obras Misionales Pontificias en Colombo, habló con la agencia de noticias Fides sobre la devastación causada por el ciclón Ditwah y el tiempo que tardará la reconstrucción. La comunidad católica de Sri Lanka, dijo, está “comprometida con un único objetivo: sembrar una nueva esperanza. Hemos asumido una responsabilidad especial, es decir, mantener viva la esperanza”.
Cuando visité Sri Lanka el verano pasado, me conmovió la vitalidad y el dinamismo que vi en los sacerdotes y fieles laicos de allí. Por eso – a pesar de la tragedia – me complace anunciar que a principios de marzo llegarán a la diócesis de Lincoln tres sacerdotes más de Sri Lanka, que prestarán servicio durante un período de tres años. He asignado al padre Harold Maximus Rodrigopulle como vicario parroquial de la parroquia de San José en York; al padre Markawitage Malcom Pushpakumar Perera como vicario parroquial de la Catedral de Cristo Resucitado en Lincoln; y al padre Jayakody Arachchige Don Joseph Francis como vicario parroquial de la parroquia de Santa María en Lincoln.
Sé que todos nosotros en la diócesis de Lincoln daremos la bienvenida a estos sacerdotes, estos nuevos “Sri-Lincolns”, a nuestra diócesis. Dejémonos conmover por su espíritu y compartamos también nuestra fe en el Señor con estos nuevos sacerdotes. Asumamos la responsabilidad de ser el rostro de la esperanza para nuestros hermanos y hermanas en Cristo que sufren.
El año pasado fue el Año Jubilar de la Esperanza, pero nuestro llamado a ser peregrinos de la esperanza no ha terminado. El espíritu de esperanza debe perseverar, incluso cuando vemos nuevos desafíos y tragedias. San Pablo nos lo recuerda en las Escrituras (Romanos 12:9-11): “Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando el mal, adhiriéndoos al bien; amándoos de corazón unos a otros con el amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo; diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor; alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración.”