Por el Obispo James Conley
Mayo 28, 2021
Durante las últimas dos semanas, tuve el honor de asistir a las graduaciones de nuestras escuelas secundarias católicas en toda la Diócesis de Lincoln y entregar los diplomas a los graduados. Siempre disfruto asistiendo a estas graduaciones porque es un paso muy importante en la vida de nuestros jóvenes en su salir al mundo.
Aproveché la oportunidad para animar a los nuevos graduados a utilizar los dones que Dios les ha dado para evangelizar un mundo que se ha vuelto tóxico hacia el cristianismo, y a servir como buenos y fieles discípulos de Jesucristo. También les dije que rezaran por la vocación que Dios les ha dado, ya sea al sacerdocio o a la vida religiosa, a la vida matrimonial y familiar, o a alguna vocación única de servicio. Porque al encontrar y vivir sus vocaciones, encontrarán un profundo significado en sus vidas.
Por supuesto, cuando hablamos de una vocación, o llamado, primero recordamos que todos nosotros tenemos la misma vocación fundamental por nuestro bautismo: la santidad. Nuestra vocación individual es el modo en que nos hacemos santos personalmente, viviendo vidas llenas de propósito y significado.
Órdenes Sagradas
Este fin de semana de Memorial Day, celebramos las ordenaciones en la diócesis, una celebración de aquellos que han respondido a la llamada de Dios a las Órdenes Sagradas. Tengo el gran privilegio de ordenar a cinco hombres a la orden sagrada del diaconado, y a dos hombres a la orden sagrada del sacerdocio. Es una gracia y una bendición ordenarlos dentro de esos misterios.
El fin de semana de las ordenaciones es siempre un momento de gran alegría para mí, para la diócesis de Lincoln, para cada uno de ustedes y para la Iglesia universal. Es un signo de gran esperanza. Al celebrar la ordenación de estos hombres que han pasado años en formación intelectual, espiritual, humana y pastoral, nos damos cuenta de que entran en el misterio de las órdenes sagradas, convirtiéndose en diáconos y sacerdotes, y entrando así más profundamente en la vida de servicio a la que el Señor, Jesucristo, les ha llamado.
El sacramento de las Órdenes Sagradas incluye tres órdenes: obispo, sacerdote y diácono. Las órdenes de obispo y sacerdote son dos grados de participación en el sacerdocio ministerial de Jesucristo. El diaconado es una llamada al servicio y a la caridad, junto a las órdenes de obispo y sacerdote.
El obispo recibe la plenitud de las Órdenes Sagradas. Como sucesor de los Apóstoles, su propio ser cambia para llevar a cabo la triple misión de Jesús: enseñar, gobernar y santificar. Reconozco que ésta es mi vocación en la vida, es decir, el plan de Dios para mi vida. Es una lección de humildad poseer tal responsabilidad, y les pido que sigan rezando para que pueda pastorear la diócesis según la voluntad de Dios y con el amor de Cristo.
El trabajo del sacerdote
Los sacerdotes están llamados a entregarse por amor, configurando su vida más estrechamente con Jesucristo. En la administración de los sacramentos, el sacerdote actúa in persona Christi, es decir, en la persona de Cristo mismo, y la labor del sacerdote es aún más poderosa cuando es un hombre conforme al corazón de Jesucristo. Todos los sacerdotes están llamados a proclamar el Evangelio, a enseñar la verdad, a ofrecer la misericordia de Dios mediante los sacramentos de la Iglesia, y estas acciones son aún más eficaces cuando son hombres santos de Dios.
La Diócesis de Lincoln ha sido bendecida con muchos sacerdotes santos y generosos que reflejan el corazón de Jesús. Estoy muy agradecido por su servicio a Dios y al pueblo de la Diócesis de Lincoln.
Seguimos celebrando este "Año de San José" que el Papa Francisco ha proclamado para la Iglesia universal. La vida de San José provee mucha perspectiva para todas nuestras vidas, especialmente en la vida de los sacerdotes.
En su carta apostólica Patris Corde, recordando el 150 aniversario de la declaración de San José como Patrón de la Iglesia Universal, el Santo Padre dice: "Cada uno de nosotros puede descubrir en José -el hombre que pasa desapercibido, una presencia cotidiana, discreta y oculta- un intercesor, un apoyo y una guía en los momentos difíciles. San José nos recuerda que los que aparecen ocultos o en la sombra pueden desempeñar un papel incomparable en la historia de la salvación". Al igual que San José, parte del trabajo que realizan los sacerdotes es visto por los demás, y otra parte es vista sólo por Dios o por unos pocos, pero independientemente de ello, el Señor les recompensará por su generosidad.
La orden del diaconado
En los Hechos de los Apóstoles encontramos un claro testimonio de la realidad del orden del diaconado. Las viudas en la época de la Iglesia primitiva se encontraban a menudo en una situación precaria. No disponían de una herencia ni de otras ayudas económicas tras la muerte de sus maridos, y generalmente no tenían un empleo fuera del hogar. Dependían de sus familiares para su apoyo financiero, y si eso no estaba disponible, dependían de la Iglesia.
En los Hechos de los Apóstoles se dice que las viudas "eran desatendidas en la distribución diaria" (Hechos 6:1), tarea que realizaban los presbíteros (sacerdotes). Esta labor caritativa debía continuar, pero los Apóstoles tampoco querían descuidar la predicación de la Palabra de Dios, tarea fundamental de los sacerdotes. Y así, siete hombres reputados fueron seleccionados para el orden de los diáconos, de la palabra griega diakonos, que significa “siervo".
Primer diácono permanente
En la ordenación de este año ocurrirá algo nuevo y único en la historia de la Diócesis de Lincoln. Entre los cinco hombres que serán ordenados diáconos, el Dr. Matthew Hecker será ordenado como el primer diácono permanente de la diócesis. El Dr. Hecker es esposo, padre y abuelo; es el Jefe Administrativo de las Escuelas Católicas de la Diócesis de Lincoln.
El Dr. Hecker ha estado en formación para el diaconado permanente en un programa a través de la Arquidiócesis de Omaha por cinco años y ha estado discerniendo un llamado al diaconado por más de 20 años. Oyó el llamado al diaconado y, de manera orgánica, me lo hizo saber poco después de mi llegada a Lincoln, y siguió el llamado. El Dr. Hecker servirá como diácono en su parroquia local de San José en Lincoln.
Las ordenaciones de este fin de semana son un recordatorio de que estamos llamados a seguir la vocación a la santidad. Debemos fomentar una cultura que promueva las santas vocaciones al sacerdocio, al diaconado, a la vida religiosa y al matrimonio y la vida familiar. Por favor, únanse a mí en la oración por todos nuestros sacerdotes y diáconos recién ordenados que servirán a la Iglesia en el sur de Nebraska.