Declaración del obispo James D. Conley, obispo de Lincoln, en respuesta a la carta publicada por algunos obispos estadounidenses al presidente de la USCCB, el arzobispo José Gómez, en la que le piden que suspenda el diálogo sobre la coherencia eucarística en la agenda de la reunión de junio de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos:
Si las encuestas son correctas, alrededor del 70% de los católicos no creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Ahora no es el momento de suspender la discusión entre los obispos estadounidenses sobre la cuestión de la coherencia eucarística en nuestra próxima reunión de junio. Me sorprendió y consternó saber que un grupo de mis hermanos obispos escribió recientemente una carta al Arzobispo José Gómez, Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, pidiéndole que retrase la discusión sobre la coherencia eucarística.
No necesitamos menos discusión, sino más discusión sobre el misterio, la belleza y el don de la Sagrada Eucaristía. En nuestra última Asamblea General de noviembre, los obispos estadounidenses votaron decididamente a favor del proceso de preparación de un documento que abordara estas cuestiones. Bajo el liderazgo del Arzobispo Gómez, se puso en marcha el proceso para preparar un borrador sobre este importante tema que sería discutido, debatido y finalmente votado para su aprobación. Me parece que frustrar este proceso sería eludir nuestra responsabilidad como pastores. La reciente carta del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Luis Ladaria Ferrer, no excluye en absoluto una discusión serena y honesta por parte de los obispos estadounidenses sobre el tema de la coherencia eucarística.
De hecho, se trata de una cuestión de unidad y de amor en el Cuerpo de Cristo. La Eucaristía es un signo de unidad, y nos llama a todos a vivir vidas íntegras; vidas en las que nuestra fe y nuestras acciones son consistentes y coherentes. La Eucaristía es también un signo de amor, la misión de amor que compartimos con Jesús para la salvación del mundo. Como dije en mi carta pastoral de 2017 sobre la adoración eucarística, "El Amor Hecho Visible”:
"En la Eucaristía, somos hechos partícipes de la misión de amor de Cristo... Él nos ha dado -a la Iglesia- una misión. Y en el don de la Sagrada Eucaristía, se nos ha dado a sí mismo, para que, al seguirle, nos unamos a su vida, y él pueda ser presente, con nosotros, en todo momento, hasta el fin del mundo."
Por lo tanto, escribo para expresar mi pleno apoyo al Arzobispo José Gómez, y a su plan y dirección para abordar la importante cuestión de la coherencia eucarística.”