El Papa Francisco recordó recientemente al Dicasterio Vaticano para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en su asamblea plenaria, que la renovación continua de la sagrada liturgia es esencial para la nueva evangelización. El Santo Padre dijo que debemos "seguir dejándonos sorprender por lo que sucede en la celebración bajo nuestros propios ojos" cada vez que nos reunimos para ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa.

Al comenzar este santo tiempo de Cuaresma que marca el punto medio de nuestro Avivamiento Eucarístico de tres años, me gustaría invitarnos a todos a profundizar en el misterio de la "Palabra hecha carne" durante estos días de gracia de la Cuaresma. De hecho, deberíamos preguntarnos sinceramente: "¿Nos dejamos asombrar?" cuando nos encontramos con nuestro Señor Eucarístico en la celebración de la liturgia.

Cuando viajo por la diócesis católica de Lincoln para las confirmaciones y otras celebraciones litúrgicas en nuestras parroquias, no deja de impresionarme y edificarme la sencilla pero profunda fe eucarística de nuestra gente. Lo comprobé recientemente durante mis visitas a las escuelas con motivo de la Semana de las Escuelas Católicas, a finales de enero.

Para la Semana de las Escuelas Católicas, tuve el privilegio de dirigir procesiones eucarísticas en tres de nuestras escuelas católicas primarias y secundarias. Mientras los alumnos recorrían los pasillos de las escuelas y se arrodillaban ante sus casilleros en adoración, yo llevaba el Santísimo Sacramento en la custodia por toda la escuela. Pude ver en sus rostros los ojos de fe y sí, incluso la mirada de asombro mientras llevaba a nuestro Señor Eucarístico delante de ellos.

Para algunos era, quizás, la primera vez que vivían una procesión eucarística en un encuentro tan cercano. Como expliqué en mi homilía durante la misa, al participar en una procesión eucarística estábamos reclamando nuestra escuela para Cristo. Le decíamos a Jesús: "Este es tu colegio, Señor, y queremos que tú reines en todas las aulas, en todos los rincones y en todos los cursos que hacemos, no sólo en la clase de religión, sino en toda la escuela. Tú estás presente en nuestras clases de ciencia y en los laboratorios, en los salones de arte y en la cafetería, y en el gimnasio y en los campos de atletismo. Esta es tu escuela, Señor".

Como tantas veces decimos, con palabras del Concilio Vaticano II, que la Sagrada Eucaristía es "fuente y culmen" de la vida cristiana, también podemos decir con confianza y convicción que la Eucaristía es "fuente y culmen" de la educación católica. El Señor Eucarístico es el signo de unidad y comunión para todo lo que hacemos en nuestras escuelas católicas.

En una columna reciente en "The Catholic Thing” (“La Cosa Católica”), David G. Bonagura, autor y profesor adjunto del Seminario de San José de Nueva York, escribió que "cada escuela católica, cada materia, cada actividad extraescolar existe para formar las mentes y los caracteres de los alumnos de acuerdo con el corazón de Cristo, para que puedan vivir en unión con Él en esta vida y en la siguiente. Los alumnos de las escuelas católicas, por tanto, deben estar inmersos en la Eucaristía para que puedan ver, gustar y ser transformados por Cristo, presente pero oculto bajo los velos del pan y del vino."

Creemos que la educación católica es mucho más que un proceso de transferencia de información; debe ser una experiencia de transformación del alumno -cuerpo, mente y espíritu- para Cristo. Si la educación fuera simplemente una cuestión de transferir información de una fuente a otra, un robot o un computador podrían hacerlo. Las escuelas católicas se dedican a la transformación personal, a la transformación de los corazones, las mentes y las almas, y, por tanto, a la transformación de la cultura.

El Dr. Bonagura continúa escribiendo: "Podemos llamar con razón a la Eucaristía, por tanto, la cumbre y la fuente de la educación católica. Es la meta a la que las escuelas conducen a sus alumnos, y proporciona la gracia para que administradores, profesores y alumnos realicen sus vocaciones. La misión de la escuela católica incluye desarrollar en los alumnos la comprensión y el amor a la Eucaristía. Al mismo tiempo, una escuela que sitúa la Eucaristía en el centro de su vida se fortalece contra las constantes presiones para conformarse a las exigencias del mundo -y del gobierno-."

Un proyecto emocionante en el que estoy involucrado es servir en un Comité Diocesano de Revisión de Currículo, donde estamos viendo el currículo de nuestras seis escuelas secundarias, para asegurarnos de que Cristo está en el centro de todas las materias que se enseñan en nuestras escuelas secundarias, que estén alineadas históricamente, y plenamente integradas en una visión católica del mundo. El comité está formado por profesores y administradores de las seis escuelas secundarias, así como por miembros de la Oficina Diocesana de Educación.

Como escribió San John Henry Newman en su obra maestra sobre la educación, "La Idea de una Universidad", una buena educación católica preparará a un estudiante para una vida con sentido y propósito, poseyendo una visión clara y confiada de toda la realidad, y capaz de "ocupar cualquier puesto con crédito, y dominar cualquier materia con facilidad." La educación católica tiene que ver con la formación, además que con la instrucción, y es un medio para preparar a los estudiantes no sólo para carreras exitosas, sino para vidas felices, santas y exitosas.

El gran autor católico de El Señor de los Anillos, J.R.R. Tolkien, formado en Oxford y considerado uno de los más grandes pensadores y escritores del siglo XX, creía que la Sagrada Eucaristía era el centro de todo aprendizaje. Tolkien comulgaba a diario y sabía que comenzar cada día con la Santa Comunión marcaría la pauta de lo que sucedería el resto de la jornada. La Eucaristía era su "estrella polar", el principio organizador de toda su vida. Y es desde esta perspectiva, que pudo escribir estas notables palabras en una carta a su hijo:

"De las tinieblas de mi vida, tan frustrada, pongo ante ti la única gran cosa que hay que amar en la tierra: el Santísimo Sacramento . . . Allí encontrarás romance, gloria, honor, fidelidad, y el verdadero camino de todos tus amores en la tierra, y más que eso: La muerte: por divina paradoja, la que pone fin a la vida y exige la entrega de todo, y, sin embargo, por el sabor -o el anticipo- de la única que puede mantener lo que buscas en tus relaciones terrenales (el amor, la fidelidad, la alegría), o tomar esa complexión de realidad, de perduración eterna, que el corazón de todo hombre desea."