Mayo es el mes de la concientización sobre la salud mental, y se nos recuerda que casi 60 millones de estadounidenses viven con problemas de salud mental — yo incluido. Demasiadas de esas personas no buscarán tratamiento, algunas porque carecen de recursos económicos o no tienen acceso a los recursos que necesitan, pero otras debido al estigma que aún existe en torno a las enfermedades mentales.
Como saben, he compartido abiertamente mis propias luchas con mi salud mental con la esperanza de reducir ese estigma, y estoy muy agradecido por las oportunidades que el Señor me ha brindado para crear conciencia, y espero que compasión, sobre esta terrible epidemia.
Este mes también marca el primer aniversario de “Un Futuro con Esperanza”, mi carta pastoral en la que escribí sobre mis luchas con la salud mental. Agradezco estar en una situación mucho mejor que cuando tomé una licencia médica en el 2019 y 2020, pero eso no significa que tenga todo resuelto. De hecho, recientemente pasé por un momento difícil en el que reaparecieron la ansiedad y la depresión. Gracias a Dios, estoy saliendo de ello con la ayuda de mi terapeuta, mis amigos, la oración y la vuelta a una dosis ligera de medicación. Curiosamente, experimenté un gran aliento en la fiesta de la Anunciación, el 25 de marzo, cuando renové mi consagración total a María.
Y así se me ha recordado la delicada interacción entre nuestra vida espiritual y nuestra vida psicológica y emocional. Aunque no podemos salir de las luchas de salud mental solo con la oración, es esencial que nos aferremos a la oración y a los sacramentos cuando atravesamos un desafío de salud mental. La santidad y la integridad tienen sus propios ámbitos, pero se complementan maravillosamente, ya que al fin y al cabo ambas provienen de Dios. Me he dado cuenta de que hay una delgada línea entre lo espiritual y lo psicológico/emocional.
Si aún no han tenido la oportunidad de leer mi carta pastoral, los animo a que lo hagan. Incluye una sección completa con recursos recomendados para ayudarles en su proceso de sanación. Mientras tanto, yo he vuelto a lo básico para mejorar mi salud mental, ya que es necesario que tomemos esas medidas a conciencia en este mundo estresante y lleno de distracciones en el que vivimos.
La oración, por supuesto, sigue siendo mi prioridad número uno — tiene que ser inquebrantable, sobre todo cuando es difícil. También he descubierto que salir al aire libre y estar en contacto con la naturaleza es absolutamente fundamental. Me he comprometido a dar dos caminatas al aire libre al día, así solo tenga tiempo para dar una vuelta por el barrio. El aire fresco, la belleza de la naturaleza, el sol, el viento y el cielo contribuyen a mejorar nuestro estado de ánimo y nuestra salud mental. Dar una caminata temprano por la mañana, tan pronto como sale el sol, puede ser muy saludable. Hace poco escuché un podcast que explicaba cómo los rayos UV pueden suprimir la melatonina, lo que permite eliminar el sueño y estimular la serotonina y la dopamina, que tienen el efecto de levantar el ánimo.
El podcaster recomendaba «sol antes que pantallas» en la mañana. En otras palabras, antes de mirar el teléfono o encender la computadora, salgan a dar una caminata para empezar el día. Aunque solo sea dar una vuelta a la manzana, hay algo en estar en contacto con la naturaleza y prestar atención a la belleza que nos rodea que es curativo para el alma. El invierno pasado lo hizo difícil con todo el frío y las tormentas. Estoy agradecido por mi perra Stella, que me saca a la calle incluso cuando no tengo ganas.
Un enfoque en dormir bien y comer sano — lo que incluye beber suficiente agua — también es clave para cuidar la salud mental. Por último, he descubierto que disfrutar de las obras creativas de otras personas tiene un efecto calmante en mi alma. Escuchar música siempre me anima, y es increíble lo que una buena novela o un hermoso poema pueden hacer cuando la vida se vuelve pesada. Por supuesto, no sigo a la perfección estos principios básicos, pero intento recordarme a mí mismo que no debo dejar que lo perfecto se convierta en el enemigo de lo bueno. Hay días en los que solo consigo cumplir algunos de estos principios básicos, y eso está bien, siempre y cuando eso no se convierta en mi nueva normalidad.
Recientemente leí un libro titulado “El Último Niño en el Bosque: Salvando a Nuestros Niños del Síndrome de Carencia de Naturaleza” (Last Child in the Woods: Saving Our Children from Nature-Deficit Disorder), escrito por Richard Louv, un autor exitoso que inspiró un movimiento internacional para conectar a los niños con la naturaleza. Este es el primer libro que reúne una nueva y creciente cantidad de estudios que indican que la exposición directa a la naturaleza es esencial para el desarrollo saludable de la infancia y para la salud física y emocional de niños y adultos. Más que limitarse a alarmar, Louv ofrece soluciones prácticas y formas sencillas de sanar el vínculo roto — muchas de las cuales se encuentran en nuestro propio patio trasero.
La comunidad también es fundamental. Todos estamos luchando una gran batalla en este mundo y lidiamos con algo, aunque esa lucha no siempre sea visible, por lo que debemos ofrecer comunidad a los demás al tiempo que la recibimos de ellos. Nadie debería tener que luchar solo, y sé cuánto dolor causa esto a quienes se sienten desconectados y aislados. Gracias a Dios, todos podemos dar pasos para construir una comunidad mostrándonos vulnerables de maneras saludables.
Recuerdo esto cuando medito sobre la pintura de Caravaggio de Tomás el incrédulo que tengo en mi capilla. La forma en que el artista ha representado la escena es casi como si nuestro Señor estuviera forzando la mano de Tomás para que tocara su costado. Parece que, aunque Tomás sentía curiosidad por saber si el Señor había resucitado realmente, dudaba en tocar las heridas del Señor. Mirar esta imagen me recuerda que Jesús quiere que sea vulnerable y que me ayudará cuando sea tímido o tenga miedo — “por sus llagas hemos sido curados” (Is 53, 5).
La pintura también habla de las cosas increíbles que pueden suceder cuando somos vulnerables, porque cuando Tomás toca las heridas de Jesús, reconoce y proclama a Jesús como Señor y Dios. Me han conmovido profundamente quienes han leído mi carta pastoral, tanto en este país como en el extranjero, y me han contactado. Esto solo ha sido posible porque las personas que me rodean me animaron a ser abierto y vulnerable acerca de mis luchas. Muy a menudo, cuando estamos dispuestos a mostrarnos vulnerables y a dejar que los demás sepan lo que nos pasa, recibimos un gran apoyo, y eso suele crear o fortalecer la comunidad.
De lo que siempre podemos estar seguros — sin importar lo que esté pasando en nuestras vidas — es que no estamos solos. ¡No estás solo! Dios conoce íntimamente su sufrimiento y quiere acompañarlos en ello.