A medida que el sol veraniego comienza a calentar nuestros días y el calendario se relaja un poco de su ritmo frenético, muchos de nosotros empezamos naturalmente a buscar oportunidades para descansar, viajar y reconectar con la familia y los amigos. El verano ofrece una temporada de refresco y renovación. Las vacaciones y las parrilladas nutren nuestro cuerpo y nuestras relaciones, pero también es el momento perfecto para nutrir nuestra alma.
El verano puede ser una época ideal para la renovación espiritual. A medida que se baja el ritmo y aumenta el tiempo libre, estos meses de verano pueden ser una temporada ideal para dar un paso atrás, reflexionar y volver a centrar nuestras vidas en Cristo. En la diócesis de Lincoln, este verano también nos brinda una oportunidad única para entrar más profundamente en El Año del Jubileo de la Esperanza — un año designado para redescubrir la belleza de nuestra fe, el poder de las promesas de Dios y la alegría que viene del caminar con esperanza.
Con nueve lugares de peregrinaje que ofrecen la posibilidad de obtener una indulgencia y la oportunidad de participar en el proyecto “Un Libro + Una Diócesis” (“One Book + One Diocese”) (léa en inglés “Fire and Light: Learning to Receive the Gift of God” o “Fuego y Luz: Aprendiendo a Recibir el Don de Dios” y únase a la discusión el 26 de agosto), hay muchas maneras de aprovechar intencionalmente el año del jubileo este verano. Visite nuestro sitio web (lincolndiocese.org/jubilee) para obtener más información. (Nota del editor: estas opciones solo están disponibles en inglés)
Un verano de fortalecimiento: no tomen vacaciones de la misa
A medida que nuestros planes de verano se llenan de viajes, eventos deportivos y momentos de relajación, puede ser una tentación dejar que la misa dominical pase a un segundo plano. Pero no hay mejor manera de afianzar el verano que santificar el día del Señor.
La Eucaristía no es una obligación que tachamos de nuestra lista — es la fuente y la cumbre de nuestra fe, nuestro cordón umbilical que nos conecta con Dios. Es donde encontramos y recibimos al Cristo vivo, quien comparte Su vida divina con nosotros, refresca nuestros espíritus cansados y nos fortalece para el camino que tenemos por delante. Cuando elegimos asistir a misa, incluso cuando estamos de viaje, proclamamos que Dios está al centro de nuestras vidas.
Esto es especialmente vital en una cultura que a menudo desconecta el tiempo libre y el Señor. El verdadero descanso no se encuentra en el entretenimiento distrayente, sino en la comunión con Aquel que nos creó. Por lo tanto, ya sea que estés en casa, en el lago o de viaje, hagan que la misa dominical sea una parte inquebrantable de sus planes de verano. Que sea su acto semanal de agradecimiento a Dios por todas las bendiciones que disfrutarán este verano.
Puede encontrar los horarios de misa de nuestras parroquias diocesanas en www.lincolndiocese.org/directory/parishes (Nota del editor: Las misas en español y latín se encuentran en es.lincolndiocese.org)
Un verano de esperanza: entrando en el jubileo
El Papa Francisco inauguró nuestro actual Año del Jubileo en 2025 — un año especial de gracia y renovación para todo el mundo — con el lema “Peregrinos de la Esperanza”.
La esperanza, una de las tres virtudes teologales, es más que simple optimismo. Es el deseo de estar con Dios eternamente y la firme confianza en que, sin importar las pruebas que enfrentemos, Dios nos ayudará a perseverar porque Él es fiel a sus promesas. Como explica bellamente el Catecismo: “La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad” (CIC 1818).
Este verano, durante este año del Jubileo, todos estamos invitados a meditar sobre esta virtud. Al ver el nuevo crecimiento en la creación, también podemos pedirle a Dios que aumente la virtud de la esperanza en nosotros y que cooperemos con Él para cultivar la esperanza en nuestros corazones. El Señor nos invita a cada uno de nosotros a vivir con la confianza de que Él está obrando todas las cosas para nuestro bien.
En los nueve lugares de peregrinación del Año Santo en toda la diócesis, ustedes están invitados a orar, reflexionar y recibir gracias especiales a través de una indulgencia plenaria. Estas oportunidades de peregrinaje son recordatorios tangibles de que nuestra fe es un viaje — un camino hacia Dios, que es nuestra felicidad eterna. Pueden ver una lista completa de los lugares de peregrinación y aprender cómo hacer una peregrinación del Año Santo en el sitio web de nuestra diócesis (lincolndiocese.org/jubilee).
Los animo a que consideren incluir un peregrinaje en sus planes de verano. Ya sea como un retiro personal o un viaje familiar por carretera, un peregrinaje puede ser un poderoso acto de fe y una fuente de renovación espiritual. Estas iglesias de toda la diócesis son puertas hacia la esperanza, que los invitan a confiar nuevamente en la misericordia y la providencia de Dios.
Un verano de gracia: prueben algo nuevo
Más allá de los peregrinajes y la misa semanal, el verano también ofrece un ritmo más lento que puede abrir la puerta a una oración más profunda, al estudio y a los actos de servicio. Consideren comprometerse con alguna de las siguientes:
- Oración diaria al aire libre, entre 10 y 15 minutos cada día, dando una caminata para elevar sus corazones a Dios y disfrutar de Su hermosa creación.
- Leer un libro clásico espiritual, como «Introducción a la Vida Devota» o «La Verdadera Devoción a María».
- Hacer voluntariado en familia, por ejemplo, en una recogida de alimentos de sus parroquias o en una iniciativa local.
- Rezar el rosario semanalmente en familia, o quizá con amigos o vecinos.
- Ir a confesarse.
Estos sencillos pasos pueden transformar la forma en que vivimos el verano, no como un descanso de nuestra fe, sino como una forma de profundizar en ella.
Un verano de invitación: sean valientes
Por último, el verano es una estación de encuentros. Vemos a viejos amigos en reuniones, conectamos con vecinos en parrilladas y damos la bienvenida a los visitantes en nuestras comunidades. Es el momento perfecto para salir de nuestra comodidad y extender una invitación: inviten a alguien a acompañarlos a misa; lleven a un amigo a un peregrinaje; compartan su historia de esperanza — cómo Dios ha obrado en sus vidas y por qué siguen confiando en Él.
El mundo necesita desesperadamente la esperanza que tenemos en Cristo. No la guardemos para nosotros, especialmente en este año del Jubileo de la Esperanza.