Hay una ola de renovación en la educación católica que está sacudiendo a la Iglesia en Estados Unidos. La Santa Madre Iglesia siempre ha sido la gran maestra de las culturas y civilizaciones durante dos milenios. Su éxito no se basa solo en la historia de su labor, sino también en el enfoque de esa labor. La Iglesia ha conservado el aprendizaje clásico a lo largo de siglos de trastornos, transformando la forma en que aprendemos hasta el día de hoy.
No se puede enseñar a los seres humanos sin una comprensión profunda de su naturaleza y su propósito, es decir, sin una verdadera antropología cristiana. Desde Agustín hasta Newman y más allá, la Iglesia le ha recordado constantemente al mundo que la educación tiene como objetivo el pleno desarrollo del ser humano, que culmina en la visión sobrenatural de Dios, nuestro fin y meta última.
Hace poco, obispos, superintendentes, intelectuales y profesores de varias universidades, líderes educativos y otras personas se reunieron durante dos días de diálogo en el Christendom College, en Virginia. El resultado de esas conversaciones fue la Declaración de Front Royal, una lista de siete principios fundamentales para la educación primaria y secundaria católica. El grupo cree que ahora es el momento de actuar, el momento de “revisar el plan de estudios, la pedagogía y la cultura de nuestras escuelas (católicas)”. Tuve el honor de escribir la introducción a la Declaración de Front Royal.
No voy a entrar en detalles sobre los principios aquí, ya que pueden encontrar la declaración completa en línea y los invito a que la lean, pero los principios incluyen, entre otras cosas, un enfoque en la dignidad de la persona, los derechos de los padres y los deberes del estado, las responsabilidades de los obispos, sacerdotes, maestros y líderes, el plan de estudios y la transmisión de una “cultura católica viva”.
En las escuelas de nuestra Diócesis de Lincoln también estamos pasando por nuestro propio proceso de renovación. Después de varios años de estudio y reflexión, el año pasado empezamos a alinear todos nuestros planes de estudio de teología para los cursos de preparatoria. El proceso comenzó con los cursos de primer año y este año seguirá con los de segundo año. Los cambios en los estudios de tercer y cuarto año se implementarán en los años siguientes.
Es un proyecto enorme, pero creemos que es necesario. El plan de estudios actual se creó en 2002, y aunque la verdad no pasa de moda, sabemos que este es un momento de renovación en la educación católica, no solo en nuestra diócesis, sino en todo el país. La teología puede ser el punto de partida para esa renovación, ya que debería influir en todo lo que enseñamos y en los valores que les transmitimos a nuestros estudiantes.
Como dije cuando presentamos el nuevo plan de estudios, nuestro objetivo es una transformación que empieza con el asombro. Tenemos la misión de inspirar y mantener ese asombro. Debemos acompañar a nuestros estudiantes y ayudarlos a descubrir la maravilla de Dios, no solo en la teología o en el salón de clases, sino también en el teatro, en el salón de música, en el campo deportivo y al interactuar con la comunidad en general. Dios es la causa de todo, ¡así que debemos incluirlo en todo!
También estamos cambiando la forma en que evaluamos el progreso de nuestros estudiantes en nuestras escuelas. Antes, usábamos la Prueba de Habilidades Básicas de Iowa (ITBS) para medir qué tan bien estaban aprendiendo nuestros estudiantes lo que les enseñábamos. Ahora vamos a usar la Prueba de Aprendizaje Clásico (CLT) para evaluar el rendimiento académico.
El CLT es un examen basado en estándares que evalúa habilidades académicas clave y fomenta el pensamiento crítico y lógico. Se aplicará a los estudiantes de 3º a 12º grado y creemos que nos dará un análisis más detallado de la educación que están recibiendo nuestros estudiantes.
Cuando se trata de educar a nuestros hijos, tenemos que hacerlo bien. Los papás siempre serán los primeros y principales educadores de sus hijos, pero nuestras escuelas deben colaborar con los papás para ayudar a que los estudiantes alcancen todo su potencial académico.
La educación es uno de los cuatro pilares que presentamos en nuestro plan pastoral Un Solo Corazón en Cristo, que guiará las prioridades de la diócesis durante los próximos cinco años. Queremos “educar para inspirar, fomentar la virtud, el servicio y el deseo de conocer a Jesús”.
La diócesis tiene cuatro objetivos específicos que nos propondremos alcanzar para hacer realidad nuestra visión educativa. Queremos fortalecer la formación en la fe, el discipulado y la participación de los papás y las familias a través de oportunidades educativas que fomenten la santidad y un sentido de pertenencia y misión. Una vez más, empezamos con Dios en todo lo que hacemos, especialmente la educación.
También queremos revitalizar la formación intelectual y en la fe de los jóvenes en todos los programas (CCD, educación en casa, pastoral juvenil, escuelas católicas) para formar discípulos misioneros de por vida. La cultura ha cambiado; tenemos que asegurarnos de que las estrategias y herramientas que usamos para formar a nuestros jóvenes se adapten a su realidad y los ayuden a llegar a donde todos queremos que estén.
Nuestras escuelas católicas son líderes en este campo. Son nuestra esperanza para el futuro. Por eso, otro de nuestros objetivos es conseguir los recursos necesarios para lograr una matrícula óptima en nuestras escuelas católicas y expandirnos según sea necesario. Apoyar a nuestras escuelas católicas es muy importante: tenemos salones con pupitres vacíos, y necesitamos que todos los papás consideren seriamente matricular a sus hijos en nuestras escuelas para que este entorno de aprendizaje tan necesario prospere y crezca en el futuro.
También nos comprometemos a dar prioridad a la educación, la capacitación y la formación continua de los sacerdotes, los administradores laicos, los maestros y el personal de apoyo. Todas estas personas hacen sacrificios personales para ofrecer la excelencia educativa que vemos a diario en nuestras escuelas católicas. Queremos hacer todo lo que podamos para ayudarlos a sobresalir profesionalmente. Cuando nuestros líderes educativos den lo mejor de sí, nuestros niños también lo darán.
La renovación de la educación católica está en marcha a nivel nacional y nosotros, en la Diócesis de Lincoln, formamos parte de esa renovación. Como escribí en mi carta pastoral de 2024 “La Alegría y la Maravilla de la Educación Católica”, “nuestra misión educativa empieza y termina con el potencial de santidad de los estudiantes”. Cada estudiante, y de hecho cada ser humano, está hecho para llegar a ser un santo. Es un privilegio para nosotros asegurarnos de que estamos haciendo todo lo posible para que eso suceda en nuestras escuelas católicas.