Han pasado casi dos meses desde la conclusión del Congreso Eucarístico Nacional en Indianápolis. Se reunieron más de 50,000 católicos de todos los Estados Unidos, y cientos de miles -quizás millones- más se unieron a través de la Red de Televisión del Verbo Eterno (EWTN) y por el Internet. Fue realmente un momento católico extraordinario en la historia de nuestro país.
Tampoco podemos olvidar que el Congreso Eucarístico Nacional fue precedido por una Peregrinación Eucarística Nacional a través del país, de tres meses de duración y 6,000 millas de largo, en la que las cuatro rutas se encontraron en Indianápolis el día antes de que comenzara el Congreso. Una de esas rutas -la ruta occidental conocida como la ruta de San Junípero Serra- atravesó Nebraska, cruzando las tres diócesis de nuestro estado. Una vez más, este tipo de acontecimientos son históricos y no ocurren todos los días.
Si bien es cierto y no es sorprendente que estos eventos no fueron cubiertos por ninguna de las principales redes de televisión secular o medios de comunicación, no obstante, fue un evento sin precedentes y estoy absolutamente convencido de que seguirá dando sus frutos en las próximas décadas. Dios honrará la manifestación pública de fe, amor, devoción, alegría y reverencia a Su Hijo Jesús, en la Sagrada Eucaristía.
En su homilía para la conclusión del Congreso Eucarístico Nacional en Indianápolis el 17 de julio, el Cardenal Luis Antonio Tagle, pro-prefecto para la sección de evangelización del Dicasterio para la Evangelización en el Vaticano, recordó a todos que la conclusión del Congreso Eucarístico Nacional es realmente un comienzo. Comienza el tercer año del Reavivamiento Eucarístico Nacional, el año de la “misión”.
El cardenal comenzó su homilía diciendo: «Jesús es enviado para ser entregado por el Padre a los demás, enviado para ser un don. No es enviado sólo para pasearse y divertirse. Es enviado para ser dado». En otras palabras, Jesús cumple su misión del Padre de salvar al mundo del pecado dando Su vida en la cruz, mientras que, al mismo tiempo, se entrega al mundo en la Sagrada Eucaristía, para poder permanecer con nosotros en la tierra hasta el fin del mundo. Pero permanece con nosotros, para ser entregado.
El Cardenal Tagle continuó, “la presencia de Jesús en la Eucaristía es un don y el cumplimiento de Su misión”. De modo que en el don de Jesús en la Eucaristía se encuentran Su misión y Su don. Y luego dice a Sus apóstoles: “Ahora vayan y hagan esto en memoria mía. Vayan hasta los confines de la tierra y den este don a los demás, como Yo les he dado este don a ustedes”.
“La presencia de Jesús en la Eucaristía es un don y el cumplimiento de Su misión. Este es mi cuerpo por ustedes, mi sangre por ustedes. Siempre para ustedes, para todos. Nunca para mí, para ti, para todos. En Jesús, se encuentran la misión y el don del sí mismo, la Eucaristía es un momento privilegiado para experimentar la misión de Jesús como don de Sí mismo”.
¿ Sabían que la palabra Misa procede del latín Missa? De ahí viene la palabra misión. “Ite Missa est”, (la Misa ha terminado), ahora vayan en paz. Salgan al mundo y conviértanse en discípulos misioneros.
Pero, ¿cómo lo hacemos de forma práctica? ¿Cómo compartimos el don amoroso de la Eucaristía? ¿Cómo lo compartimos con los que se han alejado de la vida sacramental de la Iglesia, o con los que no son católicos en absoluto?
En primer lugar, debemos amarlos. Debemos demostrarles que nos importan. Debemos tratarlos con dignidad y respeto. Debemos escucharlos y ser auténticos, transparentes, confiados y vulnerables. Esta es la única manera de ganar corazones y mentes. Si no construimos primero la confianza y la autenticidad, la gente no nos creerá de verdad.
La buena noticia es que todos podemos hacerlo. No es difícil. Todos estamos bien equipados para esta misión. Todos podemos hacerlo, y he aquí cómo: el Avivamiento Eucarístico Nacional nos llama a “Caminar con Alguien”.
¿Qué significa eso? Ahora mismo, hay alguien en sus vidas a quien Jesús anhela llamar a Sí. ¿Quién es esa persona? ¿Quién es esa persona que conoces que sería mucho más feliz y estaría más contenta en la vida si conociera y amara a Jesús en la Eucaristía?
En la página web del Avivamiento Eucarístico, hay una sencilla guía llamada “Caminar con Alguien” que presenta un proceso de cuatro pasos que cualquiera puede hacer. Obviamente, no todo el mundo está llamado a difundir el Evangelio en tierras extranjeras, o incluso a ir de puerta en puerta en su propia comunidad. Pero creo que el Señor nos está pidiendo a cada uno de nosotros que salgamos de nuestra zona de confort y evangelicemos individualmente. ¿Quién es esa persona para ustedes? ¿Quién es esa persona con la que se verían caminando en los próximos seis meses, año o más?
Vayan al sitio web del Avivamiento Eucarístico y descarguen la “Guía sencilla”. Se sorprenderán de lo fácil que es. Son sólo cuatro pasos: identificar, interceder, conectar, invitar. Eso es.
Aquí están, en resumen:
1) Identifica: pregunten a Dios en oración, ¿quién es esa persona con la que quieres que camine?
2) Intercede: tan pronto como sepan quién es, recen como locos por esa persona.
3) Conecta: busquen maneras de caminar, salir, tomar un café con esa persona - y luego escuchen a esa persona. Dejen que esa persona les cuente sus alegrías, esperanzas y luchas, y compartan también las suyas.
4) Invita: sigan los impulsos del Espíritu Santo e inviten a la persona a algo católico (adoración, estudio bíblico, misa, confesión, una plática, rezar el rosario, escuchar un podcast, leer un libro o ver una película impactante, etc.) Luego hablen de ello.
Si ya han recorrido ese camino «caminando con alguien» y necesitan dar el siguiente paso, la mayoría de las parroquias están empezando sus clases de OCIA (Orden de Iniciación Cristiana para Adultos); inviten a esa persona a asistir y acompáñenla. También pueden ir sin ella, para comprender mejor la fe.
Sabemos que se nos ha concedido un don asombroso en la Sagrada Eucaristía. ¿Nos dejamos asombrar por un don tan maravilloso? Todos -incluido yo mismo- necesitamos rezar para que aumente nuestro asombro eucarístico. Cada vez que recibimos un don verdaderamente maravilloso, naturalmente queremos compartirlo con los demás. Queremos contárselo a los demás. Queremos que ellos también lo disfruten.
Señor, aumenta nuestra gratitud por el don de tu Hijo en la Sagrada Eucaristía. Ayúdanos a encontrar la manera de compartir este don maravilloso con los demás. Danos el valor y la confianza para ser audaces pero alegres. Y danos la gracia de comprometernos a “Caminar con Alguien”.