El 3 de septiembre del año pasado, en la fiesta de San Gregorio Magno, publiqué una carta pastoral sobre la educación católica titulada: “La Alegría y el Asombro de la Educación Católica: Desarrollando Escuelas Auténticamente Católicas”. Comencé la carta pastoral con una famosa cita de San Ireneo, obispo y doctor de la Iglesia del siglo II. Ireneo escribió una vez que “la gloria de Dios es el hombre plenamente vivo”.
La misión de la educación católica es ayudar a moldear y formar al estudiante para que pueda alcanzar la meta de ser “plenamente vivo”. La educación es el proceso de moldearnos y formarnos para cumplir el propósito para el que fuimos creados; conocer la felicidad que proviene de vivir de acuerdo con nuestra dignidad y nuestra naturaleza, para que podamos vivir eternamente en el cielo con Dios.
El verbo educare en latín significa “criar”, “entrenar” o “moldear”. Es una de las dos raíces latinas de la palabra “educación”, siendo la otra educere, que significa “sacar” o “extraer”. La noble misión de un maestro es ayudar a moldear, formar y forjar el alma de sus alumnos. Como escribí en mi carta pastoral del año pasado, la educación “es la labor de extraer, desarrollar y aprender a utilizar nuestro intelecto, nuestra memoria, nuestra voluntad y nuestra imaginación al máximo de su potencial. Dado que la educación es la formación del corazón, la mente y la voluntad humanos para la gloria de su Creador, siempre ha sido una prioridad dentro del catolicismo”.
La educación católica también ha sido una prioridad de la diócesis de Lincoln durante más de 160 años, desde que se construyó la primera escuela católica de Nebraska, San Benito, en Nebraska City en 1861. Contamos con un largo y glorioso legado de maestros que han enseñado en nuestras escuelas católicas, comenzando, en primer lugar, por las numerosas hermanas religiosas sobre cuyos hombros no solo se fundaron las escuelas diocesanas de Lincoln, sino que se construyó todo el sistema escolar católico de los Estados Unidos.
El pasado domingo en la noche pudimos homenajear a cinco destacados educadores diocesanos en nuestra “Cena de Santos y Académicos”. Estos cinco notables educadores han dedicado sus vidas a formar corazones y mentes en el amor de Cristo. El lunes celebramos nuestro “Instituto Diocesano de Maestros” anual en la escuela secundaria Pío X de Lincoln, donde los 600 maestros y administradores diocesanos pasaron el día perfeccionando sus habilidades y asistiendo a talleres sobre diversos temas.
El señor Jake Tawney, profesor de matemáticas de Phoenix y padre de ocho hijos, pronunció el discurso de apertura. Su entusiasmo y amor por el mundo de las matemáticas fueron notables. Tawney recordó a todos nuestros maestros que, ante todo, son “artesanos del alma” y que han sido llamados por Dios para compartir la labor de moldear y formar los corazones y las mentes de los jóvenes para el cielo. En cuanto a su propio campo, está convencido de que hay algo único en el alma humana que solo puede satisfacerse al maravillarse con las matemáticas.
En mi discurso del domingo por la noche en la “Cena de Santos y Académicos”, destaqué tres logros emocionantes que se han producido en los últimos 12 meses desde la publicación de mi carta pastoral. En julio, acogimos la conferencia anual del Instituto para la Educación Liberal Católica titulada “Cultivando el Corazón”, que reunió a más de 500 de los mejores educadores católicos de todo el país, en representación de más de 60 sistemas escolares diocesanos y 180 escuelas. Cinco de mis hermanos obispos asistieron a la conferencia y más de 80 de nuestros propios maestros y administradores diocesanos participaron en la conferencia nacional.
En agosto, lanzamos un nuevo currículo de teología para el primer año de la preparatoria. Este es el primero de un programa de cuatro años de implementación del nuevo currículo de teología. En 2021 se formó un comité de revisión del currículo de teología con representantes de las seis escuelas secundarias de nuestra diócesis. El comité se reunió periódicamente durante cuatro años para diseñar un nuevo currículo de teología. La última vez que se hizo algo así fue a finales de la década de 1990.
El nuevo currículo de teología está alineado históricamente e integrado con la literatura, la historia y otras materias. Este enfoque lleva nuestro actual trabajo en clase a un nuevo y emocionante nivel, en el que las materias se coordinan para ofrecer a nuestros estudiantes oportunidades de aprendizaje interesantes y significativas.
Este enfoque integrado busca inculcar en los estudiantes el deseo no solo de adquirir conocimientos y datos, sino también de comprender el “cómo” y el “por qué” de lo que están estudiando. De este modo, al ofrecer una visión más integral, diseñada y ordenada para facilitar el aprendizaje, se brinda a los maestros la oportunidad de transmitir mejor el significado y el propósito de la materia, en relación con otras materias, dentro de un marco lógico.
También hemos incluido una sección de seis semanas dedicada al estudio de la lógica en el nuevo plan de estudios de primer año. El lunes hablé con varios de nuestros sacerdotes que acababan de terminar la sección de lógica con sus alumnos de primer año. Me dijeron que el material, aunque difícil, había tenido buena acogida. Albert Einstein escribió una vez que “la educación no es el aprendizaje de datos, sino el entrenamiento de la mente para pensar”.
Aún más significativo que la aplicación práctica de un plan de estudios alineado es el renovado enfoque hacia la búsqueda de respuestas a las preguntas más profundas sobre el significado de la vida y lo que significa ser humano. Este enfoque garantiza una visión y un enfoque coherentes y fundamentales en todas nuestras escuelas secundarias católicas, una perspectiva católica del mundo que es la base de todas las materias. Este enfoque también permite la discusión de cuestiones éticas y morales en el contexto de la vida real, permitiendo a los estudiantes explorar aspectos del comportamiento humano y los ideales humanos a lo largo de la historia, en una búsqueda fundamental de la verdad, la bondad y la belleza.
El tercer acontecimiento destacado del año tuvo lugar la primavera pasada, cuando comenzamos a poner a prueba una nueva herramienta de evaluación del aprendizaje, la “Prueba de Aprendizaje Clásico” (CLT, por sus siglas en inglés), en ocho de nuestras escuelas primarias y en una de nuestras escuelas secundarias. La CLT, al igual que el ACT, el SAT o la Prueba de Habilidades Básicas de Iowa (TBS), está mucho más alineada con nuestra misión y se basa en la búsqueda de la verdad, la bondad y la belleza.
El CLT se presentó por primera vez hace diez años y ha crecido enormemente. Al evaluar la capacidad de los estudiantes para comprender obras fundamentales que han marcado la historia y la cultura, incluyendo las obras religiosas seculares y cristianas de la Antigüedad, la Edad Media, la Edad Moderna y la Edad Contemporánea, se evalúa su preparación para interactuar con la tradición intelectual occidental que ha marcado gran parte de la literatura, la política y la filosofía que los estudiantes podrían estudiar en la universidad. El CLT evalúa el razonamiento verbal, la gramática, la escritura y las habilidades matemáticas de los estudiantes, al igual que cualquier otra herramienta de evaluación, pero sin la ideología que, lamentablemente, se ha infiltrado en algunas de las otras herramientas de evaluación.
En este Año del Jubileo de la Esperanza, tenemos muchos motivos para estar esperanzados. Permítanme concluir con las últimas líneas de mi carta pastoral sobre la educación católica: “En los años venideros, todos debemos seguir discerniendo cómo formar a nuestros hijos, de manera viable y responsable, en medio de tiempos y circunstancias cambiantes. Pueda que se nos llame a probar nuevos modelos o estrategias de liderazgo o recaudación de fondos. Pueda que se nos invite a nuevos tipos de sacrificio. Debemos buscar sabiduría del Señor, respondiendo generosamente a los movimientos del Espíritu Santo, y consultar y colaborar unos con otros. Nuestro llamado es a confiar en el Señor, que nos ha hecho a Su imagen para conocerlo y amarlo. Que Jesús, el gran maestro, nos forme a todos para la libertad de la santidad.”