El presidente Donald Trump anunció recientemente medidas para ampliar el acceso a la fertilización in vitro (IVF, por sus siglas en inglés) y reducir los costos asociados con la misma. Lamentablemente, esta medida moralmente cuestionable no resulta sorprendente. Durante su campaña y en sus primeros días en el cargo, el presidente Trump prometió medidas de este tipo.
La medida sobre la fertilización in vitro se anunció como una iniciativa a favor de la familia y la vida para ayudar a “las familias estadounidenses a tener más hijos”. Si bien la intención y el objetivo son realmente nobles, la fertilización in vitro, de hecho, perjudica la dignidad humana, el matrimonio y la vida familiar por diversas razones.
Antes de explorar esas razones, me gustaría dirigirme en primer lugar a aquellos que han sido concebidos mediante la fertilización in vitro, a aquellos que sufren infertilidad y, por ende, a aquellos que luchan con este aspecto de la doctrina de la Iglesia, que puede parecer contradictorio, confuso e incluso duro.
A los que han sido concebidos mediante la fertilización in vitro
Para cualquiera que haya sido concebido mediante la fertilización in vitro, sepa que ustedes son un regalo, no solo para sus padres, sino para todos nosotros. Independientemente de cómo hayan sido concebidos o hayan nacido, todos y cada uno de los seres humanos han sido creados a imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, son amados por Dios y comparten la misma dignidad única e inviolable que cada uno de nosotros tenemos.
Para quienes sufren de infertilidad
Para aquellos que sufren por la infertilidad, quiero que sepan que – como su pastor y guía espiritual – los acompaño en su sufrimiento. En el corazón humano existe un profundo anhelo de amar y ser amado. En esa experiencia, los esposos desean unirse en la intimidad conyugal y traer una nueva vida al mundo. Cuando ese deseo no se cumple, puede provocar decepción, estrés, vergüenza, envidia, ira y desesperación.
Aunque una de cada diez parejas sufre infertilidad, esto no formaba parte del plan original de Dios para el hombre y la mujer. Al igual que muchos otros sufrimientos, la infertilidad forma parte del misterio del pecado original y del mundo herido y caído en el que vivimos. Sin embargo, Dios nos llama a llevar estas cruces con gracia y dignidad.
Sin embargo, no tenemos que llevar nuestras cruces solos. Jesús nos acompaña en nuestros sufrimientos. Camina con nosotros. Desea sanarnos. Espera que veamos el bien que Él puede sacar del sufrimiento. Como dicen tan bellamente las Hermanas de la Vida: “Jesús conoce íntimamente el desierto árido (cf. Mt 4, 1-11; Lc 4, 1-13) y anhela encontrarnos allí hasta que podamos descansar renovados en la Tierra Prometida con Él”. Como su obispo, busco caminar con ustedes de la misma manera.
También es importante saber que la Iglesia apoya las tecnologías y las intervenciones médicas, como la medicina reproductiva restaurativa, que ayudan a las parejas casadas a tratar las causas fundamentales de la infertilidad y a lograr un embarazo de forma natural a través de la unión sexual. Estas intervenciones suelen tener mucho éxito. Dado el número de personas con problemas de salud reproductiva, estos esfuerzos merecen un mayor esfuerzo de nuestros recursos científicos y médicos.
La infertilidad no siempre se resuelve con éxito, ya sea que se intente curarla mediante medidas restaurativas o evitarla con la fertilización in vitro. Sin embargo, las opciones restaurativas ofrecen una gran esperanza y oportunidad a las parejas, a la vez que respetan la dignidad de la vida humana, el matrimonio, la vida familiar y las enseñanzas de la Iglesia.
Si están enfrentando problemas de infertilidad y aún no han considerado estas opciones, les recomiendo encarecidamente que lo hagan. En nuestra diócesis y en todo Nebraska, contamos con muchos profesionales médicos y otros expertos increíbles que ayudan de manera ética a las parejas con infertilidad. Están listos para acompañarlos con fe, esperanza y amor, imitando a Cristo el Sanador, con las herramientas de la ciencia y la medicina que Dios nos ha dado.
Problemas morales de la medida del presidente Trump sobre la fertilización in vitro
Volviendo a la reciente acción ejecutiva del presidente Trump para ampliar el acceso a la fertilización in vitro, hay varias razones principales por las que esta medida es éticamente cuestionable y moralmente errónea.
La fertilización in vitro y la “cultura del descarte”
Como reconoció la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos en su respuesta a la medida del presidente, “la industria de la fertilización in vitro trata a los seres humanos como productos y congela o mata a millones de niños que son seleccionados para ser transferidos a un útero o que no sobreviven”.
Es importante comprender que, en casi todos los ciclos de la fertilización in vitro, se crean en el laboratorio muchos más embriones de los que es posible o deseable implantar en el útero de la madre destinataria. Los que no se implantan se destruyen, se congelan indefinidamente o se abandonan, lo que a menudo hace que esos pequeños seres humanos se conviertan en víctimas de experimentos médicos.
A menudo, con la fertilización in vitro, se implantan varios embriones humanos en el útero y sobreviven, pero se eliminan porque pueden poner en riesgo la vida y la salud de la madre. Como resultado, se pone fin a la vida de estos bebés mediante lo que se conoce como abortos de “reducción embrionaria”.
Nada de esto es pro-vida, ni tampoco pro-familia. Es un desprecio a la dignidad humana y al valor real de las vidas humanas individuales. Es uno de los ejemplos más claros de la “cultura del descarte” contra la que nos advirtió el papa Francisco.
La fertilización in vitro va en contra del acto conyugal y los derechos de los niños
Desde un punto de vista teológico más fundamental, la fertilización in vitro va en contra del acto conyugal como la forma natural de lograr un embarazo. En lugar de engendrar nueva vida a través de un acto de amor entre un esposo y una esposa, de acuerdo con el diseño de Dios para un amor que da vida, la fertilización in vitro depende de profesionales médicos y otros técnicos para fabricar nuevas vidas – algunas para conservar, otras para desechar – mediante la fusión de espermatozoides y óvulos en medio de un laboratorio.
Como explica John Haas, especialista en ética del Centro Nacional Católico de Bioética, “en la fertilización in vitro, los niños se conciben mediante un proceso técnico, se someten a un ‘control de calidad’ y se eliminan si se consideran ‘defectuosos’. Desde el momento mismo de su concepción, estos niños están completamente sujetos a las decisiones arbitrarias que los llevaron a existir”.
En ocasiones, en el proceso de fertilización in vitro, el esperma o el óvulo utilizados proceden de un “donante” – una persona que dona material genético a cambio de pago y luego se va para siempre – lo que plantea profundas preocupaciones sobre los derechos innatos de los niños a nacer gracias a la unión amorosa de su madre y su padre biológicos.
Innumerables dilemas morales
Otro dilema moral que genera la fertilización in vitro es qué hacer con los millones de bebés en fase embrionaria que se congelan en nitrógeno líquido y se almacenan en algún depósito de laboratorio. ¿Deberían ser desechados? ¿Deberían conservarse hasta que existan tecnologías o intervenciones éticas que permitan su gestación y nacimiento? ¿Qué debería hacerse sobre la experimentación con estos diminutos embriones humanos? ¿Quién controlará la venta de embriones a otras personas para su uso?
Estas cuestiones prácticas – que surgen en un sector casi totalmente desregulado como es el de la fertilización in vitro – arrojan más luz sobre la práctica inhumana e inmoral que es la fertilización in vitro y demuestran por qué este camino está repleto de dilemas morales.
Lado positivo
Sin embargo, hay un lado positivo con respecto a la medida del presidente Trump. Ryan Anderson, presidente del Centro de Ética y Políticas Públicas, señala que esta medida es “la menos mala que podríamos haber esperado”. Al menos no se impone ninguna obligación a los empleadores, no se subsidia la fertilización in vitro con dinero de los contribuyentes, ni se viola la libertad religiosa o los derechos de conciencia, como se temía inicialmente. La medida también promete algunas medidas políticas para una “medicina restaurativa integral y holística”, que podría ayudar a promover opciones éticas para tratar la infertilidad.
Llamados a evangelizar
Mirando hacia el futuro, cada uno de nosotros como católicos estamos llamados a seguir dando testimonio del evangelio de la vida y la cultura del amor que Dios desea para nuestro estado y nuestro país. Las conversaciones sobre la dignidad de la vida humana, el matrimonio y la familia, como aquellas relacionadas con la fertilización in vitro, pueden ser difíciles y delicadas. Pero Dios nos llama a dar testimonio de manera atractiva de la bondad, la verdad y la belleza de la persona humana y las relaciones humanas. En palabras de Jesús: “¡No tengan miedo!”. Tengan el valor de ser testigos y promotores del evangelio de la vida en toda su plenitud.